Epidemia
Epílogo
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Estaba desembalando las maletas al regresar de dos semanas de vacaciones que había tomado por petición expresa del doctor Carbonara, cuando sonó el timbre de la calle. Acababa de llegar de Virginia, donde su familia había hecho todo lo posible por mimarla, hasta el punto de regalarle otra perrita a la que en el acto denominó Taffy Dos.
Mientras bajaba la escalera se preguntaba quién podría ser, ya que no había avisado a nadie la fecha exacta de su retorno. Al abrir la puerta le sorprendió encontrarse con Cyrill Dubchek y un desconocido. – Espero que no te moleste que hayamos aparecido sin avisar, pero el doctor Carbonara me dijo que podías estar de vuelta, y el doctor Fakkry, de la Organización Mundial de la Salud, deseaba conocerle. Hoy es el último día que está con nosotros; esta noche regresa a Ginebra.
El desconocido dio un paso adelante e inclinó la cabeza. Luego miró fijamente a Marissa con sus ojos muy oscuros.
–Es un gran honor para mí -expresó Fakkry con marcado acento británico-. Quería agradecerle personalmente su brillante trabajo de detective.
–Y sin la menor ayuda nuestra -reconoció Dubchek.
–Me siento halagada -confesó ella, sin saber qué más decir.
Dubchek carraspeó. Esos nuevos rasgos de timidez de Cyrill le resultaban muy simpáticos.
Cuando no hacía lo posible por enfurecerla, ella reconocía que resultaba muy guapo.
–Pensamos que te gustaría saber lo que pasó en estos días. A la prensa se le informó lo menos posible, pero hasta la policía considera que tú tienes derecho a saber toda la verdad.
–Me encantaría que me lo contaran. Pero pasen, por favor, y siéntense. ¿Les sirvo algo de beber?
Una vez que estuvieron acomodados, tomó la palabra el doctor Fakkry.
–Gracias a usted se ha podido detener a casi todas las personas relacionadas con la conspiración del Ébola. El hombre al que acuchilló en San Francisco acusó al doctor Heberling apenas se repuso un poco.
–La policía opina que el tipo quiso que lo mandaran a la cárcel para evitar que pudieras atacarlo de nuevo -bromeó Dubchek.
Marissa se estremeció al recordar el terrible episodio, cuando apuñaló al individuo en el lavabo del hotel. Por un instante el recuerdo de los ojos de su agresor la conmocionó. Luego recuperó el dominio de sí misma y preguntó qué suerte había corrido Heberling.
–Se le procesará por numerosos homicidios premeditados -respondió Dubchek-. El juez le negó la libertad bajo fianza aduciendo que es tan peligroso para la sociedad como los criminales nazis.
–¿Y el hombre al que ataqué con la Dermojet? Tuvo miedo de formular la pregunta porque no quería ser responsable de dar muerte a alguien ni de provocar un brote de Ébola. – Se va a salvar, para que se le pueda juzgar. Se inoculó a tiempo el suero de convalecientes, y éste resultó efectivo.
–¿Y los del Comité Médico de Acción Política? – Varios ofrecieron presentarse a declarar, con lo cual la investigación se está volviendo inusitadamente fácil. Casi nos hemos convencido de que la mayoría consideraba que estaba apoyando una simple campaña de presión. – ¿Y Tieman? Él sí que no parecía ser deshonesto como para involucrarse en un asunto tan sucio. 0 al menos daba la impresión de que le pesaba la conciencia.
–Su abogado está gestionando una condena más benigna a cambio de su colaboración. En cuanto al CMAP, el grupo está en quiebra ya que casi todos los familiares de las-victimas les iniciaron juicio, y también demandan a los médicos en forma individual. A la mayoría de los miembros se los procesa por criminales, de modo que pasarán un buen tiempo entre rejas, particularmente Jackson.
–A él y al doctor Heberling -intervino Fakkry- el pueblo los lincharía si pudiera ponerles las manos encima.
–Supongo que también condenarán a Ralph -conjeturó Marissa.
Todavía le costaba aceptar que el hombre al que consideraba su protector hubiese intentado matarla.
–Él fue uno de los primeros en cooperar con el fiscal. Va a conseguir reducción de condena, pero de todos modos no creo que lo suelten durante largo tiempo, Aparte de su vinculación con el CMAP,