El paso de los milenios
CAPÍTULO TRES. EMPIEZA LA HISTORIA (3000-1000 a. C.)
CAPÍTULO TRES. EMPIEZA LA HISTORIA (3000-
1000 a. C.)
3000 a. C.
La revolución de la escritura
A medida que avanzamos del 4000 a. C. al 3000 a. C. se produjeron varios cambios críticos en todo el mundo. Los nuevos descubrimientos sobre metalurgia anunciaban la Edad del Bronce, y el uso de la rueda se generalizó por primera vez. No obstante, por importantes que estas innovaciones pudieran ser, lo que atrae nuestra atención y altera nuestro conocimiento del pasado es la invención de la escritura.
Echemos primero un vistazo al desarrollo del bronce como un metal de uso universal. El proceso empezó con el cobre. Al obtenerse cobre de la mena, había más provisión para uso ornamental, pero al principio no era muy práctico como material para fabricación de utensilios.
Si el borde afilado de una roca se despuntaba, había que arreglar el filo mediante un proceso de pulido muy laborioso o desechar la piedra. Sin embargo, si el filo de una pieza de cobre se desafilaba, bastaba con batirla para volverla a afilar. El problema era que, mientras que la piedra era resistente y duraba mucho tiempo sin perder el filo, el cobre era mucho más blando y el mínimo uso lo doblaba y desafilaba.
Con el tiempo los hombres se dieron cuenta de que no todos los cobres eran iguales, lo que condujo a otra innovación. El cobre obtenido de unos minerales era más duro que el de otros. La razón es que el cobre no tiene que ser puro necesariamente; puede estar mezclado con otros materiales, obteniéndose una sustancia metálica que es una mezcla o aleación de cobre y otro metal.
Con el tiempo se descubrió que a partir de una mezcla adecuada de mineral de cobre y estaño se obtenía una aleación llamada «bronce» (posiblemente de la palabra persa para cobre). El bronce podía competir en dureza con la piedra, su filo duraba más y podía ser vuelto a batir si era necesario.
Se inicia la Edad de Bronce
Para el 3000 a. C., el uso del bronce estaba tan generalizado entre los sumerios y sus pueblos vecinos que el oeste de Asia se adentró en lo que ahora se llama la Edad del Bronce.
Los sumerios, pueblo muy inteligente, introdujeron también otro gran avance imprescindible para el progreso de la civilización: la rueda. Su primer uso debió de ser el de torno de alfarero. Al principio, cuando elaboraban cerámica, la arcilla era moldeada a mano, con lo que el resultado obtenido era una vasija que raramente era uniforme o simétrica, sino más bien rugosa y de base poco firme.
Pero si se colocaba un trozo de arcilla sobre una piedra plana y circular, pivotando sobre un saliente situado en su parte inferior, se podía hacer girar la piedra con rapidez. Con un toque a la arcilla que daba vueltas se obtenía un cilindro simétrico, al que se podía dar la forma que interesaba al cambiar la presión de las manos a diferentes alturas. Utilizando el torno de alfarero se obtenía una cerámica de gran belleza en mucho menos tiempo que la moldeada a mano.
La rueda, usada por primera vez para el transporte
Una vez que el uso de la rueda se generalizó, los hombres tuvieron la idea de ponerla en posición vertical y colocarla en los cuatro extremos de un carro. Las dos ruedas delanteras y las dos traseras podían estar conectadas entre sí mediante un eje colgado de tiras de cuero. De esta forma, el carro rodaba mientras las ruedas avanzaban con él. Con este método, el transporte de mercancías por tierra era más fácil que antes, cuando había que arrastrarlos por un terreno abrupto y desigual, utilizando rodillos que se quedaban detrás al avanzar el vehículo y tenían que ser desplazados constantemente.
Claro que para que las ruedas funcionen bien necesitan moverse a través de una superficie relativamente uniforme. Para ello, se despejaron los caminos de rocas y vegetación. En otras palabras, los carros hicieron necesaria una red de caminos, y hacia el 3000 a. C. caminos y carros con ruedas eran algo común en el oeste de Asia.
Seguía siendo más fácil viajar por agua, pero los ríos no siempre iban adonde uno quería ir y la corriente podía ir en dirección contraria, o el viento podía no soplar. Sin embargo, para el 3000 a. C., los sumerios utilizaban remos para llevar el barco contra corriente aunque el viento no soplara en la dirección adecuada.
Los sumerios también inventaron el primer arado simple, que podía ser arrastrado por burros o bueyes, para arañar el suelo, removerlo y airearlo. Las semillas esparcidas por el suelo removido crecían con más facilidad y rapidez que si simplemente se dejaban caer en un agujero perforado en el suelo duro.
La contribución de los sumerios al progreso del mundo hasta entonces había sido muy importante. Sin embargo, se superaron a sí mismos con su invención más importante justo antes de comenzar el tercer milenio antes de Cristo.
En Sumeria, que en esa época tenía la civilización más avanzada del mundo, la vida era más complicada que en cualquier otro lugar. Tenían que controlar el grano que producían, cuánto vendían, qué otros productos fabricaban y la contribución que hacían al fondo común en forma de impuestos.
Los sumerios inventan la escritura
Los sumerios encontraban cada vez más difícil acordarse de todo, y buscaron un modo de llevar las cuentas. A cualquiera se le pudo ocurrir hacer algún tipo de marca para representar una cesta de fruta, y al final, contando las marcas, saber cuántas cestas se habían entregado.
Empezaron a hacer estas marcas según un sistema cada vez más complicado. Las dividieron en distintos grupos; algunas significaban artículos individuales, otras, grupos de doce o de sesenta. Todavía se siguen utilizando doce unidades por docena y sesenta minutos por hora.
Los sumerios también hicieron marcas que significaban «fruta», «grano», «hombre», y así sucesivamente. Para el 3000 a. C. habían desarrollado algo realmente especial: un sistema de escritura que permitía comunicar cualquier cosa que quisieran decir. Era el primer sistema de escritura del mundo.
Para escribir, grababan marcas con un punzón en arcilla blanda y luego la cocían para que la escritura se fijara. El resultado era una escritura en forma de cuñas que más tarde fue llamada cuneiforme, del griego «forma de cuña».
Al principio las marcas eran representaciones toscas de lo que se estaba hablando, pero a medida que pasaba el tiempo, se iban haciendo más simples y estilizadas, perdiendo su aspecto gráfico. No obstante, se mantuvo un signo para cada palabra, más o menos, de manera que eran cientos, e incluso miles, los símbolos diferentes que uno tenía que memorizar si quería leer o escribir.
La complejidad del sistema implicaba que los que sabían leer y escribir siempre eran una minoría de la población, y así surgió una clase poco numerosa pero muy valorada. Era la de los escribas, que se encargaba de leer y escribir para los demás.
La escritura fue de gran importancia en la evolución de la sociedad. Pensamientos y documentos perduraban durante mucho más tiempo cuando se escribían que cuando se relataban. Si se reproduce con cuidado, la escritura dura indefinidamente. Esto significó que una generación podía saber con mayor precisión y rapidez las experiencias acumuladas y los conocimientos de las generaciones anteriores. Como consecuencia, se aceleró la velocidad del progreso social.
