El general Batet
Introducción
La vida del general Batet (1870-1937) atraviesa toda la historia
contemporánea de España, desde la crisis colonial del 98 hasta el drama de la
guerra civil. Y lo hace desde el influyente enfoque del papel del Ejército. La
historia de la intervención del Ejército en la vida política española ha
merecido la atención de historiadores españoles como Seco Serrano, Cardona
o Busquets, o de hispanistas extranjeros como Alpert, Preston, Payne o Carr,
pero para poder llegar a una obra de síntesis hacen falta aún muchas
monografías. Una de las muchas pendientes es sin duda el estudio que el
general Batet merece y no tenía. Su nombre aparece en todos los manuales de
historia contemporánea de España a propósito del 6 de octubre del 34, y en las
historias de la guerra civil se suelen mencionar su oposición al alzamiento
militar en Burgos y su fusilamiento. Y nada más. La competente especialista
en generales españoles, María Teresa Suero Roca, no se ocupa de él ni en el
libro que dedica a los generales de Franco[1], porque no lo fue, ni en el que
trata de los militares de la República[2], porque sólo habla de los que hicieron
la guerra del lado republicano, y a Batet no le dejaron ocasión ni tiempo de
hacerla. Todo un símbolo de un gran militar, y un gran español, que no cabía
en ninguna de aquellas dos Españas. Pero esta misma autora ha publicado un
interesante y documentado artículo[3] que es una excelente síntesis de la vida
del general Batet, basada ante todo en su hoja de servicios (aunque por el
carácter divulgativo de la revista donde escribió no la citara explícitamente),
que posteriormente desapareció del expediente personal del general Batet que
se guarda en el Archivo Militar del Alcázar de Segovia[4]. Fuera de este
artículo, que yo sepa, no hay otro que trate globalmente de la figura de Batet,
pues el de Luis Romero[5], aunque condene algunos datos de carácter general,
se ciñe propiamente a su enfrentamiento con el general Mola con ocasión del
alzamiento. Quedan, desde luego, innumerables menciones en las memorias
de muchos personajes de la Segunda República, pero aparte de ser puntuales y
ocasionales, tienen más el carácter de opiniones que el de positiva aportación
de datos. Pero incluso los serios y objetivos trabajos de Suero Roca y Romero habrán de rehacerse a la luz de la preciosa documentación conservada por el
general Batet, y que para el presente libro se ha podido manejar.
Mi interés por nuestro personaje arranca de unas charlas de orientación
histórica y de doctrina nacionalista que en el verano de 1949 dieron dos
intelectuales catalanes que en la guerra civil habían combatido como oficiales
en el ejército republicano, Joan Sales y Raimon Galí, a un reducido grupo de
universitarios del católico Grup Torras i Bages. Nos reuníamos en el jardín de
la torre de Joan Raventós. Asistían, que yo recuerde, Jordi Pujol, Josep M.
Ainaud de Lasarte, Francesc Casares, Joan Ramón i Cinca y unos pocos más.
Acostumbrados a oír hablar a los nacionalistas catalanes de Batet como de un
traidor, nos sorprendió oír decir a Sales y Galí que el héroe catalán del 6 de
octubre había sido Batet, porque fue el que evitó que de aquel tremendo error
de Companys derivaran mayores males para Cataluña y liquidó la insensata
insurrección con el mínimo de sangre. ¡Y Sales y Galí no sabían que Batet lo
hizo desoyendo las consignas que desde el Ministerio de la Guerra de Madrid
le daba Franco, que le ordenaba que la misma noche del 6 de octubre asaltara
a cañonazo limpio la Generalitat y la tomara a sangre y fuego!
Veinticinco años más tarde, cuando estaba preparando un libro sobre la
Iglesia y la guerra civil, tuve el gusto de conocer a Luis Romero y de hablar
repetida y largamente con él de muchas cuestiones históricas. Fue entonces
cuando me habló del enigma de la muerte de Batet. Y añadía que el misterio
no era que lo hubieran fusilado, sino que hubieran tardado siete meses en
hacerlo. Creo que ahora queda desvelado el misterio, como se verá en el
último capítulo y explicitaré en el epílogo.
