Al acecho

Jack Ketchum · Capítulo 33 de 34

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Al acecho

Hija del invierno

A modo de introducción

 

E n la página 186 de mi novela She wakes, un grupo de siete personas, una mezcla de habitantes del lugar y de turistas, está sentado a la mesa en el exterior de una taberna griega de la isla de Mikonos. Han bebido demasiado vino y picotean entre los distintos tipos de mezes mientras discuten su… situación.

Están esperando a que les llegue el final.

A todos y cada uno de ellos les ha visitado, y les ha aterrorizado sobremanera, un espíritu, la antigua amante de uno de ellos que murió de forma accidental a manos de este. Fue una mujer muy bella, apasionada y esquizofrénica, y se ha reencarnado, muy apropiadamente, en la personalidad de la triple diosa de la época anterior a la edad de oro griega. Eran tres sus facetas: Selene, la diosa de la Luna; Artemis, la diosa de la caza, y Hécate, la diosa de las brujas… y de los muertos. De hecho, el espíritu se encuentra en esos momentos inmerso en el proceso de levantar a los muertos y de hacerse obedecer por todos los animales salvajes de la isla, aunque ninguno de los miembros de la reunión sabe eso todavía. Pero lo harán. No va a pasar mucho tiempo antes de que empiecen los líos, tanto en Mikonos como en la isla vecina de Delos, el legendario lugar de nacimiento de los dioses, adonde están a punto de huir y donde se encontrarán con su destino.

En el grupo hay un hombre llamado John Thayer Chase, el único que tiene alguna pista respecto a lo que está ocurriendo. Chase tiene poderes psíquicos, los tiene desde que era un crío, y sabe que ha sido llamado a aquel lugar por alguna razón. También sabe es que es bastante posible que haya acudido a una cita con su propia muerte. Ya lo ha aceptado. La llamada es así de fuerte…

A la mayoría de los escritores les gusta experimentar. Ayuda a mantener la obra interesante y la escritura viva. En She wakes, mi cuarto libro, experimenté con una trama dentro de una trama, algo que no había intentado antes. Era un relato corto, dentro de la estructura general de la novela, que tendría un comienzo, un nudo y un desenlace coherentes. Podría leerse por sí mismo, pero también mostraría un poco de la vida de Chase, explicaría su carácter y contaría cómo descubrió que poseía un don maravilloso y terrible. Tenía pensado algo parecido al fabuloso monólogo de Robert Shaw en Tiburón la noche antes de que se produzca el clímax del enfrentamiento en la película, ese relato sobre lo que le ocurrió a la tripulación del USS lndianapolis en un mar infestado de tiburones. Esa sombría tranquilidad antes de que estallara la tormenta.

No funcionó. Para entonces, el ritmo del libro era ya bastante acelerado y el relato no hacía más que ralentizar la situación. El espeluznante monólogo de Shaw no duraba más que unos pocos minutos en la película. El relato de Chase ocupaba casi veinte páginas. No podía justificarlo. No se trataba de algo realmente crucial o necesario para explicar con claridad ninguna de las situaciones por las que pasaban los personajes, ni siquiera el de Chase. Así pues, lo quité. Me di cuenta de que no serviría para nada, de modo que nunca pensé en recortarlo o rehacerlo.

Pero lo guardé.

Estaba revisando unos papeles viejos cuando lo encontré. Ya me había olvidado por completo de aquel manojo de hojas amarillentas, pero lo leí de nuevo y me sorprendió. Seguía sin servir en términos del libro, pero eso no significaba que no valiera para nada.

Al leerlo, recordé que durante años había sentido una predilección especial por esa historia, y me dio lástima no haber conseguido que encajara. Por eso la había guardado durante tanto tiempo. Para empezar, She wakes era la única novela de temática sobrenatural que había escrito, y me gustaba el modo en el que el relato llevaba al lector de regreso a los horrores de la realidad. En la novela, Chase es un individuo con poderes psíquicos, sí, pero el adversario al que se enfrenta podría existir perfectamente en el mundo real, es completamente humano, sin poderes sobrenaturales de ninguna clase. De hecho, y este es el segundo motivo por el que me gusta tanto el relato, a ella la tomé prestada de forma directa y consciente de mi primera novela, Al acecho. Es la hermana pequeña, muda y siniestra, de mi brutal grupo de caníbales de la costa de Maine. El pueblo más cercano a la casa del protagonista es Dead River, lo mismo que ocurre en Al acecho; la diferencia es que aquí la acción transcurre en pleno invierno. El sheriff del pueblo es Peters, en una aparición momentánea. La niña de Hija del invierno se inspira en una superviviente del feroz clan inicial, que reaparece, con su propia familia de antropófagos, en la secuela Offspring escrita diez años después de la original.

¿Confundido? Solo puedo pedir perdón y decir que, a veces, las raíces de lo que uno se imagina en este negocio son intrincadas incluso para los propios escritores.

Así pues, para cualquiera de los lectores que pueda estar interesado en lo que quedó fuera del plan original para She wakes o que esté buscando algo del estilo de Al acecho, aquí está Hija del invierno. Espero que el relato funcione por sí solo, que no necesite ningún libro para justificar unos minutos de atención. He introducido todas las correcciones en rojo, las anotaciones y los muchos tachones (¡lo tecleé en una máquina de escribir!) para darle la forma final, pero, aparte de eso, sigue igual que en 1988, para bien o para mal. Mi náufrago, mi huérfano en la nieve.

J. K., DICIEMBRE DE 1996