Cuando La Ciencia Nos Alcance

Shanen Hacyan · Capítulo 1 de 4 · parte 3/3

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Cuando La Ciencia Nos Alcance

Datos del libro

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

Para dar una idea del valor correcto de la masa crítica, la bomba que se arrojó sobre Hiroshima contenía 50 kilogramos de uranio 235. En el caso del plutonio, bastan unos 11 kilogramos para construir una bomba atómica si se cuenta con la tecnología adecuada.

Einstein y la bomba

Es conocida la historia de que Albert Einstein mandó un par de cartas al presidente Roosevelt en 1939 y 1940 urgiéndole que apoyara la creación de un programa nuclear para adelantarse a los nazis. La influencia de estas cartas se ha exagerado ampliamente; como mencionamos, Roosevelt tomó en serio la bomba atómica sólo a fines de 1942, cuando los ingleses lo convencieron de que no se trataba de una ilusión.

Al respecto valdría la pena aclarar el papel que tuvo Einstein en la fabricación de la bomba atómica, ya que en la mitología popular se considera a este gran científico como el responsable de la terrible arma.

Aparte de las cartas a Roosevelt, la responsabilidad de Einstein no va más allá de haber descubierto la equivalencia entre masa y energía, lo cual explica la liberación de energía en la fisión nuclear, pero no da ninguna indicación de cómo lograrla. En ese sentido, Galileo y Newton, fundadores de la física, serían tan responsables como Einstein.

Y finalmente, no olvidemos que fue el gobierno de Harry Truman el cual decidió bombardear Japón, sin pedirle su opinión ni a Einstein ni a ningún otro científico.

Operación Épsilon

Hasta aquí hemos descrito la situación en el campo aliado. ¿Qué pasaba mientras en el campo enemigo? En Alemania, el jefe del proyecto nuclear era Werner Heisenberg, uno de los físicos más importantes de este siglo,

cofundador de la mecánica cuántica, cuyo nombre es conocido aun fuera del ámbito de la física por estar relacionado al "principio de incertidumbre"

de profundas implicaciones físicas y filosóficas.

¿Realmente pudieron los nazis construir una bomba atómica? Durante la guerra, con todas las comunicaciones cortadas, la respuesta a esta pregunta no era obvia. Después del desembarco en Normandía, los aliados aprovecharon el avance en territorio nazi para apropiarse de documentos, equipos y personal técnico relacionados con ese proyecto. Para fines de noviembre de 1944 era bastante evidente que los alemanes habían optado únicamente por la construcción de un reactor nuclear para generar energía controlable.

Para estar seguros de qué tanto sabían los físicos alemanes, los aliados montaron la llamada Operación Épsilon, que consistió en secuestrar a diez notables científicos alemanes relacionados con el programa nuclear y llevarlos a Inglaterra. Entre los diez se encontraban Werner Heisenberg y Otto Hahn. Todos ellos fueron alojados, incomunicados del resto del mundo, en una mansión en el pueblo de Farm Hall, cerca de Cambridge, de julio a diciembre de 1945. Obviamente en toda la mansión se habían escondido micrófonos para grabar las conversaciones de los científicos.

Al parecer, las grabaciones originales se han perdido, pero el Servicio Secreto británico conservó las transcripciones mecanografiadas. En 1992 ya no se les consideró secretas y fueron publicadas en forma de libro apenas el año pasado.

Uno puede preguntarse qué tan auténticas puedan ser las conversaciones que tuvieron los alemanes, pues es difícil suponer que no sospecharan que los estarían escuchando. Seguramente se cuidaron de no decir nada comprometedor, pero aun así las conversaciones tienen gran interés y en momentos parecen genuinos desahogos.

La bomba

A los pocos días de la llegada a Farm Hall, la tarde del 6 de agosto, la BBC anunció que una bomba atómica había sido arrojada sobre Hiroshima.

En el informe de los ingleses se lee que Otto Hahn "quedó totalmente deshecho por la noticia [ ... ] dijo sentirse personalmente responsable por la muerte de cientos de miles de personas [ ... ] y consideró la posibilidad de suicidarse". Continúa el informe narrando cómo Hahn fue calmado con

"grandes dosis de estimulante alcohólico" (¡sic!), después de lo cual bajó a cenar con sus colegas y les comunicó la noticia. La primera reacción de los científicos alemanes fue de total incredulidad.

Sin embargo, al pasar los días y a medida que llegaban nuevas noticias, se hacía cada vez más evidente que se trataba efectivamente de una bomba atómica. Entonces Heisenberg decidió revisar sus cálculos e improvisó una conferencia para sus colegas el 14 de agosto. Ese día, prácticamente calculando de memoria y basándose en algunos vagos indicios publicados en la prensa, Heisenberg reconstruye correctamente el proceso de fabricación de la bomba atómica y reduce sus cálculos de la masa crítica a un valor situado entre 20 y 200 kilogramos. No deja de llamar la atención que el mismo cálculo lo hubiera podido hacer cinco años antes. El historiador Thomas Powers argumenta en su libro La guerra de Heisenberg, que el gran físico alemán sabía desde antes de iniciarse la guerra cómo construir una bomba atómica, pero fingió ignorancia por razones morales.