Pasaron algunos años más, y tuve ocasión de conocer a la familia del
general Batet. El señor Francesc Carbó i Cotal, yerno del general, y el hijo del
primero y nieto del general, Francesc Carbó y Batet, han conservado
preciosos documentos de Batet, que con su característica minuciosidad
anotaba toda clase de datos y guardaba cuidadosamente todos los documentos
importantes. La familia Batet siempre abrigó la esperanza de que algún día se
haría justicia (justicia histórica al menos, ya que la otra era irreparable) al
general. Los dos Carbó, padre e hijo, ya en los últimos tiempos de Franco,
pero sobre todo cuando con la transición empezó a reinar la libertad de
expresión, habían multiplicado sus cartas a los directores de revistas y diarios
para sostener la verdad histórica frente a afirmaciones inexactas. Pero no
bastaba con aquellas cartas para poder decir a todo el mundo quién fue en
realidad el general Batet, y sus descendientes me hicieron el honor de poner en mis manos todo el archivo por ellos amorosamente conservado para que
pudiera escribir su biografía.
Apenas empecé a trabajar con el material que se me había entregado —
una gran caja con legajos y carpetas de papeles más o menos clasificados y
nueve cintas magnetofónicas con relatos y recuerdos del señor Francesc
Carbó i Cotal— quedé sorprendido por su excepcional importancia histórica,
no sólo para la vida del general Batet, sino para completar y revisar lo que se
ha escrito acerca de una serie de puntos de nuestra historia contemporánea.
Adelanté lo más sobresaliente de este archivo en un dossier publicado con
ocasión del cincuentenario del fusilamiento del general Batet[6]. Esta
documentación, el Archivo Batet, cuyos originales están actualmente
depositados en el Archivo Tarradellas del Monasterio de Poblet, ha sido la
fuente principal de mi trabajo, y a ella se debe lo mejor y más nuevo de lo que
en este libro se pueda decir. Por ello mi primera expresión de agradecimiento
público se ha de dirigir al señor Francesc Carbó i Batet, por haberme
facilitado unos documentos tan preciosos e inexplorados, por las repetidas
sesiones que me ha dedicado dándome explicaciones y contando recuerdos
familiares, y por la paciencia con que, a pesar de sus ocupaciones
profesionales, ha leído las varias entregas y las sucesivas redacciones de mi
trabajo, sin perder del todo la paciencia a pesar de los ocho años que mi
investigación ha durado.
Evidentemente, no bastaba con el Archivo Batet. He tenido que repasar lo
que más venía al caso de la inmensa bibliografía acerca de la República y la
guerra civil, pues desde el principio convinimos con la familia Batet que no se
trataría de una biografía en el sentido más estricto, sino que reduciendo los
aspectos personales o familiares menos interesantes para la mayoría de los
lectores, convendría que me extendiera un poco en el contexto histórico en
que vivió el personaje, ya que por desgracia nuestra historia contemporánea
es poco y mal conocida del público culto pero no especializado al que este
libro se dirige. En la bibliografía final no menciono todo lo que se ha
publicado sobre la historia contemporánea de España y particularmente de la
Segunda República y la guerra civil (lo que por sí solo ya llenaría todo el
libro), sino sólo las obras que más directamente me han servido, y que más
recomendaría a quien desee ahondar en el contexto histórico de los hechos
relatados.
He consultado también diversos archivos públicos, con creciente provecho
a medida que la evolución de las circunstancias públicas de España hacía más
asequibles los fondos documentales y serviciales a sus custodios. En el Servicio Histórico Militar he trabajado en reiteradas visitas, tanto en la
Sección de Ultramar, para la guerra de Cuba, como en la de la guerra civil (o
Guerra de Liberación, como oficialmente aún se dice) y sus antecedentes. He
trabajado también en el Archivo General Militar del Alcázar de Segovia, en el
Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, en la Sección de
la Guerra Civil (Salamanca) del Archivo Histórico Nacional, donde la
entonces directora doña María Teresa Díez de los Ríos me ayudó muy
eficazmente, en el del Consejo Supremo de Justicia Militar, en el Arxiu
Nacional de Catalunya y, finalmente, en el Juzgado Togado del Gobierno
Militar de Burgos. He consultado las Hemerotecas Municipales de Madrid y
de Barcelona y del Centre d’Estudis Histories Internacional de Barcelona.
Pero mi principal lugar y a la vez instrumento de trabajo ha sido la sección de
Historia Contemporánea de España de la Biblioteca de la Abadía de
Montserrat, que lleva el nombre de Sala Cambó porque su primer y precioso
núcleo es el fondo bibliográfico y documental sobre la guerra civil recogido
con gran sensibilidad histórica por aquel prócer catalán y donado al
Monasterio por su hija.