Además, los documentos escritos nos dan una versión bastante exacta de los acontecimientos, incluidos nombres, lugares y detalles. Por consiguiente, una sociedad que escribe es histórica, puesto que deja constancia de su historia (la que no lo hace es prehistórica). En otras palabras, la historia del hombre empieza de verdad con los sumerios poco antes del tercer milenio antes de Cristo. Así que, los primeros cinco mil años de civilización fueron prehistóricos, y sólo los últimos cinco mil han sido históricos.
Los sumerios se beneficiaron de su posición privilegiada cerca del Tigris y el Éufrates, y sus rivales en Egipto eran de igual modo afortunados debido a la presencia del Nilo. Este río no sólo era una fuente de agua para una tierra que se había desecado desde el final de las glaciaciones, sino que también se desbordaba todos los años y fertilizaba la tierra en una especie de riego automático.
Además, la corriente del Nilo era suave y sin tormentas, así que era fácil flotar en él sin peligro. Lo que es más, el río fluye casi exactamente hacia el norte, mientras que el viento casi siempre sopla en dirección sur. Por lo tanto, un barco puede ser arrastrado con suavidad por la corriente río abajo (hacia el norte), y volver río arriba (hacia el sur) usando velas.
Egipto carecía de bosques, pero a lo largo del río tenía campos exuberantes poblados de juncos (llamados papiros). Los juncos se podían atar para construir un bote (cuando Moisés fue salvado de las aguas del Nilo, según el relato bíblico, estaba en un pequeño bote o arca hecho de anea, o papiro).
Esta forma tan sencilla de comunicación hizo que entre las distintas ciudades-estado del Nilo hubiera una especie de cooperación solidaria. Tenían una lengua común, una cultura común y una visión del mundo común. El comercio libre las enriqueció a todas, y la región gozaba de largos períodos de paz, como ninguna otra zona había experimentado nunca.
Las ciudades-estado del delta del Nilo, una región triangular del norte, formaron el Bajo Nilo (porque estaban río abajo), mientras que a las ciudades-estado del estrecho valle al sur del delta se les llamó el Alto Nilo.
La unión de las ciudades-estado es un mecanismo útil: todas las ciudades-estado pueden asociarse para tratar problemas comunes. Por ejemplo, es más útil que todas se ocupen de los problemas de riego bajo una dirección unificada, pues eso evita conflictos de intereses. Es mejor para todas si cada ciudad-estado produce aquello que hace bien, y cambia los excedentes por algo que no fabrica bien. Es todavía mejor si el comercio es regulado por alguna autoridad que las represente a todas.
Siempre hay una tendencia a la unidad contrapesada por una tendencia a la desintegración, puesto que cada una de las ciudades-estado está dispuesta a sentirse superior a las otras u ofendida por algún tratamiento de favor, real o imaginario, que reciban las demás. Donde las culturas de las distintas ciudades-estado son parecidas, la tendencia unificadora puede ser más fuerte que la desintegradora, y un gobernante capaz y enérgico de una de esas ciudades-estado puede llevar a cabo la unificación.
El gobernante que llevó a cabo esto en Egipto hacia el 3000 a. C. fue Narmer (los griegos le llamaban Menes), la primera persona no legendaria a la que se conoce por su nombre en la historia. Como soberano de todo Egipto, estableció la capital en Menfis, una ciudad construida en la frontera entre el Bajo y el Alto Egipto, para que no pareciera que ninguna región dominaba a la otra.
Narmer instauró la dinastía I de Egipto, siendo una dinastía una línea de gobernantes de una misma familia. Un sacerdote egipcio, Manetón, escribió una historia de Egipto hacia el 250 a. C., en la que dividía a los soberanos egipcios en una serie de treinta dinastías, sistema que todavía seguimos.
Sabemos algo de Narmer porque durante su época, o poco después, Egipto aprendió la técnica de la escritura de los sumerios. Utilizaban su propio sistema, escribían con pinceles sobre láminas aplastadas de médula de papiro y usaban símbolos gráciles que representaban varias palabras. A éstos se les conoce como jeroglíficos, que significa «grabados sagrados» en griego, y los mejores ejemplos están esculpidos en piedra en los templos egipcios.
Por lo tanto, para el 3000 a. C., dos regiones de la Tierra habían entrado en los tiempos históricos: Sumeria y Egipto.
Egipto se une en la primera nación-estado
Durante esta época, las civilizaciones incipientes dieron otro paso fundamental en la evolución de las formas políticas. Cuando varias ciudades-estado de similar cultura y lengua se unen bajo el poder de un solo gobernante, forman una nación-estado, o sencillamente una nación. Egipto fue la primera nación de la historia y sigue siendo una nación hoy en día, cinco mil años después. Egipto ostenta el record indiscutible de longevidad como nación.
La civilización continuó extendiéndose por otras partes, aunque la escritura no se había empezado a utilizar fuera de Egipto y Sumeria. Al oeste de Sumeria se encontraba Elam, con su capital en Susa, que empezaba a absorber la civilización sumeria. Más lejos, hacia el este, las ciudades-estado a lo largo del Indo también desarrollaban sus culturas social y política.
Antes del 3000 a. C. empezaron a aparecer también ciudades-estado en la costa este del Mediterráneo, formando una región llamada Canaán en la «Biblia» y Fenicia por los griegos (Fue aquí, en Canaán, donde Jericó había existido durante miles de años). Los cananeos/fenicios habían llegado a ser importantes como intermediarios mercantiles, transportando el valioso comercio que circulaba entre Egipto y Sumeria.
En Asia Menor, donde Çatal Höyük fue una vez la ciudad más grande del mundo, había otras ciudades-estado, aunque todas habían sido superadas por Sumeria y Egipto. En el noroeste de Asia Menor nacía una ciudad que se haría famosa bajo el nombre de Troya.
También en esta época, la civilización avanzaba hacia Europa, y para el tercer milenio antes de Cristo habían empezado a aparecer ciudades-estado en la Isla de Creta.
Población mundial: 14 millones
Al norte de China también se promovió el desarrollo de ciudades-estado a lo largo del Río Huang-ho (conocido durante largo tiempo en occidente como el Río Amarillo). Mientras que Sumeria y Egipto constituían el núcleo desde el que la civilización se propagaba a todo el oeste de Asia y al área del Mediterráneo, China formó un segundo núcleo independiente que sirvió para difundir la civilización por el este y sudeste de Asia.
Hasta entonces, la población del planeta había crecido lentamente. Partiendo de unos 4 millones en el nacimiento de la civilización en el 8000 a. C., había alcanzado sólo 5 millones en el 5000 a. C. y unos 7 para el 4000 a. C. Después, en el milenio entre el 4000 a. C. y el 3000 a. C., gracias sobre todo a invenciones sumerias, tales como la metalurgia, el transporte con ruedas, los remos y el arado, el número de habitantes se disparó. Se duplicó de 7 a 14 millones y casi todo el aumento se produjo en Oriente Próximo.
Se habían puesto los cimientos para una explosión de nuevos progresos en el siguiente milenio.
2000 a. C.