Es una lástima que ese libro fuera escrito justo antes de que se hicieran públicas las transcripciones de Farm Hall, pues la conclusión del autor seguramente sería más matizada. La impresión general que dejan las transcripciones de las conversaciones es que los científicos detenidos se debatían entre sentimientos ambivalentes: estaban conscientes de los crímenes de los nazis, pero no deseaban ver su patria humillada por sus vencedores.

Los no ingenuos yerran

¿Por qué se equivocó Heisenberg al calcular por primera vez la masa crítica de una bomba atómica? ¿Fue un error voluntario? En casos como éste son tantos los mecanismos inconscientes que intervienen que esta clase de preguntas carece de sentido. Si Heisenberg creyó que era imposible construir una bomba atómica, seguramente se sintió aliviado del tremendo

dilema que sería para él comunicar o no su descubrimiento al gobierno de su país. Sea lo que fuere, nunca antes había dependido tan drásticamente la humanidad de lo que pasó en la mente de un solo hombre.

Heisenberg y sus colegas optaron por una solución de compromiso: fabricar un reactor nuclear para el aprovechamiento pacífico de esta colosal fuente de energía. De esta manera salvaban su orgullo de científicos y beneficiaban a su patria y a la humanidad en general. Viendo las cosas a posteriori, y considerando la difícil situación en la que se encontraban, tal parece que tomaron la decisión correcta.

Carl von Weizsacker, uno de los prisioneros de Farm Hall, dijo durante su detención que la historia tomará nota de que ellos, en Alemania bajo el régimen de Hitler, trabajaron en el desarrollo pacífico de la energía nuclear, mientras que los estadunidenses y los ingleses desarrollaron una horrible arma de guerra. Creo que es de elemental justicia reconocer al menos este hecho.

Epílogo

Los científicos alemanes fueron liberados en diciembre de 1945 y se les permitió regresar a su patria. Irónicamente, durante su detención Otto Hahn se enteró de que le habían otorgado el Premio Nobel de Química (correspondiente a 1944) por su descubrimiento de la fisión nuclear. A su regreso, y hasta su muerte en 1968, desempeñó un papel decisivo en la restauración de la ciencia alemana. Werner Heisenberg, después de su liberación, regresó a su patria y trabajó en la Universidad de Munich, donde se mantuvo activo hasta su retiro en 1970. Murió en 1976, llevándose el secreto de lo que fueron sus pensamientos ocultos durante la guerra.

CIEN AÑOS DE RAYOS X

Reforma, 23 de noviembre de 1995

En noviembre de 1895, Wilhelm Roentgen, a la sazón rector de la universidad alemana de Wörzburg, descubrió los rayos X —y demostró de paso que las labores administrativas no son necesariamente incompatibles

con el trabajo científico. Por esa época estaba de moda entre los físicos experimentar con los fenómenos eléctricos en tubos de alto vacío; se sabía que ciertos metales emiten rayos catódicos cuando se calientan y se les aplica, un voltaje eléctrico (en 1897, J. J. Thomson demostró que esos rayos eran en realidad partículas, los llamados electrones, que se evaporan de la superficie del metal).

Wilhelm Roentgen.

El hecho es que el rector Roentgen descubrió que, al bombardear ciertos materiales con rayos catódicos, se producía una misteriosa radiación, la cual se podía detectar sobre una pantalla fluorescente. Cierto día memorable de noviembre de 1895, Roentgen se atrevió a poner su mano entre el tubo y la pantalla y apareció la imagen de sus huesos. Tres días antes de la Navidad, decidido a dejar un testimonio gráfico, imprimió la primera radiografía de la historia: la mano de su esposa, completa con todas las falanges y el anillo de boda.

El descubrimiento fue anunciado oficialmente el 28 de diciembre de ese mismo año. Pocos días después, la noticia llegó al otro lado del Atlántico.

En Nueva York, Nikola Tesla —el inventor del generador eléctrico de corriente alterna y de la radio (antes que Marconi)— también había estado experimentando con rayos catódicos, por lo menos desde 1891. Al parecer, ya había logrado algunas radiografías, pero sin darse cuenta, todavía de lo que tenía entre manos; incluso, en cierta ocasión, tomó una fotografía en rayos X de su amigo Mark Twain, pero "sólo" captó la imagen de un tornillo de la cámara. En marzo de 1895, el laboratorio de Tesla fue destruido totalmente por un incendio, y el genial inventor y el ilustre escritor perdieron la oportunidad de pasar a la historia como descubridor y padrino, respectivamente, de los rayos X.

Al recibir la noticia del descubrimiento, Tomás Edison, Tesla y muchos otros científicos estadounidenses empezaron a construir masivamente tubos de Roentgen. Los médicos se dieron cuenta de la enorme potencialidad del descubrimiento para explorar el cuerpo humano, y Edison, como buen

empresario, se dedicó a fabricar aparatos para sacar radiografías. Y no faltaron los moralistas que se preocuparon porque esos rayos permitirían ver a las damas a través de sus ropas. Al principio se trató de encontrar a estos rayos toda clase de usos mágicos, sin tener conciencia de los peligros.

