Devuelve la luz a mi vida
1.ª edición: Agosto, 2015
Este capítulo es largo, así que está dividido en 5 partes.
© 2015 by C. A. Morbelli
ISBN DIGITAL: 978-987-33-8364-9
Si bien esta es una serie los libros pueden leerse de manera independiente.
Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento.
Todos los hechos y personajes son productos de los desvaríos de mi imaginación. Y aunque haya usado los nombres de mis hermanos para darle vida a los personajes, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y casualidad.
Agradecimientos:
A mi familia por soportar mi locura.
A Patito Oviedo por prestarse, una mañana de apagón, a ser la portada del libro.
A los que durante años, me dijeron que tenía que escribir un libro y A Carlos por hacerme mate mientras escribo estas líneas.
¿Sabes que te amo?
C. A. M
Portadilla
Créditos
Agradecimiento
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Epílogo
Nota de la autora
Prólogo
No importa lo que uses, eso no define quien eres. Pensó Lorena Borelli, mientras caminaba por la Avenida Corrientes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ese era su mantra, y se lo repetía cada vez que notaba las miradas curiosas de la gente. El paisaje citadino la seducía de una manera única. Caminaba despacio sumergida en la multitud apurada. Le encantaba mirar los edificios, su diseño, sus fachadas. Siempre se sentía una turista, pese a que vivía a menos de una hora de la City Porteña y que la oficinas de su empresa se encontraban en el corazón de esa ciudad.
Se podía pasar el día mirando las vidrieras de las grandes marcas, pero jamás compraba nada allí. Para ella no tenía ningún sentido pagar tanto dinero por una prenda, un bolso o un par de zapatos. Y no porque no tuviera dinero para costearlos. Hace muchos años que podía pagarse muchos pares de Louboutin, o Ricky Sarkani. Pero no, para ella esos símbolos de estatus social no significaban nada-
Se paró frente a la vidriera de una de las diseñadoras de moda del momento, Lorena la había conocido hacia un tiempo en una recaudación de fondos.
Era una chica encantadora que se había hecho a sí misma, proviniendo de uno de los barrios pobre de Avellaneda. Esa no era casa central era una de las tres sucursales que la marca poseía. Y en la vidriera había una blusa azul zafiro preciosa.
Las tres dependientas la miraron de arriba a abajo apenas cruzó la puerta.
Eso le hizo gracia a Lorena, quien estaba acostumbrada a ese gesto. Ya que siempre que estaba de paseo se vestía con un jean gastado, camisetas de algodón y zapatillas. La mirada que se dirigieron las vendedoras era una afirmación de que estaban seguras que ella no podría pagar lo que costara cualquier prenda del local, y que sólo les iba a hacer perder el tiempo. No había nada que molestara más, a Lorena, que ese prejuicio.
Pidió ver la blusa azul, tratando de ignorar a sus sentimientos. Se la probó, junto con un pantalón pitillo negro de una gabardina muy liviana.
Con cada prenda que ella pedía, la vendedora respondía el precio. Las prendas le quedaban impecables. Pero la actitud repelente y elitista de la dependienta la fastidiaba muchísimo. Casi estuvo a punto de dejar la ropa y no comprar nada. Cuando escucho a las vendedoras murmurar:
- Odio a las pobretonas que me hacen perder el tiempo.
- Bueno déjala que sueñe un ratito con que puede ponerse ropa que la haga parecer linda. Dijo la otra con tono desdeñoso.
Lorena volvió a ponerse su ropa y se miró en el espejo. Sabía la imagen que daba. La de una simple chica del conurbano Bonaerense. Una más del montón. Ladeo la cabeza y se volvió a mirar. Suspiro. No poseía una belleza arrebatadora, como su hermana Marina, ni tenía un cuerpo fibroso y sexy como su gemela Carina, ni era simpática y extrovertida como Natalia.
Si ella era la más inteligente de los cinco, de los cinco si contaba a Gabriel, pero la gente cuando la miraba no veía eso. Suspiro y tomando la ropa que se había probado se dirigió a la dependienta con la sonrisa más hipócrita que pudo esbozar.
- Llevo todo, además de ese cinturón, dijo señalando un cinturón de cuero labrado negro.
La dependienta arqueó una ceja y con una mirada despectiva escaneo las etiquetas diciendo en voz alta el precio de cada prenda. Lorena estaba a
punto de perder la paciencia. Al pasar la gabardina la vendedora estiro las silabas del precio mucho más de lo necesario. Lo que termino por cansar a Lorena.
- Perdona, la interrumpió. – en algún punto desde que entre ¿yo pregunte el precio de las prendas?
- No pero…
- ¡NO! Así que si yo no pregunté ¿Por qué me los repetiste diez veces en los últimos cinco minutos?
- Es que son prendas muy caras. Respondió la dependienta como si eso fuera una respuesta en sí misma.
- ¿Y? sigo sin entender ¿Por qué lo haces? Le preguntó con un murmullo nervioso encogiéndose sobre sí. Al verla achicarse la vendedora tomo brío.
- Porque las mujeres como vos, me hacen perder el tiempo. Vienen se prueban ropa para después darse cuenta que no pueden pagarla.
Lorena la miró negó con la cabeza, metió la mano en el bolsillo trasero de su jean y saco de su billetera su Blackcard corporativa, su DNI y los dejó sin decir nada en el mostrador. Las vendedoras intercambiaron un par de miradas entre ellas. La que la estaba atendiendo tomó la tarjeta y al ver el nombre suspiro.
- Disculpe señorita Borelli…
- No hace falta susurro ella, al darse cuenta que varias compradoras estaban pendiente de la escena. – sólo cóbreme, murmuro mirando el piso.
- Es que no la reconocí. Insistió la empleada, tratando de excusarse.
