El año del Búfalo (Narrativas hispánicas)
El año del Búfalo
Este capítulo es largo, así que está dividido en 6 partes.
PSICOFONÍA 1
–Donde decía autogestión ahora se lee sistemáticamente autosugestión.
–Eso es cosa del corrector automático.
–Más parece el signo de los tiempos.
El garaje se nos hace más pequeño cada día. Giramos aquí dentro en el sentido de las manecillas del reloj, y al salir el sol cada uno de nosotros se queda jadeando en su rincón correspondiente según un invariable ritmo de los acontecimientos. Nada de echar raíces. Durante el día descansamos, pues el hilo de luz que se cuela bajo la persiana metálica es tan débil que fijar en él nuestros ojos tumefactos, después de todo ese trote nocturno, nos produce una insuperable somnolencia. En cuanto a la comida...
Ugo Rende. Por ejemplo, Ugo Rende. No hace nada. Anda cabizbajo con las manos metidas en los bolsillos y dice que le han estafado. Pero no hace nada más. Es el único de nosotros que no lleva a cabo ninguna actividad para atenuar la situación. Ugo Rende no se llama Ugo Rende; pero aquí no he venido a dar el nombre de nadie. Ugo Rende anda en círculos, con las manos en los bolsillos y con su barba toda blanca, como postiza, y cree que le han dado gato por liebre.
Esta es nuestra historia: Ugo Rende y Basilitz Zhlobin (que tampoco se llama así) ya se conocían de antes de que se organizaran las primeras caravanas de coches. Iban juntos al colegio, y juntos aprendieron sus primeras letras y se arrancaron juntos la costra de las rodillas. ¿Cuál es el colegio más cutre?, ha preguntado Basilitz. Ugo dice que los de pago para pobres. Pues a uno de esos íbamos, ha afirmado Basilitz. Ugo Rende y Basilitz Zhlobin (que tiene los ojos verdes, de gato) crecieron juntos y fueron juntos a la discoteca y se separaron juntos para irse por separado a la mili y volvieron a la vez a la pequeña y pobre Suburbia machacados y sin trabajo, en plena crisis económica internacional, y así royeron de nuevo juntos la médula de su tiempo, lo mismo que sus padres habían lamido el barro de las barracas. Y el hierro oxidado de la cárcel Modelo uno de los padres, al que habían pillado con octavillas. El día más grande de Ugo Rende fue: Mi día más grande fue el 14-D, junto a las hogueras del amanecer, en los piquetes de las fábricas. Entre la gente de olor a cadena de montaje. Ese fue mi día más grande. Y mi día más corto fueron los tres días en que volvieron a Barcelona las Brigadas Internacionales. Pero tampoco iban a poder salvarnos esta vez. Aquel fue un día fugacísimo, de setenta y dos horas, en que el mundo y el tiempo empequeñecieron y la historia se agrandó y llegó hasta nosotros.
La caravana corre paralela al río, y es un río rojo que se desborda de rabia y de esperanza. Vecinos-de-Suburbia: Estatar-de-alas-cin-cohoras-granacto-y-sardinada-popular-enlaplaza-dela-Vila. Inter-vendrán... Es una caravana de la paz que viene de una guerra. Desde el balcón, veo pasar en ella el coche de mi padre. Una larga hilera de automóviles. Van despacio, con las banderas rojas a todo trapo y los megáfonos lanzando consignas y atronando con «La Internacional». Llevan pegados con celo los carteles del partido. Algunos se han despegado por la fuerza del sol de esa mañana de domingo y también por el recalentamiento de los motores y de las chapas de los coches. Pero no, no pasan esos coches, están sujetos al tiempo. Y aquí, en esta parte del tiempo, apenas alcanza el rugir de la marabunta. El cinturón rojo, que nació como un cinturón de trabajadores y trabajadoras, es hoy un redondel atiborrado de coches y supermercados. A lo mejor no era un cinturón, y era una mancha que se extendía como una lata de aceite
tirada en el suelo. 1
Yo. Para referirme a mí, no hace falta que diga mi nombre. Siempre nos salvamos por los pelos. A Basilitz Zhlobin le conocí también en el colegio. A Ugo Rende lo traté después, a través de Basilitz. Entonces, dos años de diferencia eran como dos mil años en el transcurso de la Historia. Cuando trabé amistad con Basilitz, él y Rende habían llegado ya a la luna y yo aún leía en el hígado de las ovejas como los arúspices etruscos. Son dos cosas que pueden pasar al mismo tiempo, aunque las separen dos mil años de civilización. Mi padre y el padre de Basilitz eran compañeros en aquella caravana de pancartas hechas con palos de escoba y sábanas pintadas. El padre de Ugo no iba. Era comunista. Iba de otro palo. Y tenía una pistola en un cajón de la mesilla.
Esta es nuestra historia. Ugo Rende no hace nada en todo el rato más que arrastrar su larga barba, y Basilitz Zhlobin pinta sin cesar. Dibuja en cualquier parte de este garaje. En las paredes, en el suelo, en los fluorescentes, en el techo, en los pilares. Pinta pinturas primitivas y deja su mano impresa en las superficies. Traza redondeles y puntos simbólicos que apenas simbolizan nada en nuestro encierro. Tatos, por su parte, tiene un mostacho pelirrojo, grande y antiguo, como de feriante o dinamitero. A Tatos Kelkit le conocí yo primero, en el futbolín, y luego se lo presenté a Basilitz Zhlobin y a Ugo Rende. Tatos Kelkit iba a un colegio público, pero tan cutre como el nuestro, y es el mayor de nosotros. Tatos ha cambiado el habla por la música. Toca solo una nota. No importa cuál. Cuando se despierta, al atardecer, deja caer su dedo índice sobre el teclado electrónico y ya no lo despega hasta que se queda dormido con el mentón clavado en el pecho y empieza a asomar ese hilo de sol que reconforta nuestro amor propio. Tatos Kelkit no cree que los días y los años pasen; no sufre esa ilusión diacrónica. Se ha dejado caer a plomo y se hunde en el tiempo por su propio peso. Las horas de Tatos son infinitamente breves e infinitamente hondas. Y yo. Yo empecé a escribir una novela sin aes (y otra sin es, como Perec), luego hice una sin vocales. Y finalmente escribí mi obra maestra.
Una novela río sin vocales, ni consonantes, ni signos de puntuación. 2
El habitáculo donde nos encontramos es muy pequeño, y tiene unas paredes húmedas y frías. Incluso agachados, como permanecemos cuando no nos tumbamos para descansar, podemos alcanzar el techo sin levantar demasiado el brazo. Basilitz Zhlobin siempre lleva una camisa negra. A Basilitz Zhlobin se le han puesto los tobillos como botijos de estar tanto tiempo en cuclillas; pero aun así sigue plasmando sus figuras primitivas, unas sobre otras, superponiéndolas como se solapan en las galerías de arte rupestre. El habitáculo también tiene un toque de reverberación, igual que las catedrales, que dota de prestancia bíblica a nuestras voces de animales domésticos.
