El sentido primero de la palabra poética
Uno
El sentido primero de la palabra poética
Un tema como el que nos hemos propuesto —la interrelación entre poesía y
pensamiento— nos lleva forzosamente a sobrevolar problemas esenciales del ser
humano. Y este planteamiento, a su vez, nos conducirá a poseer una visión global
de la existencia y de los diversos sentidos que ésta puede adquirir. De entrada, yo
hablaría de tres sentidos primordiales a la hora de ser fiel a este criterio de
globalidad: un sentido poético de la existencia, un sentido científico de la
existencia, un sentido sagrado de la existencia.
Al trazar ya este mágico y comprometido triángulo de la poesía, la ciencia y
lo sagrado, la interrelación entre los tres vértices del mismo queda ya
formalmente establecida. Luego, claro está, disponemos de la razón. El hombre
reflexiona sobre esos tres vértices, unas veces por medio de conceptos
iluminados y rigurosos, otras con una ligereza o un aburrimiento de dudosa
utilidad. Pero, a fin de cuentas, la reflexión —como el sentimiento— nutre las
fibras del ser y corre con los manantiales del conocimiento, cualesquiera que sean
el caudal y la dirección que estos manantiales tomen o posean.
Ante tan compleja encrucijada, siempre me gusta recordar una frase de apoyo
de Albert Einstein, densa y transparente como el más puro de los vidrios. Dice
Einstein en su ensayo Mi visión del mundo: «La experiencia más hermosa que
tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental, la cuna del
verdadero arte y de la verdadera ciencia». Y añade para señalarnos el tercer
vértice del triángulo a que antes me refería: «Fue la experiencia del misterio la
que engendró la religión». Por otros caminos, dos versos de Antonio Machado
me parecen un excelente complemento de los juicios del gran científico: «El alma
del poeta / se orienta hacia el misterio».
Quien ha citado la palabra misterio es un poeta, pero antes la ha pronunciado
uno de los científicos más lúcidos de nuestro tiempo. El humanismo profundo de
ambos rompe la barrera de los férreos encasillamientos de los especialistas y sus
ideas nos resultan de un valor incalculable. He visto siempre en este concepto de
misterio un sinónimo de lo que he venido llamando, al hablar de temas de
Poética, segunda realidad; es decir, una realidad que está detrás de la aparente, de
la cotidiana, pero que —inaprensible— siempre ha subyugado y exaltado al
hombre. El poeta —o lo que Anthony Shaftesbury llamó el segundo Hacedor—
sería el encargado de interpretar y de desvelar esa segunda realidad.
Cerraré el círculo de este preámbulo recordando una nueva frase de Einstein;
con ella recuperaré el término razón y nuestro triángulo iniciático se habrá
transformado en un cuadrado. [Sentimos] —añade Einstein— «que existe algo
que no podemos alcanzar», algo que nos conduce «a la razón más profunda y a la belleza más deslumbradora». ¿Razón profunda y belleza deslumbradora? Ya