El cuarto de Verónica

Ira Levin · Capítulo 1 de 2

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El cuarto de Verónica

Primer Acto Susan

PRIMER ACTO

SUSAN

Una Mujer y un Hombre entran a la habitación en penumbra. Una Chica queda esperando junto a la puerta iluminada. Detrás de ella se ve a un Muchacho. La Mujer y el Hombre se mueven familiarmente entre las formas enfundadas; la Mujer enciende una lámpara en un rincón; el Hombre abre levemente una ventana sin descorrer la cortina, y una suave brisa la agita levemente. La Chica entra al cuarto y mira a su alrededor con interés, al tiempo que la Mujer desenfunda y enciende otra lámpara. El Muchacho se acerca detrás de la Chica. Él también lo observa todo, pero con una expresión de desconfianza. El Hombre enciende la luz de una repisa de pared. La Mujer enciende una lámpara que cuelga sobre una mesa redonda.

La habitación es la antecámara de un dormitorio perteneciente a una casa de estilo victoriano de fines de siglo, con profusos decorados y un cierto aire siniestro. La puerta es grande, maciza. La cama, de una plaza, se halla detrás de una arcada. La ventana de la pared del fondo está cubierta por una fina cortina, al igual que la otra ventana. Hay dos puertas, de un armario y del baño. Más tarde se advertirá que la habitación es femenina y atractiva dentro de su estilo recargado. La decoración corresponde a la década de 1930, aunque casi todos los muebles pertenecen a una generación anterior. Un sofá, una mesa redonda de juego, un escritorio frente a la ventana, un gramófono junto al escritorio, un caballete de pintor, una cómoda, sillas librerías, etcétera, todos enfundados.

La Mujer y el Hombre de unos sesenta años, tienen un aspecto agradable. La Mujer viste con sencillez; el Hombre lleva un traje azul arrugado y gastado. La Chica tiene veinte años; es delgada, bonita, de largo pelo lacio. Lleva pantalones anchos, un suéter grueso con cuello cerrado y varios collares. El Muchacho es corpulento y cuenta más de veinticinco años. Tiene bigotes poblados y usa ropa sport vieja.

La Mujer levanta cuidadosamente la cubierta de la mesita de juego, sobre la que se ve un rompecabezas armado a medias.

MUJER (Leve acento irlandés al hablar). Éste es el rompecabezas que estaba haciendo, exactamente como ella lo dejó. Se llama «Cazadores en la Selva Negra». Ochocientas piezas. ¡Y no tiene el dibujo en la caja para poder ayudarse! (La Chica se acerca a la mesa. El Hombre desenfunda el escritorio. El Muchacho pasea y se aproxima a la pared para mirar brevemente un cuadro). Ella hacía dos o tres de éstos por mes, y antes de Navidad, el señor Brabissant se llevaba todos los que había armado el año anterior… y los guardaba en el baúl que está en el rellano de la escalera. ¿No viste el baúl de roble?

CHICA Sí, lo vi.

HOMBRE Es una antigüedad valiosa ese baúl. (Él también tiene acento).

MUJER Y regalaba todos esos rompecabezas, que costaban diez y doce dólares cada uno, a los bomberos de Walpole para que los dieran a sus hijos. A ella no le gustaba hacer uno que ya hubiese armado antes. Uno nuevo era como ingresar en un nuevo mundo, solía decir. Y por supuesto… (Sonrisa tierna)… ellos se lo consentían.

CHICA ¿Sabían que iba a morir?

MUJER Sí, claro. En aquel momento no había esperanzas para casos agudos como el suyo. Ellos lo sabían y ella también lo sabía, desde que tenía quince años.

CHICA ¡Oh! (Mirando al Muchacho). ¡Debe ser espantoso saberlo, a esa edad!(Tiembla estremecida. El Muchacho asiente con la cabeza. La Chica vuelve a mirar a la mujer, que está doblando la cubierta polvorienta).

MUJER Sin embargo, nunca se dejó abatir. Siempre tarareaba una melodía, más feliz que cualquiera.

HOMBRE (Encendiendo una lámpara sobre el escritorio). Susan, ¿por qué no te acercas a mirar esto? En este lugar ella hacía los broches y pulseras que te contamos. (La Chica se aproxima al escritorio. El Muchacho se dirige hacia la mesita de juego con las manos en los bolsillos, mirando a su alrededor. La Mujer deja a un lado la cubierta). Todas sus herramientas, el hilo de plata, trocitos de vidrio de color… Este broche lo hizo justo uno o dos días antes. (Se lo da a la Chica. Mira qué trabajo tiene.

CHICA ¡Es precioso! ¡Larry, ven a verlo! (Levanta el broche para verlo a la luz de la lámpara. El Muchacho se le acerca. La Mujer comienza a desenfundar una librería).

HOMBRE Ella hacía pulseras, pendientes, de todo.

CHICA (Muestra el broche al Muchacho). ¿No te parece precioso?

MUCHACHO (Mira, y asiente con un gesto de la cabeza). Sí, de veras.

CHICA (Estirando el brazo para verlo mejor). ¡Ahora podría venderlos en la calle y hacer una fortuna! (Devuelve el broche al Hombre).

MUJER Estos libros y revistas eran de ella… Hay otros más junto a la cama, sus preferidos. Y éstas son sus cosas para pintar. Ella pintó ese castillo que está allí. Es producto de su imaginación, aunque parezca increíble. No lo copió de ninguna parte. (La Chica se acerca hasta el cuadro en la pared).

MUCHACHO ¿No hacía alguna otra cosa, como construir barquitos dentro de botellas? (Tiene acento de Massachusetts. La Mujer le lanza una mirada áspera).

HOMBRE Bueno, puedes imaginarte que tuvo mucho tiempo que llenar, metida en este cuarto siete años enteros.

CHICA (Mirando el cuadro). ¿A qué signo pertenecía? (Se vuelve para mirar a la Mujer).

MUJER ¿A qué signo?

CHICA Sí, a qué signo del zodíaco. Géminis, Capricornio…

MUJER (Piensa un momento). Cumplía años el 8 de junio.

CHICA Era de Géminis, mi signo. Yo soy del 13. (Pausa. La Mujer, el Hombre y el Muchacho miran a la chica).

HOMBRE ¡Pero vean qué coincidencia! (Nueva pausa. La Chica se nuestra incómoda al recordar algo).

MUJER Todo está como antes. Su ropa en el armario, su peine y su cepillo en el baño. En ese caballete hay un cuadro a medio terminar… Los Brabissant no quisieron cambiar nada, que Dios los tenga en su Santa Gloria. Después de la muerte de ella, solían venir aquí casi todas las noches y se quedaban sentados un rato, ella allí, él aquí, sin decir nada tampoco. Yo tenía que mantener la habitación limpia como las demás.

HOMBRE ¡Y yo tenía que podar los árboles junto a la ventana como si ella aún necesitara luz para pintar!

MUJER ¡Cómo adoraban a esa chica! John y yo también.