Tesla llegó a irradiarse la cabeza con rayos X para, "estimularse", por fortuna sin consecuencias aparentes (aunque su equilibrio mental siempre fue puesto en tela de juicio). En cuanto a Edison se daño los ojos, y un ayudante suyo contrajo cáncer de piel. Finalmente, el mismo Tesla se dio cuenta de los peligros de la radiación y en 1897 propuso varias medidas de seguridad.

Tuvieron que pasar unos 15 años para que los físicos elucidaran definitivamente la naturaleza de los rayos X. Ahora sabemos que son una forma de luz (más precisamente radiación electromagnética) muy energética. Cuando los electrones arrojados con gran velocidad de un metal penetran la materia, se ven frenados por los núcleos atómicos que encuentran a su paso y emiten energía en forma de rayos X. De hecho, hay muchas clases de radiaciones electromagnéticas, desde las ondas de radio hasta los rayos gamma, de las cuales la luz visible, a la que nuestros ojos son sensibles, es sólo una pequeña muestra.

En la actualidad estamos acostumbrados a las radiografías, pero podemos imaginar lo que debió significar el descubrimiento de los rayos X en su momento. Nada menos que una nueva forma de radiación que permitía ver a través de los cuerpos materiales. Ni a Julio Verne se le habría ocurrido algo semejante.

LA INVENCIÓN DE LA RADIO

Reforma, 8 de febrero de 1996

En la década de los años noventa del siglo pasado se dieron importantes avances científicos y tecnológicos que anunciaban el siguiente siglo. En la feria mundial de Chicago de 1893 la estrella máxima fue la electricidad; luego vinieron el cinematógrafo, los rayos X, la radiactividad, etcétera. Un lugar especial entre los grandes inventos lo ocupa la radio, pero su historia está distorsionada por graves inexactitudes.

Ya en 1888 Heinrich Hertz había demostrado la posibilidad de generar artificialmente ondas electromagnéticas. La aplicación de las ondas hertzianas a la transmisión de señales, sin necesidad de cables, se mostró por primera vez en la primavera de 1893, en Saint Louis, EUA, ante una audiencia de la National Electric Light Association . El equipo utilizado consistía esencialmente en un condensador y un tubo de vacío, separados entre sí unos diez metros de distancia, sin ninguna conexión. Al pasar una corriente eléctrica por el condensador, el tubo de vacío se iluminaba instantáneamente. El hombre que había construido ese dispositivo y lo presentaba al público era Nikola Tesla, ingeniero eléctrico, originario de Yugoslavia y radicado en los Estados Unidos.

La telegrafía sin hilos nació así gracias al diseño original de Tesla.

Utilizando la misma tecnología, Oliver Lodge logró, al año siguiente, transmitir señales telegráficas sin cables a una distancia de 150 metros. En 1895, Guglielmo Marconi repitió el experimento en Londres con un aparato muy similar al de Lodge. De hecho, todo el equipo con el que Marconi había experimentado era una copia exacta del de Tesla, que para entonces era del dominio público. Tesla fue un científico muy peculiar. Inventor del generador de corriente multifásica, ampliamente utilizado en la actualidad, promovió el uso de la corriente eléctrica alterna, al contrario de su rival Edison, que había apostado todo su capital a la corriente directa. Alejado por completo de los medios académicos, Tesla muy bien pudo servir de modelo para el prototipo del genio loco de las películas de Hollywood. Las fotos de la época lo muestran en su vasto laboratorio, sentado inmutable en medio de terroríficos rayos y chispas generados por sus aparatos.

Nikola Tesla en su laboratorio de Colorado.

Tesla también inventó el control remoto de vehículos por medio de ondas de radio. En 1898, ante un público incrédulo, dio la primera demostración de un barco sumergible dirigido a distancia. Tenía la esperanza de que la marina, de su patria de adopción se interesara en las importantes aplicaciones militares de su invento, pero el mundo aún no estaba preparado para asimilar tal avance tecnológico. A principios de 1901, Tesla se

embarcó en un ambiciosísimo proyecto para construir una gigantesca estación radiotransmisora. Por desgracia, sin el apoyo financiero necesario, el proyecto habría de terminar años más tarde en un estrepitoso fracaso.

Mientras tanto, en diciembre de 1901, la prensa anunció que Marconi había logrado transmitir una señal de radio a través del Atlántico; no se mencionaba, sin embargo, que Marconi había utilizado un aparato diseñado y patentado por Tesla cuatro años antes.

Tesla demandó a Marconi por el plagio de la telegrafía, sin hilos, pero sin éxito, debido a, los apoyos que el italiano había conseguido en los medios financieros. La puntilla, se la daría el comité del Premio Nobel de Física en 1909, al otorgar el preciado premio a Marconi y Carl Braun por "el desarrollo separado pero paralelo de la telegrafía sin hilos".

El hombre que tanto contribuyó al desarrollo tecnológico del siglo XX

murió en enero de 1943 en la ciudad de Nueva York. En junio de ese mismo año, la Suprema Corte de EUA por fin dictaminó, contradiciendo al jurado del Premio Nobel, que la patente de Tesla del 2 de septiembre de 1897

anticipaba indiscutiblemente toda la tecnología utilizada por Marconi para la telegrafía sin hilos.