–Basilitizzz...
–¿Sííí?
–¿Me oyesss?
–Como Diosss.
Detrás de la persiana metálica está la calle y la luz cálida del día, y también la luz eléctrica del alumbrado público. Cada veinticuatro horas, alguien levanta la persiana metálica y nos pasa agua en un cacharro y cuatro tupperwares con comida. Así, nos sentimos libres.
PSICOFONÍA 2
Canción del Tupperware:
I’ ve go that Tupper feeling
deep in my heart .
Deep in my heart .
Deep in my heart .
I’ ve got that Tupper feeling
deep in my heart .
Deep in my heart to stay 3 .
Ugo Rende pasea por el local con las manos en los bolsillos sin hacer nada. Anda encorvado y a veces salta en cuclillas, como un enanito o un cosaco. Ugo cree que el tiempo ni nos crea, ni nos destruye, ni siquiera nos transforma. Para Ugo, el tiempo es espeso como una mancha de pintura que se extiende por todas partes, o como una mancha de petróleo que se va comiendo todo el mar, y el eterno retorno no es para Ugo más que una parodia metafísica del ciclo del nitrógeno. Ya no hay nada que hacer, ha dicho Ugo. ¿Esperar entonces?, le ha preguntado Basilitz. Ugo ha negado con la cabeza y luego ha dicho: Eso sería hacer demasiado. Ugo anda preocupado por la creencia en el destino. Según él, el destino es un argumento para gente con bigote. ¿Cómo separar la ambición del destino?, dice Ugo.
PSICOFONÍA 3
Ambición y destino.
a) Enviado por Mussolini, el general italiano Rodolfo Graziani emprendió la conquista de Libia en busca de honor y prestigio para Italia. No admito que un puñado de beduinos detenga la ambición de cuarenta millones de italianos, sentenció con la arrogancia con que se dictan todas las penas de muerte.
b) España quiso ser una unidad de destino en lo universal.
El destino es el muro con el que nos estrellamos cada vez que vamos a dar un paso, dice Ugo. A Tatos se le han agarrotado los dedos, y lleva entablillados los índices de las dos manos para poder tocar con ellos. No podrá ser el gran pianista que supo que nunca sería. Con un índice así estirado, Tatos nos señala uno por uno, luego apunta hacia el techo del garaje e inicia su concierto de monotonías. Su bigote de morsa pelirroja le da un tono gracioso a todo lo que hace. Cuando amanece, Tatos sopla sobre su dedo como queriendo disolver el humo que sale por el cañón de una pistola y se hunde en su tiempo con su silenciador puesto. A albergar cierta esperanza le llama poner el silenciador. En cierta ocasión, Tatos dijo que no había mucho que decir y ya nunca más habló. Ya no hay nada que decir, nos dijo. ¿Toca entonces callar, Tatos?
– ...
PSICOFONÍA 4
Tened presente que no soy el Rey Mago que os traiga cosas de regalo, sino el jefe de un Estado. Basta con imaginar aquella primavera de Murcia de 1946, año chino del Perro, y el calorín del sol y el viento fresco del mar. Y a los que quedan vivos, muertos de hambre. Una multitud de andrajos, triste grupo de supervivientes. Se les aparece de pronto un Rey Mago de Salzillo con el rostro del dictador Francisco Franco. ¡Milagro! ¡Milagro!, grita la gente. Es entonces cuando Franco dice lo de antes.
PSICOFONÍA 5
Animado por la instauración de la República en España, en abril de 1931, el nacionalista puertorriqueño Pedro Albizu Campos, llamado el Último Libertador de América, presentó su partido a las elecciones del año siguiente con el propósito de emancipar Puerto Rico del control de Estados Unidos; pero obtuvo muy pocos votos y fracasó. Entonces inició una campaña de huelgas y atentados. Bajo el mandato del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, Albizu fue detenido y llevado a Atlanta, donde lo juzgaron por sedición. Salió en libertad tras once meses de prisión, y en 1950 fue encarcelado de nuevo, acusado de estar envuelto en un atentado contra el presidente Truman. Recobró la libertad a los setenta y tres años en 1964, ya paralítico y ciego. Durante su encierro, había sido sometido a experimentos con radiaciones por los médicos de las cárceles de Estados Unidos. Murió el 21 de abril de 1965. Tres días antes, el Real Madrid se proclamó campeón de la liga española. Pero ya hacía muchos años que España había cambiado la República por una dictadura militar.
Yo nací en ese año de 1965 4 y, consecuentemente, soy hijo tanto del fascismo como de la transición democrática. Quiero decir que comparto esas raíces. Lo mismo sienten Ugo Rende, Basilitz Zhlobin y Tatos Kelkit. Tal vez por ello, los cuatro hemos acabado confinados aquí. A ratos recuerdo cómo hemos venido a parar a este habitáculo. Tatos, el de los bigotes rojos, fue el primero en llegar. De hecho, cuando le conocí, ya vivía aquí dentro, pero entonces no tenía ningún tipo de bigote. Este sitio fue una vez la casa de Tatos, de sus padres, y en ella había una familia de gente trabajadora y normal. Con los años, que al principio corrían sin la cabalgadura de la muerte, la casa fue quedándose vacía y empequeñeció. Y, como una telaraña o un cangrejo ermitaño, empezó a atrapar a quienes pasábamos junto a ella. Hubo otra época todavía más antigua en la que los cuatro teníamos nuestra propia familia, nuestra propia casa. O a lo mejor también eran la familia y la casa quienes nos tenían a nosotros. Por entonces, aquí nadie tenía internet...
Mientras Tatos toca esa única nota, Basilitz, el de los ojos de gato, dibuja círculos, y Ugo pasea en cuclillas con su barba tan blanca y las manos metidas en los bolsillos, y yo tecleo incansablemente asdf, ñlkj, en el ordenador. Antes de todo esto, no. Antes del encierro yo escribía otras cosas, pero finalmente aprendí la cantinela.
