Jinetes en la tormenta

Diego Manrique · Capítulo 41 de 102

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Jinetes en la tormenta

Los Colosos

 

EL PODER DE LAS LEYENDAS

 

El rock todavía no se ha reconciliado con las realidades biológicas. A diferencia del blues, el jazz o el flamenco, que veneran la longevidad, sigue encandilado con quimeras de eterna juventud: sexo alborotado, vehículos acelerando, resacas asumibles, cortes de manga al futuro. Pero ¿qué ocurre cuando los artistas entran en la tercera edad y quieren, necesitan, les apetece seguir actuando? Por no hablar de los propios seguidores, en la frontera de la jubilación.

El rock nació como música orgullosamente juvenil. «Espero morir antes de hacerme viejo», proclamaba un altivo tema de The Who. Y cada nuevo movimiento ha afirmado su identidad proclamando que viene a enterrar lo inmediatamente anterior. Se suponía que la única opción para mantenerse intacto en el recuerdo era una salida aparatosa: «Vive rápido, muere joven, deja un bonito cadáver».

Pero algo ha fallado: las grandes figuras no solo se mantienen activas, sino que se infiltran en el territorio del rock con acné. Un septuagenario como Leonard Cohen corona el FIB, cita inicialmente reservada para la tropa indie. Bob Dylan y Neil Young encabezaron el cartel de un evento como Rock in Rio, una cita alejada de cualquier noción de lo cool. Las cifras de los más publicitados festivales palidecen ante el poder de convocatoria de un Bruce Springsteen, en sus recorridos por estadios… Ni siquiera los muertos suponen un inconveniente: treinta años después de desaparecer Sid Vicious, los Sex Pistols alborotan grandes multitudes, sonando mejor que en su primera encarnación.

Y no olvidemos los artistas de culto, los que prefieren recintos recogidos. Este verano [2008], no ha habido entradas más codiciadas que las correspondientes a los conciertos de Tom Waits o Lou Reed. Este último, que siempre mostraba una relación antagónica con su legado histórico, ahora acepta recrear uno de sus elepés clásicos, Berlin.

Resulta imposible competir con la propia historia, ha pensado secretamente Reed. Algo que se atreve a verbalizar ese cínico llamado Rod Stewart, que se burla de los artistas como los Rolling Stones o Paul McCartney, que siguen sacando discos con nuevas canciones: «Por mucho que se empeñen, esos temas nuevos van a pasar desapercibidos». Lo que hace ahora Stewart es cantar éxitos ajenos, buscando pulsar las cuerdas nostálgicas.