IV. LA PSEUDOCIENCIA

¿PRODUCEN CÁNCER LOS CABLES DE ALTA TENSIÓN?

La Jornada, 20 de junio de 1994

No hace mucho, los vecinos de una zona residencial de la ciudad de México protestaron por la instalación de unos cables de alta tensión en su colonia. Desconozco los detalles de la historia y su desenlace, pero supongo que el temor a los cables se debió a los rumores, originados hace algunos años en EUA, de que la radiación emitida por corrientes eléctricas o aparatos electrodomésticos sería un factor de riesgo para contraer cáncer.

Puesto que existe un gran número de cables de alta tensión que cruzan las ciudades mexicanas, creo que vale la pena hacer algunas aclaraciones al respecto. (Y que conste que no soy accionista de la compañía de luz.)

Hace unos 15 años un equipo de epidemiólogos de Colorado, EUA, afirmó haber detectado un número excesivo de casos de leucemia infantil entre niños que vivían cerca de cables de alta tensión. Más recientemente, otro grupo en Suecia publicó los resultados de un estudio más detallado según el cual habían encontrado 39 casos de leucemia infantil entre 400 000

casos de personas que vivían en las mismas circunstancias.

Estadísticamente, tales datos no son significativos si no se toman en cuenta todos los posibles factores de riesgo. Sin embargo, algún periodista aprovechó la ocasión para montar una campaña que tuvo cierta resonancia en una sociedad tan hipocondríaca como la gringa. Incluso apareció un libro con el título sugerente de Las corrientes de la muerte.

¿Puede haber algo de cierto en todo esto? Antes que nada, recordemos que vivimos literalmente sumergidos en campos eléctricos y magnéticos. El campo magnético de la Tierra ha existido sin grandes cambios de magnitud desde que apareció la vida, y la superficie terrestre posee un intenso campo eléctrico, cuya manifestación más conocida son los relámpagos.

Por otra parte, toda radiación, como la luz visible, es una onda de campos eléctricos y magnéticos. Así como el movimiento de la mano en el agua, produce olas, el movimiento de cargas eléctricas —electrones— en los átomos o en los cables de corriente produce ondas electromagnéticas. El número de oscilaciones por segundo de una onda se llama frecuencia, y la energía de una onda, electromagnética es directamente proporcional a esa frecuencia. La luz visible, por ejemplo, tiene una frecuencia de unos 1 000

billones de oscilaciones por segundo, pero no tiene suficiente energía para atravesar un cuerpo sólido (razón por la cual no podemos ver el interior de nuestros cuerpos). Existen otras radiaciones electromagnéticas más energéticas: los rayos ultravioletas, X y gamma, que son peligrosas porque pueden penetrar el cuerpo y dañar las células. En el otro extremo de la escala de energías tenemos las ondas infrarrojas, las microondas y las ondas de radio, que son muchísimo menos energéticas que la luz visible.

En el caso de los cables de alta, tensión la corriente eléctrica que fluye por ellas oscila 60 veces por segundo y produce una radiación electromagnética de esa misma, frecuencia. Pero tal frecuencia es entre 1 000 y 1 000 000 de

veces menor que la de una onda de radio o televisión, y por lo tanto muchísimo menos energética. Además, el campo magnético que producen los cables es unas doscientas veces menos intenso que el campo magnético terrestre. (Es cierto que se producen interferencias en una radio cerca, de una torre de alta tensión, pero esto se debe a que la estructura metálica, absorbe parte de las ondas de radio.)

De todos modos, para no quedarse con las dudas, la Casa Blanca mandó hacer un estudio muy detallado para determinar de una vez por todas si la radiación de bajísima frecuencia representa un peligro real. Los investigadores contratados tomaron en cuenta tanto los datos estadísticos como los fenómenos físicos relacionados. Las conclusiones del estudio, publicado en 1992, se resumen así: "no hay evidencia convincente de que la exposición a campos eléctricos y magnéticos de frecuencia extremadamente baja generados por tomas de corriente caseras, terminales de video y cables eléctricos impliquen riesgos comprobables para la salud".

La revista de la Sociedad Americana de Física acaba de publicar un extenso artículo de uno de los participantes del estudio mencionado, en el que se detallan todas las bases de sus conclusiones. Curiosamente, resulta que la mayor cantidad de radiación de bajísima frecuencia no se debe a los cables de alta tensión, sino a los trenes eléctricos. Los epidemiólogos deberían haber empezado sus estudios con los usuarios de trenes eléctricos y del metro.

Tal parece que todo el asunto fue una falsa alarma. La tecnología moderna ha creado graves problemas de contaminación y destrucción del ambiente, pero tenemos más que suficiente con los problemas reales para crear otros imaginarios.

