Che Guevara
Combate del Churo
Este capítulo es largo, así que está dividido en 2 partes.
El Che sentado junto a sus guerrilleros en un momento de descanso, luego de largas horas de caminata.
El 10 de octubre de 1967, todos los periodistas que estuvimos presentes en Vallegrande, fuimos transportados, desde el día anterior, en un avión hacia La Paz. Este había llegado en la mañana a la localidad, que en la coyuntura era nuestro lugar de trabajo. Yo bajé en Cochabamba junto al jefe
de redacción de Prensa Libre, y de inmediato me dirigí a las oficinas del periódico, que estaba situado en la plaza Colón de Cochabamba. Fue allí donde escribí un artículo titulado: "La autopsia del Che", en el cual, con cierta autoridad —pues soy médico—, y con mis magros conocimientos en medicina legal, concluía denunciando el asesinato del Che.
El director del periódico era el señor Carlos Bejar, quien leyó mi artículo y me dijo:
—Reginaldo, no puedo publicar esto.
—¿Por qué? —le interrogué.
—Porque aquí afirmas que el Che ha muerto el lunes 9 de octubre, alrededor del medio día, y el Ejército ha lanzado un comunicado público donde dice que ha muerto en combate, el mismo día 8 de octubre.
Le conté con mayores detalles por qué afirmaba eso, que correspondía estrictamente a la verdad, y que debíamos darlo a conocer al mundo.
Aunque insistí varias veces, fue en vano. Le dije incluso:
—Yo firmo el artículo, entonces, quien responderá seré yo.
Me contestó:
—Por la ley de prensa, el director del periódico también es responsable, y si publicamos esto ¿sabes qué va a ocurrir mañana? Dos cosas: mi periódico será cerrado, y tú, con certeza, desparecerás; vale decir, estarás muerto.
Debían de ser las 4 de la mañana cuando sucedió todo esto. Me fui desconsolado. Le pedí que me devolviera mis 4 rollos fotográficos, incluso mis negativos, que fueron revelados unas horas antes en un laboratorio fotográfico, situado en la plaza principal. Me dirigí a mi casa, y dos horas después ya estaba embarcando con destino a Vallegrande. Hice escala en Comarapa, recogí mi maletín y llegué a Vallegrande al amanecer del jueves 12 de octubre.
El pueblito de Pukara situado a 15 klómetros de La Higuera.
Foto del autor.
El reloj marcaba seguramente las 9 de la mañana. Fui al Hospital Nuestro Señor de Malta, que estaba fuertemente custodiado por decenas de soldados y por una faja grande y bien legible: "Prohibido el ingreso de periodistas". Bueno, yo soy médico, era conocido en el Hospital Nuestro Señor de Malta, ingresé como tal y no como periodista. Pero, una vez dentro, el periodista actuó entrevistando a 4 soldados heridos allí hospitalizados que participaron en el combate del Churo.
Resolví ingresar en la zona de guerra, es decir, en La Higuera y sus alrededores, donde sabía que aún quedaban vivos 10 guerrilleros del total de los 17 que se enfrentaron a 195 soldados el 8 de octubre.
Durante el ejercicio de mi profesión, y en calidad de médico de provincia, ya había ido a todos esos lugares más de una vez a realizar vacunaciones por determinación de la Sanidad Departamental, con sede en Santa Cruz de la Sierra, y subsede en Vallegrande, donde me pagaban mi salario. De modo que conocía muy bien el lugar, tenía preparado un ardid que no fallaría: llevaba mi maletín médico (que recogí en Comarapa), que nada se parecía a los maletines de cuero elegantes y pequeños de un galeno.
Era una inmensa maleta de madera, donde no solo llevaba las vacunas, sino también instrumental quirúrgico de emergencia. Dejé mi máquina
fotográfica, la cual usé en el Hospital Nuestro Señor de Malta, y mi motocicleta, en el Hotel Teresita, pues mi moto de nada me serviría a partir de Pukara: de ahí en adelante ya no había carreteras.
El transporte de pasajeros entre Vallegrande y Pukara era realizado en camiones, en cuya carrocería colocaban unas tablas atravesadas, de tal manera que debajo de los pies de los viajeros no iban solo los bultos de los pasajeros, sino chanchos y gallinas. Yo tenía 27 años. Iba munido de mi cartera profesional de médico, de documentos de la sanidad departamental de Santa Cruz, de hojas de pago que eran realizadas en Vallegrande; todo esto para comprobar que era un médico que estaba internándose en la zona de guerra, donde todavía se combatía.
Me embarqué en un camión para transporte. Los pasajeros teníamos que sentarnos sobre un palo del camión destartalado, y sujetarnos con las manos a otro palo o travesaño superior cuando pasaba por los baches, pues los caminos eran pésimos.
A dos kilómetros de Vallegrande, en la zona de Guadalupe, había una
"tranca" consistente en un palo chueco apoyado sobre dos palos en forma de
"V", siendo un punto fijo el tronco sobre el cual basculaba, y el otro simplemente un apoyo; a la derecha se encontraba una pequeña caseta. El vehículo paró, los pasajeros bajamos y nos identificamos. Todos los que iban conmigo eran campesinos que retornaban a sus lugares de origen, o comerciantes que llevaban productos alimenticios como azúcar, arroz o aceite, y volvían con verduras, frutas, gallinas, huevos, etc.
Presenté mis documentos de identidad y de médico. Estaba de turno un sargento, que no se convenció de mi identidad ni de mis objetivos. Me condujo a su superior, un capitán, al cual enseñé mi "maleta" de médico, cuyo tamaño era de aproximadamente de 40 x 40 x 60 cm., a pesar de ello él no dudó de los motivos de mi viaje, que eran claros: iba a "vacunar" y a
"cumplir mis tareas habituales de médico".
Llegué a Pukara al atardecer. La distancia que faltaba por recorrer no era superior a 40 kilómetros, pero la velocidad del vehículo no pasaba de los 10
ó 15 kilómetros por hora: tal era la "excelente calidad de la carretera".
Dormí en Pukara en la compañía de piojos, vinchucas y chinches, pero debido a mis frecuentes viajes al interior de la provincia de Comarapa y Vallegrandem, ya estaba acostumbrado.
Nos fuimos por un camino de herradura a La Higuera. Desde Pukara se oían disparos esporádicos, y en La Higuera los estampidos eran más
frecuentes. Era el día 13 y quedaban todavía 10 guerrilleros, que rompieron el cerco del Churo el día 8. El Ejército no tenía la menor pista de ellos. La historia vendría a demostrar que cuando llegué a La Higuera y después al Abra del Picacho, donde había una media docena de casuchas, yo estaba muy cerca de los 6 sobrevivientes; de ahí la razón de que los frecuentes disparos que retumbaban en toda la zona llegaran a mis oídos.