HOMBRE Ella me saludaba con la mano cuando yo trabajaba en este lado de la casa, tan alegre como si nunca hubiese oído hablar de la tuberculosis.

CHICA (Estudiando la habitación con mirada de aprobación). Fue un gesto muy bonito de su parte el conservarlo todo… Fue como hacerle un santuario.

MUCHACHO Yo no pienso que haya sido bonito. Pienso que fue… enfermizo. (La Chica lo mira con curiosidad; la Mujer y el Hombre, ofendidos). Apuesto que es por eso que… (Señala la puerta con un gesto de la cabeza). Cissie terminó como está ahora.

HOMBRE No, no, no, no. Cissie siempre fue la… (Se toca la frente con los dedos) más rara de los tres.

CHICA Pero tal vez Larry tenga razón. Si hubieran cambiado el cuarto, si lo hubieran usado, si hubieran quitado las cosas de Verónica, quizás a Cissie le habría sido más fácil entender. Esto debe haber empeorado todo.

MUJER Te equivocas por completo, querida. Ella comprendía, al principio. Sólo ahora, cuando se ve al borde de la muerte, se le ha ocurrido pensar que Verónica vive aún.

HOMBRE Ha vuelto al pasado, eso es lo que Cissie ha hecho. Cree que estamos en 1935, que Verónica vive, que ella asiste a la Escuela de Secretarias de Boston —¡Sabes que todas las noches hace sus ejercicios de taquigrafía!— y que Conrad está en su cuarto, al fondo del vestíbulo.

MUJER Los tres estaban sumamente unidos.

CHICA ¿Dónde está Conrad realmente?

MUJER Murió en Japón, en la Segunda Guerra Mundial.

HOMBRE Era teniente de la Fuerza Aérea. Su muerte fue lo que acabó con los Brabissant. Primero perdieron a la mayor, luego al menor… (Pausa. La Mujer, el Hombre y el Muchacho observan a la Chica, que nuevamente recuerda que debe tomar una decisión).

MUJER ¿Lo harás, Susan? Por favor. Cissie se va a poner tan contenta!

HOMBRE No tardarás más de media hora y luego yo te llevaré de vuelta a la ciudad. Te quedará tiempo de sobra para ir a caminar junto al río, y (guiña un ojo al Muchacho) una hermosa luna brillará sobre ustedes desde lo alto. (Nuevamente a la Chica). ¿Qué respondes, querida? ¿Lo harás?

MUJER Te das cuenta cómo está la habitación. Sólo tenemos que quitar el resto de las fundas.

CHICA (Mira indecisa al Muchacho y a la Mujer). No sé… (La Mujer y el Hombre se miran ansiosamente).

MUCHACHO ¿En serio ella se parece tanto a Verónica?

MUJER ¡Dios mío, sí!

HOMBRE ¡Prácticamente podrían haber sido gemelas! ¡Nunca he visto cosa igual!

MUJER ¡Cuando ustedes entraron a ese restaurante, yo creí que estaba viendo a un fantasma! (A la Chica). Y cuando más te acercabas, más me lo parecía.

HOMBRE Yo pensé que a Maureen le había dado un ataque, o algo por el estilo. Estabas de espaldas, y no te vi hasta que te sentaste. (A la Mujer). ¿Recuerdas, querida, que te tomé la mano y te pregunté si te sentías bien? (Al Muchacho). ¡Realmente creí que se me moría! (Mirando a la Chica). Pero luego vi… Sí, en serio se parece tanto a Verónica. Lo suficiente como para engañar a cualquiera, no sólo a la pobre Cissie.

CHICA Usted dijo que nos enseñaría una foto.

MUJER Sí, por supuesto. Búscala tú, John. Trata de que ella no se despierte. La grande, la que le sacó el fotógrafo. Tú sabes. (El Hombre se va). Tiene las fotos de todos alineadas sobre la chimenea y las mesas. (Se aproxima más a la Chica). Ya verás. Eres tú misma, parada en este mismo lugar, con el pelo tirado para atrás y recogido (toma el cabello de la Chica con ambas manos y se lo acomoda) y una sonrisa resplandeciente en el rostro. Así… (Se muerde el labio, aterrada). ¡Me impresiona tanto verte en su habitación! (Suelta el pelo de la Chica y se aleja, frotándose las manos, acongojada. La Chica vuelve a peinar su cabello hacia abajo y mira desesperadamente al Muchacho y la Mujer).

CHICA Debo tener una cara muy común. Había una chica en mi ciudad que se parecía a mí. (Al Muchacho). Estaba un año más adelantada en el colegio, ¡y los compañeros no hacían más que pararme y preguntarme por materias que nunca había dado! (La Mujer le da la espalda). Y lo mismo le ocurría a ella.

MUCHACHO ¿Nunca aprovecharon para hacerle una broma a alguien?

CHICA No. Podríamos haberlo hecho si hubiésemos querido. Pero no éramos amigas. Ella era medio boba. (Le sonríe). Vistosa pero boba.

MUJER (Volviéndose y dirigiéndose a la Chica). ¿Estás segura de que ninguna rama de tu familia es de aquí?

CHICA Totalmente segura. Mis padres nacieron en Ohio, y mis abuelos son de Polonia y de Alemania.

MUJER (Abandonando su aire de aflicción). Bueno, a lo mejor allá… quién sabe. La familia del señor Brabissant era originaria de Bélgica. Todos esos lugares quedan cerca, ¿no? (La Chica asiente con la cabeza, sonriendo).

MUCHACHO Es un continente, señora Mackey. Y muy grande. (Entra el Hombre trayendo un pequeño retrato enmarcado).

HOMBRE Cissie se levantó y está con su taquigrafía. (Cierra la puerta casi del todo. A la Mujer). Ni siquiera sabía que habíamos vuelto. (A la Chica). No se me ocurrió un pretexto para quitarle la grande, pero conseguí ésta. (Le entrega la foto).

MUJER ¡Esa no sirve! ¡Ahí Verónica tiene doce o trece años!

HOMBRE No pude ponerme a elegir, Maureen. Saqué la que tenía más a mano. (El Muchacho se acerca a la Chica para mirar la foto. La Mujer va hacia ellos).

MUJER Y éstos son Cissie y Conrad. Y la señora Brabissant. En la hamaca del porche, que ya no existe.

CHICA De veras se parece a mí a esa edad… Salvo por la ortodoncia.

MUCHACHO ¿Ortodoncia?

CHICA Mía, no de ella.

MUCHACHO ¡Ah!

MUJER Ella tenía unos dientes muy bonitos e iguales.

CHICA Yo también, pero mi padre es dentista. (Mira el retrato un instante, se asegura de que el Muchacho lo haya visto y lo devuelve a la Mujer).

MUJER Más tarde, cuando Cissie venga aquí, John entrará a buscar la foto buena. Después te la enseñaremos.

MUCHACHO Un momento, Susan aún no ha dicho que acepte.

