Luchaba ferozmente, tratando de deshacerse del acoso de aquellos bárbaros, mitad hombres, mitad bestias, con sus horribles codos prolongados en agudísimos espolones de más de veinte centímetros de longitud y afilados como navajas de afeitar. Los hjark tenían, además, las patas semejantes a las de un avestruz, aunque más cortas, con dos monstruosos dedos, que estaban prolongados en sendas uñas de diez centímetros de largo, capaces de destripar a un hombre de un solo golpe.