Un día llamaron a la persiana metálica con tanto estruendo que acabaron despertándonos a los cuatro, si bien todavía faltaban algunas horas para que anocheciese. Mecánicamente, reanudamos nuestras ocupaciones interrumpidas solo por el sueño. Un dedo de Tatos cayó al azar sobre una tecla del Casiotone, y yo volví a los ejercicios mecanográficos para opositores, que había dejado inconclusos la noche anterior. Los topos de Basilitz empezaron a brotar de nuevo en las paredes, y Ugo inició sus erráticos paseos en cuclillas con un castañetear de dientes. ¡Adelante!, gritó Ugo. Se levantó la persiana y entró una forma humana a escala reducida y envuelta en una túnica de pies a cabeza, como amortajada. Dejaba a su paso un charco de orina y habló con la voz silábica que tenían aquellas viejas muñecas que decían mamá y pedían agua. Cuando la visita dejó caer al suelo su túnica, descubrimos que, efectivamente, se trataba de una muñeca Barbie con el traje de modelo de pasarela. Pero, a medida que nos hablaba, sus ropas iban transformándose en las de Barbie ATS, Barbie cascos azules, Barbie consejo de ministros, Barbie cooperante internacional, Barbie Derechos Humanos, etc. Unos grandes zarcillos dorados hacían de ella una Dama de Elche de la pijería. Ugo se abalanzó sobre la muñeca pero sin sacar las manos de los bolsillos, así que únicamente consiguió darse un porrazo en el suelo. Tatos estiró su dedo índice más que nunca. No sois glamurosos, ni ricos, ni hermosos como yo. ¿Qué esperáis de la vida?, dijo la muñeca, y Ugo Rende reventó en carcajadas y su barba blanca se sacudió como agita quien se rinde una bandera de la paz. ¿De qué ríes? Soy la sombra de tus dudas y presentimientos. También soy vuestros deseos hechos en plástico a precios populares. Soy un regalo de Reyes. Soy el peso que os hace sentiros cada vez más abajo. Vengo de otro mundo, que no existe pero que representa a otro que sí existe y que os está vedado. Soy la gente a la que nunca os habéis atrevido a hablar, así que podéis hablarme ahora como una niña le habla a su muñeca. A medida que iba diciendo sus palabras, la Barbie aumentaba de tamaño hasta alcanzar el de una persona adulta. A ratos, solo crecía su cabeza, que se le hinchaba como un globo. Y otras veces eran sus tetas y sus caderas las que alcanzaban unas proporciones insólitas. Basilitz la representó en la pared con un cuerno en la mano como la Venus de Lespugue y la llamó la Barbie matriarcal. Y sin embargo no soy lo que esperáis, retumbó la voz de la Barbie, y fue entonces cuando se dio media vuelta y nos enseñó el culo todo lleno de esvásticas. Soy el símbolo de la belleza fugaz, no quiero decir temporal, sino que se fuga de vuestras prisiones, que pasa junto a vosotros sin rozaros, pues está siempre más allá del alcance de vuestros brazos. Porque a la vez soy la belleza eterna que constantemente os aprisiona en una cárcel de melancolía y abandono, y diciendo esto la Barbie empezó a perder sus rasgos y entró en un veloz proceso de envejecimiento. Luego vimos que se embrutecían sus formas y que empezaba a brotarle como una barba de días, de hombre viejo. Soy el viejo asesino, dijo, y nos mostró una placa de la Gestapo. Soy la policía que os persigue y os identifica y que os ha confinado en vuestro encierro. Soy vuestro torturador secreto. Soy la Barbie a veces, y otras veces soy Barbie, el de Lyon.
PSICOFONÍA 6
Perseguido como criminal de guerra, Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, se instaló en 1951, con el nombre falso de Klaus Altmann, en Bolivia, donde desarrolló sus actividades como hombre de negocios hasta 1983, año en que fue extraditado a la Francia de Mitterrand durante el mandato del presidente boliviano Hernán Siles Zuazo. En La Paz, Klaus Barbie coincidió con el ultraderechista italiano Pierluigi Pagliai, que había participado en el atentado de la estación de Bolonia de 1980, en el que hubo 85 muertos. Tras enfrentarse a la policía en un tiroteo, que lo dejó inconsciente y paralítico, en 1982 Pierluigi Pagliai fue detenido en la capital boliviana y devuelto a Roma.
Basilitz Zhlobin se quita su camisa negra y se arrodilla y, de la manera que puede, da con ella pases de torero en el habitáculo. Dibuja verónicas y manoletinas en el aire, y nos hace pensar en un ruedo ibérico del que únicamente hemos conocido su nombre.
La fundición es un incendio suburbial en el ocaso y tras ella se extiende el mar, que aquí nadie llama de esta manera. Aquí al mar le dicen la playa, y así separan el agua de la arena, la tierra de lo otro, de lo que no tiene límites. Una playa abandonada y sucia que amenaza con llenar de pústulas la piel de quien se meta en el agua. Los trabajadores de la fundición salen del turno como un ejército de una derrota y vuelven a sus casas, de algún modo sonrientes, por la estrecha acera que va junto al muro de hiedra y de ladrillos rojos. Pongamos que estamos en 1973, año del Búfalo para los chinos; pero no para los búfalos. Los trabajadores llevan bolsas con el emblema de los Juegos Olímpicos de Múnich del año pasado. Corre por una parte del mundo el año 1973 y, sin embargo, en España sigue siendo 1939. En España siempre ha sido 1939, y si no 1492. Lo de 1992 fue un espejismo. Se lleva lo retro, y esta vez la moda regresa al 73. Pero el día menos pensado nos dicen que aquí vuelve a ser 1939 y que Hitler ha vuelto a invadir Polonia. Por eso Ugo, Basilitz, Tatos y yo nos hemos encerrado en este garaje, que era la casa de los padres de Tatos.
El padre de Ugo le disparó al de Basilitz, o casi, en una manifestación; pero lo cierto es que ni siquiera le rozó la bala. No le pasó nada; eso sí, le estuvieron zumbando los oídos hasta la hora de comer. Era el primer 1 de Mayo de la democracia. Un palio rojo de banderas cubría a los trabajadores llegados desde la periferia con sus fiambreras, puntos y trienios. Artistas y escritores subían a la tarima junto a los dirigentes sindicales y desde allí miraban hacia los azulejos del Corte Inglés. Uni-dad..., uni-dad... ¡Compañeros!, con esta exhortación inició un escritor su discurso desde la tarima. Padre de Ugo: ¡Aguanta! Padre de Basilitz: ¿Qué te pasa? Padre de Ugo: El tío este, que nos llama compañeros. ¡Pico y pala, sioputa; pico y pala! Y entonces el padre de Ugo sacó la pistola y pegó un tiro al aire. El padre de Basilitz no dijo nada, pero tampoco fue capaz de seguir en la manifestación, de modo que se marchó al metro y volvió al barrio a tomarse una ración de caracoles. Siempre les gustaron los fósiles a esa familia. ¿Ya estás aquí?, le dijo un hombre que estaba en el bar. Pídete otra de lo que te estés tomando, le dijo el padre de Basilitz. Pues muchas gracias, tete. Habéis ido a lo de San José Obrero, ¿no?, dijo el hombre. Ya no hay nada que hacer en ninguna parte, dijo el padre de Basilitz, y se arrancó las pegatinas de la cazadora e hizo una pelota con ellas que salió disparada por la puerta del bar.