MUJER ¡Tienes que hacerlo, Susan! ¡Por favor! Ella no hace más que repetir, día y noche: «¿Por qué se habrá enfadado Verónica conmigo?». «¿Por qué ya no me deja ir a visitarla?».

HOMBRE El médico dice que Cissie se sintió culpable cuando murió Verónica. A veces les pasa eso a los chicos, dice, aun cuando sea por muerte natural. Y ahora vuelve a sentirse una niña de dieciocho años, y no una mujer de cincuenta y seis.

MUJER ¡Lo que te pedimos es tan poco…! Te pones su vestido, te recoges el pelo. Dices: «Hola, Cissie, me alegro de verte tan bien. No estoy enfadada contigo Cissie, pero no quiero que te contagies la tuberculosis». ¡Es tan poco y para ella sería un favor tan grande!

CHICA No estoy segura… de que sea algo bueno.

HOMBRE ¿Qué quieres decir?

MUJER ¿Cómo podría no serlo si es lo único que ella ansía?

CHICA (Recobra sus pensamientos). Mire… yo sé que ustedes obran con su mejor intención, que creen hacerle un favor… pero yo he estudiado algo de psicología, soy licenciada en sociología, y sé que no es bueno jugar con las fantasías de alguien. Sólo se consigue hacerlo más dependiente…

MUJER (Interrumpiéndola). ¡Se está muriendo Susan! ¡Se está muriendo! ¿Acaso no te lo explicamos en el coche? ¡Está muriendo de cáncer! ¡Ya es tarde para que deje sus fantasías! Lo único que podemos hacer ahora es… darle un poco de alegría cuando se nos presenta la oportunidad! (Disgustada, se dirige a la mesita de juego y apoya sobre ella el retrato. El Hombre toca suavemente el hombro de la Chica).

HOMBRE Le quedan pocas semanas de vida. Uno o dos meses, a lo sumo. Eso dijo el médico. (La Chica mira al Muchacho; éste agita receloso la cabeza y se pasa la mano por la nuca. El Hombre lo observa, enfadado). ¿Cuáles son tus objeciones, Larry? Quizá deberías decírnoslas.

MUJER (Después de haberse serenado, a la Chica). Susan… Nosotros nunca habíamos ido a ese restaurante. Siempre vamos a uno de la calle State porque ahí trabaja un camarero que es primo de John. Hoy, de pronto, sentí que debíamos ir a un lugar distinto. No me preguntes por qué; no lo sé. «Entremos ahí —le dije a John—, así cambiamos». «Tendremos que dejar propina», me dijo John. «Qué diablos importa», le respondí yo… Así que entramos. —Y cinco minutos más tarde entráis tú y Larry. Y os sentáis al lado de nosotros. ¿No te parece que alguien, desde alguna parte, guiaba nuestros pasos esta noche, los de vosotros y los de nosotros, que nos reunía para que pudiéramos hacer esto por Cissie?

MUCHACHO ¡Y hacía que justo esta noche no tuviéramos nada planeado!

MUJER ¡Sí! ¡Hasta eso! ¡Quizás hasta eso mismo! ¡Sí! (Le lanza dardos con la mirada. Luego se vuelve hacia la Chica esperando una respuesta).

CHICA ¿Podríamos hablar Larry y yo unos minutos a solas? (La Mujer sigue mirándola).

HOMBRE Por supuesto. (Tomando a la Mujer del brazo). Vamos, Maureen, ellos tienen que conversar. (El Hombre conduce a la Mujer hacia la puerta). Vamos a ver a Cissie. No tienes que enfadarte con ellos porque vacilen, querida. No cualquiera querría verse mezclado en… ¡Ah! (Cuando iba a cerrar la puerta, deja a la Mujer afuera y se dirige rápidamente hasta la mesita de juego. Toma el retrato y sonríe a modo de disculpa mientras regresa con la Mujer). Será mejor que la ponga de nuevo en su lugar antes de que Cissie note su falta. ¡Tiene un ojo de lince! Vamos, querida. (Cierra la puerta. La Chica se queda mirándola un momento. Luego se vuelve hacia el Muchacho).

CHICA Se está muriendo, y eso le haría sentirse mejor…

MUCHACHO Sí, supongo que sí… Pero tal vez ellos tengan otros motivos. ¿No lo pensaste?

CHICA ¿Qué quieres decir? ¿Qué otros motivos?

MUCHACHO (Atravesando la habitación). Bueno… no es difícil imaginarse algunos…

CHICA A mí me resulta difícil. ¿Por ejemplo cuáles?

MUCHACHO (Se vuelve para mirarle). Los padres, los Brabissant, murieron, ¿no es cierto?

CHICA Sí.

MUCHACHO Verónica y Conrad también están muertos… (La Chica asiente con la cabeza). Cissie es la única que vive, y se está muriendo. (La Chica lo mira). Quizás ella sepa algo, dónde haya dinero escondido, o… documentos, o alguna otra cosa, y esté dispuesta a decírselo a Verónica, ¡pero no (con marcado acento) a los viejos y bondadosos sirvientes de la familia, aunque así lo quieran sus adorables corazoncitos irlandeses! (La Chica lo mira fijamente). ¿No sería posible? O tal vez quieran hacerle firmar algo.

CHICA Se nota que eres abogado, ¿no?

MUCHACHO ¿Pensaste que no lo era?

CHICA Tonterías de hombre. (Se aproxima a él). No tienes aspecto de abogado, con ese bigote.

MUCHACHO Es postizo. Me lo quito antes de entrar al tribunal.

CHICA Lo único que quieren que diga es que no estoy enfadada con ella.

MUCHACHO Eso es lo que te han pedido hasta ahora. Quizá luego hagan alguna otra sugerencia. (Nuevamente imitando el acento irlandés). «A propósito, querida, ¿por qué no le preguntas dónde guarda las joyas de su mamá?».

CHICA ¡Shhh! ¡No hables tan fuerte!

MUCHACHO Tienes razón; probablemente estén escuchando.

CHICA Mira, si desconfías tanto ahora, ¿a qué se debe que no desconfiaras nada en el restaurante? Si mal no recuerdo, no me avisaste por debajo de la mesa.

MUCHACHO Íbamos a venir sólo a ver una foto. En ese momento no mencionaron que tuvieras que representar un papel. (La Chica se aleja de él). Y tenía miedo de que, si me oponía, fueses a pensar que tenía mucha prisa por ir al río.

CHICA Qué bien. (Lo mira). ¡Yo tenía miedo de que pensaras que yo tenía mucha prisa! (Se observan. Él sonríe).

MUCHACHO Debimos haber sido más francos.

CHICA (Mirando a su alrededor desalentada). De qué vale decirlo ahora. (Resuelta y mirándolo). Lo haré. Sí, lo haré. Será divertido. Una vez representé a Cornelia en Rey Lear.

MUCHACHO ¿En el colegio?

CHICA (Asiente con la cabeza): Será también una buena acción. Y si me dicen que le pregunte algo, no lo haré. Eso es todo.

