El cuarto de Verónica

Ira Levin · Capítulo 2 de 2

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El cuarto de Verónica

Segundo Acto Verónica

SEGUNDO ACTO

VERÓNICA

La habitación está como antes. La Chica golpea la puerta con los puños.

CHICA ¡Abran esta puerta! ¡Déjenme salir! ¡Abran esta maldita puerta! (Se quita un zapato y, sosteniéndolo por el empeine, golpea la puerta con el tacón alto). ¡Larry! ¡Ven aquí! ¡Larry! (Se detiene a escuchar; luego prosigue con los golpes). ¡LARRY! ¡LARRY! (Vuelve a detenerse para escuchar, se agacha y espía por la cerradura. Se endereza, deja caer el zapato y patea el piso varias veces con el pie calzado. Trata de escuchar, pero no oye nada. Mira pensativa la puerta, el escritorio, la librería. Se quita el otro zapato, lo deja caer y se dirige rápidamente a la estantería. Busca entre los útiles hasta encontrar un block de papel de dibujo. Lo abre, arranca una hoja, tira el block y regresa a la puerta. Agachada, desliza el papel por debajo de la puerta, colocándolo a la altura de la cerradura. Se pone de pie, va hasta el escritorio y lo registra. Vuelve a la puerta llevando unas tijeras de pico largo. Agachada una vez más, mira por el ojo de la cerradura, introduce en él las tijeras e intenta hacer saltar la llave del otro lado. Se detiene, retira las tijeras, baja la mirada y ve desaparecer el extremo del papel debajo de la puerta. Se pone de pie y permanece frente a la puerta). Vuelva a poner la llave en su lugar y abra esta puerta.

HOMBRE (Afuera). Apártate, Verónica.

CHICA No soy Verónica. Soy Susan.

HOMBRE (Afuera). Apártate que voy a entrar.

CHICA Dígale a Larry que suba.

HOMBRE (Afuera). Apártate. (La Chica se queda inmóvil, pero al cabo de un momento se aleja unos pasos). Más lejos. (Retrocede un poco más y sigue atisbando la puerta. Se escucha el ruido de la llave y de la cerradura, y se abre la puerta. Entran el Hombre y la Mujer. El Hombre da uno o dos pasos hacia la Chica; la Mujer permanece junto a la puerta abierta. El Hombre viste chaleco y pantalón de un traje de oficina de 1930, camisa blanca y corbata de moño. Al igual que la Mujer parece más joven y más autoritario que antes. Juguetea con la llave en la mano y mira a la Chica con aire de desaprobación, y luego repara en los zapatos que ella ha tirado al piso. Mueve uno de ellos con su propio zapato y mira nuevamente a la Chica). Bueno, ¿a qué se deben todos estos gritos y golpes? ¿Eh? (Él también habla ahora con acento de Massachusetts. La Chica lo observa cautelosa). ¿Y, bien jovencita? ¿Qué se cree que está haciendo?

MUJER Se está portando como una desgraciada, como siempre. (La Chica mira a la Mujer y de nuevo al Hombre. Éste guarda la llave en un bolsillo del chaleco).

HOMBRE ¿Y? Estoy esperando una respuesta.

CHICA Quiero irme ya. Deme mi ropa.

MUJER ¡Habla con tu voz normal!

CHICA (La mira un instante). Estoy hablando con mi voz normal. Me sale un poco… temblorosa, pero es la de siempre. (Al Hombre). Deme mi ropa, por favor.

HOMBRE (Trata de entender, pero no puede). La tienes puesta. (Ella lo observa. Él señala). Bueno, mira. Tienes un vestido, medias…

CHICA (Con la mayor potencia posible, encaminándose hacia la puerta abierta). ¡LARRY! (La Mujer cierra la puerta de golpe y se queda apoyando la espalda contra ella. El Hombre detiene a la Chica y la empuja por los hombros, haciéndole retroceder un paso. Ella deja caer las tijeras).

HOMBRE ¡No vuelvas a levantar la voz! ¿Me oíste? ¡Vuelves a gritar así y… te juro que te la doy! ¿Me oíste? (La Chica da unos pasos más hacia atrás estudiándolo con la mirada y frotándose el hombro). ¡Puedes hablar del modo que te parezca, pero no volverás a gritar! (Recoge las tijeras. Con un suspiro, la Mujer se aparta de la puerta).

MUJER Cualquier cosa con tal de atormentarnos, de crearnos problemas… (Recoge los zapatos; el Hombre arroja las tijeras sobre el escritorio).

HOMBRE (A la Mujer). Ve abajo. Yo me encargo de hacerla acostar.

CHICA Dígale a Larry que suba…

HOMBRE (Dirigiéndose a ella, indignado). ¿De quién estás hablando? ¿Qué Larry? ¿Larry Porcelli, el de la hilandería?

CHICA ¡El Larry que está abajo! ¡Larry Eastwood! ¡El muchacho con quien vine aquí! (Estupefacto, el Hombre observa a la Mujer. Ella hierve de furia. La Chica le grita). ¡Usted acaba de cerrar la puerta para que él no me oiga!

MUJER ¡Cerré la puerta porque Conrad está durmiendo!

CHICA ¡Conrad está MUERTO…! ¡Ahora basta, ya! Estamos en 1973, y usted lo sabe.

MUJER ¡Dios mío! (El Hombre continúa mirando a la Chica). CHICA Deme mi ropa y déjeme salir de aquí. (Pausa. El Hombre y la Mujer siguen observando a la Chica).

HOMBRE Basta Verónica. Ya estamos saturados.

MUJER (Caminando hacia el armario, con los zapatos en la mano). Pégale a ver si se calla, porque si tú no lo haces… (La Chica corre hacia la puerta, escapándose del Hombre, que intenta asirla del brazo. La agarra desde atrás cuando ella toca el picaporte).

CHICA ¡LARRY! ¡LARRY! ¡LARRY! (La Mujer suelta los zapatos y corre a ayudar al Hombre a arrastrar a la Chica hasta el centro de la habitación, la Chica forcejea y les pega). ¡Suéltenme! ¡Déjenme salir de aquí!

MUJER ¡Perra! ¡Maldita perra! (Forcejean más aún, tirando algunos objetos y una silla, de la cual se aferra la Chica. Finalmente, arrojan a ésta sobre la cama. Ella se incorpora estremecida tratando de recobrar el aliento, con el pelo en desorden. La Mujer se chupa la muñeca).

HOMBRE (Replica, guardando la llave en el bolsillo, con manos temblorosas). Tú te quedas aquí y no te muevas de esta cama hasta que yo te lo indique. Porque si no, traigo el cinto. ¿Es eso lo que quieres? ¿El cinto?

MUJER ¡Eso es lo que necesita, maldita sea! ¡Mira lo que me hizo! (Le enseña su muñeca y vuelve a chupársela, echando miradas furibundas a la Chica. El Hombre se mete la camisa dentro del pantalón).

HOMBRE ¡Esto es el colmo! Y tenías que hacerlo esta noche, ¿eh? (Mira a la Chica, mientras prosigue acomodándose). ¿No sabes los problemas que yo he tenido hoy? ¿Que todos tuvimos hoy? ¿Acaso te importa? No, qué te va a interesar; lo único que te interesa es tu persona. Sólo Dios sabe que lo has demostrado de manera fehaciente.

CHICA Yo no soy Verónica. Usted sabe que no lo soy. (El Hombre suspira. La Mujer se arregla el pelo y el vestido). Soy Susan Kerner, estudio en la Universidad de Boston y mi cédula de identificación está abajo, en mi cartera.

MUJER Junto con Larry. (La Chica mira a la Mujer y luego al Hombre, que está levantando la silla caída).

CHICA Está… en el perchero o como quiera se llame eso que hay en el vestíbulo, debajo de las astas del ciervo que hay en la pared. Ahí estaba, al menos.

MUJER (Al Hombre, ayudándolo a recoger diversos objetos). Yo te dije que debíamos entregársela a ellos, ¿no? Pero no, claro, ¡el escándalo nunca debe manchar el sagrado nombre de los Brabissant!

HOMBRE Está bien, está bien.

MUJER ¡Al fin y al cabo, en Europa había Brabissants que eran barrenderos! ¡Y hablo de los que alcanzaron el éxito!