Pensando que por lo que había dicho si esa clienta se quejaba la podían despedir. Lorena sacudió la mano y comenzó a dar golpecitos impaciente con los dedos en el mostrador. La dependienta entendió el gesto y paso la tarjeta mientras la otra empaquetaba las prendas con cuidado. Lorena firmo el recibo y tomando las bolsas salió del local suspirando de alivio al volver a ser una persona anónima.
Lorena doblo en la esquina y comenzó a caminar por una peatonal sin prestar a tención a su entorno. Eran momentos como esos en los que se planteaba que si hubiera sabido que su empresa iba a tener el éxito que tiene, no hubiera usado su nombre como marca comercial.
Todo había comenzado hace siete años, cuando decidió abandonar la carrera de Historia del arte estando en segundo año, para estudiar Sistemas informáticos. Estando en primer año, desarrollo un juego en red que causo
furor, menos de un año después varias multinacionales la acosaban y volvían loca para que les venda los derechos de Mundo Onírico en la red y una adaptación para sus consolas de videojuegos. Cuando por fin decidió vender, lo hizo por doce millones de dólares. El precio más alto jamás pagado a un estudiante. Después ella desarrollo otros juegos y todos tuvieron éxitos similares. En Internet la marca Lorena Borelli era muy conocida, hasta que una tarde en la que estaba aburrida desarrollo una aplicación para Smartphone, que permitía encontrar ofertas de los más variados productos en más de 1000 comercios divididos por zonas geográficas, usando el geolocalizador incorporados en los Smartphone. Recibió más de mil descargar en un día y su nombre saltó del ciber espacio al mundo real.
A partir de ese momento cambió la marca a L. Borelli para tratar de separar su persona de la imagen de la empresa, y así poder conservar el anonimato. Para ello lanzaron una campaña de márquetin que refirió a la marca en masculino dando a entender que L. Borelli era un hombre. Y dio resultado hasta que un día un paparazzi decidió que ella era un personaje interesante. Y puso su cara en primera plana de una revista del corazón.
Ella que había esquivado a la revista Forbes, Noticias y Negocios, con soltura y, porque no decirlo, con orgullo, termino siendo presa de una estúpida revista del corazón, que la eligió la persona peor vestida del nuevo siglo, la portada decía “Multimillonaria se viste como pordiosera”. Cuando el cibermundo volvió a tomar conciencia que L. Borelli era Lorena Borelli.
Las ventas de algunos programas cayeron en picada y de otros subieron por las nubes. A los únicos que pareció no importarles fueron a los jugadores del Mental su juego en línea estrella.
Desde aquella primera plana, su vida ya no fue la misma. Le costó varios cientos de miles en publicidad que ninguna otra revista publique su rostro, lo que es en cierto sentido fue un inversión, pero su nombre es otro cantar. No hay un día en que alguien escuche su nombre y no pregunte ¿cómo la empresa?
Sumida en sus pensamientos, Lorena se detiene a esperar el cambio de la luz de un semáforo en el cordón de la vereda. Una moto pasa junto a ella y el copiloto del vehículo le arrebata el bolso que lleva en el hombro. La chica sólo atina a gritar del susto mientras ve como rápidamente los ladrones se alejan del lugar.
Lorena molesta abandono su caminata y fue hasta su auto. Sabía que tenía que ir a hacer el trámite a la comisaria. Pero no le apetecía ni un poco.
Por suerte dentro del bolso de Lorena no había nada demasiado importante, sólo algo de dinero, el Smartphone y sus documentos estoy últimos eran lo único que la movilizaba a hacer la denuncia de robo.
< Me encantaría poder pagarle a alguien que vaya a hacer este tipo de trámites en mi lugar. Pero es una de las cosas que no se pueden pagar>.
Pensaba Lorena mientras entraba en la comisaria y una mujer policía uniformada le indicaba que esperara.
< Si no fuera porque sin la denuncia policial no puedo tramitar los documentos, el registro de conducir y el pasaporte…> Media hora después Lorena aún estaba sentada en la recepción esperando mientras observa a la pobre oficial renegar con su computadora. Para ella es un desafió arreglar cualquier máquina. Y adora la sensación de poder hacer andar algo que antes no funcionaba. Hace veinte minutos que le pican las manos por ver cuál es el problema y arreglarlo. Cinco minutos después no consigue contenerse y me acerca al mostrador. La ofuscada oficial la mira con fastidio, porque piensa que la chica va a exigir que la atiendan.
Lorena mira la cara de pocos amigos de la oficial e inevitablemente se pregunta qué tan rápido la hubieran atendido si supieran quien es.
- disculpe oficial, quiere que la ayude con la computadora. Le dice con cautela.
- no hace falta, sólo que no sé porque se niega a imprimir.
- Si la impresora funciona bien y tiene tinta, debe ser un problema de configuración. Yo me dedico a la informática, si quiere la ayudo. Insistió y se prometió que si le vuelve a decir que no, se queda sentada en el incómodo banco. La oficial la estudia un instante y como es aspecto de Lorena es calmo, asiente.
- Bueno fíjese, le dice mientras abre la reja con el portero electrónico para que ella pueda pasar del otro lado del mostrador.
Lorena no tarda más de 2 minutos en descubrir que la impresora está conectada a un puerto LP1 y la orden de impresión va a un puerto USB. Lo corrige e imprime una hoja de prueba.
La oficial la mira sorprendida.
- Ya está. Anunció un poco desanimada porque no era ningún desafío
- Veo que era en serio cuando dijo que trabajaba con computadoras.
- La informática me da bien. Responde, mientras deshace su camino hacia la sala de espera.
La oficial la mira un instante y le pregunta si podría revisar un par de computadoras que estaban fallando. Acepta encantada de tener algo que hacer mientras espera.
Reconfigura las dos computadoras y se muerde los labios fuerte para evitar la tentación de husmear en el contenido de las maquinas.
Estaba terminando cuando una voz profunda pregunta:
- ¿Dónde está la persona que espera para hacer una denuncia por robo?
- en dos minutos termino, afirma la programadora concentrada en lo que hacía sin mirar al oficial.