MUCHACHO Yo… supongo que ellos son honestos. Podrían retorcerle un brazo y obligarla a hablar, si hubiera algo que ella no les cuenta.

CHICA ¿Siempre desconfías de la gente? Espero que no. ¡Oh, se olvidaron de mi voz! ¿Qué pasará si no es como la de Verónica?

MUCHACHO Debe ser parecida, porque si no no pensarían que puedes hacerlo.

CHICA Yo puedo imitar el acento de Boston. Al menos, por unos minutos.

MUCHACHO ¿Puedes dejar de decir «oh»?

CHICA ¡Oh! ¿Cómo exclamaba la gente en 1935?

MUCHACHO (Se encoge de hombros). Qué sé yo. Bum, bum, dam, dam.

CHICA ¡Oh! (Se golpea la frente, da un respingo y le sonríe).

MUCHACHO ¿Llamo ya a los duendes irlandeses?

CHICA (Alza una mano). No, espera un momento. (Se le acerca y se para frente a él). Tócame. (Él la mira, pero no se mueve). ¿Te das cuenta de que aún no me has tocado? Ni siquiera me has tomado del brazo al cruzar la calle. Por no hablar de otros contactos más interesantes…

MUCHACHO Es que… ésta es nuestra segunda salida.

CHICA La primera. El domingo no cuenta.

MUCHACHO ¿Y?

CHICA Tócame; estoy liberada. (Él le toca el hombro y retira la mano. Ella lo observa tímidamente). Realmente, ella te arruinó la vida, ¿no? Me refiero a tu madre. Estás muy nervioso.

MUCHACHO (Fastidiado). No es eso. Por Dios, estamos en una casa en las afueras de Walpole, en una habitación tapada con fundas, donde una chica ya muerta armaba rompecabezas… Bueno, sí, estoy nervioso…! Más tarde te tocaré. Por todas partes.

CHICA (Le sonríe). De acuerdo. (Va hacia la puerta y se vuelve para mirarlo). ¡Si no, simplemente conversaremos! (Abre la puerta y grita por el pasillo). ¡Ya pueden entrar! (Le sonríe al Muchacho. Entran el Hombre y la Mujer. La Chica les hace un gesto alegre de asentimiento con la cabeza). ¡Lo voy a hacer!

MUJER (Entrelaza las manos). ¡Gracias, querida! (Abraza a la chica). Dios te bendiga! ¡Eres un ángel!

HOMBRE ¡Yo sabía que ibas a aceptar! ¡Nunca lo dudé! Acabo de apostarle un dólar a mi mujer. «Lo hará —le dije—. Tiene un gran corazón!». (Chasquea los dedos ante la Mujer). ¡Vamos Maureen, págame! Vamos, vamos. Dámelo.

MUJER (Agitándole una mano). Cállate; tú y tus apuestas… (Se dirige a la puerta).

HOMBRE Me estás estafando. (A la Chica). ¿Ves cómo es ella? ¡Una estafadora! (A la Mujer). Vamos, Maureen, tú apostaste y debes…

MUJER (Dando la espalda a la puerta después de cerrarla, interrumpiéndolo). Cállate, John. (El Hombre hace silencio. La Mujer le clava la vista). Tenemos que quitar las fundas y arreglar a Susan. (Pausa. El Hombre asiente).

HOMBRE Claro, claro…

CHICA ¿Puedo ayudar en algo, con las fundas? (El Hombre va hacia la cama).

MUJER Por supuesto, querida. ¡Cuántas más manos ayuden, menos será el trabajo! Quita esa de allá. (Ella comienza a quitar la funda de una silla. La Chica se acerca a la silla del escritorio).

CHICA ¿No hay problemas con mi voz? ¿Se parece a la de Verónica? MUJER ¡Lo suficiente! ¡Tu aspecto será tan perfecto, que estoy segura de que Cissie no prestará mucha atención a la voz!

HOMBRE (Recogiendo la funda de la cama). De cualquier modo, no oye muy bien. Tiene la vista muy aguda, pero el oído, no. (La Chica comienza a desenfundar la silla del escritorio. El Muchacho, que había estado mirando con aire de desaprobación, se pone a quitar la funda de la cómoda. La Mujer deja la funda del sofá).

MUJER Ponlas todas en esta silla; luego haremos un solo bulto.

CHICA Yo podría imitar un poco el acento. Verónica debe haber tenido acento de Boston, ¿no?

MUJER Sí, eso vendría muy bien… (Quita la funda de una mesita. La Chica se acerca al gramófono, al mismo tiempo que el Muchacho lleva su funda al sofá,) Te agradecemos mucho, Larry, que le permitas a Susan hacernos este favor.

CHICA (Volviéndose). ¿Que me permita? Él no me permitió nada. Yo tomo mis propias decisiones. (El Muchacho pasa rodeando la mesita de juego).

HOMBRE Así que eres una mujer emancipada!

CHICA ¡Atrévete a dudarlo!

MUCHACHO (Descubriendo la silla que está frente al rompecabezas). ¿Entonces por qué pagué la cena?

CHICA (Retirando la funda del gramófono). Porque tú me invitaste. Cuando yo invite, yo pagaré.

HOMBRE (Al Muchacho trayendo la funda de la cama hasta el sofá). Yo habría pagado si me hubiese dejado.

CHICA Eh, ¿qué es esto?

MUJER (Cogiendo del suelo la funda del escritorio). La victrola.

HOMBRE Un gramófono, un tocadiscos.

CHICA (Dirigiéndose a la Mujer). A propósito, ¿qué decía Verónica en lugar de «eh» y «oh»?

MUJER (Recibe la funda de la Chica y la lleva, junto con la propia, al sofá. Piensa mientras las deja allí). Me parece que no decía nada… (La Chica se queda pensativa. El Muchacho sonríe mientras recoge otra funda. El Hombre está desenfundando una librería, al lado de la cama. La chica levanta la tapa del gramófono, mira el interior y tuerce la cabeza).

CHICA Rumbo a Búfalo.

MUJER (Quitando una funda). Ah, esa canción era muy popular en aquella época. Debe haber sido el último disco que ella escuchó… (Agita la cabeza y supira).

CHICA ¿Funciona este aparato? ¿Podemos escucharlo?

MUJER Supongo que sí. ¿Por qué no pruebas?

HOMBRE (Enfilando hacia el sofá). Tienes que darle cuerda ahí, al costado.

MUCHACHO Sería mejor terminar pronto con este asunto, ¿no?

CHICA (Dando cuerda al gramófono). Quiero escuchar el disco; me va a servir para entrar en situación. (El Muchacho pone cara de resignado. El Hombre, después de dejar su funda en el montón, toma las que trae el Muchacho. La Chica juguetea con la tapa del gramófono).

MUJER John, quita la del espejo.

CHICA El disco gira, pero el brazo no se mueve.

MUJER Tienes que moverlo tú.

HOMBRE Levántalo y ponlo en su lugar.