Numerosos centros de civilización
Durante el período entre el 3000 y el 2000 a. C. la presencia del hombre en la Tierra sufrió un cambio de aspecto. En vez de unos pocos núcleos aislados y dispersos surgiendo aquí y allá, empiezan a aparecer muchos centros de civilización que la difunden hacia el exterior y que se interaccionan entre sí en sus periferias. Algunos de los antiguos centros prosperaron, mientras que otros se quedaron por el camino y su puesto fue ocupado por sociedades nuevas y más vigorosas.
Egipto se convirtió en la región más importante del mundo durante los siglos que siguieron a su constitución como nación. Cuando se convirtió en nación por primera vez, debía de haber alrededor de 1 millón de habitantes a lo largo de las orillas del Nilo. Para el 2000 a. C., esta cifra ascendía a unos 2,5 millones.
El aumento de población se produjo porque los egipcios, como nación, aprendieron a explotar de forma adecuada la crecida anual del Nilo y acumulaban un enorme excedente de alimentos. Este excedente podía a su vez ser vendido a otras naciones a un alto precio cuando estos países tenían malas cosechas (El relato de Jacob y sus hijos en la segunda mitad del libro bíblico del «Génesis» describe períodos de hambre en Canaán y muestra cómo se aliviaron comprando grano a Egipto).
La importancia primordial de la crecida anual llevó a los egipcios a reconsiderar su calendario. Los sumerios contaban el paso del tiempo numerando los períodos entre dos novilunios (meses). En cada ciclo de las estaciones (año) había doce períodos lunares y una fracción, de manera que un año estaba formado unas veces por doce meses y otras por trece, según un complejo sistema que a la larga mantenía los años sincronizados con las estaciones.
La precisión del calendario era importante para los agricultores, que necesitaban saber cuándo plantar el grano y cuándo cosecharlo. La mayoría de las civilizaciones antiguas, incluidas la judía y la griega, seguían el calendario sumerio, y el año litúrgico judío todavía sigue utilizando este sistema.
Sin embargo, los egipcios consideraron que la crecida del Nilo era de suma importancia, y se dieron cuenta de que se producía por término medio a intervalos de 365 días. Por consiguiente, convirtieron este período en un año y lo dividieron en doce meses de treinta días cada uno, sin tener en cuenta las fases de la Luna. De este sistema resultaban cinco días de sobra que no pertenecían a ningún mes. Este calendario solar se debió de calcular hacia el 2800 a. C., y con algunas modificaciones, es el modelo que se usa en la actualidad.
La prosperidad de la nación egipcia permitió que el trabajo de mucha gente se desviara hacia actividades no productivas, sin poner en peligro la obtención de víveres y de otros artículos de primera necesidad en cantidad suficiente. Se podían emprender obras públicas importantes para mostrar la grandeza y alimentar la vanidad del monarca y de la nación.
Estos proyectos debían servir también para impresionar favorablemente tanto a los extranjeros como a las futuras generaciones. Los gobernantes egipcios se construyeron palacios lujosos. De hecho, terminaron llamándoles faraones, que es la versión griega de una palabra egipcia que quiere decir «casa grande».
Los monarcas empezaron a construirse tumbas cada vez más complicadas, y llegaron a ser verdaderamente monumentales en el reinado de Zoser, el primer rey de la III dinastía, que subió al poder hacia el 2650 a. C. Construyó una enorme montaña de bloques de piedra formada por seis pisos escalonados uno encima de otro. Este monumento, que todavía existe, es la construcción más antigua que hay en el mundo.
Construcción de la gran Pirámide de Keops
Los sucesores del rey Zoser construyeron tumbas todavía mayores, con lados más igualados en forma de pirámide de base cuadrada. El esplendor de la construcción de pirámides se produjo con Jufui (Keops para los griegos), de la IV dinastía. Hacia el 2530 a. C. supervisó la construcción de la gran pirámide, la mayor de todas. Cuando se terminó, tenía una altura de 147 metros. Su base medía unos 230 metros de lado y ocupaba una superficie de unas 5 hectáreas. Estaba formada por 2.300 bloques de piedra que pesaban, por término medio, 2,5 toneladas cada uno.
La manía de construir pirámides decayó después de este momento cumbre, siguiendo la del poderío egipcio. Esta decadencia del poder egipcio se debió a problemas internos. En cualquier reino, siempre se producen ciertas tensiones entre el poder central del rey y el de los distintos gobernadores a sus órdenes (la nobleza) que rigen las diferentes regiones del país en su nombre.
Cuando un rey débil ocupa el trono, los nobles apenas dudan en asumir el poder en su propio distrito e ignorar sus mandatos. Estas usurpaciones debilitan todavía más el poder del rey y aceleran el paso hacia la descentralización. Un período en el que los nobles son poderosos y el gobernante central débil a veces se conoce como una etapa de feudalismo, que en alemán antiguo significaba «propiedad», porque el poder de la nobleza depende de las tierras que controla.
En general, la historia nos enseña que la riqueza y el poder militar de una nación son mayores bajo un poder central fuerte que cuando el poder es feudal. Bajo el feudalismo, las peleas continuas entre la nobleza agotan la fuerza del país.
Después del 2200 a. C. Egipto pasó por uno de estos períodos feudales que duró casi dos siglos, hasta que un rey de la XI dinastía, Mentuhotep II, fue capaz de restablecer el poder central del gobierno. En el 2000 a. C. su hijo y sucesor, Mentuhotep III, mantuvo el trono y el poder de Egipto floreció de nuevo.
Durante este período, Sumeria no fue tan afortunada como Egipto. Al principio fue capaz de igualar los progresos de los egipcios. Tenía 1.250.000 habitantes y suficiente provisión de alimentos. Su ciudad mayor, Uruk, se podía comparar a Menfis en Egipto.
Los sumerios también construyeron templos de ladrillo llamados zigurats. Aunque no eran tan grandes como las pirámides egipcias, eran más impresionantes en otros aspectos, con sus escaleras exteriores por las que el sacerdote podía ascender hasta lo más alto para los rituales y sacrificios (El relato bíblico de la Torre de Babel se refiere a la construcción de un altísimo zigurat; el relato del sueño de Jacob en el que aparecen ángeles ascendiendo y descendiendo por una escalera que unía la Tierra al Cielo también puede haberse inspirado en una construcción de este tipo).
Inundación del Valle del Tigris-Éufrates
Sin embargo, la prosperidad sumeria sufrió un severo revés como consecuencia de un desastre natural; el primero del que tenemos noticia, pero no el último, en hundir una civilización. Hacia el 2800 a. C. el Tigris y el Éufrates se desbordaron. Los ríos se desbordan de vez en cuando, y las civilizaciones ribereñas tienen que aprender a convivir con ello, pero esta vez el desastre fue terrible. A juzgar por el sedimento depositado, que fue encontrado y descrito por Leonard Wooley, la inundación debió de cubrir prácticamente toda Sumeria hasta una altura de unos ocho metros.
Miles de sumerios murieron y los daños en las propiedades debieron de ser inmensos. A Sumeria le debió de costar mucho tiempo recuperarse, y durante este tiempo Egipto tomó la delantera indiscutible en la rivalidad entre las dos civilizaciones.