- ¿qué hace usted ahí con esa computadora? Cuestionó una profunda voz masculina a su espalda.
- las estoy reparando. Contestó sin alzar la vista.
< que las explicaciones se las de la oficial que me pidió que las revise>.
- disculpe Inspector. Pero ella sabe de informática y le pedí que las mire.
- ¡ya está! Exclama Lorena triunfante cuando consigue desbloquear la PC. El resto, corregir la configuración de Sistema operativo para que autodedecte la red es una pavada que puede hacer hasta un nene de 10 años, así que le lleva menos de un minuto.
- ¿cómo ingreso a esa computadora si tenía clave de acceso? Cuestionó el Inspector. Lo que hace que ella se gire y lo mire por primera vez.
Es un tipo impresionante, mirarlo le roba el aliento. Y con un hilo de voz, responde
- la informática se me da bien. Su tono suena tímido, aunque en verdad se deba a que no puede recobrar el aliento tras haberlo visto.
- ¿Quién es usted?, pregunta con evidente mal humor.
-eeeehhh. Se queda haciendo ese sonido típico de ordenamiento cerebral.
<Vamos Borelli debes parecer una idiota.> Por suerte la Oficial decide ir a rescatarla.
- la Señorita vino a hacer una denuncia por robo, y gentilmente se ofreció a arreglar mi computadora y yo le pedí que revisara esas dos.
Él miro a una y a otra con el ceño fruncido. Ambas mujeres se pusieron coloradas.
< es evidente que no soy a la única que afecta.
Tampoco es que estuviera haciendo algo ilegal.
Violar una contraseña de una PC en una comisaria no debe ser del todo legal> , dialogaban las voces en el interior de la cabeza de la programadora.
Lo que la lleva a ponerse más colorada aun.
- Oficial, usted no debería pedirle a los civiles que arreglen nada. Y
menos si una computadora tiene contraseña. Le recriminó a la pobre chica que se encogió en sí misma. – y usted Señora no debería ir burlando contraseñas en las computadoras ajenas. Y menos si están son de uso oficial.
Al ver que el Inspector estaba muy encabronado Lorena decidió morderse la lengua y solo respondió asistiendo con la cabeza. – si quiere que le tome la denuncia pase por aquí. Dijo señalando una oficina del otro lado del mostrador, sin cambiar el tono.
Entraron en silencio y cuando ambos se habían acomodado del lado del escritorio que les correspondía él comenzó a interrogarla.
- ¿Una denuncia sobre que quiere radicar?
- Por el robo de mi bolso, afirmó Lorena
- ¿Qué contenía el bolso? Repregunto mirándola a los ojos.
- Lo habitual. Celular, billetera, documento de identidad, registro de conducir, pasaporte, algo de dinero en efectivo, chucherías típicas de cartera de mujer…
- Bueno le voy a tomar la denuncia, indico cortándome y acomodándose para escribir en la PC. - ¿nombre?
-Lorena Fernanda Borelli. Respondió mirándolo, él alzó la mirada del teclado y en sus ojos cruzó por un segundo una luz de reconocimiento.
- ¿Edad?, su tono cambio a uno más profundo, ¿más dulce? Quizás…
- 27 años. Lorena también cambio su tono a uno más frio y distante, enojada porque ahora que sabía quién era, él había cambiado la manera de tratarla.
- ¿Ocupación?
La programadora Dudo. No sabía que responderle ¿empresaria?
¿Programadora? ¿Desocupada? En cierta medida todas eran ciertas y todas eran falsas. Ella es la dueña de una prospera empresa de software, pero hace bastante tiempo que había delegado la dirección y administración a alguien más capacitado. Ella es programadora, y una bastante buena según lo que dicen en internet, pero hace meses que sólo trabaja en el mismo diseño. Y
pese a que siempre tiene mil cosas que hacer, últimamente no hacía absolutamente nada. Nada útil, por lo menos.
- ¿Ocupación? Repitió impaciente el inspector.
- Programadora de sistemas informáticos. Respondió sin saber que más decir.
- ¿Cómo fueron los hechos?
Lore le conto escuetamente como fue el robo del bolso. Mientras él siguió tipiando sin mirarla ni una sola vez. Cuando termino le leyó la declaración e imprimió dos copias y se las pasó para que ella las firmase.
Luego el hizo lo mismo.
Lorena le dio las gracias y se levantó para irse, tratando de averiguar que era esa sensación de desasosiego que tenía en el vientre. Estaba llegando a la puerta cuando él dijo:
- ¿Sos Lorena Borelli de L. Borelli Enterprise.?
- Sí, respondió ella sin darse la vuelta.
- Esperá un segundo. Ordenó y Lorena noto que la estaba tuteando por primera vez.
- ¿Qué pasa? Cuestionó, molesta sin saber bien porque.
- Hace un rato pude notar que sos tan buena con las computadoras como dicen, afirmó sin un ápice de reconocimiento en su voz.
Ella se giró y se encogió de hombros. Ante el extraño cumplido.
- Estoy trabajando en un caso y me vendría muy bien un consultor externo que me ayude con un problema. Comentó mientras le clavaba sus ojos verdes. Un escalofrío la recorrió y se le erizaron los pelos de la nuca.
Respiro hondo antes de preguntar.
- ¿Qué tipo de ayuda?
- Hace dos meses desapareció un empresario. Fue un secuestro planificado. Seguimos varias pistas y conseguimos encontrarlo. El secuestro se transformó en una toma de rehenes. Pero mientras el negociador hablaba con los delincuentes, ellos mataron al empresario y se fugaron por un sótano.
En la escena encontramos tres notebook completamente en blanco. Nuestros técnicos las analizaron pero no encontraron nada. Me preguntaba si usted podía revisarlas.
A la programadora no se le escapó que había vuelto a tratarla de usted.
Como ella nunca podía decir que no es aun desafío, y la verdad que encontrar algo que los técnicos de la Policía no habían encontrado le parecía un desafío muy estimulante. Sabía que iba a decir que sí.
