Los placeres de Lola
que nunca te dije
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Deconstruir prejuicios
Entonces sucede que un día cualquiera como tantos otros estás en la cama con tu amante y no se puede decir que no tengas cierta experiencia. Él o ella no es la primera persona en la que te sumerges y, a pesar de eso, tienes una molesta sensación de no abandonarte del todo.
Hay algo que bloquea tu fluir libre y por más que le das vueltas no consigues saber qué tecla es exactamente la que queda sin tocar para que tu cuerpo se abra totalmente como la cueva de Alí Babá, y dejándote todos sus tesoros al alcance de la mano.
Hay muchos pasajes comunes que se pueden escuchar con cierta frecuencia, y la mayoría hacen alusión a esto: no dejarse sentir.
Puede que te suenen algunos de los pensamientos-comportamientos que más se repiten:
❍ El comportamiento tipo «examinadora de tráfico»: no, más arriba...
no, a la derecha... Mmm, está dando demasiadas vueltas en un mismo punto..., así no me correré.
❍ El comportamiento tipo «si lo hiciera»: ...un poco más fuerte... o un po-co más rápido... o si ahora mismo me tocara un pecho, ¡sería apoteósico!
❍ El comportamiento tipo «mujer de la hora»: ...uf, estoy tardando mucho, seguro que ya no puede más y lo hace por complacerme, ¡tengo que correrme ya! ¿Y qué ocurre? El ansiado orgasmo se escapa de ti a la misma velocidad a la que tú le invocas.
Comunicación. Cosas que nunca te dije
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Los placeres de Lola 16/7/08 15:23 Página 10
Definitivamente todos los mensajes de control que mandas a tu cuerpo en esos momentos producen una desconexión con tu placer. No es cul-pa tuya: hemos aprendido pocas cosas y muchas de ellas mal a lo largo de nuestra vida.
Analicemos algunos de los motivos más frecuentes que anulan la ca-pacidad de abandono:
❍ El peso. Quién no ha pensado alguna vez haciendo el amor que en esa postura se te debe de estar viendo un culo enorme o las tetas des-colgadas.
¿Cuál es el pecho exacto que deberías tener para que quede
«perfecto» en cualquier situación? Uno hecho a golpe de bisturí; es decir, un pecho no real. Y ¿el culo? ¿Cómo era eso de... 90-60-90? Seguro que robaste la cinta métrica del costurero a tu madre y te sentiste fatal porque no coincidía ni un sólo número.
Bueno, pues ahora que somos mayores puedo decirte que ¡nos min-tieron!
No he conocido a nadie a quien esos números no le bailasen y puedo decirte que he visto muchas mujeres bellísimas y muy desea-bles sin los dichosos numeritos. El sexapil reside en otro sitio. Las mujeres más bellas son las que confían en sí mismas.
La perfección es un invento de photoshop. Está demostrado que tras la lectura de una revista femenina la lectora siente una bajada con-siderable de su autoestima y eleva la intensidad del fustigamiento de su propia imagen.
Sé más lista que ellos, ¡que no te manipulen!
❍ Ser la mejor amante. Nos empeñamos tanto en que nos vean como una buena amante que nos olvidamos de disfrutar a tope de ese encuentro erótico. El amor no es un acto natural en el sentido de que es una habilidad que se adquiere con el perfeccionamiento y la práctica, exactamente como montar en bicicleta. Todas somos capaces de mantener-nos sobre una bici y
dar un par de vueltas, pero fuera de eso todo lo que aprendamos dependerá de la frecuencia con que montemos en ella y de las cosas que nosotras mismas u otras personas puedan enseñarnos.
Las mujeres han sido educadas en la ética del cuidado, que es eso que sientes cuando, por ejemplo, estás pendiente de que la niña de tu amiga no se caiga del columpio o ser la que ayuda a recoger la mesa cuando estás en casa de tu suegra. La ética del cuidado es necesaria para que es-te mundo sea amable y el afecto y el cuidado sostengan a las personas. El problema comienza cuando esta ética sólo abarca al género femenino.
En los juegos amatorios las mujeres muchas veces cuidan el placer de su pareja a costa de descuidar el propio.