Cinco cuartos de naranja
Capítulo 14
–Pero ¿qué haremos con su ropa? – Había un tono azulado alrededor de la boca de Cassis pero su voz seguía siendo fuerte-. No podemos arriesgarnos a tirarla al río. Alguien podría encontrarla. Y saber…
–Podríamos quemarla -sugerí.
Cassis hizo un gesto negativo.
–Demasiado humo -se limitó a decir-. Además no puedes quemar la pistola, el cinturón o la chapa de identificación.
Encogí los hombros con indiferencia. En mi mente veía a Tomas meciéndose hacia dentro del agua, como un niño cansado en la cama, una y otra vez. Entonces tuve una idea.
–El agujero de Morlock -dije.
Cassis asintió.
–Muy bien -dijo.
Capítulo 14
El pozo no ha cambiado mucho desde entonces, aunque alguien lo haya revestido de hormigón para evitar que los niños se caigan. Naturalmente, ahora tenemos agua en casa. En el tiempo de mi madre, el pozo era la única agua potable que teníamos para beber, aparte de la que quedaba en el canalón procedente de las lluvias y que sólo empleábamos para regar. Era un artilugio gigantesco y cilíndrico, hecho de ladrillos, que se alzaba un metro y medio del suelo, con una bomba de mano para sacar el agua. En el extremo del cilindro había una tapa de madera asegurada con un candado para evitar los accidentes y la contaminación. A veces, cuando el tiempo era muy seco, el agua del pozo salía amarillenta y salobre, pero durante la mayor parte del año era dulce. Después de leer La máquina del tiempo, a Cassis y mí nos había dado por jugar algún tiempo a los Morlocks y los Eloi alrededor del pozo que, por su austera solidez, me recordaba a los agujeros oscuros en los que las criaturas habían desaparecido.
Esperamos hasta que se hiciera de noche para regresar a casa.
Llevábamos el hato con las ropas de Tomas, y lo ocultamos entre unos frondosos arbustos de espliego que quedaban en un extremo del jardín hasta que oscureciera. También trajimos el paquete con las revistas sin abrir; ni siquiera Cassis estaba interesado en echarle un vistazo después de lo sucedido. Uno de nosotros tendría que inventarse una excusa para salir, dijo Cassis -daba por sentado que era yo quien tenía que hacerlo-, sacar