Realicé mis tareas habituales como médico en La Higuera, aunque no encontré a los 296 habitantes que mencionaban los datos estadísticos de población en Vallegrande. No encontré siquiera a 100 habitantes. La gran mayoría se había ido incluso antes del 8 de octubre, como me dijo más de un campesino, por miedo a ser hechos prisioneros por el Ejército y acusados de ser colaboradores de la guerrilla.
No fue fácil obtener la información que me interesaba. Debía hacerlo de forma sutil. No podía comportarme como un inquisidor impertinente al obtener la información acerca de lo que ocurrió los días 8 y 9 de octubre.
Pero entre una y otra consulta, una y otra vacuna, conversaba con los campesinos, de quienes obtuve muchas de las informaciones que transcribo en este capítulo. La más importante de todas: el Che había llegado el domingo 8 de octubre, y el día 9 había sido ejecutado alrededor del mediodía. Esto coincidía con las observaciones que hice en Vallegrande el día 10, cuando denuncié la ausencia de rigidez cadavérica, la tibieza del cadáver y el orificio delante del corazón con pólvora a su alrededor, prueba incuestionable de su ejecución a quemarropa.
Lo que relato a continuación, como dije al principio de este libro, es fruto ante todo de los testimonios que me ofrecieron los 4 heridos en el combate del Churo, los campesinos de toda la zona de Pukara, La Higuera, Abra del Picacho y Masicurí. No tuve el coraje de obtener informaciones de soldados y oficiales, con quienes me cruzaba con una frecuencia inusitada, y quienes me detenían con frecuencia para identificarme. Sin embargo, en 1983 conseguí el testimonio de unos soldados que participaron en el combate del Churo. He aquí, entonces, el fruto de mis investigaciones.
OceanofPDF.com
DOMINGO 24 DE SEPTIEMBRE DE
1967
Santa Cruz está de fiesta. La población cruceña presencia desfiles escolares y militares, recuerda el 157 aniversario de la revolución de los hijos de Santa Cruz de la Sierra contra el conquistador español.
Tropa de Gary Prado que va en busca de los guerrilleros.
El actual general de división Gary Prado Salmón entrevistado por el autor.
Intervienen las llamadas Fuerzas Especiales del Ejército, los "boinas verdes bolivianos", que fueron entrenados desde abril en la técnica de la lucha contraguerrillera en la jungla.
El campo militar de instrucción está ubicado en la región tropical de la Esperanza, un ex-ingenio azucarero. Militares norteamericanos fueron los instructores de esta nueva clase de soldados. Los oficiales extranjeros son también green berets, instruidos en Fort Bragg, y con experiencia guerrera en Vietnam. Estos soldados, orgullosos, tocados con boinas, desfilan.
Forman el batallón de Asalto Ranger Manchego No. 2.
El batallón de boinas verdes ha recibido la orden de movilizarse a Vallegrande. Pasada la medianoche, una larga caravana de vehículos lleva a las Compañías A, B y C a Vallegrande, comandadas respectivamente por los capitanes Celso Torrelio, Gary Prado Salmón y Ángel Mariscal.
El comandante de la Octava División, el Coronel Joaquín Zeteno Anaya, dispone que la Compañía B de los boinas verdes salga de inmediato a la zona de La Higuera. Los boinas verdes de Gary Prado son los primeros en pisar zona roja. En su recorrido llegan a Pukara, y posteriormente marchan a La Higuera. En menos de dos días, se han desplazado por el norte del Río
Grande, San Antonio, Jagüey, Abra del Picacho, Alto Seco, Citanos, Chujlas, Casa Monte, Pucará, La Higuera, Pucarillo, Loma Larga y otras regiones.
He recibido testimonios del actual General de División y ex-embajador boliviano en México, Gary Prado Salmón, desde el año 2000.
Hasta el mes de septiembre de 2002, los contactos fueron realizados vía telefónica, primero, y vía internet, después; pero este año Prado Salmón ha estado en Sao Paulo durante la primera semana de septiembre (estoy escribiendo este capítulo en 2004). Aproveché la ocasión y lo entrevisté; lo que surgió de ese encuentro lo ofrezco ahora. Mi primera pregunta se refería a quiénes y cuántos fueron sus instructores:
—Usted ha recibido instrucción militar en la hacienda La Esperanza,
¿podría indicar quiénes y cuántos eran los instructores?
—Recibimos de Estados Unidos un equipo de instructores, entre los cuales había un coronel, cuatro capitanes y 12 sargentos.
OceanofPDF.com
MARTES 26 DE SEPTIEMBRE
Este día se produce el combate de la vanguardia del Che con la tropa del subteniente Eduardo Galindo Grandchandt, que causa tres bajas a la guerrilla: Coco, Miguel y Julio, y provoca la deserción de Camba y León.
La tropa del Che, al ver el combate que libra su vanguardia, se encamina con rapidez hacia ella, y los remanentes del combate retroceden al reencuentro con su jefe.
Esa noche llega a Pukara el capitán Gary Prado Salmón, Comandante de la Compañía B de los Rangers, junto a su tropa, compuesta por 165
soldados. El pelotón del subteniente Eduardo Galindo tuvo un encuentro con los guerrilleros en el Abra, e interrogo entonces al capitán Gary Prado Salmón:
—¿Cuánto tiempo ha durado su entrenamiento? —Doce semanas.
—La tropa que le fue asignada bajo su comando, ¿formaba para usted un grupo ideal?
—¡Sí!, porque yo conocía muy bien a mi tropa y ellos a mí, lo que tiene capital importancia durante una guerra. Esto permite un alto grado de eficiencia y rendimiento por la empatía creada entre los soldados y el jefe militar.
OceanofPDF.com
MIÉRCOLES 27 DE SEPTIEMBRE
La guerrilla observa que el Ejército está cerca de ellos. Están ocupando una loma por donde pretendían ir hacia el norte. El Che lamenta este hecho en su diario:
Aniceto acababa de hacer una exploración y vio en una casa cercana un buen grupo de soldados, ese era el camino más fácil para nosotros y está cortado ahora.
La guerrilla ve a los soldados Ranger's, que han sido trasladados el 24 a Vallegrande, y el 26 dislocados hacia La Higuera.
Pacho apunta este día:
Rodeados. Nos seguimos internando en el cañón al anochecer.
En esta fecha la guerrilla ya no tenía carpas, lonas, plásticos, hamacas o algo que pudiese ayudarles a luchar contra la intemperie, todos estos elementos se fueron destruyendo, se perdieron, o tuvieron que ser abandonados en determinados momentos de un combate.