HOMBRE Cállate, Nedra. (Siguen arreglando las cosas. La Chica los observa).

MUJER Podríamos habernos ahorrado todo este sufrimiento… Y ni hablar del gasto.

CHICA ¿Quiénes son ustedes?

MUJER ¡Ja! ¡Quiénes somos nosotros!

HOMBRE (Mira fríamente a la Chica). Yo soy Amos. Ella es Andy… Ahora basta de tonterías. Pórtate bien. (Sigue ordenando. La Chica observa).

CHICA ¿Realmente creen que soy Verónica? ¿O es que están jugando a algo?

MUJER Ya te vas a enterar a qué estamos jugando si no empiezas a hablar con tu voz normal. (La Chica mira confundida a su alrededor, se mira a sí misma y su brazo izquierdo, del cual muestra la parte de adentro).

CHICA ¿Verónica tenía una cicatriz como ésta? ¡Me hirieron con una flecha en un campamento, cuando tenía once años! ¡En el campamento Allegheny, en Shanksville, Pennsylvania!

MUJER Eso te lo hiciste tú misma con unas tijeras, a los catorce años.

HOMBRE Nunca fuiste a un campamento. (Él y la Mujer terminan de colocar todo, La Chica canta, con la melodía de Chicas de Búfalo).

CHICA «¡Las chicas de Allegheny están listas para luchar! ¡Están listas para luchar! ¡Están listas para luchar! ¡Las chicas de Allegheny están listas para luchar! ¡Lucharán día y noche…!». (Después de intercambiar miradas de conmiseración, el Hombre y la Mujer se colocan junto a la puerta).

HOMBRE Tranquilízate y vete a la cama. Y mañana te conviene hablar como siempre.

CHICA (Poniéndose de pie). ¿Ustedes están locos? ¿Cuánto tiempo creen que Larry se va a quedar esperando ahí abajo? Me sorprende que aún no haya subido; ya hace… no sé cuánto hace que bajó. (Vacila y mira incierta al Hombre y a la Mujer). Y él estaba ansioso por terminar… (Les clava la mirada).

HOMBRE Abajo no hay nadie.

CHICA ¿Le hicieron algo a él?

MUJER (Al Hombre). ¿Vas a hacer que se calle o no?

CHICA Usted iba a invitarlo a whisky irlandés… ¿Le puso algo dentro?

MUJER ¿Por qué te quedas parado, Lloyd? ¡Dame la llave; yo traeré el cinto!

CHICA (Da un paso atrás). ¡Dios mío, son dementes…!

MUJER (Increpándola). ¿Que nosotros somos dementes? ¡Eso sí que tiene gracia, sobre todo viniendo de ti, Verónica!

HOMBRE (Mirando a la Chica). Llama al doctor Simpson. (Saca la llave del bolsillo y se la extiende a la Mujer).

MUJER (Mira la llave y luego a él). ¿Hablas en serio? ¿No ves que se está haciendo la artista? ¡Ella no cree en este asunto de Larry!

HOMBRE (Volviéndose hacia ella, extendiéndole la llave). Llama a Simpson.

MUJER ¡Hoy ya vino dos veces por Conrad! Yo no voy a…

HOMBRE ¡Maldita sea! ¿Por una vez en la vida vas a hacer lo que te digo, sin discutir? (Le toma la mano y la obliga a apretar la llave). ¡Llámalo! ¡Ahora mismo!

MUJER ¡Está bien…! (Va hasta la puerta y abre la cerradura).

HOMBRE Dile que se dé prisa.

MUJER (Gira, le devuelve la llave y le lanza una mirada furiosa). ¡Dos dólares tirados al cubo de basura! (Abre la puerta y sale. El Hombre cierra la puerta con llave. Se vuelve para mirar a la Chica, que lo contempla atemorizada).

HOMBRE Regresa a tu cama. (La Chica se retira unos pasos. El Hombre se dirige a la mesita que hay junto al sofá, mientras guarda la llave en el bolsillo. Respira hondo y se da masajes en la frente. Sentada en el borde de la cama, la Chica lo mira atentamente. El Hombre levanta el vaso de leche de la mesa y bebe. Lo deja nuevamente, saca un pañuelo de su bolsillo y se limpia la boca, la frente y las palmas de las manos).

CHICA Yo creía que ustedes… querían a Verónica…

HOMBRE (Se frota pensativo la palma de la mano). La queríamos, hace mucho tiempo, y quizás aún podríamos quererla un poco… (La mira tristemente) si tú… no hicieras cosas…

CHICA Yo no soy Verónica. (El Hombre suspira). Soy Susan Kerner, estudiante de la Universidad de Boston. (El Hombre se sienta a los pies del sofá y se pasa ambas manos por la cara). Y usted tampoco es el padre de Verónica. Si ella tenía veinte años en 1935, él debe haber tenido cuarenta por lo menos. Así que ahora tendría… (Apoya una mano en la frente y cierra los ojos. Dice para sí misma). A ver… sesenta y tres menos treinta y cinco… (Saca la cuenta, baja la mano). Ahora debería tener casi ochenta. O más. ¡Usted no tenía siquiera esa edad antes!

HOMBRE (Pacientemente, sin mirarla). Estamos en 1935. Yo tengo cuarenta y ocho años. Tu madre tiene cuarenta y seis.

CHICA (Pausa. Lo estudia con la vista). Ya lo sé. Pero ella vive en Youngstown, Ohio… ¿Qué es lo que pretenden de mí? ¿Que finja ser Verónica y me quede aquí? ¿Mataron a Larry? ¿Lo mataron? ¡Él debería estar aquí arriba, golpeando la puerta!

HOMBRE (Suspira, agita la cabeza y mira a la Chica). No hables más, ¿de acuerdo? Eso es lo que quiero de ti. Que no hables. Vamos a esperar a que llegue el doctor Simpson. (Una vez más desvía la mirada, profundamente perturbado. La Chica lo observa y comienza a quitarse las horquillas del pelo).

CHICA ¡El doctor Simpson no existe! ¡Probablemente tendría cien años ahora! (Mira brevemente la puerta). ¿Qué está haciendo ella realmente? (El Hombre no responde). ¿Se está cambiando de nuevo? ¿Quién va a ser ahora? ¿Henrietta, la cocinera?

HOMBRE (La mira, extendiendo una mano con la palma hacia arriba). ¿Ves?

CHICA ¡Ella me habló de Henrietta!

HOMBRE (Desvía la mirada). No hables. (Cuando termina de quitarse las horquillas, la Chica se peina el pelo suelto, con los dedos. El Hombre la observa). Te has dejado crecer el pelo… (La Chica le echa una mirada furiosa. Él vuelve a desviar la vista). Te queda bonito así suelto. Todas las chicas deberían dejarse crecer el pelo bien largo. (Al oír un golpe en la puerta, instantáneamente la Chica se pone de pie).

CHICA ¿Larry?

HOMBRE Siéntate. (Se levanta y va hacia la puerta, sacando la llave del bolsillo. La Chica permanece de pie. El Hombre abre la puerta y entra la Mujer con el mismo aspecto de antes, salvo una cinta adhesiva en la muñeca).

MUJER Ya viene. (El Hombre cierra la puerta con llave. La Mujer mira a la Chica). ¿Cómo está Luise Rainer?

HOMBRE (Se vuelve, guarda la llave en el bolsillo). No se está haciendo la artista. De verdad cree que estamos en 1973.

MUJER Sí, claro. Ahora cuéntame otra.

CHICA Enciendan la radio. (La Mujer y el Hombre la miran). Tienen radio, ¿no? ¡Se inventó alrededor de 1935! (Al Hombre). ¡Usted mencionó a «Amos y Andy», que eran estrellas de radio!

HOMBRE (Asiente con la cabeza). Tenemos una radio…

CHICA (Da un paso hacia ellos). ¡Entonces enciéndala! (El Hombre mira a la Mujer).

MUJER ¿Y se puede saber cómo hacemos para subirla?

