Conan el vagabundo

Robert E Howard · Capítulo 2 de 8

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Conan el vagabundo

o Gris 1 escritas por Fritz Leiber.

en un cuento de 24.000 palabras, pero tampoco consiguió publicarlo.

En ese relato se percibía la influencia de Harold Lamb y de Talbot Mundy. La versión de 31.000 palabras que aparece en este libro, con mi colaboración póstuma, tiene una extensión intermedia entre las dos versiones originales de Howard.

Cárter y yo hemos escrito también varios pastiches basados en algunas pistas que encontramos en las notas y cartas de Howard, a fin de llenar las lagunas existentes en el legendario relato de Conan. El cuento «Lágrimas negras», que aparece en este libro, es uno de ellos.

Todos estos relatos pertenecen al subgénero de literatura fantástica que los especialistas llaman «fantasía heroica» o, a veces, «cuentos de espada y brujería». Estos cuentos se desarrollan en un antiguo universo imaginario -tal como se supone que fue hace mucho tiempo, o quizá tal como ha de ser en un futuro remoto, o tal vez en otro planeta o en otra dimensión- donde la magia funciona y aún no ha sido inventada la tecnología moderna. Exponentes de este género son -además de los cuentos de Conan- La serpiente Ouroboros de E. R. Eddison, la trilogía de El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, The Well of the Unicorn (El

pozo del unicornio) de Fletcher Pratt y las historias de Fafhrd y el Ratonero Gris 1 escritas por Fritz Leiber.

De los diversos personajes legendarios que se pasean por las páginas de Howard, Conan el cimmerio es el héroe de los héroes.

Conan vivió, amó y llevó a cabo sus increíbles hazañas en la imaginaria Edad Hiboria de Howard hace unos doce mil años, después del hundimiento de Atlantis y en los albores de la historia escrita conocida por todos. Conan es un gigantesco aventurero bárbaro originario de las tierras desoladas y atrasadas de Cimmeria, que luchó y se abrió camino a través de medio mundo, vadeando ríos de sangre y venciendo enemigos humanos y sobrenaturales, para convertirse finalmente en rey del poderoso reino hiborio de Aquilonia.

Conan, un hombre grande, rudo y anárquico, llegó de joven al reino de Zamora, donde llevó una vida precaria como ladrón, profesión que practicó también en los países vecinos. Cansado de su existencia miserable, se alistó como mercenario en los ejércitos de Turan. Durante los dos años siguientes viajó mucho y se convirtió en un experto arquero y jinete.