Pacho reanuda su razonamiento y anota:
No se puede uno recostar ni aguantarse en ningún lado, espinas hasta el suelo.
El sol es inclemente este día. La tropa del Che tiene las cantimploras vacías y lo peor es que no pueden moverse del lugar, están mimetizados en medio de una casi selva. Leamos una vez más las reflexiones que escribe Pacho en su diario:
Hay un sol abrasador, sudamos bárbaramente. No hay vegetación, solo caracoré y otros árboles, más espinas.
OceanofPDF.com
JUEVES 28 DE SEPTIEMBRE
Son sometidos a una gran tensión. Fue un día angustioso, como dice el Che en su Diario:
Día de angustias que, en algún momento, pareció ser el último nuestro.
Le pregunto a Pombo por qué el Che hace esa anotación en su diario, y me responde con un semblante nostálgico:
—Estábamos en una quebrada y pasaron frente a nosotros, a muy corta distancia, 123 soldados en dos grupos: uno de 46 y otro de 77. En una de las ocasiones sonó un tiro, y los soldaditos se desplazaron tomando posiciones.
El oficial que los mandaba ordenó que bajaran a una hondonada, al parecer, en sentido de nuestra tropa. Pero, en definitiva, no pasó nada y el ejército continuó su marcha.
OceanofPDF.com
VIERNES 29 DE SEPTIEMBRE
Fue en mi tercer viaje a La Habana, realizado el mes de septiembre de 2004, cuando obtuve de Pombo y Urbano mayores detalles sobre el combate de Churo, pese a que ya los había entrevistado en mis dos viajes anteriores. Fui interrogando a Urbano y a Pombo sobre los momentos cruciales y previos al último combate de la guerrilla del Che. De este modo, le pedí a Urbano que extrajera de su banco de datos la siguiente información:
La guerrilla del Che en Bolivia en un momento de descanso.
En el medio, el Che junto al peruano Juan Pablo Chang-Navarro (El Chino).
—El Che tenía como norma desplazarse durante unas horas o incluso durante toda la noche, ¿no es así?
—Sí.
—Al amanecer del 29 de septiembre, ¿envía el Che alguna exploración?
—Sí, envía a Inti, quien encuentra un buen lugar al que ascendimos en la noche del día 30, subiendo por derriscos muy peligrosos. La situación del
Chino en las marchas nocturnas se hacía insostenible, ya que a cada momento se le caían o perdían los espejuelos, quedando completamente ciego.
Intercalo los datos que obtuve este día de Urbano y Pombo. Le pregunto a este último:
—Ese lugar encontrado por Inti, ¿es aprovechado por ustedes?
—Sí, esa noche acampamos en una especie de meseta más o menos pelada, igual que el resto de esa zona; pero con la ventaja de que estaba a cierta altura, y eso nos daba la posibilidad de observar sin que nos vieran y de organizar la defensa, teniendo al enemigo siempre debajo. Es decir, teníamos lo que se llama dentro del lenguaje guerrero una "cota militar".
Ellos ya sabían que se encontraban dentro de un "cerco estratégico"
desplegado por el ejército, pues estas informaciones eran difundidas tanto por radios bolivianas, como por emisoras extranjeras. La Radio Balmaceda de Chile, por ejemplo, seguía muy de cerca los acontecimientos de la guerrilla. Este es el motivo por el cual el Che resuelve permanecer algunos días dando vueltas y vueltas en zonas próximas a La Higuera, con la idea de despistar al ejército. Si lo lograba, podría seguir hacia el norte, al Alto Beni, donde pretendía reagrupar a su tropa y retomar el contacto con la Red Urbana, que había sido totalmente interrumpido desde el mes de marzo.
Resolví investigar la distancia que los separaba del ejército. Le pedí esta información a Pombo, que me respondió:
—Nosotros estábamos prácticamente junto a los soldados. Ellos nos pasaron varias veces a unos 100 metros. Además, estaban acampados en una casa que estaría a 200 ó 300 metros, y en una quebrada que nosotros veíamos cerca, tenían un puesto de observación y una emboscada. Es decir, nosotros sabíamos que estábamos dentro de un cerco estratégico tendido por el Ejército sobre toda esta zona; un cerco que, según anunciaba la radio, tenía unos 1.500 ó 1.800 soldados. Para que se comprenda mejor, nosotros no nos habíamos alejado de La Higuera, en realidad. Habíamos bajado rumbo al Río Grande, pero luego volteamos tratando de engañar al Ejército, y regresamos en dirección al caserío, hacia atrás, pero por otros caminos. Es decir, estábamos frente a La Higuera, pero ocultos, dando rodeos, esperando el momento y el lugar para romper el cerco e irnos. Hay una frase del Che en su resumen del mes de septiembre que sintetiza esto perfectamente, dice así: "La tarea más importante es zafar y buscar zonas más propicias..."
Como se ve, este día no muda nada en relación a los 3 últimos días. Están cercados por centenares de soldados. Entonces, el Che dice:
Otro día de tensión. Por la mañana, Radio Balmaceda de Chile anunció que altas fuentes del ejército manifestaron tener acorralado al Che Guevara en un cañón selvático.
Pombo, es decir, Harry Villegas Tamayo, actual General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas, regresa al pasado, rememora, piensa y perpetúa para la historia en su libro Pombo, un hombre de la guerrilla del Ch e (182):
Por primera vez en cuatro días comimos algo sólido. Las diarreas eran tremendas y el agua que tomábamos, pura magnesia. Che autorizó a comernos la reserva de sardinas que teníamos (tres cuartos de lata por cabeza). La distribución que ordenó fue la siguiente: media lata ese día, y un cuarto de lata al otro. Por confusión mía se comió media lata en la mañana, y el cuarto restante en la tarde (tremenda bronca).
Pacho robustece sus pensamientos y confirma la situación crítica en que se encuentran:
Darío me trae el diario mandado por Fernando, lo tomo como a quien le dan un pedazo de papel para que escriba su último pensamiento.
OceanofPDF.com
SÁBADO 30 DE SEPTIEMBRE
Pacho refleja los acontecimientos de este día en su diario:
De exploración. Rodeados (rumbo a La Higuera). Al amanecer salgo con Aniceto al norte, todavía de noche, ya que de día es imposible andar por este monte llano, seco y lleno de espinas sin que lo vean a uno. Además, el camino que utilizan los guardias va sobre nosotros (paralelo) (...) Un desfile de soldados avanza y se sitúa frente a nosotros, cerrando el cerco.