CHICA Ah. (Colocando el brazo del gramófono). No es muy práctico. (Se escucha una grabación de 1933 o 1934 de Rumbo a Búfalo. Entretanto, se completa la reconstrucción del cuarto. El Hombre y el Muchacho quitan las últimas fundas de los muebles, mientras la Mujer coloca sobre las mesas y la cómoda diversos objetos de adorno que saca de los cajones. La Chica ayuda un poco, pero sigue principalmente interesada en la canción. «Yo la he oído», dice, después de escuchar unos compases, cantando y tarareando el compás de la música: «Nos fugaremos, a Búfalo nos fugaremos», compartiendo con los demás su entusiasmo por medio de miradas y sonrisas. El Hombre solicita la colaboración del Muchacho). ¿Por qué no me echas una mano?, envuelve todas las fundas con la funda del sofá y retira el bulto de la habitación. (El Muchacho le abre la puerta y la cierra luego. El Hombre regresa al cabo de un momento con una toalla para el baño. La Mujer da diversas instrucciones: «Esto va sobre la mesita de noche». «¡John, trae una toalla del armario!». «Por favor, coloca éstos en la librería», etcétera. Cuando el disco está casi terminando, la habitación ya presenta un aspecto cálido, agradable. Puede haberse encendido otra lámpara, u otras bombillas en las lámparas ya encendidas. La única nota discordante es el cuadro sin terminar de pintar, en el caballete una agonía de ramas de árboles retorcidas, peladas, negras. La Chica lo advierte y se aleja del gramófono para pararse frente a él. El Hombre observándola desde el sofá donde se ha sentado a descansar, acompaña cantando los últimos compases: «Nos fugaremos, a Búfalo nos fugaremos». El Muchacho lo contempla de brazos cruzados, apoyado contra la cómoda. Junto al gramófono la Mujer levanta el brazo del aparato, lo apaga y cierra la tapa).

MUCHACHO Ya no se componen canciones como ésta.

HOMBRE (Girando para mirarlo) . ¡Ya lo creo! ¡A cualquier porquería le llaman canción ahora! ¡Por Dios! (La Chica no se vuelve. La Mujer la observa y mira el cuadro con un cierto malestar).

MUJER En la última época ella estaba algo… abatida.

CHICA Yo no diría que abatida sino angustiada. ¡Oh! (Da la espalda a la pintura, estremecida, estrechándose los brazos).

HOMBRE Bueno, no se le puede echar la culpa, pobrecita, sabiendo lo que le esperaba.

MUJER (Haciendo un movimiento con la mano). Dale la vuelta, John; a Cissie puede no gustarle. (Con un gesto, a la Chica). Vamos querida. Ahora que el cuarto está listo, te llegó el turno! (Se dirige al armario. El Hombre se pone de pie y va hacia el caballete, contemplando a la Mujer mientras ésta abre el armario, que está lleno de vestidos de colores, casi todos livianos, de seda, y tiene una hilera de soportes para zapatos en la puerta. La Chica se aproxima lentamente. La Mujer saca una percha con un atractivo vestido a la moda de 1930, y otro más). Éste le gustaba mucho, y éste también. (Enseñándolos). ¿Cuál de los dos prefieres? Elige el que más te guste.

CHICA (Les echa un vistazo y se dirige al Muchacho, con frialdad). Habrás notado que no dije ni «ah» ni «oh». (Él sonríe. La Chica mira el armario). Aunque me dieron muchas ganas… (El Hombre hace girar con cuidado el caballete y lo pone contra la pared, mientras la Chica examina las prendas en el armario). ¡Me parece estar en la sucursal Walpole de «Parafernalia»!

MUJER ¿De qué?

CHICA De esa boutique de Cambridge que vende toda clase de atuendos exóticos. (Extrae un vestido y lo inspecciona, extendiendo los brazos). ¿No vio mi poncho? Lo compré ahí.

MUJER Ah. (La Chica se acerca al espejo de la cómoda y sostiene el vestido contra su cuerpo). Éste…

CHICA Es peruano. Los usan los pastores. (Toma uno de los vestidos que tiene la Mujer y lo compara con el que sostiene ella).

MUJER Bueno, éstos eran los que usaba Verónica. ¿Cuál eliges?

CHICA (Se acerca al Muchacho para enseñárselo). ¿Cuál prefieres tú?

MUCHACHO El que se pueda poner y quitar más rápidamente.

CHICA (Le hace un gesto de disgusto y vuelve hacia la Mujer). Éste.

MUJER ¡Yo habría elegido el mismo! El color es especial para ti. (Toma los otros vestidos que tiene la Chica).

HOMBRE Bueno, creo que ya es hora de que Larry y yo nos vayamos.

CHICA (Al Muchacho). Lo siento mucho. (La Mujer cuelga los otros vestidos. El Muchacho se queda parado).

MUCHACHO ¿Puedo volver y espiar desde alguna parte cuando Cissie esté aquí? (La Mujer se vuelve desde el armario; ella y el Hombre miran al Muchacho).

HOMBRE ¡No!

MUJER ¡No, no puedes hacer eso!

HOMBRE No hay ningún lugar desde donde se pueda espiar. (El Muchacho señala en dirección al baño).

MUJER Ella puede querer usar el baño.

HOMBRE Lo usa muy a menudo. (Pausa).

MUJER Y a lo mejor se le ocurre… buscar algo en el armario. No, de veras no creo que puedas…

HOMBRE (Interrumpiéndola e invitando al Muchacho a salir, con un gesto de la mano). ¡Susan te contará toda la historia! Vamos, puedes ponerte cómodo en la planta baja. Te voy a invitar incluso a whisky irlandés. ¿Qué te parece?

MUCHACHO (Yendo hacia él. Remarcando el acento). ¡Por todos los santos, será un festín! (El Hombre se ríe. El Muchacho mira a la Chica, que se halla en el otro extremo de la habitación. Ella lo saluda con la mano; él sonríe). Que te diviertas.

CHICA Eso espero. Es un papel más importante que el de Cordelia.

MUJER ¿Alguna vez hiciste teatro?

CHICA En el colegio secundario.

MUJER Eso nos vendrá muy bien… (El Muchacho se aproxima a la Chica, la mira y apoya la mano en su mejilla. Ella le sonríe y pone, a su vez, la mano en la mejilla de él. La Mujer observa sorprendida. El Muchacho da media vuelta y regresa con el Hombre quien abre la puerta y le rodea paternalmente los hombros con un brazo).

HOMBRE Vamos, hijo. ¡Vamos que abajo hay un hermoso sillón frente al televisor! (Salen. Al pasar, el Hombre cierra la puerta casi del todo. Permanece la sonrisa en la Chica, al igual que la intriga de la Mujer).

MUJER ¿Vosotros sois de una logia o algo por el estilo?

CHICA (La mira, con una amplia sonrisa en los labios). No. Él… es muy tímido para tocarme.

MUJER Ah. (Echa una rápida mirada a la puerta). Pero parece que lo está superando.

