Cantos

Friedrich Holderlin · Capítulo 10 de 25

Páginas del PDF

Cantos

Inquietud

¿No te son acaso conocidos muchos seres vivientes?

¿No caminan tus pies sobre verdades como sobre alfombras?

¡Por eso, genio mío! ¡Entra pues

desnudo en la vida, y nada temas!

Lo que pueda ocurrir te será favorable.

Tú mismo rimarás con la alegría. ¿Qué podría

ofenderte, corazón mío, qué ocurrirte,

si vas a donde debes?

Pues los hombres al igual que los dioses son piezas solitarias de caza, y a los propios dioses les lleva a su guarida el canto y el coro de los príncipes, cada cual a su estilo, y a nosotros,

lenguas del pueblo, nos gusta estar entre los vivos, allí donde muchos se reúnen, felices e iguales todos, abiertos a todos, pues así es

nuestro Padre, el Dios del Cielo,

que tanto a pobres como a ricos regala un tiempo de pensar, y que a nosotros, que a la vuelta del tiempo dormiremos, ahora erguidos, con andadores de oro,

como a niños, nos sostiene.

Buenos somos, y hábiles en algo,

cuando al llegar alzamos nuestro arte

a uno de los dioses. Aunque son nuestras manos

decentes lo que les ofrecemos.

OceanofPDF.com