PSICOFONÍA 7
En 1973, año chino del Búfalo, el coronel Muamar el Gadafi, presidente de la República Árabe de Libia, anuncia el inicio de la Revolución Popular, con la cual se anularán todas las leyes anteriores y se mandará encarcelar a la oposición. Gadafi declaró Estados imperialistas tanto a Estados Unidos como a la Unión Soviética, e inspirándose en la doctrina maoísta promulgó la llamada Tercera Teoría Internacional. Impulsó el Corán como modelo para regir el país, y lo adaptó políticamente a pesar de la oposición de los teólogos musulmanes. Proclamó la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista, de la que se designó Guía. El término Jamahiriya era un neologismo creado por el propio Gadafi, que significaba Estado de masas. Instauró un nuevo calendario, que empezaba a contar a partir de la muerte del profeta. Practicó una política dictatorial. Hacía retransmitir por televisión las ejecuciones públicas. Le propuso al presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, que casase a su hija Chelsea con alguno de sus hijos para estrechar la relación entre ambos países. La periodista Memona Hintermann-Afféjee, corresponsal del canal de televisión France 3, denunció públicamente que Gadafi había intentado violarla durante una entrevista. En el ámbito internacional, sugirió acabar con el conflicto entre Israel y Palestina fusionando ambas naciones en un nuevo Estado, que se llamaría Isratina. Tras los atentados de Al Qaeda del 11-S, Gadafi abandonaría el panarabismo en favor del panafricanismo, y pidió perdón a los países africanos por el esclavismo ejercido por los árabes. Sin embargo, en 2010 llamó a la yihad contra Suiza por haberse aprobado en el Parlamento helvético una iniciativa popular contra la construcción de minaretes. Después de cuarenta y un años en el poder, Muamar el Gadafi murió linchado por las masas durante la revolución popular de Libia de 2011. Un exiliado, miembro de los Hermanos Musulmanes, había llamado públicamente al asesinato de Gadafi desde la cadena de televisión Al Jazeera, en Qatar. En las imágenes de su captura, Gadafi aparece zarandeado por la multitud con la ropa desgarrada y el rostro ensangrentado. También se distingue cómo alguien le intenta sodomizar con una bayoneta o un bastón. La causa de su muerte fueron sendos disparos en la cabeza y en el abdomen, que un rebelde de diecinueve años le descerrajó dentro de la ambulancia.
El padre de Tatos Kelkit pasó toda su vida en silencio detrás de un montón de tierra. Pertenecía a aquella gente de campo a la que enseñaron a callar desde la cuna. Su mirada era una montaña de roca viva. Salía esa mirada de unos ojos adocenados y también del resto de la cara. El padre de Tatos miraba con su boca callada para siempre, con su boca cerrada desde siempre. Observaba la parcela de mundo en que había caído con cada una de sus facciones aldeanas. A ese hombre lo dejaron sin nada que decir desde el primer día en que abrió la boca. ¡Madre! Palo. ¡Padre! Palo. Yo creo que... Otro palo. En su silencio, el padre de Tatos Kelkit había aprendido a obedecer sin siquiera tener que decir sí.
Ni el padre de Basilitz, ni el de Ugo, ni el mío conocían al de Tatos. En política, eran cuatro gatos, y el que más o el que menos se tiene visto de alguna cosa. Y el resto del mundo no existe.
PSICOFONÍA 8
En los días de la revolución sandinista, que en 1979 iba a acabar con la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, un grupo de panameños formó la Brigada Internacional Victoriano Lorenzo, para luchar junto a los revolucionarios del país hermano. Al frente estaba el médico Hugo Spadafora. Durante sus tiempos de estudiante de medicina en Bolonia, Hugo Spadafora había militado en el Partido Socialista italiano. Al terminar la carrera, se marchó a Egipto y, en África, se unió como médico a la guerrilla del revolucionario Amílcar Cabral, que luchaba por la independencia de la Guinea portuguesa (una parte de ella es la actual Guinea-Bissau). De vuelta en Panamá, un golpe militar destituyó al presidente Arnulfo Arias para dar inicio a la era de Omar Torrijos. Spadafora se sumó a las guerrillas urbanas y se enfrentó a los golpistas. Cayó preso, pero por mediación de su padre, hombre de influencia, Spadafora pudo hablar personalmente con Omar Torrijos. Ambos congeniaron hasta tal punto que Torrijos acabaría nombrando a Spadafora viceministro de Salud. Al estallar la revolución sandinista, Hugo Spadafora renunció a su cargo y partió hacia Nicaragua. Mandó la Brigada Internacional Victoriano Lorenzo, y más tarde organizó la Brigada Internacional Bolivariana. Trabó amistad con el revolucionario nicaragüense Edén Pastora, llamado el Comandante Cero acaso por influjo del popular poema «La hora cero», del sacerdote Ernesto Cardenal, uno de los líderes del sandinismo, que acabaría siendo ministro de Cultura. Cuando, decepcionado por el Gobierno surgido de la revolución sandinista, Edén Pastora y su Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE) se enfrentaron con las armas a sus antiguos compañeros, Hugo Spadafora se unió a Pastora para seguir defendiendo a quienes consideraba como los sandinistas verdaderos. Entonces dijo Spadafora que la revolución había sido traicionada por la dictadura neosomozista de los nueve comandantes. El presidente estadounidense Ronald Reagan dio sostén a la contrarrevolución antisandinista, y Edén Pastora aceptó tácticamente este apoyo. Spadafora abandonó las filas de Pastora y se unió al grupo armado Misurasata, una guerrilla también contraria al Gobierno sandinista, integrada por nativos misquitos, sumos y ramas, y liderada por Brooklyn Rivera, en la que Spadafora aseguraba reconocer la autenticidad del ideal revolucionario. De nuevo en Panamá, se opuso públicamente al gobierno corrupto del general Noriega y denunció sus intereses en el narcotráfico internacional. En 1985, año chino del Búfalo, los militares de Noriega secuestraron a Hugo Spadafora y lo mataron. Los autores de su asesinato fueron los miembros de las Fuerzas de Defensa Francisco Eliécer González Bonilla, alias Bruce Lee, y Julio César Miranda, alias Muñecón. El cuerpo de Hugo Spadafora apareció tirado debajo de un puente, en Costa Rica, el país donde tenía fijada su residencia, muy cerca de la frontera panameña. Le faltaba la cabeza, lo habían castrado y tenía las uñas arrancadas. Su cabeza nunca se encontró y sus restos fueron enterrados en el cementerio municipal de Chitré, su pueblo natal. Tenía cuarenta y cinco años y dejaba mujer y dos hijos.