Durante toda la guerra, el Che ha seguido cuidadosamente tres normas fundamentales conocidas como "Las tres reglas de oro": "Vigilancia, desconfianza, y movilidad permanente". El Che es tan vigilante, desconfiado y móvil que, desde el mes de mayo hasta julio, al descubrir que no le es conveniente enfrentar al ejército, se escabulle del mismo, de manera que no logran ubicarlo.
Entre los días 28 y 30, la tropa de Gary Prado logra apresar a los desertores Camba y León.
La guerrilla se desplaza solo de noche, envía patrullas de reconocimiento, observa dónde está el enemigo, previene para no ser sorprendido con la luz del día.
El Che apunta en su diario:
A las 12 pasaron en columnas separadas y arma en ristre, y fueron a parar a la casita donde hicieron campamento y establecieron una vigilancia nerviosa (...). Se buscó agua, y a las 22:00
iniciamos una fatigosa marcha nocturna demorada por el Chino, que camina muy mal en la oscuridad.
Pese al estado crítico en que se encuentra la guerrilla, en ningún momento cae la moral, ni entonces, ni el 8 de octubre, día del último combate. El Che hilvana sus ideas, las revigora, se retrae a todo lo ocurrido en los últimos treinta días, y en el "resumen del mes", que viene realizando
periódicamente desde noviembre de 1966, cuando comienza a escribir su diario, asienta:
Las características son las mismas del mes pasado, salvo que, ahora sí, el ejército está mostrando más efectividad en su acción (...). La tarea más importante es zafar y buscar zonas más propicias; luego los contactos, a pesar de que todo el aparato está desquiciado en La Paz, donde también nos dieron duros golpes. La moral del resto de la gente se ha mantenido bastante bien.
Gary Prado, entre los días 28 y 30 de septiembre, apresa a los desertores de la guerrilla, Camba y León. Esto puede apreciarse en la fotografía de la izquierda y en la de la página siguiente.
Uno de los desertores de la guerrilla siendo interrogado por el Ejército.
OceanofPDF.com
DOMINGO 1 DE OCTUBRE
Pacho evoca:
En marcha. Rodeados. Todos amanecemos agotados, subimos la loma y nos emboscamos en estado de alerta. Al oscurecer, bajamos y se cocinó harina y arroz blanco con costilla de anta, primera vez que comemos desde el día del combate (26 de septiembre), el agua es un poco amarga por la cantidad de magnesio, por lo que la comida no tenía buen sabor. Sobró media olla de harina con maíz.
OceanofPDF.com
LUNES 2 DE OCTUBRE
Las agujas del reloj marcan las 6 de la tarde. La tropa del Che baja para tratar de salir de la quebrada. Se extravía la retaguardia, y esto causa tres horas de preocupación y angustia al Che. Su reencuentro se produce gracias a la forma de comunicación que tienen entre ellos: el uso de silbidos. Los guerrilleros tienen su propio lenguaje de comunicación, cada día establecen el significado de determinados silbidos y sonidos guturales que se confunden con el trinar de las aves, relinchar de caballos, ladridos de perros, mugir de vacas, etc.
Son las 9 de la noche cuando el grueso de la tropa del Che escucha dos silbidos cortos imitando a un loro. Este es el santo y seña combinado para ese día. La angustia causada por el extravío y división entre vanguardia y retaguardia desaparece.
OceanofPDF.com
MARTES 3 DE OCTUBRE
Los 17 guerrilleros suben nuevamente a un firme que domina el camino de los soldados. Al anochecer, bajan a un arroyo, donde cocinan y aplacan un tanto el hambre. Durante varios días solo tuvieron "chankaka" y agua, sufriendo la consiguiente secuela de diarreas. La "chankaka" es una especie de raspadura utilizada para endulzar el agua; es el azúcar del campesino boliviano.
OceanofPDF.com
MIÉRCOLES 4 DE OCTUBRE
El día 4 bajan por una quebrada y pasan a otra que se les unía por la derecha, por la que comienzan a ascender. Posteriormente, salieron Pacho, Inti, Eustaquio y Pombo con la misión de explorar dos quebradas. Por ninguna de las dos había bajadas ni agua. Se continuó la marcha hasta la noche, en la que ya no se pudo avanzar más porque no se veía nada.
Continúan dentro del cerco estratégico montado por el ejército, con hambre y sed, como refiere Pacho en su diario:
Rodeados. Invito a Fernando (Che), Beni (Benigno) y Pombo a comer de mi arroz y nos ponemos en marcha. Al llegar a un cañón, nos apartamos unos 100 metros a la derecha, y Fernando me manda con Inti de exploración, al regreso me invita de su arroz y manda a Pombo y Eustaquio que la continúen. Estamos sin agua y con mucha sed.
OceanofPDF.com
JUEVES 5 DE OCTUBRE
El Che escribe:
Al reiniciar la marcha caminamos con dificultad hasta las 5:15., momento en que dejamos un trillo de ganado y nos internamos en un bosquecillo ralo pero lo suficientemente alto como para ponernos a cubierto de miradas indiscretas. Benigno y Pacho hicieron varias exploraciones buscando agua y vadearon completamente la casa cercana, sin encontrarla, probablemente sea un pocito al lado. Al acabar la exploración vieron llegar seis soldados a la casa. Salimos al anochecer con la gente agotada por la falta de agua.
Pacho confirma lo que narra el Che:
Rodeados (...) no tenemos una gota de agua, por lo que nos alerta a buscar en los alrededores (se refiere a un campesino). Comimos harina, locro de arroz con anta. Es la primera vez que comemos una buena comida desde el día 25. Hice tostado.
OceanofPDF.com
VIERNES 6 DE OCTUBRE
El Che escribe:
Las exploraciones demostraron que teníamos una casa muy cerca, pero también que, en una quebrada más lejana, había agua (la información fue dada por un campesino). Hacia allí nos dirigimos, y cocinamos todo el día bajo una gran laja que servía de techo, a pesar de que yo no pasé el día tranquilo, pues nos aproximamos a pleno sol por lugares algo poblados y quedamos en un hoyo. Como la comida se retrasó, decidimos salir por la madrugada hasta un afluente cercano a este arroyito, y de allí hacer una exploración más exhaustiva para determinar el rumbo futuro.
Pacho, a su vez, apunta:
Rodeados. Ya estoy que se me confunden los días unos con otros, caminamos a cualquier hora, principalmente de noche, de día con postas y emboscados, me confundo cuando comienza un día y termina otro. (...) Nos hartamos de agua y se coló un café.
