Ante el fuego
Prólogo
Este libro está dedicado a mi querido marido, Zeev, que desde hace tiempo es mi fiel compañero en cualquier situación; a mi hijo mayor, Doron, que a menudo me ha preguntado por mi horroroso pasado en los campos de trabajo y de concentración, y a su mujer, Aja; a mi segundo hijo, Oded, que siempre me ha transmitido solidaridad cuando he sufrido, y a su mujer, Nurit; y a mi hijo pequeño, Gili, que ha escuchado mi historia con un interés y una capacidad de comprensión especiales, y para su mujer, Diti.
Mis hijos no han conocido a su abuelo materno, que fue asesinado en el gueto de Kowno cuando intentaba esconder a un grupo de niños en el edificio del Comité Judío; tampoco han conocido ni a los padres de Zeev ni a su hermano, asesinados por los nazis. Este libro lo he escrito para honrar su memoria.
Finalmente, también dedico este libro a mis maravillosos nietos Adi, Eran, Ori, Tal y Liron. Estoy muy agradecida por poder vivir la experiencia de que mi historia personal sea transmitida a las generaciones futuras.
Mis queridos nietos, me gustaría que cuando seáis mayores podáis leer y comprender este libro, y que consiga mantener en vosotros vivo el recuerdo de vuestros abuelos y de millones de otros judíos que sufrieron el Holocausto, la mayoría de los cuales no tuvieron la suerte de sobrevivir.
Estoy muy agradecida también al coautor de esta obra, Jeffrey Green, por su sensibilidad y por la comprensión que ha demostrado con mi exposición del Holocausto. En los últimos cuarenta años no me he encontrado a ninguna víctima del Holocausto con quien pudiera hablar con tanta libertad como con él. Jeffrey me ha escuchado durante horas y horas y ha comprendido todo lo que le he explicado. Hubo momentos conmovedores para él, en los que se le llenaron los ojos de lágrimas y en los que el dolor acudió a su pálido rostro. Entonces teníamos que interrumpir nuestra conversación y, a menudo, nos resultaba difícil retomarla. Jeffrey intentaba a veces no molestarme con preguntas que me hacían daño. Pero entonces era yo la que le pedía que no me tratara con tanto cuidado, ya que no había otra posibilidad para poder escribir este libro. Los largos meses en los que lo escribimos juntos los guardo como una de las experiencias más interesantes de mi vida. Espero que tanto niños como adultos lean este libro para que nadie en todo el mundo pueda olvidar el atroz destino de seis millones de judíos inocentes que no lograron sobrevivir al Holocausto. Una y otra vez me pregunto: ¿qué pasó con la justicia?
T. B.