CHICA (Chasquea los dedos y luego apunta a la Mujer con el índice). ¡Ah, qué rápida que es, Maureen! ¡Nedra, Henrietta, usted improvisa a la perfección! (Da otro paso hacia ellos extendiendo el pulgar y el índice a varios centímetros de distancia). ¿Me creería si le digo que van a existir radios del tamaño de un paquete de cigarrillos?

HOMBRE Supongo que… puede darse el caso…

CHICA ¡Mierda! ¡Ya lo creo que puede darse el caso!

HOMBRE Nada de malas palabras.

CHICA (Volviéndose). ¡Ahora son buenas palabras!

HOMBRE Vuélvete a la cama.

CHICA Está bien. (Gira hacia la cama, pero se mete corriendo en el baño y cierra la puerta. El Hombre y la Mujer intercambian miradas, impávidos).

MUJER ¡Esa puerta no tiene cerradura, querida! (Se sienta en un sillón y se pone cómoda. El Hombre se sienta a los pies del sofá. Al cabo de un momento, se abre la puerta del baño y sale la Chica, que los mira con aire funesto). La quitamos después de que lo hicieras por primera vez.

CHICA Escúchenme un momento… La gente cuerda no se vuelve loca así porque sí. Ustedes están fingiendo. Maravillosamente bien, tengo que admitirlo, pero están fingiendo.

MUJER (Al Hombre). ¿Sabes una cosa? Estoy empezando a creer que tienes razón.

HOMBRE Claro que la tengo. Mírala, por Dios. (Miran a la Chica, y ella los mira a su vez).

CHICA ¡Larry y yo fuimos a un restaurante! (A la Mujer). ¡El Larry que usted probablemente fue a enterrar a la planta baja…! ¡Se llamaba el No Sé Qué de Oro, no me acuerdo bien, pero ustedes estaban en la mesa contigua, ustedes dos, tenían como sesenta años —supongo que estaban maquillados— ¡y hablaban con un acento irlandés capaz de hacer enorgullecer a San Patricio…! Dijeron que eran el matrimonio Mackey, John y Maureen, y…

MUJER (Interrumpiéndola). ¿John y Maureen?

CHICA ¡Sí! ¡El jardinero y la criada!

HOMBRE (Una pausa). Sabemos quiénes son.

CHICA Ustedes dijeron que yo me parecía a Verónica. Vinimos aquí a ver un retrato de ella. ¿No les suena nada de esto? ¿Nada de esto logra atravesar el efluvio maligno que los rodea? (El Hombre y la Mujer agitan la cabeza, totalmente desconcertados). Están mintiendo, tienen que estar mintiendo… Y en el trayecto me contaron de Cissie, y me preguntaron…

MUJER (De pie). No-te-atrevas-a-mencionar-su-nombre! (Va hacia la Chica, apuntándola con un dedo). ¡Que no salga de tus labios! ¡Nunca! (Se para delante de la Chica. Ésta retrocede un paso, asustada. El Hombre se levanta).

HOMBRE ¿Qué te contamos de ella?

CHICA ¡Usted sabe muy bien lo que me dijeron de ella, maldito sea!

HOMBRE ¿Qué te contamos?

CHICA (Se aleja más de la Mujer. Al Hombre). Que se está muriendo de cáncer… Que cree que Verónica está viva… (Crece la indignación en la Mujer. La Chica la contempla inquieta, y vuelve a hablarle al Hombre). Me pidieron que simulara ser Verónica, que… le dijera que no estoy enfadada con ella. Ella se siente muy culpable por la muerte de Verónica.

MUJER (Se aprieta la cara con las manos y exclama). ¡Jesús, María y José! (En un susurro estremecido). ¡Sujétame, Lloyd, sujétame! ¡No dejes que le haga daño! (Rápidamente, el Hombre se acerca a la Mujer y la toma por los hombros. Atemorizada y confundida, la Chica mira a ambos).

HOMBRE ¿Cissie viva? ¿Que Cissie se siente culpable?

CHICA ¡Y que Verónica está muerta! ¡Eso fue lo que me dijeron! ¡Esta noche! ¡En 1973!

MUJER (Con un gemido de dolor). ¿Cómo puede decir eso…?

HOMBRE (Calmándola, apoyándole los labios en la oreja). Ella lo cree, Nedra, lo cree. Algo se ha… desconectado en su cerebro. Yo me he enterado de que eso ocurre, cuando alguien no puede enfrentar la realidad.

CHICA (Meneando la cabeza). Ah, no, no. Esa es la realidad. Eso es lo que ustedes me dijeron. En el restaurante, en el coche, en esta misma habitación. Los muebles estaban tapados con fundas. Tuvimos que… arreglar todo… (La Mujer baja las manos y mira a la Chica; el Hombre también la observa). Yo soy Susan Kerner…

MUJER ¡Claro que te gustaría serlo…! (Apartando las manos del Hombre de sus hombros). ¡Claro que te gustaría ser alguien, cualquiera, dentro de muchos años, ir a la escuela, ser libre como un pájaro! (Se acerca a la Chica; ésta se retira). ¡Con un novio Larry que te lleve a los restaurantes! ¡Y una familia que te quiera, en vez de ésta tu propia familia, que desearía verte muerta! (La Chica retrocede alrededor de la mesa de juego, manteniéndose a distancia de la Mujer, que la persigue). ¿Crees que eso es la realidad? ¿Esa historia del restaurante? ¿De veras no lo haces para atormentarnos?

CHICA Es la realidad. Ocurrió esta noche.

MUJER (Agitando la cabeza). No te voy a dejar escapar tan fácilmente. Yo te voy a dar la realidad real. Nunca vas a mezclar las cosas en tu mente, ¡al menos mientras yo esté viva…! ¿Por qué crees que te mantenemos encerrada en esta habitación?

CHICA ¡Yo no sé por qué me tienen encerrada aquí!

HOMBRE (Levantando una mano). No lo dijiste de manera adecuada, Nedra. (Mira a la Chica). ¿Por qué crees que mantenemos encerrada a Verónica en este cuarto? La manteníamos encerrada en este cuarto, en 1935.

CHICA (Lo mira un instante). Usted dijo… que ella tenía tuberculosis.

MUJER Si tuvieras tuberculosis… estarías internada… Si tuvieras tuberculosis, no habríamos puesto un cerrojo en tu puerta ni barrotes en tus ventanas. De hierro forjado, que costaron seiscientos cincuenta dólares… Si tuvieras tuberculosis, sería una gran ventaja.

CHICA Entonces, ¿por qué la tenían encerrada?

MUJER Te tenemos encerrada… porque mataste a Cissie… ¿No te «suena esto»? ¿Nada de esto «logra atravesar el efluvio maligno»? (La Chica menea la cabeza, mirando a la Mujer). Una tarde, cuando tenías quince años —el viernes veintiuno de noviembre de 1930, para ser más precisa—, la golpeaste en la cabeza con una pala, más de una vez, en el sótano; la arrastraste hasta la carbonera y la escondiste debajo del plano de descarga. Era el día en que venía el reparto de carbón. Vino. Cinco toneladas. Yo la encontré poco después; la había visto bajar detrás de ti, y asomaba una de sus piernas. Y luego te encontré aquí, lavándote las huellas. No habías terminado aún, desgraciadamente para ti… Desgraciadamente para mí, tu padre decidió (Haciendo una inclinación de cabeza al Hombre) —tenía motivos idiotas— (Nuevamente se dirige a la Chica) no entregarte a la Policía. Y desde entonces lleva gastados más de veinte mil dólares para guardar nuestro pequeño secreto. Cinco mil dólares al doctor Harvey para que pase por alto las marcas de la pala. ¿Recuerdas al doctor Harvey, el que venía antes que el doctor Simpson? (La Chica responde que no con la cabeza). Otros cinco mil dólares al médico forense con el mismo objeto. Dos mil dólares a una persona de Devereaux para hacerle figurar en los registros del colegio hasta tu graduación, a pesar de que te sacamos y te escondimos aquí. Te acuerdas de Devereaux, ¿no? (La Chica menea la cabeza). ¿No? Hubiera jurado que sí. (Canta, con la melodía de Chicas de Búfalo). «¡Las chicas de Devereaux están listas para luchar! ¡Están listas para luchar! ¡Están listas para luchar…!». Mil dólares cada Navidad a John y Maureen; supongo que será por eso que en 1973 pueden ir a cenar a los restaurantes. Quinientos cada Navidad a Henrietta. Lo mismo al doctor Simpson que se preguntaba, desde luego, por qué tenemos una hija encarcelada, y diversos gastos más: las rejas, los rompecabezas, ocasionalmente las ventanas y espejos rotos. (Levanta la muñeca y señala). Las cintas adhesivas… Esa es la realidad, Verónica. Tú mataste a Cissie. Por eso te mantuvimos aquí en 1935, y por eso te mantendremos aquí en 1936, y en 1937, y en 1938, y en 1973, y en cada año hasta que te mueras. Se lo juré a Cissie, cuando la besé en el ataúd. (Se aparta. La Chica permanece agitando débilmente la cabeza. El Hombre vuelve a sentarse al pie del sofá. La Mujer se dirige a la Chica). Y ya puedes dejar de arrojar esos mensajes por la ventana; Conrad no te ayudará. Él siente lo mismo que nosotros. Cuando nosotros hayamos muerto, él te mantendrá encerrada aquí. Me lo juró por la Biblia… Bueno, ¿qué era lo que estabas diciendo sobre nuestro encuentro en el restaurante?