Ugo y Basilitz en el parque. Sentados en un banco, fuman Ducados y ven pasar a la gente. Esa fue toda su aportación durante los años ochenta a la historia de la humanidad. Frente a ellos, una moto BMW lleva toda la mañana aburriéndose. Más que aparcada, parece abandonada; pero su estado es impecable. Ugo y Basilitz apenas se han fijado en la moto y tal falta de interés haría pensar a quien pudiese advertirla que los chicos son las piezas fallidas de una serie diseñada para el consumo. Documentación. Los policías nacionales han aparecido de repente detrás de un seto, como siniestras caricaturas de gnomos o duendecillos. El que pide los carnés tiene la cara chupada y se expresa con chulería frente a Ugo y Basilitz. Su compañero es más joven y se dirige a la moto y busca en ella huellas de haber sido forzada. Conque mirando la moto. ¿Es vuestra esta moto? Y entonces qué hacéis mirándola todo el rato. Aquí no se viene a mirar. No os queremos ver más por este parque. A ver si os enteráis de que os tenemos clichados. Tú eres un yonqui, le ha dicho el poli a Basilitz. Desapareced y no volváis por aquí, es lo último que dice el madero. Apenas han andado Ugo y Basilitz unos metros, cuando el ruido del motor de la BMW les hace volver la cabeza. Los dos policías se han montado en ella y se la han llevado al otro extremo del parque, frente a otro banco.
Tatos Kelkit entonces tenía bigote de galán. Hemos quedado en la catedral de Barcelona y yo llevo una carpeta en la mano. Tatos acaba de llegar al fin, después de hacerme esperar un buen rato; pero sigue siendo 1983. Documentación. ¿Qué haces aquí?, dice el madero. Esperar a este amigo, que acaba de llegar. El poli mira ahora a Tatos. Tú también, documentación. Sacad lo que tengáis en los bolsillos. Tú, vacía el paquete de tabaco. ¿No lleváis costo? Tatos ha sacado los cigarrillos que le quedan en el paquete de Fortuna y también un encendedor de plástico que llevaba dentro. ¿Tenéis antecedentes? ¿Habéis estado en comisaría? Con la vista clavada en mi DNI, el policía habla con ganas de pillarme. ¿Dónde dices que vives? En Suburbia. ¿En qué calle? Calle de La Muchacha de las Bragas de Oro. Así que vives en Afueras. La gente pasa y algunos nos miran con asco. No, en Suburbia. ¿En qué calle? El otro policía le dice a Tatos que recoja sus cosas. Tatos Kelkit le ofrece un cigarrillo, que el poli no acepta. Y si eres de Suburbia, ¿qué haces aquí? Le enseño la carpeta. Salgo de la estudiar, le digo. ¿Es que en Suburbia no se puede estudiar? Cuando nos vamos, Tatos me dice que esto tendría que escribirlo algún día, y así lo hice una vez.
PSICOFONÍA 9
1973, año chino del Búfalo. Joselito, el otrora aclamado cantante jienense, y conocido como El pequeño ruiseñor, el Manolo Escobar hecho niño, vive ahora en Angola, nación que se encuentra en una guerra de independencia contra Portugal. La misma guerra sostiene Mozambique, otra colonia portuguesa. El artista se ha retirado a África tras agotarse su carrera artística en España, donde se apagó su estrella infantil. Pero, ya adulto, aún le quieren en los teatros de Luanda y de Lourenço Marques (que era el nombre colonial de Maputo), las capitales de Angola y Mozambique. Más tarde, la policía de Angola detendrá al artista por tráfico de armas y lo acusará de servir como mercenario para el gobierno colonial portugués.
Basilitz Zhlobin nació el 1 de febrero de 1963. Ugo Rende padeció un sobresalto del mismo orden el 13 de marzo de 1963 (el cual viene a repetirse de forma aguda los años en que su aniversario cae en martes). Ambos son hijos del año chino de la Liebre (también llamado del Conejo). Tatos Kelkit, de quien ya se ha dado razón de lo levemente aventajado de su edad sobre la nuestra, fue traído al mundo mediante la violenta presión de unos fórceps el día 31 de agosto de 1961, año chino del Búfalo, aunque también se le llama año del Buey. Yo, de modo inopinado, nací el 27 de julio de 1965, año chino de la Serpiente, al que no se llama de la culebra ni de ninguna otra manera que no sea la ya dicha.
La cara del gestapo se deslizó bajo la puerta de la carnicería caballar y quedó mirando hacia los ganchos de acero y las básculas, todavía relucientes como patenas de matadero. El diario también pasaba de un solo golpe bajo la puerta del Banco de Santander y bajo todo tipo de porterías que, en general, dejasen con el suelo un ancho de un dedo. Otras veces era más difícil y Tatos tenía que agacharse y empujar con cuidado de no desgarrar el papel. La vieja cara de Klaus Barbie había regresado a Europa fotografiada en los periódicos, que anunciaban la detención del carnicero de Lyon, al cual le esperaba juicio en Francia por crímenes contra la humanidad. Se destacó especialmente que hubiese ejecutado al jefe de la resistencia francesa, Jean Moulin. Tatos hacía salir disparado el periódico con su mano derecha, dando un golpe seco de antebrazo, y apenas le daba tiempo a ver cómo se escurría bajo la puerta emitiendo un característico chasquido al chocar contra el suelo. El trabajo de Tatos consistía en llevar cada mañana sus correspondientes ejemplares de La Vanguardia a los pocos más de trescientos abonados de Suburbia. El nazi, disfrazado con kilos de tiempo, recorría así sin saberlo las calles Simancas, Rafael Casanova, Santiago, Andreu Vidal, Guasch, Señora Miska y Mariscal Cabanes, entre muchas otras, en las que a decir verdad a muy pocas personas les importaba su historia.
PSICOFONÍA 10
Año chino del Búfalo de 1973, Anwar el-Sadat, presidente de la República Árabe de Egipto, y Háfez al-Ásad, presidente de la República Árabe de Siria, mandan atacar por sorpresa Israel mientras este país celebra el Yom Kippur, la festividad religiosa más importante del pueblo judío; estalla así la cuarta guerra árabe-israelí, que durará veinte días. Ocho años más tarde, durante un desfile celebrado en El Cairo el día de Yom Kippur, para conmemorar la victoria árabe en aquella guerra, un grupo yihadista islámico descendió de un camión de la caravana y asaltó la tribuna presidencial con granadas de mano y fusiles Kaláshnikov. En el atentado murió una decena de autoridades, incluido el presidente egipcio Anwar el-Sadat, que creyó que todo formaba parte del espectáculo y había salido a saludar marcialmente a sus agresores cuando se dirigían hacia él. El arabismo laico se había convertido en un objetivo del fundamentalismo religioso islámico.