ASTROLOGÍA

Reforma, 11 de mayo de 1995

Han sido innumerables los intentos de los científicos por convencer a los crédulos de que la astrología no tiene ninguna base científica, y que nunca ha atinado en predecir algo más que vaguedades. Sobran los estudios

estadísticos que demuestran la falta total de correlación entre predicciones astrológicas y hechos reales (lo cual debería ser evidente, pues ningún astrólogo ha previsto jamás un acontecimiento histórico notorio: la caída de la URSS , los genocidios en África, el desplome de la economía-ficción mexicana, por citar sólo algunos ejemplos recientes). ¿Por qué tanta gente cree en la astrología a pesar de todos los argumentos "racionales" en su contra? La respuesta debe buscarse en ese vasto territorio aún mal explorado que es la, psicología de masas.

Kepler, astrónomo y astrólogo.

Los orígenes de la astrología son fáciles de establecer. A los hombres primitivos no les pasó inadvertido el hecho de que fenómenos terrestres tan importantes como las estaciones están sincronizados con el movimiento de la bóveda terrestre. De ahí a extrapolar a otros fenómenos naturales, y especialmente a los destinos humanos, sólo hay un paso. Pero lo sorprendente es que esta visión unificadora del mundo se arraigó en la mente a tal grado que aun en la actualidad puede competir con la ciencia moderna.

Como todas las creencias místicas, la astrología presupone, además de cierto orden universal oculto, un poder y un saber que pertenecen a algunos seres excepcionalmente dotados. Freud situaba el origen de las ideas religiosas en la infancia de los individuos: el niño vive en total indefensión en un mundo incomprensible en el que sus padres son su única protección.

Luego, en su vida adulta, el individuo traslada la imagen del padre primordial al ámbito religioso: Dios lo protege, premia sus actos buenos y castiga los malos, lo ayuda si le ruega, etcétera No quiero adentrarme más en el terreno espinoso de la religión, por lo que me concretaré a seguir el razonamiento del maestro Sigmund en una dirección menos trascendente. Los padres, y en general los adultos que rodean al niño, no sólo lo protegen sino que saben muchas cosas y pueden predecir el futuro: "si tocas esto te quemarás, si subes al árbol te caerás", etc. Así, el adulto buscará la imagen de alguien que, al igual que sus padres, lo guíe con su sabiduría. Esa necesidad lo hará investir a ciertos individuos de un supuesto saber.

El recuerdo inconsciente del padre se encarna en los gobernantes, personajes que desempeñan un papel esencial en el mundo de la imaginación popular, independientemente de todos los yerros que cometan en el mundo real. Las grandes familias reales europeas han producido un alto porcentaje de individuos tarados, no obstante lo cual insisten en contraer matrimonios sólo entre ellas para mantener una imaginaria pureza de sangre. Por otra parte, ningún político ha cumplido cabalmente las promesas por las que fue electo, y sin embargo los pueblos acuden mansamente al ritual periódico de las elecciones democráticas. Tampoco ningún pobre ha dejado de serlo por los programas económicos que sus gobernantes elaboran para él, a pesar de lo cual seguirá creyendo que la solución a sus problemas se encuentra en manos de aquellos que despachan en lujosas e inaccesibles oficinas. Y del mismo modo, los hombres buscarán astrólogos, poseedores de cierto supuesto saber, que en la antigüedad usaban complicados mapas astrales y ahora, modernizados, recurren a computadoras para impresionar a sus clientes.

En el mundo de las imágenes primordiales, los astrólogos ocupan un lugar fundamental desde tiempos inmemoriables. Los hombres adultos añoran las épocas en las que no tenían que responder por sus propias acciones porque otros tomaban decisiones por ellos, los guiaban y velaban por sus intereses.

Las creencias infantiles no se esfuman mágicamente cuando se explica al niño el origen de los fenómenos naturales, como tampoco un neurótico se cura de sus obsesiones o de sus fobias con argumentos lógicos. Del mismo modo, astrólogos, economistas neoliberales, líderes espirituales y políticos, no desaparecerán por el peso de las evidencias en contra de sus razones de ser. Los orígenes de la ciencia moderna apenas se remontan a unos tres siglos y la Razón todavía tiene un largo camino por recorrer.

EL SANTO Y CLINTON CONTRA LOS EXTRATERRESTRES

Reforma, 22 de agosto de 1996

La mejor prueba de que existen inteligencias extraterrestres es que nunca han intentado contactarnos.

Calvin (personaje de la historieta Calvin y Hobbes) Quizás existan seres inteligentes en otros planetas, pero que vengan a visitarnos ya es otra historia... que mucha gente está dispuesta a creer.

Encuestas en los Estados Unidos revelan que alrededor de dos terceras partes del público cree en la realidad de los ovnis, y que el porcentaje es aún mayor entre los jóvenes (desconozco si existen encuestas parecidas en México, pero sería interesante realizar alguna).

Después de la segunda Guerra Mundial, empezaron a surgir informes esporádicos de fenómenos inexplicables en el cielo. En algún momento el gobierno gringo decidió investigar seriamente la situación, no por interés en descubrir visitantes extraterrestres, sino por miedo de que se tratara de artefactos rusos. La investigación fue encargada, a varios equipos de científicos y los resultados, que son del dominio público, coincidieron en que, en todos los casos documentados, había alguna explicación terrenal. El hecho es que el gobierno dio por cerrado el caso, pero el asunto ya había prendido en la imaginación del gran público.