CHICA (Menea débilmente la cabeza, con los ojos cerrados). Yo no soy Verónica… (Abre los ojos y se mira el atuendo). Este vestido no es mío… (Toma la manga izquierda y la arranca del hombro. El Hombre se pone de pie de un salto; él y la Mujer corren hacia la Chica). ¡Ese rompecabezas no es mío…! (Tratan de sujetarla, pero ella consigue tirar al suelo parte del rompecabezas).

HOMBRE ¡Cálmate, cálmate!

MUJER ¡Agárrala del brazo!

CHICA (Girando, mientras la sujetan). ¡Este-CUARTO-no-es-mío! (Sonoro golpe en la puerta).

MUCHACHO (Afuera), Eh, ¿qué pasa ahí dentro?

CHICA (Un estallido de alivio). ¡LAARRRYY! (El Hombre y la Mujer se miran).

MUCHACHO (Afuera). ¿Puedo entrar? (Intenta abrir la puerta).

CHICA ¡LLAMA A LA POLICÍA! ¡VE A BUSCAR…! (El Hombre le tapa la boca, pero ella se las ingenia para hacerle sacar la mano). ¡VE A BUSCAR UN TELÉFONO Y LLAMA A LA POLICÍA! ¡ESTÁN LOCOS! ¡LOS DOS! ¡RÁPIDO! ¡LLAMA A LA POLICÍA! ¡SON DEMENTES! ¡HAN ESTADO…! Suélteme (Se libera del Hombre y la Mujer y corre baria la puerta). ¡LLAMA A LA POLICÍA, LARRY! ¡LLAMA A LA POLICÍA! (Se queda escuchando un momento; luego se vuelve y mira al Hombre y a la Mujer, con las manos sobre el pecho). ¡Dios mío! ¡Dios mío…! ¿Lo oyeron? ¿O eso no era la realidad? (La Mujer se hunde en un sillón, junto a la mesita de juego, tapándose el rostro con una mano. El Hombre le acaricia la cabeza para calmarla). Fue a llamarlos. Y si el teléfono no funciona, los avisará de algún modo. Saldrá corriendo al camino y parará un coche… ¡Dios mío, ustedes están muy enfermos! ¡No sé siquiera cómo calificarlos! ¡Necesitan atención médica con toda urgencia! (Extendiendo una mano, se acerca al Hombre, que la mira acongojado). ¡Deme esa llave ahora mismo y tal vez, tal vez, no los vaya a denunciar! (El Hombre extrae la llave del bolsillo). ¡No se olviden de que Larry es abogado! (El Hombre tiende la llave; la Chica se la arrebata con aire de triunfo). ¡Por fin! ¡Casi me habían hecho creer toda esta locura! ¿Qué clase de diversión fue para ustedes? Pensé que, a lo mejor, yo me había imaginado todo, a mí misma, mi familia, la universidad, todo el podrido mundo. (Retrocede hacia la puerta). El campamento Allegheny… ¡Hasta llegué a preguntarme si yo no habría inventado eso de los aparatos de radio pequeños! (Gira, coloca la llave en la cerradura y la abre). ¡Uf! ¡qué noche! ¡Nunca jamás hablaré con desconocidos! (Con una mano en el picaporte se vuelve para echar una última mirada a la Mujer, que se ha quitado la mano de la cara y mira a la Chica con calma). ¡Ah, señora, usted está muy, muy enferma! (Se vuelve y abre la puerta. El Muchacho está ahí, parado, con un maletín de médico. Lleva sombrero, un abrigo abierto y un traje con chaleco, a la moda de 1930. No usa bigote. La Chica retrocede varios pasos, con la mirada clavada en él. El Muchacho le sonríe, entra en la habitación y se quita el sombrero).

MUCHACHO Verónica… (Saluda con una inclinación de cabeza al Hombre y a la Mujer). Señor Brabissant… Señora… (La Chica retrocede más aún. El Muchacho se acerca al escritorio y deja allí el sombrero y su maletín de médico. Comienza a quitarse el abrigo). Pulsé tres o cuatro veces el timbre; finalmente bajó Conrad y me hizo pasar. Lo mandé de vuelta a la cama.

CHICA (Con la vista fija en él) . Hijo de puta… ¡Era un bigote falso! (El Muchacho la mira sorprendido, y luego mira al Hombre, que se halla en camino hacia la puerta).

HOMBRE Se está portando así desde hace media hora. (Cierra la puerta con llave).

CHICA ¡Y un falso encuentro en el restaurante! «Entremos aquí, Susan, que sirven unos mariscos fantásticos. Sentémonos allá. ¡No mires, pero te están observando!». (A la Mujer, con acento irlandés). «¿No te parece que alguien guiaba nuestros pasos esta noche, que alguien nos reunió?». (Mira nuevamente al Muchacho). Ya lo creo que alguien guiaba nuestros pasos…

MUCHACHO (Deja su abrigo en el respaldo de la silla del escritorio. A la Mujer). Esto no suena a ficción, señora Brabissant.

HOMBRE (Guardando la llave en el bolsillo). No, no. No finge. Ella está absolutamente…

MUJER Antes parecía que sí, pero supongo que ahora realmente…

CHICA (Interponiéndose). ¡Y nuestra salida del domingo! También fue para esto, ¿no? ¡Hijo de la puta! ¡Y yo que creía que yo te había insinuado la salida!

MUCHACHO (Encaminándose hacia la Chica con cautela, sonriente, tocándose el pecho). Verónica, soy yo, el doctor Simpson…

CHICA ¡Vete a la misma mierda, hijo de puta! (El Muchacho queda desconcertado; el Hombre se sobresalta compungido, la Mujer sonríe).

MUJER Así hablan en 1973… Dan ganas de morirse en el 72…

MUCHACHO (Con los ojos posados en la Chica, mientras se aproxima a ella). Tranquilízate, por favor, Verónica. (La Mujer hace un gesto como si pidiera disculpas).

CHICA Está bien. ¿Qué clase de escena es ésta? ¿Qué es lo que persiguen? MUCHACHO Tus padres están preocupados por ti, y me pidieron que viniera a ayudarte. (La Chica lo mira de hito en hito a medida que él se le aproxima).

CHICA ¿Eric está mezclado en este asunto? ¿Acaso es una broma? ¿Tú eres amigo de él?

MUCHACHO ¿Eric?

CHICA ¡Eric Sonneman!

MUJER Debe estar en la planta baja, con Larry. (El Muchacho se vuelve y le lanza una mirada de reproche).

MUCHACHO Será mejor que usted se vaya de este cuarto, señora Brabissant.

MUJER Me quedaré en silencio.

MUCHACHO No. ¿Por qué no se va a ver cómo está Conrad?

MUJER (Lo mira un momento). Dije que me quedaría en silencio.

HOMBRE Permítale quedarse, doctor.

MUCHACHO (Mira a su alrededor, al Hombre primero, y luego a la Mujer. Asiente). De acuerdo… (Se acerca más a la Chica). ¿Quién es Eric Sonneman?

CHICA Ya no tiene importancia.