CHICA (Asiente con la cabeza). Creo que lo va a superar. (Quita el vestido de la percha). Tuvo una madre desastrosa, que lo rechazaba. Le dijo abiertamente que nunca lo había querido. (Entrega la percha a la Mujer).

MUJER ¡Qué espanto!

CHICA Probablemente ella nunca lo haya tocado, y ahora él es incapaz de tocar a alguien. Al menos, le cuesta mucho.

MUJER (Colgando la percha en el armario). ¡Qué increíble!

CHICA Ya lo creo… (Desabrocha la espalda del vestido). A los chicos hay que tocarlos constantemente. Todo el tiempo.

MUJER (Con un par de zapatos en la mano). ¿Son de tu medida… (Mira el interior de los zapatos entrecerrando los ojos) siete B? (Se acerca a la Chica).

CHICA (Coge los zapatos. Los mira). Supongo que sí. Tal vez me hagan saltar unas lagrimitas…

MUJER (Sonriendo). No será por mucho tiempo. (Contempla a la Chica con una mirada franca, firme, desde el fondo de su corazón). No llevas sujetador, ¿no?

CHICA ¡No, por Dios! Nadie usa eso ahora.

MUJER ¡Tú no usarás! (Va hasta la cómoda y abre un cajón). Será mejor que te pongas uno porque este vestido se adhiere mucho. ¿Tienes medias?

CHICA No.

MUJER (Encuentra un par de medias en el cajón). Medias… Ligas…

CHICA ¿Ligas?

MUJER (Se vuelve y la mira). Las medias no se te van a sostener con sólo rogar a Dios. (Busca de nuevo en el cajón). Una enagua… Aquí hay una enagua muy bonita… (Se vuelve y coloca las prendas de lencería en el brazo de la Chica). Ahora entra ahí y póntelas. Yo voy a sacudir un poco el polvo. (La Chica entra al baño). Ah, espera un momento. Ese vestido va con un cinturón. Anda, ya te lo alcanzo. (Va hasta la cómoda, cierra el cajón abierto, abre otro y saca un manojo de cinturones). Cinturón fino de satén… Aquí está. (Guarda los demás en el cajón, lo cierra y lleva el cinturón hasta la puerta del baño). Aquí tienes.

CHICA (Tomándolo). Gracias. (La Mujer arrima la puerta, se queda parada, extrae una cadena de su escote, le quita algo que llevaba prendido y se la saca por la cabeza).

MUJER ¿Hace mucho que conoces a Larry?

CHICA (Dentro). No; le conocí el domingo.

MUJER (Trata, con dificultad, de abrir la cadena). Sin embargo, pareces conocerlo muy bien.

CHICA (Dentro). Tengo facilidad para comprender a las personas. Y los indicios.

MUJER ¿Indicios? ¿Qué quieres decir? (Usa los dientes para abrir el broche).

CHICA (Dentro). Por ejemplo el hecho de que use un gran bigote y el pelo corto. Eso significa que está tratando de ser abierto y de aceptarse a sí mismo, pero parte de él sigue encerrado y a la defensiva.

MUJER (Ya ha abierto la cadena y la está desprendiendo del objeto que sostiene en la mano). ¡Qué interesante…! ¿Y sabes hacer eso con todas las personas?

CHICA (Dentro). Más o menos, cuando no estoy demasiado encerrada en mí misma.

MUJER (Metiendo la cadena en un bolsillo y dirigiéndose a la puerta de entrada). ¡Mira que eres una chica inteligente! (De pie junto a la puerta casi cerrada, la atrae hacia ella e introduce el objeto, una llave, desde el lado de afuera. La prueba. El inmenso cerrojo entra y sale, deslizándose suavemente).

CHICA (Dentro). ¡Señora Mackey!

MUJER ¡Maureen, querida! ¡Llámame Maureen! (Coloca la puerta como estaba, dejando la llave puesta. Se aleja).

CHICA (Dentro). Tengo que saber más acerca de las cosas y las personas que Cissie pudiera mencionar. ¿Quién era el médico de Verónica, por ejemplo?

MUJER (Observando el sofá con aire crítico). El doctor Simpson. Era el médico de todos, de la familia entera. (Aparta levemente el sofá de la mesita).

CHICA (Dentro). ¿Simpson?

MUJER Eso mismo. Y había una cocinera llamada Henrietta, que tenía un niño, Morgan, que andaba siempre molestando. (Coloca un decorativo almohadón sobre el sofá).

CHICA (Dentro). ¿Y no tenía amigos?

MUJER (Saca un pañuelo del bolsillo y recorre el cuarto, utilizando el pañuelo para quitar el polvo de diversos objetos). Ninguno que Cissie pudiera llegar a mencionar. Los Brabissant estaban por encima de toda la gente de la zona, y tampoco tenían una relación muy íntima con las respectivas familias. Él odiaba a la de ella y ella a la de él. Y a juzgar por lo que vi en los entierros, ambos tenían razón. (Sigue retocando los muebles, soplando la tierra. La Chica sale del baño abrochándose el cinturón. El vestido, a media pierna, le sienta muy bien). ¡Qué bonito!

CHICA Me está perfectamente.

MUJER (Breve pausa). Sabía que te iba a quedar bien; tu tamaño es exacto.

CHICA Hasta los zapatos me van bien. O se me encogieron los pies, o en esa época hacían más grandes las medidas. (Se quita una ancha pulsera y le sonríe a la Mujer. Ésta se queda mirándola). ¿Qué hago con mi pelo?

MUJER (Permanece contemplándola un instante más). Supongo que tú no… ¿No me dejarías que te lo corte un poco?

CHICA ¡No no! ¡Eso sí que no!

MUJER Bueno, entonces tendremos que darle aspecto de más corto. (Guarda el pañuelo en el bolsillo y va al baño). Siéntate, que traeré horquillas. (La Chica se aproxima al escritorio. La Mujer pasa a su lado, le toca el brazo y se dirige al baño. La Chica deja la pulsera en una esquina del escritorio y se sienta en un sillón).

CHICA Si se llega a dar cuenta, le diré que me lo estoy dejando crecer. Hace mucho que no ve a Verónica. Es decir, según sus pautas.

MUJER (Dentro). Tienes razón. No te preocupes, no habrá problemas. Yo le doy demasiada importancia a los detalles; John siempre me lo dice. (Sale del baño agitando un peine mojado para que se seque. Entrega a la Chica un puñado de horquillas). Tenlas en la mano y me las vas pasando.

CHICA Bueno. (La Mujer peina el pelo de la Chica, se lo deja caer suelto detrás de las orejas y luego se lo recoge en la nuca imitando lo más aproximadamente posible el estilo del año 1930. La Chica le alcanza las horquillas cada vez que la Mujer estira una mano o se las pide).

MUJER Enjuagué el peine…

CHICA Ya vi que estaba limpio. Todo el baño está limpio.

MUJER Es que yo vengo y limpio un poco de vez en cuando… (Se produce un momento de silencio. La Mujer trabaja sumamente concentrada. La Chica se tapa la boca con la mano y tose. Transcurre otro momento).