A los sumerios que vivieron la inundación, les debió de parecer (dado sus limitados conocimientos geográficos) que el mundo entero se había anegado y que el diluvio era universal. Surgieron leyendas relacionadas con la inundación todavía más exageradas. La que mejor conocemos es la versión que implica a Noé y que se encuentra en el libro del «Génesis».
Tras los efectos de la inundación, las ciudades sumerias tuvieron una oportunidad de reorganizarse. Fue un desastre, porque sin los límites establecidos que existían antes de que la inundación los borrara, las ciudades trataron de coger todo lo que podían. Como consecuencia, se desató una guerra entre ellas, en la que no hubo ninguna ciudad capaz de ganar algo más que un control temporal.
Una unión con un mínimo de luchas, como la que se había producido en Egipto algunos siglos atrás, parecía imposible en Sumeria. Egipto, después de todo, estaba protegido al este y al oeste por el desierto, al norte por el mar y al sur por selvas tropicales. El resultado fue una población culturalmente homogénea y confiada, sin miedo a las invasiones del exterior. Sumeria estaba peor situada y era vulnerable a las invasiones de las tribus nómadas del este y el oeste.
Los acadios invaden el Valle del Tigris-Éufrates
Antes de la inundación, un pueblo conocido como los acadios, se estableció en el Valle del Tigris-Éufrates, a lo largo de la frontera norte de Sumeria. Procedían de la parte oeste de la península de Arabia y la lengua que hablaban no tenía ninguna relación con la de los sumerios. El acadio pertenecía a un grupo de lenguas que hoy llamamos semitas, porque en la «Biblia» a los pueblos que las hablaban se les consideraban descendientes de Sem, el hijo mayor de Noé.
Los acadios adoptaron algunos aspectos de la cultura sumeria. Tomaron su método de escritura, por ejemplo, y lo modificaron para adecuarlo a su propia lengua.
No obstante, los acadios no eran sumerios y no se sentían semejantes a ellos. Introdujeron un factor extraño en la región y debieron de contemplar con macabra satisfacción cómo las ciudades sumerias luchaban entre sí y se debilitaban.
Sargón crea el primer imperio
De hecho, hacia el 2340 a. C., un poderoso gobernante acadio llamado Sargón logró derrotar a los ejércitos de estas ciudades y ocupar toda Sumeria. Conquistó también Elam al este, y las tierras del oeste y noroeste. Al final, gobernaba un territorio que se extendía por el oeste hasta el Mar Mediterráneo, por el norte hasta el Mar Caspio y por el sur hasta el Golfo Pérsico. Incluía todas las regiones civilizadas del oeste de Asia.
Las victorias de Sargón se lograron probablemente gracias a adelantos de la tecnología militar. Los sumerios asestaban golpes con las lanzas, mientras que los soldados acadios las arrojaban y, además, utilizaban arcos y flechas. De esta forma sus ejércitos podían luchar a distancia con eficacia y destrozar a sus enemigos incluso antes de que pudieran acercarse para atacar.
Sargón fue el primer gran conquistador de la Historia, y estableció un modelo que se mantuvo durante mucho tiempo. Gobernó pueblos con lenguas y culturas diferentes, pero construyó un reino heterogéneo, de forma que no eran una nación al modo de Egipto. Cuando un gobernante logra la supremacía sobre pueblos de distintas culturas, ha creado un imperio (o imperium en latín, de la palabra «imperator», usada para un jefe militar). Sargón fue el primer constructor de un imperio, el primer «imperialista».
El imperio acadio continuó floreciendo bajo el inmediato sucesor de Sargón y alcanzó su apogeo bajo su nieto, Naram-Sin, que reinó del 2280 a. C. al 2254 a. C.
No obstante, los imperios tienden a ser inestables. Un pueblo (en este caso los acadios) gobierna a otro. Los gobernados se resienten de ello e intentan derrocar a los gobernantes. Por lo tanto, hay que dedicar gran parte de la fuerza del imperio a sofocar las revueltas.
Además, es muy probable que las tribus nómadas a lo largo de las fronteras del imperio lo invadan en busca de botín. Por lo general la tecnología del imperio, más avanzada y mejor organizada, puede frustrar estos ataques, pero demasiado a menudo las nacionalidades dominadas rehúsan pelear o incluso hacen causa común con la incursión, y el imperio, al tratar de contener la fuerza exterior y el descontento interno, puede venirse abajo.
El imperio acadio terminó así hacia el 2180 a. C., menos de cuarenta años después de la muerte de Naram-Sin. Su caída permitió a las ciudades sumerias recuperar y controlar de nuevo sus propios destinos. En el 2000 a. C. el imperio acadio no era más que un recuerdo que se desvanecía, y la ciudad más importante era Ur, que estaba entonces en el cenit de su poder.
Según la leyenda hebrea, Abram (más tarde Abraham), el fundador de Israel, era nativo de Ur, y hacia el 2000 a. C. dejó la ciudad para viajar hacia el oeste, a Canaán.
Mientras Egipto y Sumeria mantenían su supremacía como las dos superpotencias de la época, otras civilizaciones esperaban a darse a conocer. La cultura insular de Creta fue una de ellas.
Creta ocupaba una posición única entre las civilizaciones de este período, al estar situada en una isla relativamente pequeña y no en una región de un gran continente. Por lo tanto Creta tenía que prestar mucha más atención a viajar por agua que Egipto o Sumeria.
Tanto Egipto como Sumeria tenían un río como medio de comunicación entre las ciudades-estado y para el transporte de mercancías, pero los ríos son aguas relativamente tranquilas. Las orillas están siempre cerca y es imposible perderse.
El Mar Mediterráneo que linda con Egipto y el Golfo Pérsico que linda con Sumeria, son mucho más temibles. En estas vastas extensiones de agua es casi inevitable perder de vista la costa. Sin señales para guiarse, a veces no se encuentra la forma de alcanzar el destino deseado. Además, es más fácil morir en una tormenta en el mar que en un río, y la tripulación de un barco que se hunde, que en un río podría alcanzar la orilla, no es probable que sea capaz de hacerlo en el mar.
No obstante, viajar por mar era imprescindible, como cuando los egipcios (que vivían en una tierra sin árboles) importaban madera de cedro de la costa cananea.
Transportar los enormes troncos a bordo de un barco por el agua era mucho más fácil que arrastrarlos por tierra. Sin embargo, en tales ocasiones, los barcos egipcios se mantenían lo más cerca posible del litoral y pasaban casi rozando la costa de Egipto a Canaán y vuelta.
Para comerciar con Egipto, Creta, situada en mitad del Mediterráneo, tenía que construir barcos que pudieran navegar unos cientos de millas hasta la costa africana, para seguir luego hasta Egipto. Hacia el norte, por suerte, había una serie de islas tan próximas entre sí que los barcos siempre estaban cerca de alguna de ellas.
En consecuencia, Creta pudo aprender de Egipto y desarrollar una civilización propia con influencia egipcia. A esta civilización se le conoce como minoica, por Minos, nombre de un rey de Creta en la mitología griega. Creta fue capaz de difundir su civilización hacia el norte, entre las islas del Mar Egeo e incluso en el continente griego.
Como las civilizaciones de Egipto y Sumeria carecían del tipo de barcos imprescindibles para poder llegar a Creta en gran número, la isla no temía a las invasiones. Las ciudades-estado que compartían la misma cultura, pudieron unirse pacíficamente para formar una nación, y no necesitaban murallas.