El tema de los extraterrestres es ciertamente de lo más apasionante.

Recientemente la NASA anunció con bombos y platillos el descubrimiento de vida en Marte, basado en evidencias que merecían tomarse con más cautela. Y el tema fue motivo para que el presidente Clinton, casualmente en plena campaña electoral, anunciara el envío, en diciembre de este año, de una sonda al planeta rojo que "amartizará" justamente el 4 de julio del año próximo (de hecho, ya había un par de misiones programadas para esas fechas debido a que Marte se va a encontrar a su mínima distancia de la Tierra en 1997).

A tono con el asunto, salió la película Día de la Independencia, que ya llegó a México y a la que me arrastraron las presiones familiares. La trama de la película es de una incoherencia sublime y el guión es digno de una película de El Santo, de las que todavía alcancé a ver en mis años mozos.

La única diferencia sustancial está en el presupuesto: mientras que El Santo se enfrentaba a platillos voladores de cartón colgados de mecates, en la película gringa los productores no escatimaron recursos para lograr unos efectos especiales realmente impresionantes. Otra diferencia es el sesgo político, pues el lugar de El Santo lo ocupa, nada menos que un presidente gringo, joven y dinámico, que recuerda a Clinton (o su imagen oficial).

Según la historia, los invasores llegan con sus enormes naves y se colocan sobre las principales ciudades del mundo (aunque no incluyen a nuestro D.

F. en sus planes, quizás por no aguantar la capa de smog). Pero lo más impresionante es la capacidad que tienen de violar las leyes más elementales de la física. Así, por ejemplo, para mantener semejantes armatostes en el aire se necesitaría, según la tercera ley de Newton, una fuerza de reacción cuyo efecto en la atmósfera (piénsese en un helicóptero o un cohete en pleno despegue) sería suficiente para destruir la ciudad sin necesidad de rayos mortales. Pero en la película nadie se despeina.

Por supuesto, no falta el científico chiflado con su larga melena gris, como en las películas de El Santo, pero además aparecen héroes

"políticamente correctos" —como dicen nuestros vecinos del norte—, y villanos como ese obtuso funcionario ex director de la CIA —¿alusión a mister Bush?

Al final, uno de los héroes de la película logra introducir un virus en la computadora de los extraterrestres desde su propia computadora portátil —

y sin ningún contacto físico—, de donde se infiere que los invasores del espacio utilizan computadoras como las nuestras —pero con conexiones telepáticas— y con un sistema operativo de los que vende el joven Bill Gates (IBM y Microsoft sí que pueden presumir de un imperio galáctico).

En fin, de El Santo a Clinton "las ciencias avanzan que es una barbaridad", como dice la zarzuela.

EL SEXO EN LOS OVNIS

Reforma, 31 de octubre de 1996

A raíz de la colaboración de hace algunas semanas en la que mencioné a los ovnis, un amigo llamó mi atención sobre una interesante ponencia de dos sociólogos franceses, uno especialista en brujas y otro en ovnis, presentada en un congreso sobre la locura.4 [[Nota 4]]

[Nota 4] C. Imbert y B. Méheust, Vols de nuit, actas del coloquio "Folies ex folies", Ed. GREC

La tesis de estos investigadores es que el delirio colectivo representa un fenómeno muy real, que se manifiesta periódicamente a lo largo de la historia: en el siglo XVII Europa se vio presa de la locura de las brujas, y algo semejante, aunque en forma menos dramática, ocurre en la actualidad con los ovnis.

Mucho se ha escrito sobre esa locura colectiva que se apoderó de Europa, principalmente entre 1570 y 1630, y que le costó la vida a miles de inocentes, torturados horriblemente para hacerles confesar sus crímenes de brujería. Quizás nunca tengamos una apreciación cabal de lo que sucedió, pero algunas características son dignas de consideración. En los procesos por brujería, la gran mayoría de los condenados fueron mujeres, y en todos los casos estaba presente el sexo, en una forma brutal y ominosa. Según las acusaciones, las brujas volaban por los aires —como los ovnis— para reunirse en sus aquelarres, donde bailaban toda la noche al son de la música tocada por Satán y se entregaban a toda clase de desenfrenos, para acabar finalmente poseídas sexualmente por el demonio.

En cuanto a los ovnis, el primer informe se remonta a 1947. Al principio sólo se mencionaba la presencia de objetos misteriosos en el cielo, pero una nueva versión del fenómeno surgió algunos años después: el rapto por extraterrestres. Esta modalidad empezó en 1957, cuando un joven campesino brasileño relató cómo fue secuestrado por unos hombrecillos que lo forzaron a abordar una nave espacial. Una vez dentro del vehículo, el terrícola fue obligado a acoplarse con una criatura de aspecto feminoide.

Habiendo satisfecho a sus raptores, éstos lo liberaron, pero antes de despedirse, la criatura feminoide le enseñó su vientre y después las estrellas, en un gesto de obvio significado. La historia tuvo cierta popularidad, pero probablemente habría caído en el olvido de no ser por una anécdota similar que fue retomada años después en EUA.

