Cartas a Renata
Las ovejas
Van errando entre balidos
Las silenciosas, maternales y tiernas ovejas,
Y pacen tranquilamente en las pendientes de las laderas El pasto de los cerros, hasta el sueño del verano
En una noche estrellada. Las sobrevuelan las gaviotas De grito único y violento.
Se arriman los corderos hacia el cúmulo de lana De los cuerpos maternales, sobre débiles pezuñas.
Y descansan como los niños, después del juego, Abrigados bajo el calor del vientre
Les cantan una canción de cuna,
Bajo el velo de la noche están como en casa.
Cómo le gustaban a Orfeo estos blancos rebaños Llenos de silencio en el tráfago mundano.