- Me encantaría colaborar. Afirmó con tono profesional.
- No sé cuáles serían sus honorarios, consultó sincero.
- No hace falta que me paguen. Como se imaginara el dinero no es un problema para mí. Murmuro la chica.
Él la estudio un minuto. Lo que la hizo repasar mentalmente su última oración. Y para darse cuenta que había sonado como fanfarronería. Pero como era la más pura y sincera verdad, decidió no explicar nada.
< Si le jode que se vaya a tomar viento fresco>
- Las computadores no están aquí. Pero puedo arreglar para que se las faciliten mañana en la departamental. ¿Sabe dónde es?
- Sí, se dónde está. ¿Usted va a estar ahí? preguntó con lo que le pareció, hasta a ella, demasiado interés.
- Si, dijo fríamente. – yo la voy a presentar con los técnicos. ¿Nos vemos allí mañana a las 8:00 horas? y sonó más a una afirmación que a una pregunta.
Lorena asintió y salió de la oficina.
Capitulo Uno
A las ocho de la mañana del día siguiente, Lorena llegó a la departamental, en la recepción la atendió una chica que si no fuera por el
uniforme hubiera pasado por modelo profesional. La oficial sin moverse de su lugar en el mostrador de la mesa de entradas le preguntó que necesitaba y en ese momento la programadora se quedó tildada. El día anterior no había preguntado cómo se llamaba el Inspector, ni por quien tenía que preguntar al llegar.
<que viveza la tuya Borelli> se reprendió mentalmente Lorena.
La “oficial hermosa” la escaneo de arriba abajo con chulería.
- mire yo tenía que encontrarme con un Inspector, por un caso…
- ¿nombre del Inspector? Preguntó la empleada con una voz nasal espantosa.
- no tengo ni idea. Respondió con sinceridad poniéndose colorada de inmediato.
La oficial alzó las cejas interrogativa.
- ¿Cómo quiere que avise que está aquí si usted no sabe a quién tiene que ver?, acá hay muchos Inspector que tienen montones de casos. Cuestiono la Cabo Suarez, según decía la chapa que poseía prendida en el uniforme. Pero su tono en verdad preguntaba: ¿es usted estúpida?
Lorena sabía que la chica tena un muy buen punto y se dispuso a de darse la vuelta para irse, ya que no iba a darle el gusto a la otra de seguir humillándola, cuando un chico de no más veinte años gritó:
- ¿Lorena Borelli?
Las dos mujeres giraron la cabeza y miraron al chico. La Cabo se giró y miro a la programadora.
- ¿usted es Lorena Borelli? Cuestionó con los ojos como platos.
La dueña de L. Borelli Enterprise asintió, en silencio mientras el chico llegaba a su lado. Él joven sin mediar palabras la agarro de la mano y sacudiéndosela demasiado fuerte para su gusto y comodidad vociferaba:
- No puedo creer que sea usted. Soy su fan número uno. Cuando el Inspector Baillot me dijo que iba a venir como consultora, no lo podía creer.
Comentaba sin dejar de sacudir su mano. Mientras que la “oficial hermosa”
aún la miraba incrédula.
- ¿Baillot es el oficial con el que hable ayer? preguntó y trató, sin éxito, de soltar su mano del agarre.
- Sí. Él me dijo que la conoció por casualidad en la comisaria tercera y que le había pedido si podía revisar un caso.
Asentí.
- Campostagneo, respire y suelte a la Señorita. Dijo una voz que enseguida le sonó familiar. Se giró y parado a pocos metros de ellos se encontraba el Inspector Baillot.
El chico la soltó de inmediato, sonrojándose al darse cuenta que aun la tenía agarrada. El Inspector se acercó a la pareja y le extendió la mano a Lorena. Su mano era enorme. La envolvió suavemente, sus largos dedos llegaban hasta la muñeca de la chica y se detuvo allí un par de segundos de más, pero no como su compañero de armas. Lorena sintió como su corazón se aceleraba y se le cruzó por la cabeza que él le estaba tomando el pulso.
Esa idea la hizo sonreír. Pero se esforzó en mantener sus gestos controlados.
- si quiere venir conmigo, la acompaño al laboratorio de informática, agregó soltando la mano lentamente y arrastrando los dedos por la palma.
- Inspector, la visitante no fue ingresada, dijo la oficial hermosa. Baillot la miro con impaciencia.
- Lorena Borelli, Documento…. Dejo la frase flotando para que ella la complete
- 37.854.867.
- Laboratorio de informática. Enunció, sin dejarla agregar más nada y con tono seco y cortante. – ¿me das el pase de visitante? Y aunque lo dijo como pregunta a todos les quedo claro que no lo era.
Campostagneo se puso junto a su ídolo y la miraba con fascinación. Su gesto a la programadora le pareció divertido en un principio. Pero un minuto después ya la había empezado a poner incomoda.
Subieron dos pisos por escaleras y entraron en una oficina llena de computadoras medio desarmadas. Donde había otros cuatro hombres que Lorena supuso eran oficiales, pese a que estaban vestidos de paisano, sentados frente a distintos ordenadores. Todos eran menores de 25 años y estaban demasiado concentrados en lo que hacían.
Las ventanas estaban cerradas y por lo viciado que estaba el aire sospechó que no las habían abierto en mucho tiempo.
<Es increíble cómo la gente trabaja en esas condiciones, tantas computadoras en un espacio tan cerrado es malo para la salud>. Negó con la cabeza de manera inconsciente.
Campostagneo se apuró a vaciar un escritorio y a pedirle a uno de sus compañeros que le pase las notebook del caso Blais. El apellido, a la chica,
le sonó levemente familiar. Pero el recuerdo se le escurrió de la memoria demasiado rápido.
Campostagneo apilo las tres computadoras portátiles en el escritorio y se quedó mirándola. Como si esperara que ella hiciera un acto de magia.