En 1961, una pareja gringa, los esposos Hill, viajaba en automóvil en el estado de Maine, EUA , cuando unos seres extraterrestres los detuvieron y los obligaron a abordar su nave espacial. Esta vez, el sexo apareció sólo implícitamente en la historia: los visitantes del espacio sometieron a la pareja a toda clase de manipulaciones mentales y quirúrgicas, entre las cuales se cuentan la extracción de óvulos y esperma, con el aparente propósito de regenerar su propia raza moribunda.

Por alguna razón, la historia de los Hill encontró un terreno muy fértil en el público estadunidense, a tal grado que los incidentes de raptos por extraterrestres alcanzaron proporciones impresionantes: a la fecha existen informes de casi 10 000 casos, todos muy semejantes al original de los Hill, y ya empiezan a florecer en otros países, sobre todo en los de Europa del este, ávidos de mitologías nuevas. Sólo en una docena de casos se habla de un contacto directo con los extraterrestres al viejo estilo terrícola; pero invariablemente en todos los informes existe alguna manipulación de carácter sexual. Como señalan los investigadores franceses, el sexo "está omnipresente, pero bajo una forma clínica, glacial, aséptica".

Es fácil especular que el relato moderno, con un sexo transformado en objeto de laboratorio, tuvo tanto eco en EUA por la peculiar presencia en su sociedad de una mezcla de puritanismo y progreso tecnológico. La época en que aparecieron los relatos de raptos extraterrestres coincide con el auge del conductismo y las teorías sexuales desarrolladas en laboratorios y clínicas, donde el Deseo se reduce a la manipulación experta de algunas palancas y botones del cuerpo-objeto (sólo hubo algunas reacciones sensatas, como la genial película de Woody Allen: Todo lo que usted quería saber sobre el sexo...). En cambio, el relato original del rapto en Brasil era poco elaborado, aunque más acorde con el espíritu latino.

En el siglo XVI la cacería de brujas tuvo el respaldo de las instituciones religiosas de la época, cuyo lugar ha sido tomado en la actualidad por los medios masivos de comunicación, que son los que fomentan el mito de los ovnis. Pero, al menos, algo hemos progresado desde la Edad Media: ya no se queman (en el sentido literal, por supuesto) a los que creen (o no creen) en los ovnis.

V. MISTERIOS CUÁNTICOS

EL MUNDO AL REVÉS

Reforma, 15 de junio de 1995

Cuando Alicia atravesó el espejo debió encontrar un mundo regido por las mismas leyes de la física. Las fórmulas matemáticas que describen el comportamiento de la naturaleza no cambian de forma si se invierte el espacio. Vistos en un espejo los planetas siguen órbitas elípticas, las piedras caen, los imanes se atraen, tal como en nuestro mundo, y ningún experimento de física le permitiría a Alicia decidir de cuál lado del espejo se encuentra.

Por lo menos ésa es la situación según la física de Newton. Pero a mediados de los años cincuenta se descubrió que ciertas reacciones nucleares permiten distinguir entre el mundo real y su reflejo especular.

Existe una curiosa partícula, el neutrino, que siempre se mueve a la velocidad de la luz y, en términos algo metafóricos, gira en cierto sentido con respecto a la dirección de su movimiento, pero nunca gira en el sentido contrario. Visto en un espejo, un neutrino tendría la apariencia de una partícula inexistente en el mundo real, ya que parecería girar en el sentido equivocado. Salvo por los procesos atómicos que incluyen neutrinos —y también por los vampiros que, según la leyenda, no se reflejan en los espejos— el mundo posee una, simetría de reflexión espacial.

Otra simetría fundamental de la naturaleza tiene que ver con el tiempo. Si filmamos el movimiento de un conjunto de partículas (por ejemplo, un sistema planetario) y proyectamos la película al revés, veremos otro movimiento que puede ser tan real como el original; en efecto, las leyes de la física newtoniana tampoco cambian al invertirse la dirección del tiempo.

Esto último parece contradecir flagrantemente la experiencia diaria, ya que en el mundo real existe una clara diferencia entre el pasado y el futuro: cuando una taza cae al suelo y se rompe, sus pedazos nunca vuelven a juntarse espontáneamente para brincar a su posición original en la mesa.

Pero visto el proceso a través de un potente microscopio, las moléculas de la taza se mueven al azar y no se puede distinguir una dirección particular

del tiempo. La dirección del tiempo en física es una propiedad estadística propia de un sistema de trillones de partículas, pero carece de sentido para una partícula atómica aislada.

La tercera simetría fundamental tiene que ver con la antimateria. En 1930, el gran físico inglés Paul Dirac predijo teóricamente la existencia de una partícula elemental idéntica en masa al electrón pero con carga eléctrica contraria: el antielectrón o positrón, descubierto experimentalmente al poco tiempo, Ahora sabemos que a cada partícula del mundo subatómico (electrón, protón, neutrón, etc.) corresponde una antipartícula (positrón, antiprotón, antineutrón, etc.), y que al entrar en contacto una partícula con su correspondiente antipartícula ambas se aniquilan, transformando toda su masa en energía. Además, puede existir antimateria hecha de antipartículas, y quizás hasta otros mundos con seres vivos; un hecho fundamental es que la antimateria se comporta (casi) exactamente como la materia.

