¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!
Canto de mí mismo
1
Me celebro y me canto,
Y aquello que yo me apropio habrás de apropiarte, Porque todos los átomos que me pertenecen también te pertenecen.
Me entrego al ocio y agasajo a mi alma;
Me tiendo a mis anchas a observar un tallo de hierba veraniega.
Mi lengua, todos los átomos de mi sangre, formados de esta tierra y de este aire,
Nacido aquí de padres que nacieron aquí, lo mismo que sus padres: A los treinta y siete años de edad, con la salud perfecta, empiezo, Y espero no cesar hasta la muerte.
Dejo a las sectas y a las escuelas en suspenso, Me retiro un momento, satisfecho de lo que son, pero no las olvido, Soy puerto para el bien y para el mal, les permito hablar a todos, arrostrando todos los peligros,
Naturaleza sin freno, con energía primigenia.
5
Yo creo en ti, alma mía; mi otro yo no se humillará ante ti, Y tú no te humillarás ante él.
Entrégate conmigo al ocio sobre la hierba, desembaraza tu garganta,
No quiero palabras, ni música, ni versos, ni costumbres, ni conferencias, ni siquiera las mejores,
Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave.
Recuerdo cómo nos acostamos, una mañana diáfana de estío, Cómo apoyaste tu cabeza en mis caderas, cómo te inclinaste dulcemente sobre mí,
Cómo me abriste la camisa sobre el pecho, cómo hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón desnudo,
Y cómo te estiraste hasta palparme la barba, y cómo te estiraste hasta abrazarme los pies.
Velozmente eleváronse y me rodearon la paz y el conocimiento que rebasan a todas las disputas de la tierra, Y sé que la mano de Dios es la promesa de la mía, Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío, Y sé que todos los hombres que han existido son también mis hermanos; y las mujeres, mis hermanas y amantes,
Y que el amor es el sostén de la creación, Y que son innumerables las hojas rígidas o lánguidas de los campos, Y las hormigas morenas en sus pequeños pozos bajo las hojas, Y las costras mohosas del seto, las piedras hacinadas, el saúco, el verbasco y la cizaña.
6
Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba? , trayéndomela a manos llenas;
¿Cómo podía responderle? Tampoco sé yo qué es la hierba.
Sospecho que es el emblema de mi temperamento, tejido con la verdura de la esperanza.
O imagino que es el pañuelo de Dios,
Prenda perfumada y rememorativa, abandonada adrede,
Que lleva en las puntas el nombre de su dueño para que lo veamos, reparemos en él y preguntemos:
¿De quién?
O presumo que la hierba es un niño, el recién nacido de la vegetación.
O creo que es un jeroglífico uniforme,
Que significa: Crezco igualmente en las regiones vastas y en las regiones estrechas,
Crezco igualmente en medio de la raza negra y de la raza blanca, Al canadiense, al piel roja, a todos me entrego y a todos los acepto.
Y ahora se me figura que es la hermosa cabellera de las tumbas.
Con ternura me serviré de ti, hierba rizada, Quizá has brotado del pecho de los jóvenes, Acaso, si yo los hubiere conocido, los habría amado, Tal vez has nacido de los ancianos, o de los niños tempranamente arrebatados del regazo de sus madres,
Y eres aquí su maternal regazo.
Esta hierba es demasiado obscura para que haya brotado de los cabellos blancos de las madres ancianas,
Es más obscura que la barba descolorida de los viejos, Es demasiado obscura para haber brotado de los paladares de color rojo pálido.
¡Ah! Observo, por último, tantas lenguas expresivas, Y comprendo que no han nacido en vano de esos paladares y de esas bocas.
Quisiera poder traducir las insinuaciones acerca de los muchachos y de las muchachas muertas,
Y las insinuaciones acerca de los ancianos y de las madres, y de los niños tempranamente arrebatados de su regazo.
¿Qué crees tú que ha sido de los jóvenes y de los viejos?
¿Qué crees tú que ha sido de las mujeres y de los niños?
Están buenos y sanos en algún lugar,
Aun el más pequeño retoño nos prueba que no existe la muerte, Y que, si existió, ha estimulado la vida y aguarda hasta el fin para destruirla,
Y que dejó de ser en el momento en que surgió la vida.
Todas las cosas avanzan, nada se destruye, Y la muerte no es como la han imaginado, sino más propicia.
7
¿Ha creído algún hombre o mujer que es afortunado nacer?
Pues yo les digo a él o a ella que igualmente afortunado es morir, Muero con los agonizantes y nazco con los recién nacidos, y no quepo entre mi sombrero y mis zapatos,
Y examino objetos diversos, y no hay dos que sean iguales, y todos son buenos,
Buena la tierra y buenas las estrellas y bueno todo lo que les pertenece.
Yo no soy la tierra ni parte accesoria de la tierra, Yo soy el consorte y el compañero de las personas, y todas son tan inmortales e insondables como yo.
(Ellas no saben cuán inmortales son, pero yo lo sé).
Cada especie para sí y lo suyo; para mí mi hombre y mi mujer, Para mí, quienes han sido muchachos y aman a las mujeres, Para mí, el hombre orgulloso que sabe cuánto lastima ser humillado, Para mí, la novia y la solterona; para mí, las madres y las madres de las madres,
Para mí, los labios que han sonreído, los ojos que han derramado lágrimas, Para mí, los niños y los engendradores de niños.