La programadora se quitó el abrigo. Y se sentó frente al escritorio abriendo la primera de las maquinas. Estaba bloqueada por contraseña.
- ¿ya saben la contraseña? Preguntó.
- no a esa no la pudimos vulnerar. Afirmó Campostagneo.
La chica lo miró frunciendo el ceño, se sonó los dedos, un horrible habito que no conseguía sacarse. Y empezó a trabajar. Mientras el joven oficial estaba parado detrás suyo sin perder pista de lo que hacía y el Inspector Baillot la observaba por sobre el monitor de la notebook. Apenas dos minutos después la mirada de ambos le resultaba demasiado molesta.
Prácticamente insoportable.
- ¿puedo pedir dos cosas?... no que sean tres cosas. Dijo con un tono de fastidio sin levantar la mirada del monitor y sin dejar de tipiar.
- ¿Qué? preguntó solicito Campostagneo.
- uno: abran un poco las ventanas el aire está demasiado viciado. Dos: me podrías traer dos vasos con agua. Y tres: ¿podrían dejar de mirarme como si fuera un animal en el zoo?
La carcajada de Baillot la sobresaltó. Si el día anterior le había parecido sexy, cuando sonreía era hermoso. Respiro profundo y volvió a escribir.
Baillot y Campostagneo salieron del laboratorio y unos minutos después el chico volvía con sus vasos con agua. Y se sentó en otro escritorio a trabajar en otra máquina.
Diez minutos después, Lorena no pudo evitar gritar
- ¡SÍ! ¡Soy la mejor! Los cinco policías la miraron sorprendidos. Cuatro de ellos notándola por primera vez, se sorprendieron de verla y Campostagneo se acercó gritando con tono agudo:
- No puedo creer que te llevo quince minutos entrar. Yo estuve días enteros y no pude. Su tono era entre divertido y celoso. Lore lo miro y le sonrió.
El oficial tomo la notebook y revisó el disco rígido y en efecto habían borrado todos los documentos.
- Esta limpia, como las otras dos, afirmó Campostagneo.
A Lorena algo no le cerraba si la computadora tenía una clave de seguridad a nivel kernel, era porque guardaba información importante para el dueño.
- En apariencia sí. Dijo tomando de nuevo la computadora y tratando de concentrarse. Pero que el chico estuviera con su cabeza sobre su hombro otra vez, invadiendo su espacio vital, no le ayudaba en nada. Lo miro a los ojos.
- Ya sé, ¿te traigo dos vasos con agua?, preguntó con el ceño fruncido.
- No mejor un chupetín rojo y un vaso de agua.
Él la miro extrañado por el pedido y salió del laboratorio.
Ella se terminó el vaso con agua mientras miraba la pantalla de la computadora.
Tenía una posible solución pero necesitaba instalarle un prototipo de software en el que había estado trabajando hasta hace poco y no estaba segura de sí podía hacerlo o no. Así que decidió molestar a unos de los oficiales que estaban ahí
se acercó y le dijo:
- disculpe ¿sabes dónde puedo encontrar al Inspector Baillot?
- ¿Quién sos?, cuestionó el oficial, un joven de unos 22 años, con ojos color almendra, que medía cerca de 1,60 metros, flaco y algo desgarbado.
- Me llamo Lorena y estoy ayudando como consultora externa en un caso. Informó ella mientras el joven la estudiaba. Un comportamiento que Lorena empezaba a atribuir a la profesión.
- ¿Pudiste vulnerar esa notebook? Preguntó señalando con la barbilla.
- Sí, me dio bastante trabajo, mintió para que no se sintiera mal si él había tratado antes que ella.
- Está limpia como las otras dos, ¿verdad?
- En apariencia sí. Quiero instalarle un prototipo que estaba desarrollando pero antes necesito consultárselo al Inspector Baillot. El policía se la quedó mirando unos segundos, se giró y agarró el teléfono.
Marco cuatro números y espero.
- Con Baillot, por favor.
- …
- Inspector, soy Frunjillo.
- …
- Si todo bien, acá hay una señora que dice que es consultora externa y necesita preguntarle algo.
- …
- Ah, ah
- …
- Bueno, corto la llamada. Se giró hacia el monitor de su computadora y sin mirarla, agregó:
- Ahora viene él a hablar con usted.
< Que educado el oficialito>
Baillot entro al laboratorio, apenas tres minutos después y se paró frente al escritorio en el que estaba trabajando.
- ¿pudo entrar? Preguntó con ansiedad.
- Sí.
- ¿Tan rápido?
Asentí.
- ¿Qué encontró?
- A esta máquina le borraron los archivos…
- como a las otras, la interrumpió con frustración. – bueno disculpe por haberle hecho perder el tiempo…
- espere, esta vez lo interrumpió ella. – hasta hace poco estuve trabajando en un software que recupera archivos borrados a varios niveles. En todas las pruebas que hice dio grandes resultados. Pero para poder ejecutarlo necesitó instalarlo en la máquina. Quería preguntarle si puedo hacerlo.
El chico al que le había pedido que buscara al Inspector se giró y los miró. Baillot se quedó pensando unos segundos.
- Si, instálelo. Dijo al fin.
Revolvió su bolso buscando el pendrive correcto. Lo colocó en el puerto USB y ejecutó el programa.
Tras haberlo instalado, hizo correr el software y notó que Baillot y el policía Frunjillo miraban absortos la pantalla de la notebook.
Volvió Campostagneo y le extendió el vaso con agua y el chupetín, ella tomó ambos y se puso la golosina en la boca.
Campostagneo le preguntó qué programa estaba ejecutando.
- es un prototipo, similar al “Recuve” con la diferencia que este programa debería poder recuperar información que haya sido eliminada en una sobre escritura de disco. Explicó.
- eso es im-po-si-ble, afirmó Frunjillo resaltando cada silaba.