MUCHACHO No, vamos. ¿Quién es él?

CHICA Un hombre mejor que tú, Gunga Din. (El Muchacho le estudia el rostro y los ojos con la mirada; ella se vuelve).

MUCHACHO ¿Es el año… 1973?

CHICA De punta a punta.

MUCHACHO (Sonriente introduciendo una mano en el bolsillo de la chaqueta). Bueno, al menos ambos estamos en los Estados Unidos, ¿verdad? (Exhibe varias monedas en la palma de la mano; elige una muy brillante, la toma, la mira) 1934… (La extiende para que la mire la Chica. Ella le echa un vistazo rápido y desvía los ojos). Mírala.

CHICA Los coleccionistas tienen monedas viejas que están nuevecitas, y brillantes.

HOMBRE (Súplica desesperada). Oh, Verónica… (La Mujer agita la cabeza y suspira. El Muchacho vuelve a colocar la moneda en la palma de su mano y examina las restantes).

MUCHACHO 1928, 1933, 1931, 19… (La Chica se vuelve y le golpea la mano hacia arriba. Las monedas chocan contra la cara y los hombros del Muchacho, que da un paso atrás y la mira fijo).

MUJER (Al Muchacho). Tenemos vendas, si quiere. (El Hombre recoge algunas monedas. El Muchacho continúa mirando a la Chica).

MUCHACHO Parece ser que te estás poniendo violenta…

HOMBRE (Enderezándose). Empezó antes de que usted llegara. Ella se desgarró el vestido; nosotros no se lo hicimos. (Pausa durante la cual el Muchacho, el Hombre y la Mujer miran a la Chica. Ésta señala al Muchacho y consigue hablar sin demostrar excesivo miedo).

CHICA Mucho cuidado con lo que haces, amigo. Mis compañeras saben que salí contigo.

MUCHACHO ¿Tus compañeras?

CHICA ¡Sí, mis compañeras, mis compañeras!

MUCHACHO (Tocándose el pecho). ¿Saben que saliste conmigo?

CHICA (Su seguridad se desvanece. Lo contempla desinflada). ¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre verdadero? (Ahora se le nota el miedo). ¿Jack el Destripador?

MUCHACHO (Sonriendo). Samuel Simpson, médico. (Mete la mano en la chaqueta). Si quieres, puedo enseñarte mi carnet de conducir.

CHICA (Alejándose un paso de él). Tíralo adonde acostumbraban antes a tirar las cosas. (El Muchacho hace un gesto de tolerante asentimiento, guarda la billetera y se agacha a recoger unas monedas. El Hombre le entrega las que él ha juntado).

MUCHACHO Ah, gracias.

CHICA (Los mira a todos). ¿Y ahora qué van a hacer? ¿Me van a violar? (Mira a la Mujer). ¿Los tres? (La Mujer echa fuego por los ojos. El Muchacho sonríe).

MUCHACHO Nadie te hará daño, Verónica. Nosotros queremos…

CHICA (Interrumpiéndolo, pasando a su lado). ¡Basta ya de decirme Verónica! ¡Es mentira, todo es mentira! ¡Ustedes consiguieron esta casa, ustedes arreglaron este cuarto, ustedes inventaran toda la historia! (Al Hombre, al pasar junto a él). ¡Son unos chiflados, con una cierta predilección por el año 1935!

MUJER Todo lo que te dijimos es verdad.

CHICA ¡Mierda! ¿Por qué lo habría hecho ella? Las chicas no matan a sus hermanitas. A sus padres, a veces, como Lizzie Borden, pero no a sus hermanitas. ¡Jamás oí semejante cosa!

MUJER No hablemos de por qué lo hiciste, por favor.

CHICA ¡Por supuesto que no! ¡Seguro que se olvidó de inventar esa parte! (Se para frente a ella y hace chasquear los dedos). ¡Vamos Maureen, usted parece ser la más rápida del grupo! ¿Qué pasa? ¿Se le está desvaneciendo su vieja capacidad creativa?

MUJER (Con los ojos cerrados, hablando entre dientes). Aléjate de mí…

CHICA No, no, vamos, usted puede pensar algo. Una persona que retruca «¿Cómo hacemos para subirla?». ¿Por qué una chica de quince años iba a matar a su hermana, dos años menor? ¿Eh? ¿Porque se pelearon jugando? (La Mujer se vuelve y se tapa la cara). ¿Y? ¿Hmmm? ¿No le viene ninguna idea? ¿Se le fue la inspiración?

HOMBRE ¡Ella sabía lo que tú hacías con Conrad! (La Chica se vuelve y lo mira). ¡Ella te estaba observando! ¡Impidiéndote…!

CHICA ¿Impidiéndome qué?

HOMBRE (Turbado). Tener relaciones sexuales con Conrad… (La Chica le clava la mirada). Tú le enseñaste, y lo obligabas a hacerlo contigo a menudo.

CHICA ¡Él tenía doce años en ese entonces!

HOMBRE (Asiente amargamente con la cabeza). Doce, sí, doce. Tu hermano.

CHICA El hermano de Verónica.

MUJER Tu hermano… (Se ha quitado la mano de la cara y mira con odio a la espalda de la Chica).

HOMBRE Cissie te pescó con él en el garaje, unos días antes. Le imploraste que no nos dijera nada, y juraste que no lo harías más. Ella aceptó guardar el secreto por no darnos un disgusto, pero continuó vigilándote. Por eso te siguió hasta el sótano. Por eso es que tú hiciste que te siguiera… Conrad nos lo contó esa noche. Estaba contento de librarse de ti. Lo tenías aterrorizado. (Él y la Chica se miran. El Muchacho mira el suelo agitando la cabeza. La Mujer observa a la Chica, que enfila hacia el Hombre).

CHICA Retiro lo dicho… ¡Usted es el más listo! ¡Qué hermosura! ¡Esa historia calza justo… como si fuera una pieza de ese rompecabezas! ¡Abandone la hilandería; ya puede empezar a escribir radionovelas! Y dicho sea de paso, no se preocupe, la Depresión va a mejorar, Roosevelt arreglará todo!

MUCHACHO (Sonriendo). Eso es lo que dicen. Ojalá sea así.

CHICA Muy bien, volvamos a comenzar. (Se acerca al Muchacho y recita con voz monótona y paciente). Estamos en 1973, no en 1935. Yo soy Susan Kerner, no Verónica. Voy a la Universidad de Boston. Nací en (Da media vuelta y se aproxima al Hombre) Youngstown, Ohio. Mi padre es dentista. Tiene el consultorio número doscientos, en el Edificio Hoover. Mi madre estudió canto con Rosa Ponselle; suele cantar (Se vuelve y se aproxima a la Mujer) en fiestas y no hay quien la pare. Tengo un hermano, Sandy, que está viajando por Portugal. ¡Vuelve a casa, Sandy! (El Hombre y el Muchacho se miran: el Hombre hace un gesto de asentimiento con la cabeza). Vivimos en Winthrop Circle 8, y nuestro número de teléfono es nuevo, pero en seguida lo voy a recordar. Yo vivo aquí en (Se vuelve y nuevamente camina hacia el Muchacho. Habla más rápido, como si fuera a perder la razón) Exeter, ¡con dos compañeras! ¡Diane, que es medio tonta, y Leslie, que es un encanto! (A medida que la Chica va acercándosele, el Muchacho mira a la Mujer; ésta le hace un gesto con la cabeza, indicándole el escritorio). ¡Tengo que entregar una monografía sobre etnografía el lunes, y lo único que he hecho es juntar material! (Se da vuelta y camina hacia el Hombre). Nixon ocupa la Casa Blanca. (Extendiendo los brazos con aire de triunfo). ¡Richard M. NIXON! (Apuntando con un dedo al Muchacho, que iba a moverse). ¡George McGovern! (Va hacia el Hombre. El Muchacho se dirige hasta el escritorio). ¡Teddy Kennedy! ¡Ethel Kennedy! ¡Jackie Kennedy! ¡Ari Onassis! (Se vuelve y se acerca a la Mujer) ¡The Rolling Stones! ¡The Mothers of Invention! ¡Mama Cass! ¡Johnny Cash! ¡Henry Kissinger! (El Muchacho está de espaldas, junto al escritorio). ¡Dan Rather! ¡Margaret Mead! ¡R. D. Laing! ¡Robert Redford! ¡Robert Goulet! ¡Robert Stack! ¡Cualquier Robert! ¡Gloria Steinem! ¡Jane Fonda! ¡Paul Newman! (Se vuelve). ¡Joanne Woodward! ¡Woody Allen! (Pasea la vista a su alrededor. La Mujer se pone de pie). ¡Woody Guthrie! ¡El PÁJARO LOCO! (Advierte que el Muchacho ha abandonado el escritorio y esconde la mano derecha detrás de la espalda). ¿Qué tienes ahí?

