Cómo llegó la noche
Prólogo de Carlos Echeverría
Prólogo
Huber Matos, comandante de la Columna 9 del Ejército Rebelde y uno de los
colaboradores más cercanos de Fidel Castro en la Sierra Maestra y en los albores de
la revolución cubana, ha escrito un libro de memorias que se lee como una novela.
El libro tiene dos grandes partes, que de hecho podrían dar lugar a volúmenes
independientes. En la primera, el autor describe su experiencia como opositor al
régimen de Batista, como guerrillero rebelde y finalmente como comandante
victorioso a cargo, entre otras misiones, de la toma de la ciudad de Santiago de Cuba,
la segunda en importancia en el país. La narración, escrita en la prosa sencilla pero
impecable de un buen educador (Matos se dedicaba a la docencia antes de ingresar al
ejército rebelde) es rica y minuciosa en la descripción de personajes y batallas.
Dividida en capítulos breves, concisos y concentrados en algún acontecimiento
importante, va perfilando la personalidad y las actitudes del autor, junto con las de
algunos de los principales revolucionarios: el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y por
supuesto Raúl y Fidel Castro.
La segunda parte del libro relata, con igual intensidad, la experiencia del autor a
partir de sus divergencias ideológicas con Raúl, Fidel y el grupo revolucionario
marxista, una vez en el ejercido del poder. Esas divergencias, como se sabe,
condujeron al encarcelamiento de Matos por veinte años, a lo largo de los cuales
padeció toda clase de torturas físicas y psicológicas, y fue testigo y protagonista de
numerosas pequeñas odiseas, en el estrecho mundo de las celdas y los calabozos
dedicados a los prisioneros políticos. La descripción detallada de hechos y
personajes, escrita desde una memoria serena y lúcida, permite al lector asomarse a
un área extrema de la experiencia humana: la del preso político confinado por largos
años en las prisiones de Castro.
En su interés por ceñirse a los hechos, Matos se mantiene equidistante del elogio
y de la diatriba. A lo largo del texto palpita la pasión de quien vio traicionados los
ideales por los que él y muchos otros cubanos se sumaron a las filas del ejército
rebelde, pero esa pasión nunca se desborda, nunca altera el flujo de una narración
precisa y ordenada. El autor se muestra concentrado más en describir las cosas como
fueron, o como él las pudo ver,; que en blandir su dedo acusador o emitir juicios o
proclamas políticas. La lectura compromete al lector precisamente porque deja que
los valores surjan de los hechos, y por el temple moral del autor, que va emergiendo
como una realidad indiscutible a lo largo de libro.
CARLOS F. ECHEVERRÍA
(ex ministro de Cultura de Costa Rica entre 1986 y 1990)
San José, Costa Rica, febrero de 2002