Hasta mediados de este siglo se creía que la apariencia de los fenómenos atómicos debería ser exactamente la misma si se refleja el espacio en un espejo, se invierte la dirección del tiempo o se intercambian partículas por antipartículas. Luego se descubrió que esto no es del todo cierto y que, en algunos casos especiales, cada una de estas simetrías por separado puede violarse.

Sin embargo, se ha demostrado, a partir de argumentos teóricos muy generales, que el mundo es invariante frente a una transformación combinada de las tres simetrías. Así, por ejemplo, una antipartícula se comporta exactamente como una partícula vista en un espejo y en una película proyectada al revés. Y el mundo atómico de Alicia detrás del espejo sería como un mundo de antimateria en el que el tiempo fluye del futuro al pasado.

Es pertinente una advertencia: la antimateria no sirve para construir una máquina del tiempo. Como mencionamos anteriormente, la dirección del tiempo es una propiedad estadística del mundo macroscópico. En principio, una galaxia podría estar hecha de antimateria, pero el tiempo para sus habitantes transcurriría en el mismo sentido que para nosotros. Los pedazos de una taza rota de antimateria no se vuelven a juntar.

EL TÚNEL CUÁNTICO DEL TIEMPO

Reforma, 14 de septiembre de 1995

Hace muchos años, Niels Bohr, el principal fundador de la mecánica cuántica, advirtió sobre los peligros de aplicar conceptos de la experiencia diaria —como espacio, tiempo, partícula, etc.— a los fenómenos que ocurren en el mundo microscópico de los átomos. A lo más, estos conceptos deben tomarse como analogías, pero inevitablemente surgirán contradicciones muy reales.

Uno de los postulados fundamentales de la teoría de la relatividad de Einstein es que nada puede viajar a mayor velocidad que la luz. Esto se ha confirmado plenamente en el mundo macroscópico, pero las cosas parecen ser más complicadas en el mundo de los átomos, donde rigen las leyes de la mecánica cuántica.

Viajar más rápido que la luz puede ser enteramente equivalente a viajar hacia atrás en el tiempo. La razón es que el tiempo es relativo, como descubrió Einstein: el tiempo medido por un reloj puede aumentar o disminuir según su velocidad, pero lo que nunca cambiará es la distinción entre pasado y futuro... a menos que el reloj se mueva más rápido que la luz.

Sin embargo, el concepto del tiempo aparece sólo como una variable más en la mecánica cuántica, sin ninguna distinción entre pasado y futuro. La dirección del tiempo sólo se manifiesta para cuerpos macroscópicos compuestos de billones y billones de átomos, por lo que el tiempo sería una ilusión provocada por la estadística (como señalamos en una colaboración pasada).

Lo anterior no es sólo un concepto abstracto. Desde hace algunos años se han hecho experimentos en los que se manifiestan las contradicciones del mundo cuántico. Así, por ejemplo, en un ya clásico experimento realizado

en 1982 por un equipo de físicos franceses, se encontró que dos partículas de luz emitidas en direcciones contrarias pueden "influir" en una extraña forma entre sí, aun cuando estén tan separadas que esa influencia, interpretada de acuerdo con nuestros conceptos tradicionales de distancia y tiempo, implicaría una interacción a mayor velocidad que la luz.

Ahora hay nuevas sorpresas. De acuerdo con la mecánica cuántica, una partícula siempre puede atravesar una barrera por efectos cuánticos, incluso violando las leyes del mundo macroscópico, como si pasara por un túnel debajo de la barrera. Este llamado efecto túnel es bien conocido desde los primeros años de la mecánica cuántica. Lo que no es conocido es el comportamiento de la partícula mientras "está" en el túnel y, en particular, cuánto tiempo tarda en atravesarlo.

Hace poco, un equipo de investigadores de la Universidad de Berkeley, California, informó de una nueva clase de experimentos en los que también se manifiestan efectos cuánticos que contradicen nuestro sentido común. El experimento consistió en enviar un rayo de luz contra un espejo especialmente diseñado; casi todas las partículas de luz fueron reflejadas por el espejo, pero un pequeño número de ellas logró atravesarlo por el efecto túnel. Al medir el tiempo que le tomó a la luz atravesar el espejo, el grupo de Berkeley encontró que ésta tardó menos que si se hubiera propagado libremente en el espacio (tal parece que la luz cruza el túnel cuántico a, mayor velocidad que la luz en el vacío).

Este extraño comportamiento permitiría que una partícula cuántica viajara hacia atrás en el tiempo si se diseñara adecuadamente el experimento. Sin embargo, aun si se confirmara plenamente el resultado mencionado, hay que tener cuidado con las interpretaciones basadas en nuestro "sentido común", tal como lo advirtió Niels Bohr. Una "máquina del tiempo" sólo funcionaría para partículas atómicas aisladas y no para cuerpos macroscópicos como nosotros.

LOS UNIVERSOS PARALELOS

Reforma, 21 de marzo de 1996

Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades, no existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos.

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