- esperemos unos minutos y vamos a averiguarlo, respondió la programadora molesta porque el policía descreyera de lo que decía.
El programa termino su escaneo y una veintena de carpetas nombradas con apellidos aparecieron en la ventana del programa, y otra serie de documentos en planilla de cálculos y procesador de texto. Seleccionó todo y clickeó en la opción recuperar y todos los archivos volvieron a su lugar dentro del disco rígido de la máquina.
Mientras el programa concluía Lorena se giró y miro con un gesto arrogante al oficial Frunjillo.
- este software es increíble, afirmó excitado Campostagneo.
- gracias, dijo sonrojada.
- ¿de quién es la licencia?, pregunto Frunjillo
- Mía, respondió escuetamente Lorena.
- Ella es Lorena Borelli, dijo Campostagneo a su compañero, quien abrió los ojos como plato. Como si la sola mención del nombre fuera una explicación en sí misma.
El policía la miro, con sorpresa y estiro la mano en saludo.
- Es un placer. Son un gran jugador de Mental.
La chica le sonrió e hizo girar el chupetín en la boca. Miró a Baillot, quien le miraba fijamente la boca, con sus increíbles ojos verdes.
- Bueno ya está. Creo que con esto termina mi trabajo, comentó nerviosa.
Mientras giraba la máquina para que quede frente a él.
- Si, muchísimas gracias. Respondió parpadeando el inspector. - Si no es mucha molestia podría darme su número de teléfono. Para consultarla en el futuro.
- Si, como no. Y empezó a revolver su bolso en busca de una tarjeta de presentación. Hasta que recordó que le habían robado el otro bolso. – me había olvidado que me robaron el bolso y no tengo tarjetas personales, así como tampoco teléfono celular, hasta mañana que me compre uno. Si me facilitan un papel se lo escribo.
Baillot le extendió su celular, ella lo tomo y escribió sus números de teléfonos y correo electrónico. Juntó sus cosas mientras les informaba que se iba.
El inspector la guío hasta las escaleras poniéndole la mamo un poco más abajo de la cintura. El toque la incómodo y la hizo tensar la espalda, pero no
le dijo nada. La acompaño hasta el mostrador donde todavía estaba la oficial hermosa y allí la despidió con un apretón de mano.
Ella salió de la departamental y se subió al auto de la empresa que la esperaba, sintiendo aun el calor de la mano del Inspector Baillot en la espalda.
Capitulo dos
Lorena Borelli salió de la Jefatura distrital sintiéndose incomoda. No sabía bien que le pasaba pero tenía una sensación extraña, como un presentimiento de que algo iba a pasar, de que algo no estaba del todo bien.
Se lo atribuyo a dos cosas, por un lado podía ser la exposición a las ondas electromagnéticas del laboratorio de informática y por otro podía ser que la atracción que el Inspector Baillot causaba en ella. Nunca le había gustado mentirse a sí misma y sabía que ese Inspector era exactamente el tipo de hombre que la pondría de rodillas con sólo una mirada.
Negó con la cabeza tratando de sacudir las fantasías que se empezaban a formar en su mente.
Era el principio de la tarde y ella no quería ir a su casa. Se sentía extraña.
Tenía un nudo en el estómago. Pensó en cómo le gustaría que su madre todavía estuviera viva. O que su relación con sus cuatro hermanos fuera más estrecha. Ella era la segunda hermana de un grupo de cinco. Cuatro mujeres y un varón. El más grande, Gabriel, es el típico macho italiano. Su pelo oscuro, prácticamente negro y sus ojos de un tono marrón tan claro que dependiendo como le dé la luz se ven amarillos, dueño de un impresionante metro noventa de altura y físico de surfista, suele tener a todas las mujeres rendidas a sus pies. Las amigas de sus cuatro hermanas las primeras en la
fila. Lorena nunca supo a ciencia cierta a que se dedica su hermano, ya que la relación entre ambos es como mínimo tensa. La que la sigue a ella en la escala familiar es Carina. En verdad ella es la gemela de Lorena, aunque no podrían ser más distintas. Carina es una chica dura. Es militar y está asignada a una fuerza de elite internacional. Esa es toda la información que dio a su familia sobre su trabajo. Ambas mujeres poseen el mismo aspecto físico en general, aunque el cuerpo de Carina, es más fuerte y fibroso, ya que ella se somete a duros entrenamientos diariamente. Pero donde Lorena es retraída y callada; ella es extrovertida y lleva la voz de mando. Si bien el secuestro, que sufriera Lorena a los catorce años, afectó a toda la familia a Carina la afecto más que a nadie. Todos están seguros que por ese hecho se hizo militar
Marina, la cuarta hermana, es un caso de manual, está casada con un empresario con tan buena pocisión económica, como arrogancia y mal genio.
Los hermanos Borelli están seguros que él la golpea, pero ella lo niega una y otra vez. Marina casi no se relaciona con sus hermanas. Con Lorena casi no habla hace más de tres años. Cuando, la mayor, le contó que el muy idiota de su marido la beso a la fuerza y trato de manosearla.
Marina no le creyó.
Natalia es la más chica, dueña de una inteligencia única, decidió dedicarse a la justicia. Primero estudio abogacía y luego ingreso a trabajar en el Poder Judicial. Es un amante de las artes marciales y le gustan los deportes extremos. En su tiempo libre se dedica a dar clases gratuitas de defensa personal a adolescentes y asesoramiento legal sobre maltrato a mujeres. A ella el secuestro de su hermana la le creo la necesidad de saber defenderse.
Los padres de los hermanos Borelli habían muerto un año atrás en un accidente de tránsito, cuando un conductor los envistió y los hizo desbarrancar en la ciudad de Carlos Paz en Córdoba, cuando se encontraban de vacaciones. El “accidente” quedo archivado ya que el otro conductor se dio a la fuga y no se encontraron testigos que aportaran información a la causa.
Lorena estaba intranquila y decidió ir a visitar a sus padres.