PSICOFONÍA 11
Yasir Arafat, comandante en jefe de la guerrilla revolucionaria de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), es nombrado en 1973, año chino del Búfalo, dirigente de la rama política de dicha organización. Abogó por la creación de un Estado laico, donde convivirían musulmanes, judíos y cristianos, y se convirtió en el representante internacional de las aspiraciones palestinas de crear su propio Estado. En 1981, el presidente del Gobierno de España, Adolfo Suárez, recibió a Arafat dándole honores de jefe de Estado. Hasta entonces ninguna nación occidental le había otorgado ese trato. En 1988, Arafat proclamó simbólicamente, desde el exilio en Argel, el Estado de Palestina. Murió en 2004, envenenado por los servicios secretos israelíes.
Como cada mañana, Tatos Kelkit le entregó La Vanguardia a la criada del doctor. Era un día de lluvia, con esos goterones que echan a perder los cigarrillos nada más ponérselos uno en los labios. Mes triste de octubre, en el corazón del otoño. En aquellos días llovía más. ¿Qué nos trae el periódico? ¿Lo de siempre? Lo malo es ir para atrás. Mejor que nos quedemos como estamos. La criada tomó el diario y, como cada miércoles, le dio a Tatos una propina de parte del médico. Luego cerró despacio la puerta.
PSICOFONÍA 12
La comitiva presidencial surcoreana fue recibida a bombo y platillo por el Gobierno birmano. La ciudad de Rangún se había convertido en un fastuoso desafío del progreso a la espesa jungla, y en la zona de las grandes residencias de aquella capital socialista de oro y uranio se concentró el protocolo de Corea del Sur a la espera de honores, frente al Mausoleo de los Mártires. Rangún fue el lugar elegido por los servicios secretos de Corea del Norte para colocar las bombas que aniquilaron a la plana mayor del Gobierno de Corea del Sur. Perdieron la vida el vice primer ministro, el canciller, el ministro de Energía, el ministro de Comercio e Industria, el secretario de la Presidencia y el viceministro de Finanzas surcoreanos. Por un retraso en la agenda, el presidente del Gobierno de Corea del Sur, Chun Doo-hwan, y su mujer escaparon ilesos. Birmania, que aún no se llamaba Myanmar, rompió relaciones con Corea del Norte. En Corea del Sur se recompuso el gobierno y el país siguió adentrándose en una época de prosperidad y gran actividad económica. Eso sucedió en 1983, año chino del Cerdo, animal donde se aúnan la matanza y la abundancia.
Basilitz Zhlobin se arrastra espatarrado por el garaje como una liebre (o un conejo) atropellada, o también igual que avanza un soldado cuerpo a tierra. Lo observa todo con sus ojos verdes de felino. Llena el suelo y las paredes de topos rojos y transforma las rectangulares columnas del habitáculo en la estalactita de Le Combel; sueña como aquellos pintores primitivos senos de piedra. Basilitz también es de los que creen que ya se ha hecho demasiado tarde para intentar nada. ¿Por qué no pintas un cuadro?, le dijo una vez Ugo. Ya es demasiado tarde, responde siempre Basilitz. Piénsatelo. También para eso es tarde. Nunca es tarde. Siempre es tarde. Y así llevan toda la vida.
PSICOFONÍA 13
Año chino del Búfalo de 1973, el sociólogo holandés Robert Buijtenhuijs publica su libro Mau Mau Twenty Years After: The Myth and the Survivors , que le abre las puertas del African Studies Centre, sociedad a la que pertenecerá durante treinta años. Tras este monográfico, Buijtenhuijs relegaría sus investigaciones sobre el Mau Mau (el movimiento anticolonial de Kenia), para especializarse en el Frolinat (Front de libération national du Tchad), la guerrilla socialista del Chad que llegó al poder en 1979; pero acabará bastante enfadado con ellos.
PSICOFONÍA 14
El general Eloy Alfaro, conocido como el Enano por su estatura, fue presidente de Ecuador en el siglo XIX y en el siglo XX . Un mandato corresponde al período 1897-1901, y el otro al período 1906-1911. A su gestión se debe el haber terminado las obras del Ferrocarril Transandino, que une Guayaquil con Quito, la modernización del ejército, la garantía de la libertad de expresión, la construcción de numerosas escuelas públicas y la institución del derecho a una educación laica y gratuita, la legalización del divorcio y la llegada del matrimonio civil. En todos los órdenes aplicó una política liberal. Ya cerca de concluir su segundo mandato, le plantearon el asunto de la sucesión y Alfaro exclamó: No podemos perder con papelitos lo que hemos ganado con fusiles. Pero en 1911 tuvo que abandonar la presidencia del Gobierno a causa de un golpe de Estado que llegó acompañado de una sublevación popular, y así se exilió en Panamá. Al cabo de cuatro meses, regresó a Ecuador. Entonces fue detenido. Estando encarcelado, una turba asaltó el presidio y lo mató, y arrastró por las calles su cuerpo mutilado. Después, lo que quedaba de su cadáver fue incinerado en la denominada Hoguera Bárbara, en el Parque de El Ejido, de la ciudad de Quito. En 1983, año chino del Cerdo y, contrariamente a lo que este signo promete, en plena crisis económica, un grupo de estudiantes nostálgicos formó el grupo subversivo armado ¡Alfaro Vive, Carajo! Lo primero que hizo esta organización fue robar la espada de Eloy Alfaro del Museo Municipal de Guayaquil. Entre otras acciones del grupo (algunas de las cuales se saldaron con la muerte de sus miembros y de agentes del orden), se cuentan numerosos asaltos a bancos, secuestros de personalidades de la élite económica del país, robos en depósitos de armas de la policía, organización de fugas en las cárceles, asaltos a las emisoras de radio para difundir sus comunicados y robos en fábricas de juguetes para repartirlos en los barrios pobres. En diciembre de 1985 un comando de ¡Alfaro Vive, Carajo! intentó secuestrar al empresario Eduardo Granda Garcés, de cuarenta y cinco años, heredero de la familia propietaria de la cadena de televisión Teleamazonas, la primera en toda Sudamérica que
emitió en color. 5 Pero el empresario repelió a los secuestradores a tiro limpio y logró huir a pie, herido de levedad. El 26 de febrero de 1991, el grupo subversivo ¡Alfaro Vive, Carajo! entregó las armas durante una ceremonia pública en la plaza de San Francisco, de Quito. Pasados unos años, varios de los antiguos integrantes de la organización decidieron reincorporarse a la vida política bajo el lema ¡Vamos otra vez, don Eloy! Por aquel mismo tiempo, el canal de televisión ecuatoriano Ecuavisa emitió el concurso El Mejor Ecuatoriano . Durante cuatro meses, los espectadores votaron a sus figuras nacionales. Al final del concurso, Eloy Alfaro, que murió linchado por la turba, era ahora consagrado por el público como el mejor ecuatoriano de la Historia, celebración que tuvo lugar en el teatro
