El telegrama Zimmermann
Nota de la autora
Nada de lo que aparece en este libro ha sido inventado. Todas las personas que se mencionan son reales y existen pruebas —debidamente reseñadas en las notas de la edición original de este libro— que demuestran la veracidad de cuanto se les atribuye en la presente obra.
Agradezco profundamente la ayuda que me han prestado numerosas personas y en particular deseo expresar mi gratitud y mi agradecimiento a la señora Julia B. Carroll, de la sección diplomática de los archivos y ficheros nacionales en Washington, cuya orientación fue indispensable para la utilización de los intrincados archivos y gracias a cuya afectuosa cooperación logré resolver numerosos enigmas. Agradezco también la enorme atención personal que me prestó el almirante sir William James, de Churt, Surrey, en mis investigaciones relacionadas con la Sala 40, así como la imprescindible información que me facilitó su libro The Eyes of the Navy. Doy las gracias, asimismo, al teniente de navío P. K. Kemp, archivero del almirantazgo, Whitehall, que me facilitó la información relacionada con la interrupción de los cables telegráficos por parte del buque Telconia; a la señora Ruth Hotblack, de Londres, secretaria del almirante Hall, por sus reminiscencias personales; a Wilson Lloyd (R. I. P.) de Washington D. C., que me facilitó el resultado de sus investigaciones en el caso Szek; a los señores David C. Mearns —jefe de la sección de manuscritos de la biblioteca del Congreso— y Howard B. Gotlieb —jefe de la sección de manuscritos históricos de la biblioteca de la Universidad de Yale— por la localización de documentos referentes a Wilson, Lansing y al Parlamento, respectivamente; a los señores Boyd C. Shafer —de la asociación histórica norteamericana— y Agnes F. Peterson —del Instituto y Biblioteca Hoover de la Universidad Stanford— por sus valiosas sugerencias con relación a fuentes de información; al honorable Amos J. Peaslee, por la información procedente de sus propios archivos; al doctor Paul Sweet, jefe de la sección de documentos alemanes del departamento de Estado; a la señorita Anne Orde, de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores en Londres; al señor Walter Fried, de Nueva York, que esclareció algunas confusiones; y a los señores Alfred Romney y Henry Sachs, de Nueva York, que lograron suplir mi deficiente conocimiento del idioma alemán.
Las citas de diversos manuscritos aparecen gracias a la gentileza de la señora Chandler P. Anderson, con relación a la agenda de Chandler P. Anderson; la señorita Mabel Choate que facilitó la carta del embajador Choate; el señor Arthur W. Page que autorizó la publicación de los documentos y agenda del embajador Walter Hines Page; el honorable William C. Phillips que facilitó sus propios documentos; las autoridades de la Universidad de Harvard, que conservan en su Biblioteca Houghton los documentos de Grew, Page y Phillips; y las autoridades de la biblioteca de la universidad de Yale, en cuyos archivos se encuentran los documentos de Polk y del Parlamento.
A la New York Society Library agradezco profundamente todos los libros, documentos, periódicos microfilmados que estuvieron a mi disposición y muy especialmente que dispusiese de un lugar tranquilo para escribir.
Finalmente, un saludo cordial al autor de la crítica anónima del libro de George F. Kennan, Russia Leaves the War, que el 4 de enero de 1957, escribió la siguiente frase en The Times Literary Supplement de Londres: «Todavía no sabemos, con la precisión que sería de desear, por qué Wilson tomó la decisión de que Estados Unidos entrase en la Primera Guerra Mundial».
Marzo de 1958