Mi sabor preferido eres tú

Andrea Adrich · Capítulo 1 de 79

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Mi sabor preferido eres tú

Prólogo

Andrea Adrich

 

Mi sabor preferido eres tú

 

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Titivillus 23-08-2023

Título: Mi sabor preferido eres tú

Andrea Adrich, 2017

 

Editor digital: Titivillus

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—¿Cuál es tu sabor preferido?

—Mi sabor preferido…

… eres tú.

Prólogo

 

Unos meses atrás.

 

Sofía miró una última vez hacia atrás, giró el rostro al frente y lanzó las flores por encima del hombro. Eva dio un salto, levantó el brazo todo lo que pudo y atrapó el ramo de novia al vuelo, con una sonrisa que surcaba su rostro de un extremo a otro. El resto de las chicas que pugnaban por hacerse con él rompió en un coro de exclamaciones alegres.

—¡Es tuyo, Eva! —sonó una voz a su espalda.

—¡Enhorabuena! —se oyó decir por el fondo.

—¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¡He cogido el ramo! ¡He cogido el ramo! —⁠exclamó Eva, gesticulando aspaventosamente con las manos y dando pequeños saltitos en el sitio.

Se acercó las flores a la nariz y aspiró el aroma dulce y fresco de las rosas blancas, que prevalecía por encima de la fragancia de las demás.

Soltó una risilla nerviosa.

Sofía se dio la vuelta, riéndose. La cara se le iluminó al comprobar que había sido Eva la persona que finalmente había cogido el ramo. Se levantó un poco el vestido de novia y corrió hacia ella.

—¡Felicidades, cariño! —le susurró al oído, mientras la abrazaba con fuerza⁠—. ¡Eso significa que tú serás la siguiente! —⁠añadió con la voz llena de complicidad, al tiempo que le guiñaba un ojo.

—La siguiente… —murmuró Eva algo escéptica.

No es que fuera pesimista, más bien todo lo contrario, pero se resistía a creer en esas tradiciones orales que aseguraban que la chica que se hiciera con el ramo de novia sería la siguiente en casarse.

Giró el rostro y de forma inconsciente buscó con la mirada a Adrián Montenegro. Se encontraba al otro lado del jardín, compartiendo risas y confidencias con su hermano Raúl. Estaba turbadoramente atractivo, con un traje negro ajustado, una camisa blanca y una corbata azul cobalto. ¿Se podía estar más bueno?

«No, desde luego que no», se respondió Eva a sí misma.

Adrián levantó su mirada de ojos negros y profundos y le sonrió con un gesto que a Eva se le antojó de lo más seductor. Claro que a ella cualquier cosa que hiciera Adrián le parecía seductor.

«¡La madre del cordero! ¿Me ha sonreído? — ⁠se preguntó con cierto asombro⁠—. ¿Me ha sonreído a mí?».

Incrédula, echó un vistazo a su alrededor por si el gesto iba dirigido a otra persona. La gente estaba a su bola, riendo y charlando, ajena a Adrián.

«Sí, definitivamente me ha sonreído a mí», se dijo Eva con una punzada de ilusión.

—Veo que no le quitas ojo a Adrián — ⁠observó Sofía.

Eva suspiró.

—Es que es tan guapo, tan alto, tan moreno, tan elegante… —⁠enumeró en tono de ensoñación⁠—. Todos los Montenegro parecen haber salido de un anuncio de trajes de Emilio Tucci. ¡A cuál más atractivo! —⁠exclamó, abriendo los brazos teatralmente⁠—. ¿No te parece? —⁠le preguntó a Sofía.

—¿Qué te voy a decir yo, que acabo de casarme con uno de ellos? —⁠Sofía se echó a reír.

—Es verdad… —Cayó en la cuenta Eva.

—Anda, vamos a por una copa de champán para celebrar que has cogido el ramo —⁠dijo Sofía entre risas.

Tomó el brazo de Eva y tiró de ella, llevándosela hacia la barra.

 

Adrián las siguió con la mirada hasta que se mezclaron con los invitados. Siempre le habían gustado las chicas con curvas. Era una especie de debilidad a la que no podía resistirse y Eva le parecía tremendamente atractiva con sus formas redondas y rotundas.

—¿Te gusta la amiga de Sofía? —⁠le preguntó su hermano Raúl de improviso.

—Ya sabes que tengo cierta debilidad por las mujeres grandes y rotundas —⁠respondió Adrián, volviendo el rostro hacia su hermano⁠—. ¿Y a ti cómo te gustan? —⁠Curioseó.

—No tengo ningún prototipo especial — ⁠contestó Raúl con cierta indiferencia en la voz.

—Deberías ir planteándote sentar la cabeza.

Su hermano enarcó una ceja.

—¿Sentar la cabeza? —repitió, como si no lo hubiera oído bien.

—Sí, ya sabes… Echarte novia, comprometerte, casarte, tener hijos… —⁠dijo Adrián.

Raúl negó con la cabeza.

—Hablas como si tuviera cincuenta años —⁠se quejó.

—No tienes cincuenta años —⁠replicó Adrián⁠—, pero sí una edad que empieza a considerarse respetable.

Raúl soltó una carcajada.

—Tengo veintiocho años. Estoy en lo mejor de la vida — ⁠le rebatió⁠—. ¿Cómo me voy a atar a alguien?

Adrián se echó a reír. Le encantaba picar a su hermano con esos temas, consciente de que Raúl no tenía intención de formalizar ninguna relación con una mujer.

—No vamos a hacer carrera de ti — ⁠dijo.

 

—Por ti y porque seas muy feliz con Jorge —⁠se adelantó a hacer el brindis Eva, levantando su copa de champán.

—Por ti y por… Adrián —dijo Sofía con picardía.

Eva sonrió y chocó el borde de su copa con la de ella.

«Por mí y por Adrián», musitó para sus adentros.