OceanofPDF.com
SÁBADO 7 DE OCTUBRE
El Chino, peruano de nacimiento, es uno de los guerrilleros del Che en Bolivia. Posee un defecto que le impide ser como los otros guerrilleros: tiene muy mala vista. Un día dejó caer sus lentes, y uno de los cristales se rompió, lo que le daba un aspecto grotesco. Con el lente impar, en el que el único cristal tenía el grueso de la base de una botella, debido a su avanzada miopía, intenta continuar el viaje, seguir el ritmo de sus compañeros, no perjudicarlos. Tropieza, cae, se agarra de uno y otro compañero; todos son solidarios con él, pero eso no impide que se convierta en una carga de plomo para todo el grupo. Esta situación imposibilita que la tropa se disloque a un ritmo normal.
El Che escribe, a la luz de una vela la noche del sábado 7 de octubre, un día antes del combate que acabaría con la guerra:
Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; a las 12:30, una vieja pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe, que hace tiempo que no va por allí. Solo dio información sobre los caminos; de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras, a otra de Jaguey, y a unas dos de Pukara. A las 17:30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja, que tiene una hija postrada y otra medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas. Salimos los 17 con una luna muy pequeña, y la marcha fue muy fatigosa, se dejó mucho rastro por el cañón donde estábamos, que no tiene casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo. A las 2 paramos a descansar, pues ya era inútil seguir avanzando. El Chino se convierte en una verdadera carga cuando hay que caminar de noche.
El Ejército dio una rara información sobre la presencia de 250 hombres en Serrano para impedir el paso de los cercados, dando la zona de nuestro refugio entre el río Acero y el Oro. La noticia parece diversionista. H = 2.000 m.
Pacho, por su lado, escribe:
Hace un año que salí de casa, 2 am. Tuve guardia, fue la diana. Tomamos café y comemos una fritura de las de anoche, no pudimos salir hasta las 5 am, por lo accidentado que es el arroyo y la oscuridad. El camino ha sido de 1, 1/2 horas, ayudándonos unos a otros en los pasos malos. Al llegar Fernando me mandó con Beni a hacer una exploración. A pocos metros, una vieja pastorea cabras y sobre nosotros hay casas. Por lo tanto pasamos el día esperando para caminar al oscurecer. La radio da la noticia de que nos tienen rodeados entre los ríos Grande y Acero (verdad). Dan 5.000.000 de bolivianos por cualquiera de nosotros, vivo o muerto. 9:25 am. Han pasado 2 aviones....
Diario del Che escrito el último día 7 de octubre de 1967.
Foto del autor.
La presencia del Che en La Higuera, una zona inadecuada para una guerra de guerrillas, ha sido criticada por diversos historiadores. Incluso ha habido más de un historiador que ha mencionado:
Es el mismo Che quien provoca su llegada al lugar del Abra del Batán, donde es emboscado, pues anda por zonas descampadas, como pretendiendo que el Ejército de fin de una vez con su tropa y con él; una especie de suicidio.
Nadie mejor que el actual General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas, Harry Villegas, más conocido con el seudónimo
de "Pombo", que ha participado del combate y sobrevivido al mismo, para esclarecer esta cuestión. Le pregunté:
—¿Por qué motivo están ustedes en las proximidades de La Higuera, una zona con escasa vegetación, con muchas planicies pedregosas? —Tenemos la certeza de que en la emboscada de Vado del Yeso es exterminada nuestra retaguardia, a la cual pensábamos encontrar justamente en estas proximidades, y no la encontramos por escasos dos días de atraso, pues llegamos a la casa de Honorato Rojas, el campesino que conduce a Mario Vargas Salinas al Vado del Yeso. A mediados de agosto, cuando es muerto en Iñao el guerrillero Pedro, quien formaba parte de la retaguardia comandada por Joaquín, el Che tiene la certeza de que están al sur de nosotros. Decide entonces volver a esta zona, pues nosotros estábamos muy al norte de ellos, y el Che pensó que Honorato Rojas, un campesino con quien compartimos unos días el mes de febrero, en el viaje de exploración, podría ayudarnos a encontrar a Joaquín, el jefe de la retaguardia y su grupo.
Grupo con el cual no conseguimos reencontrarnos en Bella Vista en el mes de abril. Nunca más nos vimos. El 2 de septiembre llegamos a la casa de Honorato Rojas. No lo encontramos, pero el Che oyó por la radio que el grupo de Joaquín había sido aniquilado en Vado del Yeso. Cuando él tiene la certeza de que la información es verdadera, resuelve ir a Pukara, o sea, hacia el norte, con el objeto de dejar a Moro, que estaba muy enfermo, o de encontrar medicamentos para él. Y si no conseguíamos nuestra finalidad, en un acto de sorpresa, tomar un camión y asaltar la Octava División en Vallegrande, donde no solo nos aprovisionaríamos de alimentos y reforzaríamos nuestro parque, sino que también resolveríamos el problema que suponía Moro, que preocupaba muchísimo al Che, pues estaba muy enfermo.
—¿Éste es el motivo entonces por el que son emboscados el 26 de septiembre en Abra del Batán? —le pregunto.
—Sí, nosotros estábamos yendo a Pukara, y el Che mandó adelantar la vanguardia de nuestra tropa, la cual fue emboscada.
Obtenida esta información, quise saber el estado de ánimo y el espíritu combativo de los guerrilleros.
—Ustedes saben que están rodeados desde el 26 de septiembre hasta el 8
de octubre, pues ven casi todos los días a decenas, incluso, un día, a más de un centenar de soldados. Sabiendo todo esto, ¿la moral no decayó en la tropa del Che?
—Habíamos tomado una decisión, nuestra moral era muy alta.
Estábamos convencidos de que estábamos rodeados, la única alternativa era tratar de salir del cerco. Si se evitaba el combate, mejor. Buscar la ruptura del cerco y evadirse. Irnos saliendo sin que se percataran, en la noche, para tratar de alejarnos lo más posible de los soldados. Esa era la primera variante. Luego, continuar la lucha, tratando de llegar a contactar con la gente, buscando por el Alto Beni. Hay un conjunto de jóvenes bolivianos que se encontraban en La Paz. Esta era la idea: nosotros conocíamos el territorio donde estaba nuestra gente en La Paz, pues teníamos una casita allí, y otra en los yungas del Alto Beni. Llegaríamos vía fluvial. Allá nos reorganizaríamos, retomaríamos el contacto con la Red Urbana, reclutaríamos más combatientes, que estaban listos en La Paz para incorporarse a nosotros, y proseguiríamos con la guerra. Había un afluente del río Amazonas, un pequeño puerto fluvial donde había una unidad de la Marina Fluvial. Por allí pensábamos salir y llegar al Alto Beni. El estado político de la gente y moral de la tropa era alto, porque teníamos la perspectiva de continuar la lucha.