MUCHACHO (Aproximándose inocentemente). Nada que te pueda hacer daño. Simplemente, para calmarte.

HOMBRE (Acercándose también a la Chica). ¿Qué eran todos esos nombres que mencionaste? (Ella los mira fijamente. Luego gira y echa a correr hacia la cómoda, toma un adorno y se lo arroja al Muchacho. Se estrella contra la pared. Agarra otro, pero el Hombre la sujeta por el brazo izquierdo y la hace volverse. El objeto vuela, entonces, hacia la librería. El Muchacho se acerca apresuradamente y le traba el brazo derecho debajo de su brazo izquierdo).

CHICA ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! (Al Muchacho). ¡No quiero una inyección! ¡No quiero una inyección! (El Muchacho sostiene una jeringa hipodérmica en la mano derecha. Junto con el Hombre, arrastran a la Chica hasta el sofá). ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Está bien! Soy Verónica. Soy Verónica. (La Mujer se ha acercado rápidamente al sofá y al tiempo que el Hombre y el Muchacho llevan ahí a la Chica, ella arrebata apresuradamente un almohadón). Soy Verónica. Soy Verónica. Soy Verónica. Soy Verónica. (El Muchacho y el Hombre la colocan sobre el sofá y se quedan semi agachados a ambos lados, sosteniendo a la Chica de los brazos. La Mujer se coloca del lado del Muchacho, con el almohadón en la mano). Soy Verónica. Soy Verónica. Me voy a calmar. No necesito ninguna… inyección. En serio. Soy Verónica. Estoy bien. Dejaré de… fingir. Tenías razón, mamá… sólo estaba fingiendo. Pero no lo haré más. No lo haré nunca más. (La Mujer y el Hombre la miran atentamente; el Muchacho, sin mover la jeringa, observa a todos). Trataré de hablar con mi voz normal (con acento de Massachussetts temblando de terror) aunque ahora estoy ronca y probablemente no me va a salir como siempre. Pero estoy bien. Me tranquilizaré. Me iré a la cama calladita como tú dijiste, papá. Lamento… haber armado tanto escándalo. Yo estaba… celosa porque Conrad concentraba toda la atención. Por la fiebre que tiene. Perdónenme. (Trata de esbozar una sonrisa). Estoy bien. Ahora pueden soltarme. Me desvisto y me meto en la cama.

MUJER (La mira fríamente un largo rato). ¿Recuerdas por qué te mantenemos aquí?

CHICA Sí, ¡Sí, lo recuerdo! Nunca lo olvidé, sino que estaba simulando.

MUJER ¿Por qué te tenemos aquí?

CHICA Porqué maté… (Se interrumpe cautelosamente, mirando a la Mujer).

MUJER Vamos, di su nombre…

CHICA (Pausa. Vacila). Cissie… Maté a Cissie. Lo siento mamá. ¡Juro que lo siento!

HOMBRE ¿Y sabes por qué la mataste?

CHICA Porque sabía lo que yo estaba haciendo con Conrad. Y… me impedía hacerlo… más. (Mira suplicante al Hombre, a la Mujer y al Muchacho, que ha bajado la jeringa. Se dirige a todos). ¿Ven? Ya dejé de fingir. Soy Verónica. Estamos en 1935. Yo… inventé todos esos nombres y esas cosas de Susan. Susan no existe, inventé todo. Todo… ¿Ahora me van a soltar? Por favor. Me iré a la cama sin hacer más líos. Mañana voy a pintar y armar mi rompecabezas. Y mi voz será normal. No tiraré más mensajes por la ventana. Desde ahora en adelante voy a ser buena.

MUJER Eso mismo dijiste la última vez. Cuando simulabas ser francesa y no querías hablar en inglés.

CHICA (Pequeña pausa). Esta vez lo digo en serio, mamá. Juro que sí. (El Hombre suelta el brazo de la Chica y se queda parado. El Muchacho le suelta el otro brazo y apoya la jeringa sobre la mesita de la lámpara. La Chica se frota los brazos mirando a la Mujer; que se vuelve, mira el almohadón que sostiene en las manos y luego levanta la vista al cielo).

MUJER Por Dios Lloyd, ¿qué vamos a hacer con ella?

HOMBRE (Meneando la cabeza, mirando a la Chica). No sé, Nedra. Realmente no lo sé…

MUJER (A la Chica). Dices que no volverás a hacerlo, pero hay tanta maldad en ti que… Cómo no vas a intentarlo de nuevo!

CHICA No lo haré. Prometo que nunca más.

HOMBRE Cissie era un ángel y tú la asesinaste…

CHICA (Asintiendo con la cabeza). Sí… sí…

MUJER Conrad también era un ángel hasta que tú… hiciste lo que hiciste con él.

CHICA Sí…

HOMBRE Eramos una buena, una excelente familia, a pesar de lo que dice tu madre…; y ahora no podemos siquiera traer invitados a casa por culpa tuya!

MUJER ¡Tú nos tienes encerrados, maldita sea! ¡Nosotros somos los prisioneros, no tú!

CHICA (Pausa y titubeante sugerencia). Entonces… ¿Por qué no me dejan marchar? Me iré muy lejos y nunca volveré a molestar. Cambiaré… mi nombre… (Pausa).

MUCHACHO Esa es una buena idea, señora…

MUJER (Se vuelve meneando la cabeza, con los ojos cerrados). No, no podemos dejarte ir… Yo le juré a Cissie…

CHICA Los ángeles perdonan…

MUJER No, a ti no… No perdonan a una chica que lleva a su hermano de doce años al garaje y juega con él… (Mirando a la Chica) y le muestra su cuerpo, y lo obliga a tocarla, y besarla… No perdonan a una chica que conduce a su hermana al sótano, le pega con una pala, y le pega, y le pega, ¡y le pega! ¡Y la mete arrastrando en la carbonera y se queda esperando, controlando! ¡Nadie te perdona, Verónica! ¡Ni siquiera los ángeles! ¡Ni siquiera Cristo (Se aproxima a la Chica. Ésta intenta escaparse del sofá, pero los Hombres vuelven a sujetarla de los brazos, manteniéndola en ese lugar). ¡Nosotros vamos a matarte, no a perdonarte! ¡Te vamos a matar! (La Chica da un grito, el cual se ve interrumpido por el almohadón que la Mujer le aprieta en la cara. La Mujer está sentada a un lado del sofá y sostiene el almohadón con ambas manos. Los Hombres aprisionan los brazos tensos de la Chica. Ésta mueve la cabeza de lado a lado, pero la Mujer le aprieta fuertemente el almohadón contra la cara. La Chica emite gemidos apagados y patea con ambas piernas. El Hombre se las sujeta a la altura de las rodillas y lucha para asirle el brazo izquierdo con una mano. El Muchacho, apoderándose fácilmente del brazo derecho de la Chica con ambas manos, observa interesado el rostro de la Mujer. Los gemidos y forcejeos de la Chica se tornan más desesperados. Al cabo de un instante, comienzan a debilitarse. No se produce ningún otro cambio. Transcurre un largo rato, al cabo del cual el Muchacho apoya el brazo de la Chica en el suelo. Se pone de pie y se frota la nuca, contemplando aún el rostro de la Mujer. El Hombre suelta las piernas y el brazo de la Chica, observa el almohadón y las manos de la Mujer un instante más y le toca el hombro. Se yergue y se da masajes en la parte superior de los brazos. El Muchacho se afloja el nudo de la corbata y se desprende el cuello. Lentamente, la Mujer retira el almohadón de la cara de la Chica; sus ojos y su boca están abiertos, inmóviles. La Mujer se levanta, mira un momento a la Chica y se aleja. Arroja el almohadón y alza los brazos en un gesto de alivio y liberación. El Muchacho se agacha, pasa los brazos por debajo de la espalda y las rodillas de la Chica, y la levanta del sofá, transportándola hacia la cama. El Hombre mira ansioso a la Mujer. El Muchacho abandona a la Chica sobre la cama, haciéndola rodar de sus brazos y cae boca abajo. Se vuelve y mira despreciativamente al Hombre y a la Mujer; luego se arremanga y echa un vistazo a su reloj de pulsera, camina hasta donde se halla la Mujer y trata de ponerle el reloj frente a sus ojos, pero ella mira hacia otro lado. Él da unos golpecitos insistentes al reloj).

