El sentido primero de la palabra poética

Antonio Colinas · Capítulo 3 de 67

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El sentido primero de la palabra poética

Uno

El sentido primero de la palabra poética

 

Un tema como el que nos hemos propuesto —la interrelación entre poesía y

pensamiento— nos lleva forzosamente a sobrevolar problemas esenciales del ser

humano. Y este planteamiento, a su vez, nos conducirá a poseer una visión global

de la existencia y de los diversos sentidos que ésta puede adquirir. De entrada, yo

hablaría de tres sentidos primordiales a la hora de ser fiel a este criterio de

globalidad: un sentido poético de la existencia, un sentido científico de la

existencia, un sentido sagrado de la existencia.

Al trazar ya este mágico y comprometido triángulo de la poesía, la ciencia y

lo sagrado, la interrelación entre los tres vértices del mismo queda ya

formalmente establecida. Luego, claro está, disponemos de la razón. El hombre

reflexiona sobre esos tres vértices, unas veces por medio de conceptos

iluminados y rigurosos, otras con una ligereza o un aburrimiento de dudosa

utilidad. Pero, a fin de cuentas, la reflexión —como el sentimiento— nutre las

fibras del ser y corre con los manantiales del conocimiento, cualesquiera que sean

el caudal y la dirección que estos manantiales tomen o posean.

Ante tan compleja encrucijada, siempre me gusta recordar una frase de apoyo

de Albert Einstein, densa y transparente como el más puro de los vidrios. Dice

Einstein en su ensayo Mi visión del mundo: «La experiencia más hermosa que

tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental, la cuna del

verdadero arte y de la verdadera ciencia». Y añade para señalarnos el tercer

vértice del triángulo a que antes me refería: «Fue la experiencia del misterio la

que engendró la religión». Por otros caminos, dos versos de Antonio Machado

me parecen un excelente complemento de los juicios del gran científico: «El alma

del poeta / se orienta hacia el misterio».

Quien ha citado la palabra misterio es un poeta, pero antes la ha pronunciado

uno de los científicos más lúcidos de nuestro tiempo. El humanismo profundo de

ambos rompe la barrera de los férreos encasillamientos de los especialistas y sus

ideas nos resultan de un valor incalculable. He visto siempre en este concepto de

misterio un sinónimo de lo que he venido llamando, al hablar de temas de

Poética, segunda realidad; es decir, una realidad que está detrás de la aparente, de

la cotidiana, pero que —inaprensible— siempre ha subyugado y exaltado al

hombre. El poeta —o lo que Anthony Shaftesbury llamó el segundo Hacedor—

sería el encargado de interpretar y de desvelar esa segunda realidad.

Cerraré el círculo de este preámbulo recordando una nueva frase de Einstein;

con ella recuperaré el término razón y nuestro triángulo iniciático se habrá

transformado en un cuadrado. [Sentimos] —añade Einstein— «que existe algo

que no podemos alcanzar», algo que nos conduce «a la razón más profunda y a la belleza más deslumbradora». ¿Razón profunda y belleza deslumbradora? Ya