OceanofPDF.com
DOMINGO 8 DE OCTUBRE DE 1967,
01:00 HORAS
Después de más de dos horas de caminata, se encuentran frente a un farallón aparentemente imposible de cruzar. Pombo recuerda lo que ocurrió en ese momento:
Después de eso, se coordinó continuar la marcha, el camino por allí era dificilísimo, la gente se encontraba agotada, en realidad no había deseos de continuar. Entonces se presenta un obstáculo, una faralla peligrosísima, que a todo el mundo le parecía que era imposible cruzar.
En aquella ocasión, el Che se decide a salvar aquel obstáculo y dice que él va a cruzar. Cómo lo logró es algo realmente que da muestras de su decisión de vencer en todos los momentos: tuvo que subir a la faralla prácticamente arañando como un gato, y ya arriba había que brincar a otra, separada de la anterior por un metro y medio; debajo había un pozo profundo de agua helada, al que después cayeron varios compañeros, porque la pendiente estaba muy resbaladiza.
OceanofPDF.com
01:30 HORAS
Pedro Peña es un soldado miembro del Servicio de Inteligencia disfrazado de campesino en busca de cualquier rastro de los guerrilleros desde hace una semana. A poco más de la media noche del domingo 8 de octubre, se halla en las proximidades de la quebrada del Churo. Se encuentra al fondo del desfiladero, por donde corre un hilo de agua. Anda con una pequeña lámpara a kerosén para alumbrarse, pues las nubes no dejan pasar los reflejos lunares.
De pronto, Pedro tiene la impresión de haber escuchado algún ruido en medio de la mata. Algo así como ramas quebradas, un sonar de piedras o un tropel de pies. Detiene sus pasos, levanta la cabeza y pone la mano derecha detrás de su oreja..."¡Sí!, hay un ruido que parece de pisadas de personas", se dice a sí mismo, pero le resulta difícil calcular a qué distancia pueden encontrarse. Resuelve mudar de dirección e ir en el sentido de los ruidos.
Anda despacio. Minutos después, escucha voces. "¡Sí, hay ruidos!", a pesar de que no puede escuchar lo que dicen, ya no tiene dudas. Para poder aproximarse más a ellos, apaga su lámpara.
En la noche de semiluna, se diseña una silueta con una inmensa mochila en la espalda y un fusil en bandolera. Se frota los ojos y piensa: "¿Serán los guerrilleros...?".
Estos últimos días se ha hablado mucho de ellos, el ejército está acampado en La Higuera, y casi a diario va a la casa de los campesinos en busca de información y alimento para la tropa.
Vuelve a deterner sus pasos. Peña transpira, inmóvil, como petrificado.
Debe estar, como muy lejos, a unos 100 metros de ellos.
"Sí, son los guerrilleros", afirma en silencio. Su mente vuela. Imagina en sus bolsillos los 50.000 bolivianos (aproximadamente 4 200 dólares de entonces) que el Presidente René Barrientos Ortuño ha ofrecido a quien ayude a encontrar a los "barbudos".
Ahora no es solo una persona, son dos, tres, cuatro... ocho. Todos están armados, no tiene ninguna duda. Son los guerrilleros. La luz de la luna le permite ver esas siluetas, andan con la mirada clavada en el suelo, con una mochila enorme en la espalda (más de 30 kilos). Uno carga el arma en bandolera, otro en la mano... La caminata de todos es lenta.
Como no tiene duda de que son los guerrilleros, resuelve permanecer en su puesto el tiempo que sea necesario para descubrir cuántos son. Además, sabe que si lo descubren espiando pueden fusilarlo; tiene los pies pegados al suelo. Está escondido detrás de un árbol, transpira copiosamente.
En total, cuenta 17 personas. Todos caminan en fila india, con una distancia considerable entre unos y otros. Él permanece 5, 10, 15... minutos, hasta que no ve pasar a nadie más.
Llega a La Higuera, donde encuentra al subteniente Carlos Pérez, a quien le comunica lo que ha visto.
OceanofPDF.com
01:30 HORAS
Las 17 siluetas que fueron divisadas por Pedro Peña se encontraban caminando desde las 22:00 horas, pretendiendo salir del fondo de la quebrada donde estaban. Poco antes comieron chankaka y una lata de sardinas, y volvieron a beber agua turbia y amarga.
Van por caminos difíciles: existen pequeñas rocas y pedregones. Las 17
figuras se mimetizan en la semioscuridad del angosto cañón del Yuro.
Observan una pequeña fuente luminosa a unos 100 metros de ellos, que luego se apaga, era el mechero de Pedro Peña.
OceanofPDF.com
04:30 HORAS
Antes de que amanezca, toca la diana en la parodia del campamento.
Pombo refiere estos momentos, previos a la detección del enemigo: Nosotros nos levantamos a las cuatro y pico de la madrugada, a las cuatro y media aproximadamente, y como a las cinco y media más o menos estábamos ya coronando el firme; es ese el momento en que Benigno detectó el enemigo.
O sea, que si nosotros hubiéramos avanzado en las primeras horas de la madrugada, nosotros rompemos el cerco, nos habríamos ido: probablemente nos habrían perseguido, pero ya iríamos en otra dirección, saliendo de esa zona árida, de esa zona semidesértica, en marcha rumbo a la zona de los pozos.
OceanofPDF.com
05:30 HORAS
La luna acaba de desaparecer. La madrugada es fría y húmeda. Está amaneciendo, aunque el sol aún se encuentra escondido en el horizonte. La columna guerrillera ha descansado desde las dos y media. El Che reúne a la tropa, y dice a Benigno y Pacho:
—Ustedes vayan por la izquierda, hacia la quebrada del Jagüey, y observen si hay o no soldados.
Envía a Ñato y a Urbano a seguir por el flanco derecho para explorar las proximidades de la quebrada de la Tosca. A Darío y a Aniceto, les dice:
—Suban hacia la cúspide de la colina, hacia el cerro Khara-Khara.
Los exploradores, como es habitual para ellos, andan con cautela para evitar ser sorprendidos por el enemigo.
De pronto, Ñato le dice a Urbano:
—Mira, allí a la izquierda hay varios soldados en marcha.
Urbano le responde:
—Estoy viendo... Están colocándose en posición de combate.
En cuanto los exploradores son enviados a inspeccionar la zona en diferentes direcciones, el Che ordena a Antonio que prepare una emboscada. Los demás permanecen escondidos.