MUCHACHO Las once menos seis minutos… (Golpeándolo aún, acerca el reloj al Hombre, que lo contempla furioso). Diez y cincuenta y cuatro. (Histriónicamente). ¡Un nuevo récord! ¡Pero condenado a ser batido! (A la Mujer). ¿Cuánto va a durar la próxima vez? ¿Doce horas, veinte, nueve? (Al Hombre). ¿Tres, siete?

HOMBRE No habrá una próxima vez. Ésta es la última. Quedamos de acuerdo, ¿no? (El Muchacho se aparta desdeñoso y se desabrocha violentamente el chaleco. La Mujer permanece parada en silencio, con los ojos cerrados). Es la última. Eso convinimos. (Se queda indeciso un momento. Luego va y coge varios adornos de la librería. El Muchacho se frota la nuca enfadado. El Hombre trae los objetos hacia el escritorio). Bueno, no te quedes ahí parado, muchacho. Quítale el vestido.

MUCHACHO (Enfila hacia la cama, se detiene, y se vuelve). ¡Estoy demasiado CANSADO para quitarle el vestido! (Suspirando, el Hombre abre un cajón del escritorio y guarda allí los adornos. El Muchacho se aproxima a la Mujer, imitando groseramente el acento irlandés). «Nosotros solemos ir a un restaurante de la calle State donde trabaja un primo de John que es camarero, y no tenemos que dejar propina, loado sea Dios, ¡y es un ahorro tan grande!».

MUJER (Gira y lo observa agriamente un momento). ¡Yo no hubiera tenido que hacer todo eso si tú no hubieses actuado contra nosotros! ¡Eres tú quien descompagina las cosas, no nosotros! ¡Con ese modo de aguijonear, fastidiar y hacer preguntas que no debes!

MUCHACHO (La mira). Ah… (Suavemente, pero aún con acento irlandés). Verás querida, yo hago eso porque me da un pretexto para mirarte como si no me gustaras mucho. Porque no soy tan buen actor como para fingir que eres encantadora y adorable.

HOMBRE ¡Ya está bien, muchacho, cierra la boca y quítale el vestido a la chica! (El Muchacho, aún enfadado, va hacia la cama. El Hombre recoge objetos de la mesita, y observa a la Mujer cuando ésta se acerca al sofá. Ella se sienta, y él se vuelve y va hacia el escritorio. En los minutos que siguen el Hombre vuelve a guardar los adornos en los cajones de donde fueron sacados en el primer acto).

MUCHACHO (Sosteniendo a la Chica de lado, desprendiéndole el cinturón). ¡Toda la primera parte se ha puesto más complicada que el demonio!. (Nuevamente con acento irlandés). «Aquí es donde ella hacía los broches y pulseras. Éstos son los alambres y los vidrios de colores que usaba». ¡Qué raro que no se te ocurra hacer una demostración de cómo fabricaba los broches! (Desprende la espalda del vestido. El Hombre no le presta atención. La Mujer se quita el pelo: era una peluca. Debajo de la peluca tiene el cabello que se le vio en el primer acto. Y se lo coloca un poco. El Muchacho comienza a quitarle el vestido a la Chica).

MUJER Yo no noté que te apuraras en tu papel de médico… (El Muchacho gira y se acerca furioso a la Mujer).

MUCHACHO ¿Qué quieres que haga? ¿Que entre y diga «Hola, Verónica, soy el doctor Simpson; mira esta aguja que voy a clavarte en el brazo»? ¿Es eso lo que pretendes? Dímelo, y lo haré; no pondré objeciones. ¡No necesito toda esta (Hace un gesto envolvente mientras busca las palabras) Sociedad de Arte Dramático de Walpole! (Se acerca más a ella). ¡Lo único que necesito es, querida, lo que hay en la cama, y me gustaría dedicarme a ello lo suficientemente pronto como para mantenerme despierto cuando lo haya conseguido! (La Mujer hace girar la peluca en la mano y le pega leves tironcitos, mientras el Muchacho reflexiona).

HOMBRE (Atareado en la librería). ¿Podrías dedicarte a tu tarea, muchacho? (El Muchacho regresa junto a la cama y prosigue desvistiendo a la Chica. La Mujer juguetea con su peluca).

MUCHACHO ¡Está bien, de acuerdo! ¡La próxima vez, la parte del doctor va a durar dos segundos, lo necesario para ver si ella dice lo que ustedes quieren que diga!

HOMBRE No habrá una próxima vez. (Se dirige al baño, con las manos llenas de fragmentos de adornos).

MUJER Guarda esos pedazos. A lo mejor puedo pegarlos después.

HOMBRE (Se detiene y la mira). No creo que puedas… (El Muchacho coloca el vestido sobre el respaldo de la cama).

MUJER Bueno, lo intentaré. Ponlos allí. (El Hombre vacila un instante pero luego deja los fragmentos sobre la mesita de juego, lejos del rompecabezas. Se restriega las manos y pasea la vista a su alrededor. Todos los adornos ya están guardados).

MUCHACHO (De mala gana, quitándole la combinación a la Chica). Hay un pegamento nuevo con siliconas que dicen que es muy bueno.

MUJER ¿Ah sí? (Él no le responde. El Hombre coge el vestido del respaldo de la cama y encuentra el rasgón). ¿Sabes dónde puedo conseguirlo?

MUCHACHO No.

HOMBRE (Enseñando el vestido a la Mujer). Esto lo vas a coser, ¿no? MUJER (Cogiéndolo). Sí. (Él estira una mano y la Mujer le alcanza la peluca. El Hombre va hacia la puerta, extrayendo la llave del bolsillo. El Muchacho le quita las medias a la Chica. El Hombre abre la puerta. La Mujer manipula con el vestido en su falda. Después de guardar la llave de nuevo en el bolsillo, el Hombre enfila hacia el escritorio y toma el abrigo, el sombrero y el maletín de médico. El Muchacho desprende el corpiño de la Chica y pasa uno de sus brazos por el bretel. El Hombre sale. El Muchacho se aparta de la cama y le grita).

MUCHACHO ¡Eh, ábreme la puerta desde ahí afuera! (Se queda controlando un momento; luego vuelve hasta la cama y termina de quitarle el corpiño a la Chica, levantándole el torso para sacarlo por abajo. Recoge la combinación y las medias y las tira, junto con el corpiño, dentro del baño. Se acerca al borde de la cama y hace girar el cuerpo de la Chica hacia él; se agacha y la levanta. Con ella en brazos, va hacia la Mujer. Ésta sigue tocando el vestido, y no se vuelve. El Muchacho la mira un instante). Deseo que pases una buena noche, señora Mackey. Que el Señor te proteja. (Lleva a la Chica hasta la puerta y sale. La Mujer toca el vestido, frunciendo el ceño. Ahora parece tener más de cincuenta años. Levanta el vestido de su falda y lo pone detrás de ella. Se frota la mejilla, se mira la yema de los dedos y se las restriega con el pulgar. El Hombre se aproxima con el bulto de las fundas de los muebles. Él también parece tener más de cincuenta años. Apoya el bulto en el suelo, lo despliega y echa miradas inciertas a la Mujer).

HOMBRE Arruinó un poco las cosas… al mencionar todos esos nombres.

MUJER (Asiente con la cabeza). Sí, un poco…

HOMBRE (Desplegando una funda). Pero lo bonito fue que pudiera imitar el acento. Creo que eso ayudó mucho. (La Mujer vuelve a asentir. El Hombre comienza a tapar una silla). También la ayudaba el físico.