CHICA ¿Lo hice bien?

MUJER ¿Qué cosa?

CHICA La tos.

MUJER ¡Ah! Sí, te salió muy bien, muy bien. Igualita a la de ella. Muy buena idea… De veras eres una actriz… (Otra pausa. La Mujer prosigue trabajando mientras la Chica piensa).

CHICA ¿Por qué Verónica no estaba en una residencia para convalecientes? Los Brabissant podían pagarlo, ¿no? Con esta casa y tantas tierras…

MUJER Sí, sí, estaban forrados de dinero. Tenían una fábrica al este de Walpole. Una hilandería. Aun en la época de la depresión a ellos les iba bien.

CHICA Entonces, ¿por qué no la mandaron…?

MUJER (Interrumpiéndola). Bueno, es que la querían tanto que no soportaban la idea de separarse de ella.

CHICA ¿Pero acaso no habría vivido más tiempo en un lugar como La Montaña Mágica? Alguna residencia en los Alpes…

MUJER Tal vez, no sé. Lo único que sé es que la dejaron aquí… (Nueva pausa. La Chica piensa y se mira inquieta las ropas). Otra… (La Chica coloca una horquilla en la mano de la mujer).

CHICA ¿Maureen?

MUJER ¿Mmm?

CHICA Esta ropa, el cuarto, todo… es seguro, ¿no? (La Mujer la observa con un repentino aire de cautela. La Chica se vuelve). ¿No hay peligro de…?

MUJER (Comprendiendo, aliviada). ¡Por supuesto que es seguro, querida! ¡Se fumigó la habitación, y la ropa se llevó a limpiar! ¡No, no, no te preocupes por eso! Por supuesto que es seguro. Yo no estaría aquí si no lo fuera. No, no, no, no. Todo se purificó y quedó bien, como antes. (Se coloca frente a la Chica, le levanta el mentón y la mira con seriedad). Además, los gérmenes no viven treinta y cinco o cuarenta años, ¿no te parece?

CHICA No sé. Creo que no…

MUJER (Acomodando un mechón de pelo de la Chica). Yo estoy segura de que no. Todo está purificado; no te preocupes. Cuéntame, ¿tienes hermanos? (Gira y se vuelve al fondo).

CHICA Un hermano.

MUJER ¿Mayor o menor?

CHICA Mayor. Está en Portugal. No veo la hora de escribirle y contarle… ¡Oh! ¡Cuando les cuente a mis compañeros de cuarto! ¡Van a pensar que inventé toda la historia!

MUJER ¿Sí? No creo que duden de tu…

CHICA (Interrumpiéndola). ¡Es cierto, absolutamente cierto! ¡Una de ellas, Diana, es una escéptica rematada! ¡Si yo le cuento que encontré una moneda en la calle, no me lo cree!

MUJER ¡No me digas!

CHICA Tendrá que firmarme una carta, algo que pruebe que todo esto ocurrió.

MUJER (Sonriéndole, acercándose a ella para confiarle un secreto). ¿No es divertido disfrazarse y representar un papel?

CHICA (Asiente con la cabeza, sonriente). Sí, claro que sí. Al menos, cuando hay un buen motivo para hacerlo.

MUJER ¡Mmmm, sí!

CHICA Así, tiene sentido. Si no, es cosa de criaturas. Pero también es bonito hacer cosas de criaturas de vez en cuando. Yo no creo que la gente no pueda permitirse… (Un golpe en la puerta la interrumpe).

HOMBRE (Afuera). Soy yo, ¿puedo entrar?

MUJER ¡Sí, pasa John! (El Hombre entra y cierra la puerta al pasar. Mira a la Mujer y a la Chica, admirado). Estábamos terminando.

HOMBRE Eres Verónica. ¡Como que hay Dios! (La Chica sonríe complacida).

MUJER ¿No se la ve fantástica?

HOMBRE ¡Maravillosa, maravillosa!

CHICA ¿Qué está haciendo Larry?

HOMBRE Está viendo un partido de baloncesto por televisión.

CHICA ¿Sí? ¿Quién juega?

HOMBRE No me fijé.

MUJER Ve a sacar las cosas de Susan del baño. (El Hombre parte a cumplir el encargo. La Mujer se dirige a la Chica). Por si acaso Cissie entra allí. Las voy a poner en el armario de la ropa de cama.

CHICA ¿Cissie es el nombre verdadero?

MUJER Cecilia.

CHICA Ah.

MUJER Bueno, ya está. Quedó bastante bien. (La Chica se pone de pie y se toca levemente el pelo. La Mujer sonríe e imita un ademán de reverencia). Por favor, no se moleste en darme propina, señorita.

CHICA (Sonriendo). De acuerdo, no lo haré. (Va a mirarse en el espejo. La Mujer la contempla alegremente. El Hombre sale del baño llevando las ropas de la Chica en el brazo, y los zapatos y collares en la mano. Él también la contempla). ¡Me gusta cómo he quedado! (Volviéndose para mirarlos). ¿Puedo ir a que me vea Larry?

MUJER No, no. ¿Y si ella te llegara a ver fuera de la habitación?

HOMBRE Yo traeré a Larry cuando acabe la representación.

CHICA (Sonriendo). Bueno. (Se estrecha los brazos y se los fricciona). «Representación» es la palabra adecuada. ¡Me pone piel de gallina!

HOMBRE ¡Va a ser emocionante! ¡No te preocupes por nada!

MUJER (Colocando una silla en su lugar). Dile solamente que no estás enfadada con ella. Yo no permitiré que se quede más de dos minutos.

CHICA ¿Usted se va a quedar aquí con nosotras, por si acaso…?

MUJER (Cerca de la chica). Claro que sí.

CHICA ¿…ella dice algo que yo no entiendo o me hace preguntas que no puedo responder?

MUJER Yo me voy a quedar aquí mismo. Le diré que el médico no te deja hablar mucho. Y vamos a apagar una o dos luces para hacer todo más convincente. (Apaga la lámpara que está junto al sofá).

HOMBRE (Apagando la lámpara del escritorio). Tiene vista de lince.

CHICA (Parada junto a la mesita de juego, pregunta a la Mujer). ¿Qué edad tiene Conrad?

MUJER (Apagando la luz de la repisa de la pared). Tú tienes veinte años; ella, dieciocho y Conrad, diecisiete. (El Hombre apaga la luz de la repisa. La Mujer se acerca a la puerta y echa una mirada final de satisfacción a la Chica y a la habitación. El Hombre se le reúne). Bueno, creo que ya estamos casi listos. ¿Qué opinas?

HOMBRE (Mira a su alrededor, reflexiona). Sí… Yo diría que está todo listo.

CHICA (Con una sonrisa de alivio). Larry creía que me iban a pedir que le preguntara algo a Cissie.

MUJER ¿Qué quieres decir?

HOMBRE ¿Preguntarle algo?

CHICA Dónde tiene escondido el dinero, por ejemplo.

