Los buenos años
Primera Parte
I
Si te despertase ahora,
en este mismo momento,
en esta noche de luna ambigua
dominada por este insomnio sin motivos
y llena de poemas sin nacer
que revolotean nuestra almohada,
si, por ejemplo, empujase tu muslo
que inconsciente y posesiva
dejaste sobre el mío
con ese gesto delicado,
como pidiendo permiso,
con el que sueles acercarte a mí
cuando duermes,
si, como digo, lo empujase
en este instante,
obligándote a caer
de ese árbol de sueños
en el que ahora mismo habitas,
sé que abrirías los ojos
somnolienta y sorprendida
arrancada por mi gesto
de ese sueño con que juegas
detrás de los párpados
y dándote la vuelta
volverías a quedarte dormida.
No me atrevo de momento
a traerte a este lado,
a este mundo cotidiano y nuestro.
No me moveré,
sigue soñando amor mío.