Después de la familia Batet, mi primer agradecimiento público se ha de
dirigir al director del Centre d’História Contemporània de Catalunya,
dependiente de la Consejería de Cultura de la Generalitat catalana, Josep
Benet i Morell. Además de patrocinar a cargo de dicho Centro, del cual me
honro en ser investigador colaborador, diversos desplazamientos y trabajos en
archivos, no sólo ha tenido la paciencia de revisar los originales de este libro
y hacerme numerosas y pertinentes observaciones, sino que me ha facilitado
generosamente la carpeta en la que había ido recogiendo documentación y
material para el estudio que pensaba dedicar al proceso y muerte de Batet, y al
cual renuncia en favor del mío. También ha revisado mi texto original y me
ha hecho muchas observaciones, generales o de detalle, el padre Marc
Taxonera, encargado de la antes citada Sala Cambó de la Biblioteca de la
Abadía de Montserrat. Doña María Teresa Díez de los Ríos, cuando era
directora de la Sección de la Guerra Civil (Salamanca) del Archivo Histórico
Nacional, me ayudó muy eficazmente en una investigación negativa pero
importante: comprobar que en el oceánico fichero del archivo de represión de
la masonería y el comunismo no había el menor indicio de que Batet hubiera
pertenecido a la masonería, y que un expediente oficial abierto en tal sentido
se había cerrado con resultado negativo. En el Consejo Supremo de Justicia
Militar, el coronel Juan Segura Carretero, que en 1987 era vicesecretario del
citado organismo, se interesó activamente por facilitarme toda la documentación que pudiera servir para la rehabilitación histórica del general
Batet. Mención especial merece asimismo el Juez Togado del Juzgado Militar
Togado de Burgos, Ilmo. Sr. teniente coronel don Enrique González Santos,
quien me facilitó las fotocopias de los principales documentos de la Causa
contra Batet que sus familiares solicitaban y, con no disimulada simpatía por
su reivindicación histórica, me hizo notar significativos detalles del proceso
en los que aparece la grandeza de ánimo del laureado general, a la vez que me
asesoraba sobre algunos aspectos de los procedimientos de la Justicia Militar.
Don Ramón Salas Larrazábal, desgraciadamente fallecido cuando ultimaba mi
trabajo, tuvo la bondad de pasarme algunas fichas personales suyas con datos
sobre Batet y me orientó sobre los archivos militares en que debería
investigar. El padre Josep Massot i Muntaner, verdadero pozo de erudición e
informaciones, me ha dado provechosas indicaciones a medida que iba
compartiendo con él el curso de la preparación de esta obra. Debo al profesor
Paul Preston la noticia de que el artículo de Jakin-Booz acusando falsamente
a Batet de ser masón es en realidad obra del general Franco, así como
importantes apreciaciones sobre la valoración de Franco como jefe militar.
Finalmente, quiero hacer constar con agradecimiento que para la realización
de este trabajo he recibido una subvención de la Fundació Empresarial
Catalana.
El lector benévolo juzgará si el historiador estuvo en su labor a la altura
que el personaje sin duda merecía.
Este libro fue escrito originariamente en castellano, porque pensaba, y
pienso, que la problemática histórica en él abordada rebasa con mucho el
ámbito local catalán. Ante las dificultades editoriales con que tropecé, lo
traduje yo mismo al catalán y me lo editaron las Publicacions de l’Abadia de
Montserrat. La primera edición, en mayo de 1994, se agotó apenas salió a la
calle. Cuando escribo estas líneas está haciendo un buen papel en las librerías
la cuarta edición. Sé que bastantes historiadores y otras personas cultas
castellanohablantes han adquirido el libro en catalán, pero me han llegado
bastantes voces de quienes, incluso en Cataluña, lo deseaban leer en
castellano. Animado por la buena difusión alcanzada, y más aún por las
favorables recensiones de críticos de todas las tendencias aparecidas tanto en
revistas especializadas como en la prensa diaria, y cordialmente empujado por
el profesor Paul Preston (que, además, ha tenido la bondad de prologar esta
edición), lo ofrecí a Ediciones Península, cuyo director, Josep M. Castellet, ha aceptado con entusiasmo el proyecto. Así pues, la presente edición en
castellano no es una versión, sino la obra original, aunque con numerosas
enmiendas y mejoras sugeridas por algunos colegas y otros amables lectores.
Vaya a todos mi sincero agradecimiento.