MUJER ¡Pero qué absurdo!

HOMBRE ¿Es por eso que se oponía a que lo hicieras? (La Chica asiente. Ellos agitan la cabeza).

MUJER ¡PSSS!

HOMBRE ¡Dios mío!

CHICA Debe ser que los abogados terminan desconfiando de la gente.

MUJER ¡Claro que sí, de tanto estar entre abogados!

CHICA (Sonriendo). Después cambió de opinión, así que no le digan que lo saben.

HOMBRE (Levantando la mano derecha). Nunca lo sabrá. (Abre parcialmente la puerta).

MUJER Tardaremos dos minutos en traer a Cissie. Ella seguramente querrá arreglarse un poco.

HOMBRE Haremos que se apure lo más posible.

MUJER Ponte cómoda. (Va hasta el escritorio). Puedes seguir armando el rompecabezas. (Recogiendo la pulsera de la Chica). O leer un libro, o escuchar algún disco.

CHICA ¿Me está tomando el pelo? ¡Voy a ensayar! (El Hombre abre la puerta del todo. La Mujer le hace un ademán con la mano a la Chica y se encamina hacia la puerta).

MUJER ¡No necesitas practicar! ¡Eres perfecta, no podrías ser mejor! (Sale, pasando junto al Hombre, que se queda parado mirando afablemente a la Chica, con su ropa en el brazo).

HOMBRE No tienes razón, Susan. Ensaya un poquito. (Con aire de conspirador, guiñándole un ojo). ¡Ensaya a ser Verónica! (Sale y cierra la puerta. Al cabo de un momento se oye echar el cerrojo. La Chica deja de sonreír y frunce el ceño intrigada. Atraviesa la habitación, intenta abrir la puerta y comprueba que está con llave).

CHICA ¡Señora Mackey! ¡Maureen! (Presta atención pero no oye nada. Grita más fuerte). ¡Señora Mackey! ¡John! (Está desconcertada. Se queda pensando un momento. Después —¿qué puede hacer?— deja de lado su desconcierto encogiéndose de hombros y recorre pensativa la habitación. Toca el respaldo del sofá, el borde del gramófono, levanta uno de los recuerdos de Verónica, lo examina, vuelve a dejarlo en su lugar. Gira, se pone de frente a la puerta y sonríe cálidamente). ¡Hola, Cissie! ¡Qué alegría de verte! Estás… (Espantoso. Se decide a intentarlo de nuevo). ¡Hola, Cissie! ¡Estás maravillosa! ¿Yo? ¿Enfadada? ¿Contigo? ¡Cissie, cómo se te ocurre pensar…! ¡Hola, Cissie! ¡Me alegro tanto de verte! (Tose). ¿Enfadada? ¿Contigo? ¡No, querida todo es culpa del doctor Simpson! ¡Él es tan… (Tose) estricto en eso de mantenerme aislada! ¡A Conrad tampoco le han permitido entrar desde hace varios meses! (Bastante bien. Hace un leve gesto de aprobación, camina hasta la puerta, abre los brazos de paren par y canta). «¡Hola, Cissie! ¡Cómo te va, Cissie! (Recorre el cuarto y canturrea en voz baja). Qué alegría… (Toca algo).…que hayas vuelto… (Se vuelve, abarcando toda la habitación).…a tu casa…». (Prosigue tarareando la melodía de Hello Dolly, caminando, observando, tocando. Al final de la primera estrofa de la canción se halla junto a la mesita de juego. Se detiene y contempla el rompecabezas. Toma una piecita la estudia mira el rompecabezas y busca el lugar a que corresponde. La coloca, sorprendida y contenta consigo misma). ¡Ja! (Toca otros trozos del rompecabezas y se sienta a estudiarla. La cortina de la ventana parcialmente levantada se agita y vuelve a caer en su lugar. La luz de la luna ha impreso un perfil negro en la cortina; el de los marcos y, superpuestos, los barrotes de la reja que cubre la ventana entera. El mismo diseño de sombras se dibuja en la cortina de la ventana que está detrás de la cama. La Chica toma la caja abierta del rompecabezas, revuelve hasta que encuentra una posible y la prueba en distintas posiciones. Comienza a tararear nuevamente Rumbo a Búfalo, con ritmo ligero. Canta). «Oooh, Oooh, Oooh… Nos fugaremos a Búfalo nos fugaremos». (Tararea los compases siguientes y vuelve a cantar). Oooh, Oooh, Oooh… Nos fugaremos a Búfalo, nos fugaremos». (Prosigue tarareando, armando el rompecabezas… pero se para en seco al sentir un ruido en la cerradura. Se levanta y se prepara, mirando la puerta. Ésta se abre y entra la Mujer con un vaso de leche en un platito. Da la impresión de ser más alta que antes. Sin mirar a la Chica, deja el vaso en la mesita junto al sofá. La Chica fuerza la vista en medio de la oscuridad y echa una mirada rápida a la puerta abierta). ¿Ya viene Cissie? (Después de dejar el vaso de leche, la Mujer enciende la lámpara de la mesa y se queda parada, observando a la Chica. Se ha cambiado de ropa y de peinado, y su aspecto corresponde al de una mujer de 1930. También se la ve mucho más joven que antes. La Chica le clava la vista). ¡Está sensacional! No sabía que usted también se iba a cambiar.

MUJER ¿Qué estás diciendo? (Ya no habla con acento irlandés).

CHICA (Pausa incierta). ¿Por que me pregunta qué estoy diciendo? Usted… se cambió el vestido, el peinado… ¡Parece veinte años más joven! (La Mujer agita disgustada la cabeza y va hacia la puerta). ¿Ya viene ella?

MUJER (Se vuelve y mira a la Chica). ¿Ya viene quién?

CHICA Cissie. (La Mujer la mira indignada. La Chica no sabe si reírse o no). ¿Se siente usted bien? ¿No se acuerda? (La Mujer sigue clavándole la mirada). Usted y su marido van a hacer venir a Cissie para que me vea. Para eso me he disfrazado.

MUJER (Se mira y frota las manos, tratando de decidir cómo debe resolver esta situación. Luego mira a la Chica con animosidad dominada). Escucha, Verónica… (La chica permanece inmóvil contemplando a la Mujer, que sigue hablando con acento de Massachusetts). Este es el momento menos indicado para traernos problemas, ¿entiendes? Conrad está en la cama con treinta y nueve de fiebre. Es la noche libre de Maureen. Los obreros de la hilandería empezaron hoy una huelga de brazos caídos y tu padre no está nada feliz con el asunto. Así que bebe tu leche, desvístete, y a la cama. Buenas noches. (Sale y cierra la puerta. Se oye el click del cerrojo. Con la mirada fija, la Chica da unos pasos en dirección a la puerta. Se vuelve y mira una de las ventanas y la reja que se dibuja en la cortina. Da otra vuelta y contempla la otra ventana. Gira totalmente en redondo paseando la vista por la habitación y la puerta cerrada, con expresión de pánico e incredulidad. Cae el telón).