Los casos de Don Frutos Gómez
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" Los casos de Don Frutos Gómez"
Velmiro Ayala Gauna (Corrientes, 1955)
Intención
Diversos son los autores que, con acopio de argumentos, sostienen la imposibilidad del florecimiento de un género policial con ambiente y tipos netamente argentinos. Para el os el detective sólo puede moverse a gusto en las proximidades de Scotland Yard, de la Sureté o del F.B.I., teniendo como campo de acción principal a Londres, París, Nueva York o Chicago. Sus héroes preferidos son aquel os que se deslizan por cal es brumosas, contienden con delincuentes internacionales, cuentan con los inapreciables servicios de los archivos y laboratorios de los departamentos de investigaciones que, por una gota de sudor encontrada en un minúsculo trozo de lienzo, pueden dar al momento el color de la piel, talla y otras peculiaridades físicas y se evitan mayores razonamientos confiando los trabajos de acumular pruebas o buscar indicios a agencias o investigadores privados, que no se sabe cómo ni de dónde los consiguen.
En la búsqueda de los orígenes del género se han lanzado, también, las más arriesgadas teorías y así no falta el que ofrezca como el más antiguo precedente la descripción que figura en el Viejo Testamento de la muerte de Abel por manos de Caín, en el Paraíso, dónde Jehová actuó como investigador, a cuya pregunta de "Caín. . ¿qué has hecho de tu hermano? " se lesconcertó el culpable y puso al descubierto su alta; otros se conforman con señalar a Poe en razón de su cuento "El asesinato de la cal e Morgue" y son muchos los que dan a Conan Doyle el mérito de haber sido, con Sherlock lolmes, sino el creador por lo menos quien más contribuyó a popularizarlo.
Con similar criterio debemos señalar que si tal literatura no ha florecido entre nosotros, no ha sido por falta de antecedentes ni de tipos que puedan protagonizar esos relatos, ya que nuestro rastreador y, aun el vulgar hombre de campo, tenían el mismo poder de observación y un conocimiento empírico que balanceaba el caudal científico de Conan Doyle y que los hacía capaces de tan hábiles razonamientos deductivos como al morador de Baker Street.
Sarmiento nos ha dejado una excelente pintura de los mismos, protagonizándolos en Calíbar, a quien describe así en su apariencia y sus métodos. "El rastreador es un personaje grave, circunspecto, cuyas aseveraciones hacen fe en los tribunales inferiores. Un robo se ha ejecutado durante la noche: no bien se nota, corren a buscar una pisada del ladrón, y encontrada, se cubre con algo para que el viento no la disipe. Se l ama enseguida al rastreador, que ve el rastro, y lo sigue sin mirar, sino de tarde en tarde. Sigue el curso de las cal es, atraviesa los huertos, entra en una casa, y señalando, un hombre que encuentra, dice fríamente: “Éste es.” El delito está probado y raro es el delincuente que resiste esta acusación."
El viajero francés Ebelot se asombró por la habilidad de "un sujeto de pura sangre arribeña, lacio el pelo, salientes los pómulos, torvos los ojos a la par que penetrantes y, para más señas, soldado viejo y milico irreprochable" que fue capaz de decir, viendo un remolino de pisadas:
—Han pasado seis caballos montados, quince sueltos y una yegua madrina con un potrillo de seis a ocho meses.
Expresó su admiración por tal hecho al coronel Vil egas y éste le refirió que en un pueblecito de San Luis, en plena sierra, con cal es cavadas en piedra viva vio salir a los chicos de la escuela y cambiar sus impresiones después de andar despacio, por un momento, escudriñando la superficie del duro granito: —"Al á va la mula del cura, decía uno. —Pasó hace una hora, agregó otro. —El receptor de rentas ha ido a pasear a caballo. —Y el almacenero de la esquina a pie. -Con botas. —Che, vete pronto a tu casa, tu mamá acaba de volver. —Calzaba alpargatas. —Sí, señor, esos pil os leían todo esto en la roca lisa tan fácilmente como leemos en los libros fruslerías que por lo general no son tan interesantes".
Estos cuentos tienen la pretensión de señalar un rumbo para nuestros escritores. Los cuentos de ficción policial son perfectamente posibles de desarrollar dentro de una atmósfera argentina y, entre los ya publicados, es grato indicar uno que posee originalidad y suspenso, pero es poco conocido por quienes están familiarizados con las aventuras de El ery Queen, el padre de Brown, Hercule Poirot, J. G. Reeder, Max Carrados, etc., y sé trata de "El caso de Apolonio Menéndez" que figura en el libro Narraciones correntinas de Saturnino Muniagurria.
Don Frutos Gómez, el protagonista de estas aventuras, está tomado de la realidad y es un típico paisano correntino, más astuto que inteligente, gran observador y conocedor profundo de hombres y de cosas, indudablemente que no habrá, por fuerza de las circunstancias en que se desenvuelven los relatos, ocasión alguna para forzar a la mente con largos procesos deductivos ni se hará el despliegue de sabiduría de un Philo Vance que podía darnos al instante los fundamentos filosóficos de Kierkegaard con la misma facilidad que nos enumeraba a los monarcas de la dinastía de los Hicksos, en el antiguo Egipto, pero con su pachorra guaraní y su gracejo criol o seguirá tras el culpable con sin igual pertinacia y quizá repitiendo para sí las palabras de Calíbar: "¿Dónde te mi has d'ir? ".
Tal la intención. Los frutos no son materia de mi juicio.
EL AUTOR