Benigno recuerda ese momento:
—Yo estaba en la exploración y vi un a primer soldado levantarse del suelo, o mejor dicho, no lo vi yo, lo ve Pacho, que me dijo: "¡Mira dónde hay un hombre!". Él comenzó a caminar por todo el firme como un centinela que está rondando de un lado a otro. Entonces nos quedamos observando, nos daba la impresión de que se trataba de un campesino, pero vimos que un poco más adelante se levantó otro hombre. En ese instante comenzaba a salir el sol, aquel es un lugar frío; entonces nos dimos cuenta de que eran soldados quienes habían comenzado a moverse, a coger su solecito. Cuando ya vimos que eran varios los que se levantaban, rápidamente nos bajamos. Entonces yo vine y le informé a Fernando (el Che). Enseguida se mandó a recoger las exploraciones, se quitó la emboscada que habíamos puesto en el punto donde estábamos ocultos y al frente de la cual estaba Antonio, y nos retiramos quebrada abajo.
OceanofPDF.com
06:00 HORAS
En 1983 un soldado me da un importante testimonio a condición de no revelar su identidad. Le dije:
—¿Participaste en el Combate del Churo? —Sí.
—¿Qué pelotón, sección o compañía integrabas? —Yo formaba parte de la Sección A de los Ranger's.
—¿Eras comandado por el capitán Gary Prado Salmón? —No, mi jefe era el subteniente Mario Eduardo Huerta, a su vez comandado por el capitán Carlos Pérez.
—¿Desde cuándo formabas parte de la Sección A y qué función desempeñabas ese día?
—Varios soldados de esta sección formábamos parte de los "Teams".
—¿Qué era un Team?
— Un equipo de satinadores que nos especializamos en nuestro entrenamiento en La Esperanza, la forma en la que debíamos procurar objetos dejados por la guerrilla o que cayeran en nuestras manos, y el modo en que debíamos preservar todo lo que perdían o de lo que nosotros nos apoderábamos, en especial los documentos.
—¿Dónde estabas en la madrugada del domingo 8 de octubre de 1967?
—En un campamento que montamos en La Higuera.
—Sé que en la madrugada de este día Pedro Peña comunicó la presencia de los guerrilleros en la quebrada del Churo. ¿A qué hora ocurre esto y cómo se produce?
—Yo soy sucrense, del mismo lugar que mi jefe, nos conocimos en aquella ciudad. Éramos amigos, era una especie de estafeta del subteniente Huerta cuando, de repente, apareció un joven y me pidió hablar de inmediato con el jefe del campamento.
—¿Qué hiciste ante ese pedido? —Desperté al teniente Carlos Pérez, que era el jefe de la Sección A.
—¿A qué hora ocurrió esto y cómo se produjo el encuentro entre los campesinos y el teniente Pérez?
—A las seis de la mañana. Le dije: "Mi teniente, los guerrilleros están aquí cerca". "¿Dónde?", me preguntó. "Allá, por la izquierda de la quebrada del Yuro".
Las declaraciones de este soldado son confirmadas por el testimonio juramentado que da Eduardo Huerta, el 24 de julio de 1968, al juez de Instrucción Militar, en La Paz. Estas declaraciones tuvieron lugar en el juicio que seguía el entonces Ejército Boliviano al ex-ministro de Gobierno Antonio Arguedas, quien entregó el diario del Che a Fidel Castro. He aquí sus declaraciones:
—¿Qué disposiciones tomó su comandante de unidad antes, durante y después del Combate del Yuro? —interroga el juez.
—El día 8 de octubre, a las seis de la mañana, recibimos información sobre la presencia de guerrilleros en la zona de Yuro.
OceanofPDF.com
06:20 A 07:00 HORAS
Según el testimonio que Eduardo Huerta dio al mencionado juez de Instrucción Militar, la forma en la que comunica a Gary Prado la información y los acontecimientos posteriores sucede de la siguiente manera:
—El capitán Torrelio me ordenó que vaya primero al Yuro, a constatar la información, y después que dé parte al capitán Gary Prado, que se encontraba en el Picacho, al mando de su Compañía B, a lo que di cumplimiento inmediato.
Gary Prado Salmón despierta a su gente, acampada en la cumbre del Abra del Picacho, el punto más alto de la falda oriental de la cordillera de los Andes, con 1 600 metros de altura sobre el nivel del mar.
El actual General de División, Prado Salmón, me da el siguiente testimonio a este respecto:
—¿Dónde se encontraba usted en la madrugada del 8 de octubre de 1967?
—Tenía mi base de operaciones de la Compañía B en el Abra del Picacho, a unos tres kilómetros de La Higuera. Usaba como mi puesto de comando aquella casita de la cumbre que usted conoce.
—¿A qué hora recibe el aviso de la presencia de los guerrilleros?
—A las siete de la mañana me llamó por radio el subteniente Carlos Pérez.
Entretanto, por su parte, el Che decide abandonar aquella quebrada central y tomar otra que les queda a la izquierda. Manda a Pacho y a Benigno a hacer un nuevo reconocimiento, y a su regreso le dicen que aquella quebrada termina en farallones y que, prácticamente, no hay salida:
—Comandante, acabamos de ver a cinco soldados en la colina, a poca distancia de aquí. Prosigamos con el testimonio que me da Prado Salmón y veamos qué hace él ese día a esa hora:
—¿Cuántos hombres tenía bajo su mando y cómo dispone su tropa?
—Tenía bajo mi mando una compañía de 165 hombres, contaba con tres subtenientes (Venegas, Totty y Espinoza) que comandaban respectivamente los pelotones primero, segundo y cuarto. El tercero estaba bajo el mando del sargento Bernardino Huanca.
—¿Cómo estaban compuestos sus pelotones?
—Cada pelotón tenía cuatro escuadras de nueve hombres, más un radiooperador, dos estafetas y un sanitario; con un total de 40 hombres.
OceanofPDF.com
07:15 HORAS
En el Abra del Picacho hay una media docena de casas de barro con techo de paja.
Sigamos con sus declaraciones que me da el entonces capitán Prado Salmón:
—Alrededor de las siete de la mañana del domingo 8 de octubre, usted ya sabía que los guerrilleros estaban cerca. ¿Cuál es la primera medida que toma al tener esta información en sus manos?
—Formo a mi tropa, compuesta de 70 hombres, y bajo de inmediato hacia La Higuera y la quebrada de Jagüey.
—Si usted tenía a su mando cuatro pelotones, sumando un total de 160
soldados, ¿dónde estaban los otros noventa hombres?
—De los dos pelotones, uno de ellos ya no estaba conmigo desde el día anterior, y el otro salió antes de las siete de la mañana en misión de patrullaje.