El cementerio privado en el que ella había insistido que los enterraran posee un hermoso parque con árboles y jardines con flores. La tranquilidad
de ese entorno siempre la calmaba y contarles sus preocupaciones a sus padres la hacía sentir cerca de ellos.
***
Cuando llegó a su casa. Una casita común y corriente ubicada en una esquina en Florencio Varela. Indico al chofer que la esperara y antes de bajar miro la hora eran las 13:47 horas. Al bajar notó que había un patrullero estacionado en la calle, no le prestó demasiada atención.Se apuró a cambiar el jean azul gastado y camiseta negra con una estampa de los Thundercats que llevaba, por una pollera tubo negra y camisa blanca, con zapatos de tacón negros. Se miró en el espejo y suspiro.
<Odio tener que vestirme así> . Pensó desanimada Pero ella sabía que cuando iba a la empresa tenía que dar una imagen corporativa, aunque en la empresa nadie usara traje, ya que desde su fundación la dueña de L. Borelli Enterprise se aseguraba que el clima de trabajo sea el más relajado que se podía. Porque trabajar en programación puede ser demasiado estresante, así que para contrarrestar eso en la oficina el horario era flexible, la indumentaria libre y hay una gran espacio de relax, con sillones y puf.
Pero esas reglas no se aplican a ella. Por alguna razón sus clientes corporativos no creen en la informalidad.
Salió de su casa y el auto patrulla estaba allí todavía. Subió al auto que la esperaba.
Llegó a la oficina unos cuarenta y cinco minutos después.
Entrpo al edificio y se dirigió al quinto piso.
Anabela, la recepcionista, la recibió con una sonrisa tan falsa como su cabello rubio “natural”. Se dirigió a su oficina y Florencia, su secretaria, entro detrás.
- Pensé que ibas a llegar más tarde. Dijo con una sonrisa sincera.
- Yo también. Al final ayudar a la policía fue más fácil de lo que me había imaginado. Comentó. - Florencia ¿llego el celular nuevo?
- No, pero ahora me pongo en eso y te consigo uno.
- No entiendo si voy a un shopping en media hora consigo uno. Pero como somos una empresa tengo que esperar dos días, se quejó sacudiendo la cabeza de un lado a otro. Lo que hizo que Florencia sonriera más.
- Lo sé, ¿pero me vas a negar que no te gusta tener esa excusa para no tener que atender a Jaco?
La programadora hizo un gesto con la cara que a la secretaria le pareció muy gracioso
- ¿Me anda buscando? Preguntó sabiendo la respuesta.
- Si fuera sólo eso. Hay una multinacional que quiere contratarnos, pero el CEO sólo quiere negociar con vos…
- Ya veo, la interrumpió. - Si no queda otra avísale que ya llegue y tráeme dos vasos de agua, por favor.
La secretaria sonrió y salió de la oficina. Dos minutos después, Jaco entraba sin llamar en la oficina.
- Al fin apareciste, le recriminó.
- Hola a vos también. Fue la respuesta de Lorena. Joaquín Ferreyra es el Gerente General de la empresa y uno de los mejores programadores que Lorena conoció en su vida, pero por alguna razón él prefiere administrar la empresa a programar. Ellos son amigos hace siete años, Joaquín está casado con Florencia, la secretaria que comparten. – ¿qué te trae de visita? Preguntó ella socarrona.
- TLV Medía, quiere contratarnos para que informaticemos la filial que están montando aquí.
Ella asintió, conocía la empresa Norteamericana, dedicada a las televentas.
- Y ¿cuál es el problema?
- Que el CEO, dice que sólo va a negociar con vos.
- ¿por qué?
- eso quisiera saber, dijo y su tono sonó a acusación.
- a mí que me revisen. Respondió la chica atajándose. Jaco la miro fijo a los ojos antes de decir:
- ¿Fabio Nadalich, te suena?
Lorena se quedó pensando un rato, buscando en todos los backup de su memoria y con cero resultados.
- no, para nada ¿debería?
- no sé, lo Googlee y el tipo es todo un don juan…
- ¿así que piensas que además de un contrato con nosotros quiere tratar de seducirme?
- ¿sería la primera vez que pasa?
- no, reconoció con pesar. – pero vos sabes tan bien como yo que a mí no me interesan ese tipo de negocios.
- Lore, sabes que te quiero más que a mis hermanas. Solo quiero que estés preparada para la reunión de esta tarde.
- gracias, Jaco. Dijo con sinceridad. – ya estoy avisada.
***
Esa tarde cuando Lorena Borelli entro a la sala de reuniones, vio que había cinco personas sentadas en la gran mesa de roble que tenían para esos casos. Estaba una de las chicas del área contable, dos personas que no conocía, Jaco y sentado junto a él había un hombre de unos treinta y cinco años, alto, ojos color marrón, cabello castaño claro, con reflejos más claros que resaltaban por la luz de la lámpara. La miro con una sonrisa ladeada que evidentemente estaba ensayada. Un escalosfrió le recorrió el cuerpo, pero no fue igual al que sintió cuando había visto por primera vez a Baillot, fue…distinto, raro… pero raro malo.
< ¿Qué me está pasando?>
S e acercó a saludar. El hombre en cuestión fue el primero en ponerse de pie, Lorena estiro la mano para saludarlo, él se la tomo y la acercó a él y la besó en la mejilla, demasiado cerca de los labios. Lorena se apresuró a separes mirando a Jaco se dirigió a saludar al resto de los presente.
Durante toda la reunión, el Señor Nadalich no dejo de mirarla a los ojos o a los labios.
Decir que la ponía incomoda sería un eufemismo. Tras un par de horas, en las que Lore sólo estuvo allí para que él la mirara, Jaco terminó de presentar la propuesta de le empresa y El señor Nadalich dijo:
- Me gusta todo lo que vi en esta reunión. A nadie en la sala se le escapó el doble sentido de la frase.
- ¿Qué significa eso? Pregunto Jaco con un tono demasiado duro.