Al controlar el comercio del este del Mediterráneo, Creta prosperó, y antes del 2000 a. C. había establecido la primera «talasocracia» (del griego «dominio de los mares»), en la que el poder reside en la armada más que en el ejército.
Apogeo de la civilización del Río Indo en la India
Hacia el segundo milenio antes de Cristo, la civilización del Río Indo estaba también en su apogeo. Se han excavado dos ciudades en los lugares de Mohenjo Daro, en el bajo Indo y en Harappa, más lejos río arriba. Ambas ciudades fueron construidas en forma de tablero de ajedrez, con casas de ladrillo, una ciudadela central sobre una colina y granjas alrededor con un vasto sistema de canales. Sin embargo, la civilización del Indo evolucionó aislada de las demás y tuvo poca influencia sobre los lejanos sumerios y los todavía más lejanos egipcios.
Alrededor del segundo milenio antes de Cristo, un pueblo, conocido como los hititas, llegó a Asia Menor. Su lengua no estaba relacionada con la semita hablada por los acadios, o por los árabes actuales. Pertenecía a un grupo de lenguas que llamamos indoeuropeas, porque dichas lenguas se hablan hoy en día en India, Irán y casi toda Europa. Los hititas son el primer pueblo de los que hablan una de estas lenguas que aparece en la escena de la historia.
Población mundial: 27 millones
A medida que nuestro repaso avanza con rapidez hacia los tiempos de Cristo, podemos ver que se suceden cambios importantes en todo el planeta. La mayoría de las regiones han experimentado alguna versión de la ciudad-estado como forma de gobierno y el primer imperio ha nacido. Se han construido las pirámides haciendo alarde del poder terrenal y ha habido un diluvio para recordar al hombre que la naturaleza sigue siendo el único soberano.
Quizá lo más importante sea que como los inventos e innovaciones se acumularon a lo largo de los milenios anteriores, el número de habitantes se duplicó de nuevo. Se estima que la población del mundo en el año 2000 a. C. era de unos 27 millones.
1000 a. C.
A pasos de gigante
Este milenio fue una época en que la humanidad empezó a acelerar el ritmo de cambio en todo el mundo. Especialmente, la combinación de varios inventos: el carro, el hierro, la moneda y el alfabeto, provocó grandes cambios en las relaciones entre las naciones y los pueblos. Los imperios surgieron y cayeron, creció el número de habitantes, el conocimiento se extendió con rapidez. En todas las regiones del mundo, la humanidad entró en una época de grandes innovaciones.
También era un período en que los hombres buscaban estabilidad, y la cuestión de cómo gobernar una sociedad llegó a ser fundamental. La monarquía seguía siendo la forma de gobierno principal, pero el problema de si los reyes debiesen de ser fuertes o relativamente débiles todavía no se había resuelto. Donde pudieron, muchas sociedades pretendieron aumentar su propia seguridad creando imperios y dominando a sus vecinos. Sin embargo, en general este sistema contribuía a aumentar la inseguridad a largo plazo.
Al igual que ahora, la creciente capacidad tecnológica del hombre se aplicaba con la misma frecuencia a lograr ventajas militares y a mejorar la calidad de vida dentro de una comunidad.
Ahora veamos cómo se extinguieron éstos y otros imperios en varias regiones del mundo.
En primer lugar Egipto: su largo período de paz terminó porque las tribus indoeuropeas de Asia central dieron un nuevo uso a sus caballos, a los que habían logrado domar hacía poco tiempo. Los entrenaron para arrastrar un carro ligero con grandes ruedas, con un hombre sujetando las riendas, mientras otro llevaba una lanza o un arco con flechas. Los carros primitivos eran poco más que una plataforma con ruedas en la que dos hombres podían estar de pie, pero representaban un arma nueva y revolucionaria.
En una batalla, los soldados de a pie de las regiones civilizadas verían una nube de estos carros acercándose de manera amenazadora a gran velocidad. Por lo general, el ejército de a pie se desbarataba y huía, y los aurigas alcanzaban a los soldados, los dispersaban, pisoteaban y destruían. Los conductores de carros atacaron todas las regiones civilizadas y pronto las dominaron.
Hacia el 1720 a. C. estas tribus alcanzaron Egipto, después de cruzar la árida Península del Sinaí. A pie, habría sido un viaje difícil, pero los caballos, mucho más rápidos, lo hicieron sin esfuerzo y pusieron fin al largo aislamiento de Egipto.
Los aurigas conquistan Egipto
Los conductores de carros (llamados hicsos por los egipcios) no encontraron casi oposición. Derrotaron con facilidad a los egipcios, que no tenían con qué contraatacar la nueva tecnología. Los hicsos empezaron a gobernar en el norte de Egipto y adoptaron su cultura.
Debió de ser en esta época cuando algunos cananeos llegaron a Egipto y fueron bien tratados por los hicsos: este incidente probablemente dio lugar al relato bíblico de José y sus hermanos.
Sin embargo, río arriba, en la ciudad de Tebas, los egipcios conservaron el poder y poco a poco aprendieron a su vez a utilizar carros tirados por caballos. Hacia el 1570 a. C. los egipcios, bajo Ahmés, un soberano de la XVIII dinastía, habían expulsado a los hicsos de la tierra que habían gobernado durante siglo y medio. Los egipcios los persiguieron a través del Sinaí hasta Canaán, que ocuparon para que sirviera de barrera protectora contra futuras invasiones.
Egipto gobernaba a pueblos que no eran egipcios, y por lo tanto había creado un imperio. Su territorio se extendía Nilo arriba y por Asia casi hasta el Éufrates. Bajo Tutmosis III, que reinó del 1504 al 1450 a. C., el imperio egipcio alcanzó su apogeo con una población de unos tres millones de habitantes.
El reinado de Amenofis IV, que gobernó del 1379 al 1362 a. C., marcó un cambio decisivo. Los gobernantes seguían proclamando una legitimidad basada en la relación con los dioses, lo que significaba que el poder de un dirigente dependía, hasta cierto punto, del poder de su divinidad. Amenofis intentó alinearse con un único dios, al que consideraba el más poderoso de todos los dioses de la sociedad de su tiempo.
Se inicia en Egipto el reinado de Ajnatón
Es la primera figura histórica que fue un monoteísta declarado. Amenofis creía en un solo dios (en su caso, el dios-Sol o Atón). Cambió su nombre por el de Ajnatón (servidor de Atón) y fundó una nueva capital entre Menfis y Tebas, llamada Ajnatón («lugar del poder de Atón»). La casta sacerdotal luchó contra él al igual que su pueblo, que quería sus antiguos dioses y sus viejas costumbres. Mientras esta lucha se desarrollaba, se descuidaron las fronteras del imperio y disminuyó la resistencia a las tribus invasoras, y el imperio egipcio empezó a declinar.
Los siguientes reyes de la XIX dinastía contuvieron en cierta medida la decadencia. El más famoso de ellos fue Ramsés II, que reinó del 1304 al 1237 a. C. y luchó por extender las fronteras del imperio en Asia. En el curso de la guerra mantuvo una gran batalla contra los hititas el 1298 a. C. que debilitó a ambas naciones (Según la tradición, Ramsés II es el faraón bajo el cual fueron esclavizados los israelitas, y en cuya corte Moisés creció hasta su madurez. Sin embargo, no hay más evidencia que la «Biblia» para respaldar esta historia).