—Al bajar con 70 soldados, ¿estos van junto a usted, o los divide?
—Los divido en dos grupos: al tercer pelotón del sargento Huanca lo envío a cubrir el sur, y yo me dirijo a la confluencia de las quebradas del Jagüey y Churo con ocho hombres, cuatro componentes de la dotación del mortero, dos de la ametralladora, mi operador de radio y mi estafeta.
—¿Cuánto tiempo demora en bajar?
—De 15 a 20 minutos.
—Conozco la zona, he estado más de una media docena de veces allá.
Su bajada no ha debido producirse a paso normal.
—No, fue prácticamente al trote, no había tiempo que perder.
—¿Qué papel le da al subteniente Pérez?
—Le ordeno que se dirija al norte del desfiladero, ubicándolo entre las quebradas del Churo y del Jagüey.
—¿Dónde establece su puesto de comando?
— En la confluencia de las quebradas Jagüey y Churo.
—Yo he estado personalmente, no solo en la quebrada del Churo, sino en la del Jagüey y San Antonio. De acuerdo a lo que me indica, usted había instalado su puesto de comando cerca de una pequeña planicie semidesprotegida. ¿Es correcta mi apreciación?
—¡Sí!, me ubiqué al sur de esa planicie porque, si deseasen romper el cerco y dirigirse hacia el río Grande, deberían pasar necesariamente por donde yo me ubiqué.
—En su puesto de comando, ¿con qué tipo de armamento cuenta?
—Un Mortero 60, preparado para lanzar granadas a 100 yardas, y una ametralladora.
OceanofPDF.com
08:00 HORAS
En este momento los guerrilleros han bajado unos 200 metros, no llegan al fondo de la quebrada, están a unos 100 metros de la misma. El Che los agrupa cerca de él y resuelve mantener su posición.
Veamos cómo Pombo esclarece esta cuestión en una publicación de la revista Bohemia aparecida en 1969:
En esa circunstancia el Che tenía dos alternativas: una de ellas era retirarnos hacia una posición más adecuada; la otra era quedarnos, porque en ese momento estábamos solo a 200 metros del firme, y si el ejército no nos había detectado, podríamos haber ganado el firme en las primeras horas de la noche y romper el cerco.
El Che optó por esta última variante, porque si no habríamos tenido que hacer el mismo recorrido de la noche anterior y repetir las incidencias de una noche tortuosa para volver a la misma posición que ahora ocupábamos.
Benigno hace la siguiente acotación:
—Eso es lo que me explicó Che cuando me mandó a explorar, y yo vengo y le informo que la quebrada no tiene salida. Entonces él dice que es conveniente tratar de quedarse ahí hasta ver si pasamos inadvertidos y así ganamos el firme, que estamos a unos 200 metros de él.
Pombo se expresa así en la entrevista que me ha concedido:
—Nosotros sabíamos que habíamos visto al Ejército, sabíamos que ellos estaban allí; ahora, si ellos nos vieron a nosotros o no, eso no podíamos saberlo. Por eso es que el Che tomó la decisión de quedarse, por eso es que él decidió no retirarse —hace una pausa y prosigue—. El Che lo organizó todo, no dejó nada al azar: él organizó la defensa, hizo exploraciones, previó todas las cosas, hacia dónde teníamos que ir y, si ocurría un desbande, dónde teníamos que reagruparnos por primera vez, y si no podíamos reagruparnos ahí, dónde teníamos que reagruparnos estratégicamente, es decir hacia qué zona teníamos que ir. O sea, que él previó toda una serie de situaciones.
OceanofPDF.com
08:20 HORAS
Pombo, en la primera entrevista que me proporcionó, el año 2001, le pregunté:
—¿Cómo distribuye y organiza su defensa el Che?
—La defensa se había organizado así: retaguardia, Antonio, Chapaco, Arturo y Willy. A la entrada de la quebrada, Benigno y, posteriormente, Inti y Darío, en el flanco izquierdo, en el punto más alto, con la misión de garantizar la entrada y para, en caso de hacerse necesaria la retirada, retirarnos por ahí. En el flanco derecho, Pacho, con la misión prácticamente de un puesto de observación. Y en el extremo superior de la quebrada, Urbano y yo.
En la tercera entrevista soy más incisivo respecto de la posición que él tenía antes del combate:
—¿Cuál era su posición exacta antes del comienzo del combate? ¿Estaba junto a Urbano?
—Estábamos Urbano y yo, es difícil decirle exactamente dónde estábamos. Estábamos bien parapetados y escondidos para que el enemigo no nos detectara.
—¿Estaba usted al norte?
—Estaba donde la quebrada se rompía, si estaba a la derecha, a la izquierda o en el frente, es difícil decirle.
—¿Pero usted cree que estaba hacia la subida de la quebrada, o hacia la bajada?
—Estábamos en la parte superior de la quebrada, donde terminaba abruptamente la quebrada.
—¿Tenían ustedes alguna ametralladora Browning u otra similar?
—¡No! No teníamos ninguna ametralladora, solamente nuestros fusiles automáticos de repetición.
Le pregunté qué instrucciones más recibieron del Che y me respondió:
—En caso de que el Ejército tratase de entrar por la quebrada, nos retirábamos por el flanco izquierdo. En caso de que atacase por el flanco derecho, nos retirábamos quebrada abajo. Por allí nos retiraríamos también en caso de que el ataque se realizase por el extremo superior.
El Che considera tres posibilidades en lo se refiere al inicio del combate.
Veamos lo que me dice Pombo:
—Hay tres posibilidades: si nos atacan entre las diez de la mañana y la una de la tarde, estamos en profunda desventaja. Si nos atacan entre las 13:00 y las 15:00 horas, tendremos más posibilidades de neutralizarlos —y finalmente concluye—. Si el combate se produce después de las tres de la tarde, las mayores posibilidades son nuestras, ya que la noche caerá luego y, como la oscuridad es nuestra aliada, romperemos el cerco.
A esta hora, el Che ya se había preocupado de todos los detalles. Uno de ellos, naturalmente importante, los puntos de reencuentro después del combate. He aquí el relato de Pombo:
—¿Qué lugares fueron fijados por el Che como puntos de reunión?
—El primer punto era una altura que nos quedaba al flanco izquierdo, como un montecito, era alto, tenía un bosque arriba: ese fue el primer punto. El otro se encontraba al margen del río Piraipani, con secuencia de tres días.
Urbano me comenta respecto de un reencuentro después del comba te:
—En las primeras horas del día 8 de octubre de 1967 nos hallábamos en la quebrada del Yuro, en el lugar donde se bifurca esta, y hace como una Y