Cirque du Freak 01
Capítulo Dos
Después del recreo volvíamos a tener al señor Dalton, en clase de historia. Estábamos estudiando la Segunda Guerra Mundial. A mí no me entusiasmaba demasiado, pero a Steve le parecía fascinante. Le encantaba todo lo que tuviera que ver con las matanzas y la guerra. A menudo decía que de mayor quería ser un mercenario, un soldado que combate por dinero.
¡Y hablaba en serio!
Después de historia teníamos matemáticas, y además -increíble-, ¡el señor Dalton por tercera vez! Nuestro profesor de mates habitual estaba enfermo, y los otros tenían que suplirle lo mejor que pudieran a lo largo del día.
Steve estaba en el séptimo cielo. ¡Tres clases seguidas con su profesor favorito! Era la primera vez que el señor Dalton nos daba mates, y Steve empezó a hacerse notar; le dijo por qué punto del libro íbamos y le explicó algunos de los problemas más capciosos como si estuviera hablando con un crío. Al señor Dalton no le importó. Conocía a Steve y sabía perfectamente cómo manejarle.
Por regla general el señor Dalton sabía cómo gobernar el barco -sus clases son divertidas pero siempre salimos habiendo aprendido algo-, pero no era muy bueno en matemáticas. Ponía todo su empeño, pero nosotros notábamos que aquello le sobrepasaba, y mientras él se esforzaba por resolver algún problema -la cabeza enterrada en el libro de matemáticas, Steve a su lado haciéndole “útiles” sugerencias-, los demás empezamos a movernos, a hablar y a pasarnos notas unos a otros.
Le envié una nota a Alan pidiéndole que me dejara ver el misterioso papel que había traído consigo. Al principio se negó a hacerlo circular, pero yo no dejé de mandarle notas hasta que se dio por vencido. Tommy se sentaba sólo dos sitios más allá, así que le llegó a él primero. Lo desdobló y empezó a estudiarlo. Mientras leía se le iluminó la cara y se quedó literalmente con la boca abierta. Cuando me lo pasó a mí -tras haberlo leído tres veces- en seguida supe por qué.
Era un cartel, un folleto publicitario de una especie de circo ambulante.
En la parte superior se veía la imagen de una cabeza de lobo. El lobo tenía la boca abierta y le goteaba saliva de entre los dientes. Al pie del papel