MUJER (Se vuelve, sorprendida). ¿Te parece?

HOMBRE Sí, por cierto. Tenía los ojos adecuados, la línea del mentón…

MUJER (Agita una mano y vuelve a mirar a otro lado). No…

HOMBRE (Regresa hasta el bulto de fundas). ¡Sí! No era como la primera, por supuesto. ¡Jesús! ¡Nunca encontraremos otra como ella! ¡Eso fue fantasmagórico! Es decir… sería imposible encontrar una como ella. Si fuésemos a hacerlo de nuevo. (Saca otra funda del bulto. La Mujer lo observa).

MUJER ¿De veras yo te aterrorizaba?

HOMBRE ¿Qué quieres decir?

MUJER Tú lo dijiste. «Conrad estaba contento de librarse de ti. Lo tenías aterrorizado». Y lo afirmaste con tanto sentimiento…

HOMBRE Ahí yo hablaba como papá, expresaba lo que él hubiese dicho.

MUJER ¿Les comentaste a ellos que yo te aterrorizaba?

HOMBRE (Tira la funda y va hacia ella). Jamás en la vida usé esa palabra hasta esta noche. No sé siquiera por qué me vino a la mente. (Se agacha a su lado). Si me hubieras «aterrorizado», no te habría dejado salir de aquí, ¿no crees? Te habría encerrado después de que ellos murieran, como juré que lo haría.

MUJER (Alisándose el pelo). Los dos lo quisimos, ¿no es cierto? ¿Desde el comienzo? No lo hice yo sola…

HOMBRE ¡No, no, desde luego que no! ¡Tú no me atormentabas, Verónica, te lo juro por Dios! (Se besan apasionadamente. El Hombre sonríe a la Mujer). ¡Yo me posesioné de mi papel de papá, eso es todo!

MUJER ¡Te asemejabas tanto a él esta noche! ¡Me parecía que ibas a sacar uno de sus cigarros en cualquier momento!

HOMBRE ¡Y tú estabas igualita a mamá! ¡Realmente fantástica!

MUJER (Con el acento de «Maureen»). ¿Y qué te parecieron John y Maureen? ¿No los hicimos maravillosamente bien, querido?

HOMBRE (Con el acento de «John»). ¡Ni que fuéramos actores en serio! Podríamos haber sido actores si… si hubiese sido necesario. (Se levanta y deja de hablar con acento. Repentinamente serio). Vamos. Salgamos de aquí. (Se aleja dando la espalda a la Mujer).

MUJER Conrad.

HOMBRE ¿Qué?

MUJER (Poniéndose de pie). Esta noche realmente ocurrió como siempre lo soñé. Cuando ella reconoció todo, cuanto tú y el chico la sujetabais, de pronto ella fue yo, y yo era… yo y no yo al mismo tiempo. Y después de haberla castigado me sentí tan libre, ¡tan limpia! ¡Como si nunca hubiese hecho algo malo en mi vida!

HOMBRE ¡Bien! ¡Bien!

MUJER Y después el chico tuvo que arruinar el pastel gritándome, recordando todo…

HOMBRE (Acercándose nuevamente a ella). ¡Maldito sea!

MUJER Deberíamos habernos desprendido de él el mismo día en que nació. Yo quería hacerlo, ¿recuerdas? Pero tú no me dejaste.

HOMBRE ¡Era un bebé, Verónica!

MUJER ¿Sabes lo que le dijo a esta chica? ¿Lo que ella me contó a mí? ¡Que yo no lo tocaba lo suficiente! ¡Como si el tocarlo hubiese servido de algo!

HOMBRE ¡Pero lo de esta noche salió bien y ya hemos terminado! ¡Ahora podemos clausurar este cuarto para siempre!

MUJER ¡No salió bien! ¡Él lo arruinó! ¡Quiero hacerlo una vez más y que él no participe en nada! Nosotros mismos vamos a conseguir a la chica. Eso lo podemos hacer. John y Maureen pueden… (Mira a lo lejos, a una chica imaginaria, y vuelve a hablar con acento irlandés). ¡Querida, perdona que te miremos fijamente, pero eres igualita a una chica que conocíamos hace mucho, mucho tiempo!

HOMBRE ¡No vamos a hacerlo de nuevo! ¡Dijiste que ésta sería la última vez!

MUJER ¡La próxima será la última! ¡Te lo juro!

HOMBRE ¡Siempre lo juras!

MUJER ¡Pero ahora sabemos que puede salir bien, si él no lo arruina! ¡Y yo tengo que hacer que salga bien, Conrad!

HOMBRE ¡Ella no va a admitir nada a menos que el chico esté aquí y la amenace con una jeringa!

MUJER Sí que lo admitirá… (Con acento irlandés, dirigiéndose nuevamente a la chica imaginaria). Admitirá todo. Lo que le hizo a la pobre Cissie, lo que hacía con Conrad… Tarde o temprano, el Señor y la Señora conseguirán que reconozca todo, y cuando se haya muerto, ella habrá desaparecido para siempre.

HOMBRE No vamos a hacerlo otra vez, Verónica. Habíamos quedado de acuerdo. Vamos, es tarde. (La besa en la mejilla). Ahora vamos a dormir. (Se aparta de ella y comienza rápidamente a apagar las lámparas. Ella permanece hablándole a la chica).

MUJER Se llamaba Verónica. ¡Ni que fueras su hermana gemela! ¡Cómo la querían sus padres! ¡Vivían mimándola! ¡Claro, a los chicos hay que mimarlos mucho…! (El Hombre está cerca de la puerta, observándola compungido).

HOMBRE Vamos. Salgamos de aquí…

MUJER (Se mira a sí misma y luego pasea la vista por el cuarto). No puedo. Todavía estoy encerrada en este cuarto.

HOMBRE (Apurándola). No, no, no, no, no lo estás! ¡Ella murió! ¡La puerta está abierta! ¡Mira! ¡Yo te la he abierto! (La toma en sus brazos, la besa. Ella se pone tiesa y lo empuja).

MUJER ¡Suéltame! (Retrocede confundida). ¿Cómo puedes besarme de esa manera? ¡Yo… ni siquiera sé quién eres! (Se retira más lejos; ambos se clavan la mirada). ¿En serio crees que soy Verónica? ¿O es que estás jugando a algo? Larry y yo fuimos al restaurante El-No-Sé-Qué de Oro. Tú estabas sentado en la mesa de al lado, y hablabas con acento irlandés… Dijiste que eras John Mackey…

HOMBRE ¡Verónica…!

MUJER ¡Mi cédula de identidad está en mi cartera, en la planta baja! ¡Dile a Larry que suba!

HOMBRE (La mira fijo). ¿Qué Larry…?

MUJER ¡Larry Eastwood! ¡El muchacho con quien vine aquí! ¡Dile que suba! ¡Y tráeme mi ropa! ¡Me quiero ir!

HOMBRE (Acercándosele) . ¿Qué estás haciendo, Verónica?

MUJER ¡No soy Verónica! ¡Este vestido no es mío! ¡Este rompecabezas tampoco es mío! (Tira al suelo los fragmentos del adorno que se hallaban sobre la mesita de juego). ¡Este no es mi CUARTO!

HOMBRE ¡Está bien! ¡Está bien! (Atemorizado, retrocede apresuradamente hacia la puerta). ¡Te voy a traer tu ropa! ¡Te voy a traer todo! ¡Cálmate!

MUJER ¿Qué clase de escena es ésta? ¿Qué es lo que persiguen? (El Hombre sale velozmente de la habitación y cierra la puerta con llave. Se escucha el ruido del cerrojo. La Mujer se queda mirando la puerta cerrada). Estamos en 1973, no en 1935. (Pasea la vista por el cuarto y las ventanas con rejas, donde una brisa agita suavemente las cortinas). ¡Dios mío…! (Corre hasta la puerta y la golpea). ¡Mamá! ¡Papá! ¡Déjenme salir! ¡Ábreme la puerta, por favor, mamá! ¡Por favor! ¡Déjame salir de aquí! (Cae rápidamente el telón).

 

FIN

Terminaste El cuarto de Verónica

Ira Levin

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