De hecho, el mismo esfuerzo que se hace para mantener un imperio fuerte y vigoroso sirve a veces para debilitarlo con más rapidez. Una nación, incluso si sale victoriosa, se cansa de la guerra. Una gran parte de los soldados veteranos han muerto en el campo de batalla mientras que las naciones derrotadas siguen rebelándose, y las fronteras han de ser mantenidas a costa de más pérdidas y más dificultades que nunca.
Una pequeña fractura en cualquier parte de este armazón puede hundir toda la estructura. Ramsés II, con su agotadora política exterior, había llevado al imperio egipcio a esta situación (Se supone que el éxodo de los israelitas, dirigidos por Moisés, ocurrió durante el debilitado reino de su sucesor Menefta. De nuevo, sólo la «Biblia» confirma esta historia).
Ramsés III, de la XX dinastía gobernó Egipto del 1188 al 1156 a. C., y durante su reinado tuvo que enfrentarse con otro grupo de belicosos invasores, llamados el «pueblo del mar» por los egipcios. Haciendo un esfuerzo supremo, éstos los derrotaron, pero esta lucha terminó por agotar su resistencia. En el 100 a. C. Egipto, después de haber sobrevivido a dos invasiones y haber sido durante tres siglos el imperio mayor y más poderoso de la Tierra, se había convertido en una potencia menor con los débiles monarcas de la XXI dinastía en el trono.
Después del 2000 a. C. la civilización sumeria, todavía tambaleante por el impacto de la inundación, decaía con rapidez y desaparecía de las páginas de la historia. Nuevos invasores ocuparon el Valle del Tigris-Éufrates y adoptaron la cultura sumeria, añadiéndole elementos propios. La tribu de los amorreos, que hablaba una lengua semita, ocupó una pequeña ciudad acadia llamada Bab-ilum o Babilonia («puerta de Dios» en acadio) hacia el 1800 a. C. y la convirtió en su capital. Llegó a ser un asentamiento importante, llamado Babel por los israelitas y Babilonia por los griegos. Esta ciudad dio nombre a la zona baja del Tigris-Éufrates a la que se conoce como Babilonia, y ya no podemos hablar de Sumeria en este período.
Reinado de Hammurabi desarrollo de un código de leyes escritas
Hammurabi gobernó como rey de Babilonia del 1728 al 1686 a. C. y extendió su gobierno a toda la región babilónica. Se le recuerda en la historia sobre todo por una estela de piedra de su época que todavía se conserva, y que lleva inscrito un código de leyes.
El desarrollo de este código legal fue un paso trascendente en la sociedad. Al principio las leyes de una sociedad eran sus tradiciones y costumbres, y los hombres recurrían a los ancianos para pedir consejo sobre ellas. Los desacuerdos con este método de enfocar los problemas tenían que surgir, puesto que la memoria no es perfecta y siempre había el recelo de que quienes gobernaban un país pudieran recordar las leyes en beneficio propio. Finalmente la gente pidió un código de leyes escrito, y el Código de Hammurabi es uno de los primeros ejemplos conocidos. Sin duda es el más antiguo que tenemos en su forma original completa.
En la parte alta del Valle del Tigris-Éufrates, los amorreos fundaron otro reino, con capital en la ciudad acadia de Assur. El reino se llamaba también Assur, y los antiguos griegos lo denominaron Asiria, nombre que se llegó a aplicar a la parte superior del valle.
Asiria estaba bajo la dominación de Babilonia durante el reinado de Hammurabi. Sin embargo, hacia el 1530 a. C. todo el valle fue conquistado por tribus con carros procedentes del norte, un grupo llamado casitas en las historias antiguas.
Por lo general, las tribus invasoras adoptan las culturas de las regiones civilizadas que conquistan, como los hicsos adoptaron la cultura egipcia. Sin embargo, a veces se produce un retraso y la civilización de la región conquistada sufre un declive bajo el dominio de tribus que antes no eran civilizadas. Tecnología, arte y literatura sufren un retroceso, y se entra en lo que llamamos una edad oscura. Después del derrumbamiento del imperio de Hammurabi por los casitas, en el Valle del Tigris-Éufrates una edad oscura imperó durante dos siglos.
Asiria fue la primera en recuperarse, por lo menos se hizo lo bastante fuerte como para tomar parte en guerras periódicas de conquista. Bajo su rey Tukulti-Nin-Hurta, que reinó del 1245 al 1208 a. C., los asirios iniciaron la política de hacer la guerra de una manera feroz, para minar la voluntad de sus enemigos y tenerles medio derrotados antes de empezar la batalla. Bajo Teglatfalasar I, que gobernó del 1116 al 1078 a. C., se creó un poderoso imperio asirio que gobernaba todo el Valle del Tigris-Éufrates.
Sin embargo, después de la muerte de Teglatfalasar, tribus conocidas como arameos y caldeos invadieron el valle. Por el 1000 a. C. tanto Babilonia como Asiría se encontraban en las garras de una segunda edad oscura.
Durante este período los hurritas, una tribu que disponía de carros de guerra tirados por caballos, se establecieron al oeste de Asiría, en la parte sur y sureste de Asia Menor y fundaron el reino de Mitanni. A su oeste, la mayoría de Asia Menor pertenecía al poderoso reino hitita, por entonces bajo su primer gobernante notable, Labarna I (1680-1650 a. C.).
Los hititas comienzan la Edad de Hierro
Los hititas, bajo su rey Subbiluliuma I (1380-1346 a. C.), derrotaron y finalmente absorbieron Mitanni. Ya había un imperio hitita que intentaba extenderse hacia el sur, hacia el área que conocemos como Siria. Allí se encontraron con los egipcios, donde reinaba Ramsés II. Aunque los hititas ganaron la batalla, su imperio quedaba herido de muerte.
Los invasores conocidos como «el pueblo del mar» por los egipcios asolaron Asia Menor y Egipto, y hacia el 1200 a. C. habían acabado con el reino hitita.
Sin embargo, los hititas, antes de abandonar la escena de la historia, habían logrado una importante hazaña: iniciar la Edad del Hierro.
Durante quince siglos el hombre había luchado con armas de bronce, pero ya entonces se conocía una sustancia más dura y resistente. Eran trozos de un metal gris oscuro que cuando se batía para hacer rejas de arado, espadas, cuchillos o puntas de lanza, las armas y utensilios obtenidos eran muy superiores a los de bronce. En realidad estos fragmentos de metal eran meteoritos compuestos de una aleación de hierro y níquel que resultaba anormalmente dura.
El hierro se podía obtener de minerales rocosos de la misma manera que el cobre y el estaño. Pero se requerían temperaturas bastante más altas para fundir el mineral de hierro, y para lograrlo se necesitaba carbón en vez de madera. Incluso entonces, el hierro que se obtenía, sin níquel, no era lo bastante duro para el cometido que se esperaba de él. Había que añadir carbono para convertirlo en acero.