Sucre, de Quito. 6
Antes he dicho: Basilitz Zhlobin se arrastra espatarrado por el garaje como una liebre o un conejo atropellados, y me ha venido a la cabeza aquella acción artística de Joseph Beuys en Düsseldorf que se llamaba Cómo explicar las imágenes a una liebre muerta . Ese acontecimiento nos une a Basilitz Zhlobin y Ugo Rende (ambos son del año chino de la Liebre o del Conejo) y a mí, pues nací en el año en que se realizó (1965, Serpiente de madera, como la que tenía articulada de juguete). Y al mismo tiempo nos separa a los tres de Tatos Kelkit, que es del año chino del Búfalo. En aquella acción, Joseph Beuys se paseaba por una galería de arte con una liebre muerta y le iba explicando las obras. Así, durante tres horas. Beuys llevaba la cara untada con miel y polvo dorado, igual que las máscaras de los muertos, lo mismo que la máscara de Agamenón, que no era de Agamenón, por cierto. Beuys quería expresar que cualquier animal muerto se muestra más receptivo (más intuitivo, dijo él) a la hora de comprender el arte contemporáneo que la mayoría de los seres humanos. Consideraba esta acción artística un acto chamánico. Beuys había sido piloto de la Luftwaffe, la aviación nazi, y durante la guerra se estrelló con su Stuka en algún lugar de Crimea. De su acompañante solo quedaron los huesos. Él salió con el cráneo destrozado y desde entonces llevó siempre el sombrero que iba a caracterizarle, y que dibujaba en sus autógrafos. Aseguraba que se sentía protegido llevando el sombrero. Quizá el eterno chaleco, también característico de su indumentaria, sea otra alusión a su época de aviador. Era hombre de uniformes. Todos los chamanes lo son. A propósito de su accidente aéreo, se inventó la leyenda de que fue recogido por un grupo de nómadas, que le curaron mediante ritos chamánicos y que así fue como se hizo artista. El crítico musical David Stubbs señala, en un libro sobre el rock alemán, la similitud de esa historia con la de los protagonistas de la serie de televisión de finales de los años sesenta Los invencibles de Némesis (tres agentes secretos se estrellan en avión en el Himalaya, donde un monje les socorre y les dota de poderes sobrehumanos). Esta observación la incluye en las páginas dedicadas a la escena musical de Düsseldorf, la ciudad donde Beuys dio clases como profesor de escultura en la Escuela de Bellas Artes. Como miembro destacado del grupo Fluxus, su influjo, y el de todo el grupo, se hizo notable en los ámbitos artísticos y estudiantiles de ese enclave industrial, corazón de la cuenca minera del Ruhr. Algunos jóvenes que luego formaron bandas musicales como Kraftwerk, Neu! y La Düsseldorf habían sido alumnos de Beuys, del mismo modo que varios miembros del grupo Can fueron alumnos de Stockhausen, en Colonia. Stockhausen acabaría proclamando que estaba conectado con la estrella Sirio. Beuys tenía una sonrisa bonita que aureolaba unos dientes grandes e irregulares. Fue también un agitador político. En 1967 fundó el Deutsche Studentenpartei (Partido de los Estudiantes Alemanes), nacido como respuesta al asesinato del estudiante Benno Ohnesorg, muerto a tiros por la policía durante una protesta contra la visita del sha de Persia a Berlín. En 1980, Beuys participó en la creación de Die Grünen (Los Verdes), donde al poco fue relegado y abocado a la expulsión cuando esta formación decidió intervenir en la política institucional. Podría decirse que, en aquella nueva era que nacía, Beuys no encontró más que la traición tras cada uno de sus pasos. Murió de un infarto en su casa de Düsseldorf, en 1986. Esto lo he contado porque siempre leo cosas de Düsseldorf. Todo lo que pasa en Düsseldorf es muy importante para mí, aunque lo cierto es que nunca he estado en ese sitio. Pero su nombre vive en mí. En mí viven muchas ciudades en las que nunca he vivido. Quizá la causa de que sienta tan propio este lugar tenga su origen en la película M, el vampiro de Düsseldorf , de Fritz Lang. Desde entonces Düsseldorf se convierte en un cierto tipo de abrigo. Es un abrigo largo, que en la película acaba manchado de tiza (esa M que lo marca volvería a verla en el cómic La marca amarilla , de los investigadores Blake y Mortimer). Y es asimismo el traje de fieltro que llevaba Beuys durante sus acciones. También hay una música que recorre todo el rato los subterráneos de la palabra Düsseldorf . Me refiero al fragmento de la composición musical Peer Gynt (en concreto, la parte llamada «En la gruta del rey de la montaña»), que silba en la película M el asesino de niñas. La obra de Grieg está basada en un drama de Ibsen y es en ese pasaje de la gruta del rey de la montaña donde el héroe intenta escapar del troll, que le ha propuesto perder su condición humana a cambio de la libertad. Pero además está en esta ciudad alemana ese grupo de rock que se llamaba La Düsseldorf, ya se ha dicho, y que no hace sino blandir el nombre del lugar donde esos mismos músicos montaron otras bandas. La música destruida y esa distinción, ese gusto en el vestir, los volveré a encontrar unidos en otra fotografía de una acción artística anterior, de 1962, donde George Maciunas y todo el grupo Fluxus sierran un piano, se suben encima, lo demuelen y lo aniquilan mientras proceden a ejecutar una partitura musical. Visten trajes que enseguida iban a caer en desuso, porque al poco fue volcada sobre esas prendas la culpa del convencionalismo, y que ahora admiramos en las series retro de televisión. Nosotros nos hemos encerrado en este habitáculo porque tampoco sabemos qué ponernos. El que pasea sobre las cuerdas del piano, como Jesús sobre las aguas, es el poeta, y también músico, Dick Higgins. En Maciunas, con traje negro, y martillo en mano, está ya ese gesto de brutalidad que iba a caracterizar a cierta Europa de aquella década. Pienso en Francia, en su sentido del humor violento, en el profesor Choron, en su sarcasmo, en los fundadores de la revista satírica Hara Kiri . Choron había sido combatiente en Indochina. Otros de los colaboradores de la revista Hara Kiri eran excombatientes de Argelia o fueron trabajadores forzados por los nazis durante la guerra. La herida que causa un artista es proporcional a las que ha recibido. Décadas antes, en una película, el Gordo y el Flaco destruyeron una casa burguesa intentando instalar un árbol de Navidad. De la misma manera que Fluxus, también habían destrozado un piano queriendo transportarlo. Los artistas alemanes estaban convirtiendo en arte revolucionario lo que habían visto en el cine de pequeños. Uno nunca es un radical, sino alguien que se cayó en la marmita. Podríamos llamar a esto el síndrome de Obélix.
