LINGÜÍSTICA GENERAL

Cristina Peri Rossi · Capítulo 1 de 3

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LINGÜÍSTICA GENERAL

Lingüística General

(1979)

Cristina Peri Rossi

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Para Lil

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I. LINGÜÍSTICA GENERAL

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I

El poeta no escribe sobre las cosas, sino sobre el nombre de las cosas.

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II

Ningún poema sobre la puesta de sol llamada también ocaso o atardecer

trata en sí de la puesta de sol sino de las refracciones idiomáticas de un ocaso que en nuestra lengua tiene reminiscencias de azar, que por otra parte recuerda al azor, sin el cual, difícilmente, existe el atardecer.

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III

Todo poeta sabe que se encuentra al final de una tradición y no al comienzo

por lo cual cada palabra que usa revierte, como las aguas de un océano inacabable, a mares anteriores

—llenos de islas y de pelícanos, de plantas acuáticas y corales—

del mismo modo que un filamento delicado tejido por una araña

reconstruye partes de una cosmogonía antigua y lanza hilos de seda hacia sistemas futuros, llenos de peces dorados y de arenas grises.

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IV

Aster

La primera palabra de cualquier poema es la inconsciente portadora

de fábulas anteriores y olvidadas y traslada hacia el futuro

una pequeña constelación de animales familiares y fraternos.

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V

Escribo porque olvido

y alguien lee porque no evoca de manera suficiente.

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VI

Escribimos porque los objetos de los que queremos hablar no están.

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VII

Es bueno recordar —frente a tanto olvido—

que la poesía nos separa de las cosas por la capacidad que tiene la

palabra de ser música y evocación, además de significado,

cosa que permite amar la palabra infeliz y no el estado de desdicha.

Todo lo cual podría no volver a ser dicho si el lector

—tan desmemoriado como cualquier poeta—

recordara un poema de Joáo Cabral de Melo Neto: Flor es la palabra flor, inscrita

como verso en el verso, que leí hace años,

olvidé después

y hoy he vuelto a encontrar,

como tú, lector,

lectora,

haces ahora.

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VIII

El poeta se parece al profeta, es verdad,

no solo en el hecho de ser oído por escaso número de gentes,

sino porque como aquel,

aspira a salvarse de la muerte a través del verbo.

Aunque sea un verbo profano,

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NAVEGACIÓN

Como después de las grandes tormentas un mar

que es solo una parte del mar

rumoroso retrocede

y busca en las islas de tierras blancas y en las huidizas colonias de cetáceos los lechos abandonados en la fuga, en la estación de los sueños

yo abandono el lecho de tus manos para volver,

llena de carcasas y maderas,

de piedras // de metales

y del olor antiguo de otras ciudades.

Navegar es necesario,

vivir no.

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IX

Te conocí en septiembre

o quizás en algún otro mes de año cualquiera: veníamos de perder la guerra ·

y no era cuestión de aniversarios, además,

mi memoria es una celebrante que improvisa: lo que recuerdo se confunde con lo que imagino y de los sueños

se desprenden cosas como alas

cosas como pájaros y aves insidiosas que vuelan en la metálica luz del día (vivo de los residuos de la noche, de la febril actividad de soñar que sueño, espejo que reproduce en perpetua ambigüedad).

Te conocí en septiembre

y era otoño en el hemisferio de los grandes fósiles marinos, y era primavera en el país cuya guerra perdimos

—bellos e ingenuos como niños—

y violento nos despidió

cuyas heridas llamamos

segundo nacimiento, exilio

—meditación amarga o desengaño—.

Además, yo no iba a recordar el día de tu cumpleaños para prolijamente enviarte un regalo, un hilo del pasado que educadamente denomináramos memoria.

Pero sé, en cambio,

estoy completamente segura

de que había un arce azul

el día que te conocí

y que nadie pronunció una palabra grande por estar como oscuros

y venidos de una guerra

mirando un arce azul.

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X

No estaba el arce, te aseguro, detrás de una ventana

como lector cualquiera

pudiera suponer,

digo que había un arce azul

solo

un arce azul

en alguna parte.

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XI

Del cual se desprendía

una resina

destilada

lentamente

con un sentimiento no comunicado como un pensamiento

solo.

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XII

Y quise pensar

que ambos vimos el arce azul

su lenta

resina

destilada

para no pensar

en el arce de uno de los dos.

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XIII

Asaz te debo

el arce azul los papeles con alas de colores

las ganas de caminar al viento el sabor de algunas cosas

que en soledad

no resisten

la tentación de ser devastadoras, en fin,

una causa moral para el impulso de hendir tu lecho en un asalto.

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XIV

Y asaz también,

el lento comercio de imaginaciones que empezamos una tarde

intercambiando palabras

como monedas

de un tráfico muy severo

ritual

y memorioso

mientras un arce azul

reclamaba con su silbo al cazador.

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PRIMERA NOCIÓN DE EUROPA El recién llegado mira con ojos asombrados como el conquistador de Indias y ve cosas

que los demás no ven.

Un día vi pasar a través de la ventana golondrinas pero nunca vi lentas posarse las gaviotas en las arenas contaminadas de una playa mediterránea.

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XV

Silbas en mi memoria

que es imaginación

y un tropel de verbos

se unen como tablas

cubas de vino

de toda turbación.

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XVI

Y no sé si de lejos me reclama un arce azul

o es tu piel que silba

destemplando todo aquello

que la razón

y acaso el buen gusto

recomiendan atar

con cordel de estopa bien torcida.