Hacia el 1300 a. C. la técnica de fundir y acerar el hierro se desarrolló en las estribaciones de la cordillera del Cáucaso, en el nordeste de Asia Menor. Esta región pertenecía al imperio hitita, y sus gobernantes mantuvieron celosamente el monopolio de esta nueva técnica porque se dieron cuenta de su importancia para la fabricación de armas.
Este descubrimiento marcó el principio de la Edad del Hierro, porque una vez destruido el imperio hitita dejó de haber monopolio, y el uso del hierro se extendió a otras culturas después del 1200 a. C.
Sitio de Troya
En el lejano noroeste de la península, la ciudad de Troya se había enriquecido con el control de los estrechos (que ahora llamamos Dardanelos y Bósforo, o simplemente «los estrechos»), a través de los cuales tenía que pasar el comercio entre las ciudades griegas del Mar Egeo y los campos de cereales del norte del Mar Negro. Los griegos se dieron cuenta de que podían reducir sus costos si controlaban ellos los estrechos. Por consiguiente, pusieron sitio a Troya y la conquistaron y destruyeron hacia el 1200 a. C.
El sitio de Troya pudo haber sido un acontecimiento más entre los de su época, pero algunos siglos después el poeta griego Homero lo relató en sus libros la «Ilíada» y la «Odisea» y lo convirtió para siempre en un suceso famoso (Para Homero la Guerra de Troya no tuvo nada que ver con la economía, sino que se combatió a causa de Helena, la mujer del rey griego Menelao. Tenía, según Homero, «un rostro por el que mil naves se hicieron a la mar»).
Después del 1200 a. C. no hubo poderes que duraran largo tiempo en Asia Menor. Un nuevo grupo de tribus, los frigios, se infiltró desde el sudeste de Europa, llenó el vacío y estableció un nuevo reino. Para el 1000 a. C. los hititas, junto con Mitanni y Troya, habían desaparecido, y el nuevo reino de Frigia florecía. Su riqueza impresionó a los griegos, cuya pobreza parecía crónica, y en su mitología hablaban de un rey frigio llamado Midas que tenía el «toque de oro».
Creta estuvo en la cumbre del poder durante este período: dominaba el Mar Egeo y su litoral. Hacia el 1600 a. C. tribus invasoras del norte, que formaban el pueblo que ahora llamamos griegos, penetraron en la región que conocemos por Grecia. Llamaron Hellas a la región, y helenos a sí mismos. El nombre de Graecia fue utilizado por primera vez por los romanos, y pasó a ser Grecia en los tiempos modernos.
La principal ciudad griega era Micenas, en el extremo nordeste del Peloponeso, la península griega más al sur, por lo que se les conoce como griegos micénicos. Sin embargo, cuando Creta estaba en su apogeo, tenía subyugados a los micénicos. De esta época es la famosa leyenda griega en la que Creta exigía un tributo humano a Atenas todos los años, hasta que el legendario héroe micénico Teseo de Atenas la liberó de pagarlo.
Sin embargo, Creta, al igual que antes Sumeria, sufrió una gran catástrofe natural que interrumpió bruscamente su desarrollo. La Isla de Santorín se encuentra a unos ciento cuarenta y cinco kilómetros al norte de Creta, y era el centro de una floreciente civilización minoica. Por desgracia, la isla resultó ser el cráter de un volcán que había emergido del mar, pero que no mostraba signos de actividad y nadie sospechó que encerrara peligro.
Erupción de Santorini: declive de la civilización cretense
Entonces, hacia el 1500 a. C., estalló con un estruendo ensordecedor. Fue la erupción volcánica más violenta que se conoce en tiempos históricos. Una lluvia de cenizas cayó sobre Creta y tsunamis (olas gigantescas) se estrellaron contra su costa. Las olas llegaron hasta las costas de Grecia, lo que pudo haber dado origen a las leyendas griegas relacionadas con una gran inundación. Donde una vez existió Santorín, sólo quedó un anillo de islotes rodeados de mar abierto. Parecía como si la isla se hubiera desvanecido bajo las aguas, y este hecho pudo ser el origen de la leyenda griega de la Atlántida.
La explosión y sus efectos debilitaron mucho a Creta, y la civilización minoica se tambaleó hacia un prematuro final, que se produjo poco después. Hacia el año 1300 a. C. los griegos micénicos gobernaban Creta además de Grecia. Sin embargo, la conquista de Troya fue la última hazaña importante de la Grecia micénica. Un nuevo grupo de tribus de habla griega, los dorios, que había participado en la serie de invasiones tribales que causaron la decadencia de Egipto, invadió Grecia. Usaban armas de hierro que habían capturado en la destrucción del imperio hitita, y las de bronce utilizadas por los micénicos no pudieron ofrecer resistencia contra ellas.
Los dorios se apoderaron del sur y el este del Peloponeso, incluyendo la antigua ciudad micénica de Esparta, la patria legendaria de Helena, supuesta causa de la Guerra de Troya. Conquistaron también Argos, la ciudad del héroe homérico Diomedes, y la Isla de Creta. Pasado el tiempo, Micenas se hundió en la decadencia y desapareció como potencia histórica.
Grecia y el Valle del Tigris-Éufrates entran en una edad oscura
Un grupo de griegos predóricos, los jónicos, sobrevivieron en el este de Grecia, particularmente en Atenas. Otros jonios abandonaron el continente y se establecieron en las islas de Egeo y en la costa de Asia Menor. Como consecuencia, la parte central de esta costa pasó a ser llamada Jonia. En el 1000 a. C., por lo tanto, las civilizaciones de Creta y Micenas, al igual que las del Valle del Tigris-Éufrates, habían entrado en sus edades oscuras.
Los cananeos sufrieron una serie de invasiones durante este período. Fueron conquistados y gobernados primero por los hicsos y después por el imperio egipcio. Cuando «los pueblos del mar» destruyeron Egipto, también desembarcaron en la costa de Canaán, hacia el 1200 a. C. Allí fundaron varias ciudades-estado que formaron una confederación. Fue este pueblo, que conocemos como filisteos, y que hablaban una lengua indoeuropea, el que dio a Canaán su nombre griego de Palestina.
También conocemos a los filisteos como enemigos de los israelitas, a través de relatos bíblicos. Los israelitas invadieron Canaán por el oeste y se apoderaron de una parte interior. Según la leyenda bíblica, los israelitas habían llegado a Canaán después de escapar de la esclavitud de Egipto.
Los cananeos que mantuvieron su independencia fueron confinados a la costa norte de su país, alrededor de ciudades como Tiro, Sidón y Biblos, y fueron más conocidos por su nombre griego de fenicios. En un territorio tan reducido sólo podían prosperar mediante el comercio, y fueron el primer pueblo en el área del Mediterráneo que se aventuró en mar abierto, lejos de la costa. Se alejaron de tierra más que los cretenses, quienes, básicamente, se habían contentado con ir de isla en isla.
Los fenicios pudieron lograr esta hazaña gracias a que aprendieron a orientarse en las noches despejadas. Vieron, al igual que nosotros, que el Sol sale por el este y se pone por el oeste, y que cuando está alto en el cielo, a mediodía, siempre está en el sur. Sabiendo esto, se puede viajar tanto por mar como por tierra. Pero ¿qué hace uno por la noche cuando no se puede ver el Sol?
