Ilion 2 - La rebelión
Te Ofrecemos
desconectó de nuevo su visión y se permitió dormir.
Algo le tocó el hombro y lo despertó. Uno a uno, los cuarenta HV desfilaron ante él; cada figura verde lo tocó en el hombro al pasar. Informó de esto a Orphu, usando el canal subvocal.
–Quizás estén expresando su agradecimiento por salvarlos -dijo el ioniano-. Sé que yo lo haría si tuviera brazos o piernas con los que darte palmaditas.
Mahnmut no dijo nada, pero no creía que ése fuera el motivo del contacto. No había detectado ninguna emoción en los HV (ni siquiera cuando sus intérpretes se habían marchitado después de comunicarse con él), y le costaba creer que todos estuvieran agradecidos, aunque los HV eran marinos lo bastante buenos para advertir que la nave se hubiese hundido de no ser por la intervención de Mahnmut.
–O tal vez piensan que eres afortunado e intentan tocarte para conseguir parte de esa suerte -
añadió Orphu.
Antes de que Mahnmut pudiera expresar su opinión acerca de esta idea, el último de los HV de la fila lo había alcanzado. En vez de dar una palmadita en el hombro de fibra de carbono del moravec y seguir de largo, el hombrecillo verde se puso de rodillas, tomó la mano derecha de Mahnmut y la colocó contra su pecho.
–Oh, no -gimió Mahnmut-. Quieren volver a comunicarse.
–Eso está bien -dijo Orphu-. Tenemos cosas que preguntarles.
–Las respuestas no merecen la muerte de otro de estos hombrecillos verdes -dijo Mahnmut.
Intentaba apartar la mano con todas sus fuerzas, mientras el HV la acercaba hacia su pecho.
–Puede que merezca la pena -dijo Orphu-. Aunque la unidad HV experimente algo similar a nuestra idea de la muerte, cosa que dudo. Además, es iniciativa suya. Déjalo que entre en contacto.
Mahnmut dejó de debatirse y permitió que el HV acercara la mano a su pecho… y que la metiera dentro de su pecho.
Una vez más aquella sorprendente y mareante sensación de que sus dedos se deslizaban atravesando la carne y se sumergían en la cálida y densa solución salina, de su mano tocando y luego rodeando aquel órgano latiente del tamaño de un corazón humano.
–Trata de apretarlo un poco menos fuerte esta vez -dijo Orphu-. Si la comunicación es en efecto a través de paquetes moleculares de nanobytes orgánicos, menos área superficial de contacto podría reducir el volumen de sus pensamientos.
Mahnmut asintió, advirtió que Orphu no podía ver su gesto, pero entonces se concentró solamente en la extraña vibración que pasaba desde su mano a su brazo y a su mente mientras el hombrecillo verde iniciaba la conversación.
TE OFRECEMOS
NUESTRA GRATITUD
POR SALVAR
NUESTRO NAVÍO.
–No hay de qué -dijo Mahnmut en voz alta, concentrando sus pensamientos en el lenguaje hablado al mismo tiempo que compartía la conversación con Orphu por la banda de tensorrayo-.
¿Quiénes sois? – preguntó-. ¿Cómo os llamáis?
ZEKS.
La palabra no significaba nada para Mahnmut. Sentía el órgano de comunicación del HV latir en su mano y sintió la imperiosa necesidad de soltarlo, de apartar la mano del pecho de aquella persona condenada… pero eso no le habría servido ya de nada a ninguno.
¿Conoces esa apalabra, «zeks»? , le preguntó Mahnmut a Orphu.
Espera un momento, envió Orphu. Accediendo a la memoria de tercer nivel. Aquí está, de Un día en la vida de Iván Denisovitch. Era un término de argot relacionado con la palabra rusa sharashka:
«El científico o el instituto técnico cuyo personal estaba sometido a internamiento suave a cambio de trabajo intelectual en una sharashka se conocían como zeks.»