- Que vamos a contratarlos, respondió el CEO sin mirarlo.
Joaquín lo miro y luego a Lorena. Ella Asintió para que se quede tranquilo. Y el Gerente de L. Borelli Enterprise añadió:
- ¿Entonces les envió mañana por la mañana el contrato, a si lo revisan sus abogados y lo firmamos por la tarde?
- Si por supuesto, dijo uno de los acompañantes de Nadalich, poniéndose de pie.
- ¿Lorena, que tiene que hacer esta noche?, preguntó el CEO.
- Tengo una cena de negocios, mintió.
- ¿Y mañana?
Ella se encogió de hombros.
- Te invito a cenar.
- Tendría que ver mi agenda. Informó, su intuición le gritaba que no era buena idea salir con él.
- Ok, dijo con orgullo al sentir que lo rechazaba delante de todos.-
Llámame cuando te decidas, anuncio con chulería y dejo una tarjeta sobre la mesa.
< ¿En serio las mujeres caen con ese ardid?> Lorena sonrió mientras él y su equipo salían de la sala de reuniones.
- Ese tipo no me gusta nada, comento Jaco cuando se quedaron solos.
- No sé, es sexy, respondió burlona. Lo que hizo que su amigo la mire con las cejas levantadas interrogantes.
-¿Me hablas en serio?
- Qué se yo... De algo si estoy segura que su actitud… deje flotar las palabras negando con la cabeza.
Jaco se rio a carcajadas
- Ya me parecía que no te había impresionado, añadió.
- Vos sabes como soy yo…
- Si… lo sé, susurro. Lo que la hizo recordar que hace unos años Joaquín le había confesado su amor y ella lo había rechazado.
La relación de Lorena, con los hombres, era peor que mala. Cuando tenía 14 años fue secuestrada durante cuatro meses y violada de manera reiterada y pese a que había hecho años de terapia nunca pude confiar en ningún hombre lo suficiente como para enamorarse. Y todo empeoro cuando el marido de su hermana Marina la beso a la fuerza. Lore quiere muchísimo a Jaco, lo considera parte de su familia, pero jamás podría estar con él de esa manera. Por suerte para él cerca de un año atrás conoció a Florencia y ella supo conquistarlo.
Capitulo tres
- Vas a cenar con nosotros, afirmó Florencia la secretaria y esposa de Jaco, entrando a la oficina mientras Joaquín y Lorena hablaban sobre Fabio
Nadalich.
- Contaba con eso, respondió a la pregunta que no le había hecho.
-¿Cómo, no tenías una cena de negocios?, preguntó Jaco confundido.
- Sí, con ustedes, respondió.
- Vamos a ese restó de Puerto Madero al que fuimos el otro día, planeo Flor.
- Por mi está bien, dijeron Jaco y Lorena al unísono. Cosa que era mucho más común de lo normal.
- Me asustan cuando hacen eso, comentó Florencia.
- ¿Qué? Preguntaron de nuevo al unísono.
- ¡Basta! Se exasperó la secretaria. Jaco y Lorena se miraron y riendo comentaron a la vez:
- ¿Basta con qué?
- Son de terror, ustedes dos, dijo y salió de la oficina. Dejando a los amigos riendo a carcajadas.
***
Fuimos al restorán y el Maître reconoció a Joaquín enseguida, por lo que no tuvieron que esperar.- Es gracioso que el Maître te reconozca a vos, dijo Florencia señalando a su marido, y no a Lorena que es la dueña de una de las empresas más grandes de Latinoamérica.
- Benéficos del perfil bajo, dijo la aludida sin meditarlo.
- No sé, a mí me encantaría que todo el mundo me conozca, siguió reflexionando en voz alta la secretaria.
- Claro, y tener que vivir en un edificio seguro o en un barrio cerrado con vigilancia. Tener que andar con guardaespaldas. O que te persigan los paparazzi, enumero la programadora con tono quejoso.
- si pero tiene su lado bueno, trato de convencerla. – te invitan a todo tipo de eventos, los muchachos harían cola para estar con vos…
- sí, y nunca sabría si los que se acercan son sinceros o buscan otra cosa.
Yo paso de todo eso.
- si lo sé. Pero…
- Florencia déjala en paz, la cortó Jaco. – a Lore no le gusta la fama.
- yo no sé porque insistís en vivir en Florencio Varela. Pudiendo vivir en Recoleta o el Madero Norte. Porque te escondes detrás de la computador…
- ¡basta! Le ordeno su marido, con un tono que nunca había escuchado que usara con ella. – Lorena es feliz así, no la cuestiones más.
Florencia blanqueo los ojos. Lorena sabía que en el fondo la secretaria la aprecia mucho. Pero, también es consiente, que a veces los celos por lo que su marido sintió antaño la hacen atacarla.
Los miró y les sonrió.
- Jaco, no te pre….
- que chiquito es el mundo, dijo una voz que la interrumpió.
Lorena alzó los ojos y vio a Fabio Nadalich parado junto a la mesa.
<¿Una casualidad? Porque no me lo termino de creer.>
- Señor Nadalich, dijo mi amigo también sorprendido.
- vine a cenar aquí porque me dijeron que se come muy bien.
- ¿va a cenar solo?, preguntó Florencia.
- así es. Respondió el CEO.
- por favor cene con nosotros, lo invito y aunque la cara de Jaco se mantuvo imperturbable no pudo evitar que en sus ojos se reflejara la ira que la invitación le causaba.
- no quiero molestar, dijo con fingida compunción Nadalich mirando a Lorena ojos.
- no es molestia, afirmó manteniendo su cara de negocios y mirando a su amigo. Quien supo leer lo que le decía con la mirada: Por nada en el mundo me dejes sola con él.
La cena transcurrió en un tono políticamente correcto. Hablamos de cosas vagas y generales. Por suerte para la programadora a Florencia no se le dio por querer hacer de casamentera.