Los fenicios fueron de los primeros en darse cuenta de que, por la noche, la constelación de la Osa Mayor, formada por siete estrellas muy visibles, estaba siempre en el norte. Esto significaba que, si se dejaba siempre a la derecha, el barco estaba navegando hacia el oeste, mientras que si se dejaba a la izquierda, el barco siempre iba hacia el este. Para el 1000 a. C. los fenicios, mediante este sistema, recorrían el Mediterráneo, convirtiéndose en los grandes comerciantes de la antigüedad.
La necesidad de comerciar originó otro gran descubrimiento. Estaba basado en la invención sumeria de la escritura, y hace que podamos leer este libro miles de años después. Situada entre Babilonia, con una complicada escritura cuneiforme, y Egipto, con sus no menos complicados jeroglíficos, Fenicia se dio cuenta de que no podría comerciar con facilidad si no manejaba ambas lenguas. La vida sería mucho más fácil si podían inventar un código de escritura sencillo.
Los fenicios inventan el alfabeto
Otros lo habían intentado ya hacia el 1400 a. C., pero sin ningún éxito. Sin embargo, para el 1000 a. C. los fenicios tenían un alfabeto en el que cada letra representaba el sonido de una consonante. Usando este alfabeto se podía escribir cualquier idioma con facilidad.
La escritura se desarrolló en muchos lugares de forma independiente. En Sumeria, China y sur de México por ejemplo. Sin embargo, el alfabeto fue inventado una sola vez, por los fenicios. Todos los alfabetos que se usan hoy día, por muy diferentes que puedan parecer, provienen sin ninguna duda del de los fenicios.
Cuando los israelitas invadieron Canaán en el año 1200 a. C. tomaron Jericó, que había existido como ciudad durante cerca de siete mil años. En una batalla que hizo célebre el relato de Josué y las trompetas, los israelitas destruyeron Jericó, al menos temporalmente.
Después, durante algún tiempo, los israelitas dominaron a los filisteos de la costa.
Finalmente los filisteos lograron vencer a los israelitas utilizando armas de hierro que sus enemigos no tenían. Pero hacia el 1000 a. C. los israelitas consiguieron armas de hierro. David, un jefe de la tribu meridional de Judá, ascendió con rapidez dentro de la nación israelita y finalmente sucedió en el trono al rey Saúl. Fue capaz de derrotar a los filisteos de modo definitivo, después de lo cual hay pocas noticias de ellos. David pasó luego a establecer un imperio israelita que se extendía desde Egipto por el sur hasta el alto Éufrates por el norte. La población israelita en esa época debió de ser de unos trescientos mil, cantidad insuficiente para mantener un imperio incluso tan pequeño como el de David. Sólo existió porque tanto el Valle del Tigris-Éufrates como Asia Menor seguían inmersos en una época de gran oscuridad, y Egipto seguía estando bastante débil.
Los arios invaden la India
El imperio de David empezó a derrumbarse en cuanto una de las regiones de su alrededor recuperó su fuerza y pudo rebelarse. Aunque el imperio era efímero, su recuerdo permaneció en la memoria de la tribu de Judá (los judíos) para siempre, con importantes consecuencias para el mundo en general.
Las tribus con carros, que habían causado tantos estragos por todas partes, invadieron India hacia el año 1500 a. C. y terminaron con la civilización del Indo, cuya población, en su apogeo, debió de alcanzar el millón de habitantes. Los invasores de la India se llamaban a sí mismos arios, de la palabra «noble» en su lengua, de origen indoeuropeo y conocida como sánscrito.
Por el 1000 a. C. estas tribus indoeuropeas se fueron extendiendo Río Ganges abajo y empezaron a dominar la vida del gran subcontinente. Al igual que otras regiones del mundo, India entró en un período de grandes cambios.
Población mundial: 4 millones
China había entrado en la Edad del Bronce hacia el 1500 a. C., y por esa época era gobernada por la dinastía Chang, su primera dinastía verdaderamente histórica. China había desarrollado, de forma independiente, su propio sistema de escritura, utilizando un método que era tan complejo como el de los sumerios y egipcios. No obstante, los chinos nunca adoptaron un alfabeto, y su escritura sigue siendo extraordinariamente compleja, con miles de caracteres en lugar de palabras compuestas de letras.
Hacia el 1000 a. C. la dinastía Cheu había reemplazado a la Chang. En esta época la importancia de los nobles había aumentado, ya que se había instaurado un sistema feudal que duraría siglos. China se las arregló para mantenerse un tanto aislada de muchos de los cambios que se propagaban por otras regiones del mundo. A pesar de todo, era el primero del mundo en población, liderazgo que mantiene en la actualidad.
Población de China: 5 millones
En esa época la población de China había crecido muy por encima de los 5 millones, de manera que estaba mucho más poblada que cualquiera de los otros reinos de Occidente.
Albergaba aproximadamente la quinta parte de los habitantes del planeta, y ha seguido manteniendo esta proporción hasta hoy.
Hacia el 1000 a. C. refugiados de Asia Menor, que huían de los frigios, alcanzaron la costa occidental de Italia. Más tarde se les reconoció como etruscos, y son la primera civilización conocida de Italia. Su escritura no se ha podido descifrar nunca, por lo que sabemos muy poco sobre ellos en comparación con sus sucesores, los romanos.
La civilización también estaba surgiendo en América, donde los olmecas habían empezado a construir ciudades. En otras partes, la tendencia a explorar seguía extendiendo la presencia del hombre hasta remotos rincones del planeta. En el Océano Pacífico, algunos pueblos del Sudeste asiático se esparcían por las islas cercanas; el proceso continuó hasta que los polinesios, como se les acabó llamando, hubieron colonizado todas las islas grandes del Pacífico. Viajaron miles de kilómetros en sus pequeños botes, una hazaña de la navegación que, dado su nivel tecnológico, fue la más extraordinaria que el mundo haya visto jamás.
El milenio transcurrido entre los años 2000 y 1000 a. C. fue una época excepcional, un presagio de la rápida evolución de la sociedad humana que al final arraigaría y perduraría en el futuro. Ninguna nación o imperio estaba a salvo mientras las tribus con carros erraran por el mundo derrocando antiguas civilizaciones y erigiendo otras nuevas en su lugar. Los hombres inventaron muchas cosas nuevas, incluyendo las religiones monoteístas, los códigos de leyes escritos, la moneda y las armas de hierro. Todas estas innovaciones y muchas otras sirvieron para mantener el impulso de la humanidad hacia el futuro.
La Edad del Hierro sucedió a la Edad del Bronce. Fueron tiempos duros para muchos de los que sobrevivieron. Los desastres naturales, como la erupción de Santorín, siguieron desempeñando un papel crucial en la historia, al retrasar o incluso detener el desarrollo de sociedades clave. Civilizaciones como los sumerios, que habían dominado el milenio anterior, desaparecieron de la escena y fueron reemplazadas por nuevas sociedades más dinámicas.
A medida que nos acercamos al último milenio antes de Cristo, no sería extraño que notáramos una sensación de expectación y esperanza, y que nos preguntáramos si nuestros antepasados también la sintieron.