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XVII

Para que sueltas no vuelen como gaviotas no turben el cielo

no descompongan el cuadrado perfecto donde un círculo se inscribe

prueba definitiva del triunfo de las proporcoines áureas sobre cualquier clase de prestidigitación

—llamada entre nosotros desorden amoroso— .

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XVIII

Y la corta extensión

de todo tiempo largo

o duración

es la prueba fehaciente

de que el amor que no se consuma prolonga el estado de ansiedad al cual denominamos,

según estética del siglo diecinueve, pasión.

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XIX

La práctica literaria

o la lectura crítica pluridimensional no pueden explicar, en definitiva, por qué la imagen de la realidad como la fotografía

tiene ese gramo de metafísica

que falta a la realidad sin imagen y al objeto sin lente,

aunque uno diga, como excusa,

por ejemplo,

que se trata de la confluencia de coordenadas históricas

y su repercusión

en el poema

(en versalita, con preferencia).

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XX

Pero estás en la noche honda como un lago donde lentos cetáceos se pasean para que toda turbación tenga nombre y el deseo voraz como un puma

horade la voz

el papel

y los sueños que pacen en la noche como animales hambrientos.

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XXI

En la nostálgica distancia que va del sueño a lo real

se instala la alquimia del poema y del amor.

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XXII

El poema es, sí, una combinación de palabras, pero su armonía no depende

—sólo—

de la naturaleza del sonido y de los timbres ni del espacio vacío que desplaza, depende, también,

de la nostalgia de infinito que despierte y de la clase de revelación que sugiera.

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XXIII

La poesía verdadera excluye la sinceridad en el sentido banal

pero jamás admite la hipocresía.

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XXIV

Soy ambigua —dice la poesía—

como toda revelación.

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DIOS O CUALQUIER OTRO POETA Allí, en los dorados salones del mamut y el esqueleto blanco de la ballena del Pacífico, entre piedras monolíticas

y vértebras de desaparecidos dinosaurios En el museo inmenso que guarda las reliquias de otros tiempos confundida con un vaso egipcio de la IV dinastía con algo de brutal entre las lápidas y algo de severa ante las vitrinas de las mariposas Sé que alguien creó ese instante perfecto alguien de mano maestra ordenó las cajas de lepidópteros en sus urnas para que las abrieras con apenas un deslizamiento de los dedos; alguien montó las vértebras del bisonte americano

—antiguo vencedor de las praderas—

alguien

seguramente

distante

invulnerable

al viento que azotaba las ventanas a tanto álamo quebrado

al silencio augural y verde

de los invernaderos.

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XXV

Irresistible trama de sobreentendidos que permiten descubrir en un texto de Borges diez mil textos anteriores

—desde los primitivos balcánicos hasta las deliciosas porcelanas de Huang-Chi-Ho—

y que convierten una lectura, una visión, en múltiples lecturas, múltiples visiones.

Sin tener en cuenta, además,

la existencia milenaria de fosforescencias en los mares del Caribe

o esa enorme luna llena que ayer hizo incandescente la noche de este hemisferio

como si el cielo fuera un camino de plata y el espacio

la metamorfosis de Isis

en el Bajo Imperio Faraónico.

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XXVI

Huellas de poetas antiguos y modernos en cada palabra

y en el silencio

que hay detrás de la frase

atestiguan

que en el fondo Platón,

Safo y mi querido Salinger

son citas retocadas

de un solo

interminable

discurso

que yo morosamente continúo

en mi combate personal

contra la fugacidad.

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POÉTICA

Comenzando por el lienzo blanco que nos provoca morosas evocaciones sueños que alguna vez fueron pensamientos y siguiendo por la palabra

que nos conduce a palabras anteriores (escribo hacia el pasado):

el que inventa

solo descubre una tradición.

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XXVII

Eludir el nombre directo de las cosas es convocarlas de manera más elocuente.

Por eso cuando hablo de ti

te llamo Amaranta, Lanceolada, Himenea y Yocasta.

Como sabiéndolo

tú respondes desde el fondo de la lengua, allí donde el nombre de las cosas es todavía víscera profunda

antes que acuerdo y convención.

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XXVIII

Ella es ella más todas las veces que leí la palabra ella escrita en cualquier texto más las veces que soñé ella más sus evocaciones,

diferentes a las mías.

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XXIX

La amo solo en el margen alucinante en que las cosas empiezan a ser la memoria que tenemos de las cosas

y las provocaciones que las cosas nos despiertan.

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ELLA

La pasajera

la que lleva residuos

del mar en los cabellos

y ciudades minerales

en las sienes

La nunca acabada

que se pasea altiva

por el Báltico

y errante

entre ciudades góticas

y ráfagas de nieve

mira

disolverse el viento

Fugaz en los viajes

en las apariciones

posando su planta nívea

en las fronteras de Europa

o encendiendo torres de humo

en los Alpes de ceniza

La que tiene casas guardadas

en el pelo

y antiguas travesías en los ojos

Se pasea altiva por los bordes de este mundo

ya con reminiscencias de los otros.

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XXX

El falso otoño del smog cubre en verano las calles de hojas secas

ralea los árboles

mata las hierbas pequeñas

Nos amamos entre humo sucio

hollines calcinados

y residuos incombustibles de poliuretano Las aguas viajan llenas de peces muertos y nadie se anima a tocar

la arena de las playas

Raro amor este

de fines de un siglo

peligroso como ningún otro

Raro que te ame

en una ciudad europea

bajo nubes de polución

densas como pampas,

rara la pátina de gas

que cubre Notre Dame.

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