PSICOFONÍA 15
Gambia, país gobernado por el veterinario Sir Dawda Jawara desde su independencia, en 1965, hasta 1994, se presentó durante décadas como una de las democracias formales más estables de la entonces llamada África negra. En 1993 fue abolida en Gambia la pena de muerte. En nombre de la propia democracia, el 22 de julio del año siguiente, el teniente Yahya Jammeh dio un golpe de Estado e introdujo en el país el servicio nacional de televisión. En los años setenta, el Gobierno gambiano lanzó una campaña para captar el turismo del primer mundo con el lema de Paz y Sol, tal vez influido por el entonces omnipresente postulado hippie Paz y Amor. Hacia finales de aquella década, empezaron a aterrizar en el aeropuerto de Banjul, luego tomado por la NASA como colchoneta de emergencia de las lanzaderas estadounidenses, cientos de miles de viajeros norteamericanos y europeos, principalmente escandinavos, que visitaban el lugar atraídos por el éxito que la teleserie norteamericana Raíces había cosechado en todos los rincones del planeta donde Estados Unidos ejerce su influencia cultural. El autor de la novela en la que se basaba dicha serie, un Novecento de los esclavos y un canto a la épica de la comunidad afroamericana, había emplazado en Gambia la cuna de sus antepasados y hacia aquel lugar se dirigían los turistas de todo el mundo en solidaridad con Kunta Kinte, el esclavo protagonista del serial.
–¿El autor no era Aldous Huxley?
–Nooooo. A-lex-Ha-ley.
PSICOFONÍA 16
En 1985, año chino del Búfalo, un desconocido mató a balazos a Haruo Ignacio Remeliik, presidente de la República de Palaos, delante de la puerta de su casa (la del presidente). Remeliik iba a comparecer en televisión aquel
mismo día, meses antes había sido reelegido para su segundo mandato. 7 Era el primer presidente que tenía Palaos como Estado independiente. Declaró el país zona libre de armas nucleares, en contra de los intereses de Estados Unidos de almacenarlas en el archipiélago. Se cree que fue esta la razón de su asesinato. Pero oficialmente aún no se sabe ni quiénes ni por qué lo mataron. Le siguió en el cargo Lazarus Salii, que tres años después se suicidó pegándose un tiro en su casa. Integran el territorio insular de Palaos, en el océano Pacífico, trescientas cuarenta islas, de piedra volcánica unas y de origen coralino otras. El segundo nombre, Ignacio, de Remeliik es un residuo de la presencia española en el lugar, que se inicia a partir del siglo XVI y que se afianza con la conquista de Filipinas. Después del dominio español, Palaos ha estado sometido sucesivamente al Imperio alemán, al Imperio de Japón y a la tutela de Estados Unidos (por decisión de la ONU). La independencia no la alcanzaron hasta 1981, y antes se habían separado del resto de Micronesia precisamente para alejarse de la influencia americana. Pero hasta 1994 este país no fue aceptado en las Naciones Unidas. Se concentra en las islas de Palaos el mayor número de especies animales y vegetales de toda esa área, y su fauna submarina es de las más ricas del planeta. En 2009, estas aguas albergaron el primer refugio de tiburones del mundo.
Basilitz Zhlobin ha tallado en un palo una figurilla primitiva como las que se ponían a la entrada de los bai , que son las casas rituales de los nativos de Palaos. Dichas casas son una especie de palafito, unos edificios con zancos, unos caserones con patas igual que los que salen en los cuentos rusos. La recopilación más famosa de estos relatos populares rusos es la de Aleksandr Afanásiev, que fue como los hermanos Grimm pero él solo. Lo cierto es que de los Grimm también era uno solo el que trabajaba. Al tipo de estatuilla que ha fabricado Basilitz se la conoce con el nombre de dilngai , y representa a una mujer con las piernas abiertas. La propia palabra lo lleva en su etimología, dil (mujer) y hng (vulva). Ugo Rende anda en cuclillas arrastrando su larga barba, con las manos en los bolsillos, y dice que se acuerda muy bien de cuando en el colegio le explicaron los palafitos en la lección de tipos de viviendas. También le hablaron de los hórreos, que eran por un estilo. Al maestro lo tiene asociado al hombre de Neandertal, porque cuando les dio la lección del hombre primitivo les enseñó una ficha con el dibujo de un neandertal y Ugo vio que aquel individuo y el profe eran muy parecidos, ambos con la mandíbula hacia delante y la frente hacia atrás y melenilla por el cogote. El profesor se llamaba Manuel y era gallego. Aunque ahora tampoco Ugo tiene claro si sería el dibujo de un cromañón y resulta que tiene ligada la palabra neandertal a los rasgos del cromañón. Ugo Rende nunca ha realizado ninguna actividad en su vida porque piensa que todo se mezcla y luego es un lío, así que no vale la pena. Mejor dejar las cosas como están, y más si uno puede librarse de ellas. En el colegio nos explicaron la teoría de los conjuntos y eso determinó nuestras vidas. Hoy no seríamos nada sin ellos. Cuando la señorita los representaba en la pizarra, eran lo más parecido a los dibujos animados. Una pantalla con cosas redondas. Pero es fuera de este habitáculo donde todo se embarulla y se complica. Aquí estamos los cuatro tranquilos. Por ejemplo, la introducción de la teoría de los conjuntos en la enseñanza infantil, en toda Europa y América, coincide con la moda internacional del hula hoop . La conciencia universal, en aquel momento, pensaba en forma de círculos. No hay más que fijarse en la manera de bailar que desarrolló entonces Elvis Presley. Ahora en política también hay círculos, como los hubo siempre en la economía. Si se llamaran redondeles, serían más populares. A Basilitz Zhlobin le hubiera encantado dibujar como el ruso Iván Bílibin, que ilustró los cuentos de Afanásiev con unas láminas llenas de folclore, modernismo y terror, y que murió de hambre en el hospital de la Academia de las Artes de Leningrado durante el asedio de los nazis. Bílibin fue enterrado en la fosa común de los profesores de la academia, en la linde del cementerio de Smolensk, consagrado exclusivamente a difuntos de fe ortodoxa. Los muertos no pierden la fe. Basilitz tiene miedo de que algún día los vecinos sitien nuestro habitáculo y nos asedien y perezcamos de inanición. En 2009, Aaron Hibbs, estudiante de etimología y natural de Sandusky, Ohio, obtuvo el récord Guinness de girar el hula hoop más tiempo que nadie. Giró su aro