¡Desnúdate! No eres culpable ante mí, ni viejo, ni inservible, Mi mirada atraviesa el paño y la guinga aunque no lo quieras, Y soy cabal, tenaz, inquisitivo, incansable, y nadie podrá sacudirse de mí.
16
Soy de los jóvenes y de los viejos, soy de los necios y de los discretos, Indiferente a los demás, atento para con los demás, Maternal y paternal, niño y hombre,
Henchido de elementos bastos y henchido de elementos finos, Ciudadano de la nación de muchas naciones, de las que la más pequeña vale tanto como la más grande,
De los Estados del sur tanto como de los Estados del norte, cultivador indolente y hospitalario, vivo allá lejos, en las riberas del Oconee, Yanqui que voy por mi camino siempre dispuesto a traficar, mis articulaciones las más flexibles y las más resistentes de la tierra, Habitante de Kentucky que camino por el valle de Elkhorn con mis calzas de cuero de venado, habitante de Louisiana, habitante de Georgia, Botero de los lagos, de las ensenadas o de las costas, habitante de Indiana, Wisconsin, Ohio,
Avezado a los chanclos canadienses para la nieve, a las breñas, a la compañía de los pescadores de Terranova, Habituado a navegar con los barcos invernizos y a amurar, Familiarizado con las colinas de Vermont, con los bosques de Maine, con los ranchos de Texas,
Camarada de los californianos, camarada de los hombres libres de los estados noroccidentales (amo su corpulencia), Camarada de los lancheros y carboneros, camarada de todos los hombres de buena voluntad que invitan a comer y beber, Discípulo de los ingenuos, maestro de los pensadores, Novicio principiante y, sin embargo, con la experiencia de miríadas de estaciones,
Soy de todas las razas y de todas las castas, de todos los linajes y de todas las religiones,
Agricultor, artesano, pintor, hidalgo, marinero, cuáquero, Presidiario, rufián, pendenciero, abogado, médico, sacerdote.
Conllevo cualquiera cosa mejor que mi propia diversidad, Respiro el aire pero lo dejo en abundancia tras de mí, Y no soy orgulloso y me mantengo firme.
(La crisálida y la hueva están en su sitio, Los soles brillantes que veo, y los soles negros que no puedo ver, están en su sitio,
Lo palpable está en su sitio, y lo impalpable está en su sitio).
17
Estos son en verdad los pensamientos de los hombres de todas las épocas y de todos los países: no son mis pensamientos originales, Y si no fuesen igualmente tus pensamientos, no valdrían nada, o casi nada, Si no son el enigma y la solución del enigma, no valen nada, Si no son cercanos y remotos al mismo tiempo, no valen nada, Esta es la hierba que brota dondequiera que hay tierra y dondequiera que hay agua,
Este es el aire común que baña al globo.
18
Vengo con música enérgica, con cornetas y tambores, No sólo ejecuto marchas en honor de los vencedores, las ejecuto también en honor de los vencidos y de los muertos.
¿Sabías que es bueno ganar la jornada?
Yo digo que es bueno perderla, las batallas se pierden con el mismo ánimo con que se ganan.
Bato palmas y aplaudo a los muertos,
Soplo en mis clarines con el más grande vigor y alegría de que soy capaz, en su honor.
¡Vivas a los vencidos,
Y a aquellos cuyos buques de guerra se hundieron en el mar, Y a quienes con ellos se hundieron,
Y a todos los generales que perdieron batallas, y a todos los héroes vencidos,
Y a los innumerables héroes desconocidos, iguales a los más grandes héroes conocidos!
21
Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma, Y digo que tan admirable es ser mujer como ser hombre, Los placeres del cielo están conmigo y los dolores del infierno están conmigo,
Injerto y multiplico los placeres en mi ser, traduzco los dolores a una lengua nueva.
Soy el poeta de la mujer y soy el poeta del hombre, Y digo que tan admirable es ser mujer como ser hombre, Y digo que nada hay más admirable que la madre de los hombres.
Yo entono el canto de la expansión y del orgullo, Ha habido zalamerías y ruegos bastantes, Yo muestro que el tamaño no es más que crecimiento.
¿Has superado a los demás? ¿Eres tú el Presidente?
Eso no tiene importancia: todos llegarán y aun irán más lejos.
Yo soy aquel que camina con la noche tierna y fecunda, Invoco a la tierra y al mar que la noche abraza.
¡Estréchame contra tu pecho desnudo — estréchame, noche magnética y nutricia!,
¡Soplan en ti los vientos del sur — brillan en ti algunas estrellas inmensas!
¡Noche tranquila, me llamas — noche estival ebria y desnuda!
¡Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento!,
¡Tierra de los árboles dormidos!,
¡Tierra huérfana del ocaso — tierra de las montañas coronadas de niebla!,
¡Tierra del fluir vítreo de la luna llena que acaba de teñirse de azul!,
¡Tierra de la luz y de la sombra que manchan las aguas del río!,
¡Tierra del gris límpido de las nubes que se abrillantan y se aclaran para que yo las vea!,
¡Tierra arrebatadora — tierra opulenta de azahares!, Sonríe, que tu amante viene.
Pródiga, me has dado amor — ¡te doy, pues, mi amor!
¡Oh mi amor apasionado, inefable!
22
¡Tú, mar! Me entrego también a ti — adivino lo que quieres decirme, Veo desde la playa tus dedos torcidos que me llaman, Creo que quieres alejarte sin haberme palpado, Debemos dar juntos un paseo, me desnudo, llévame tan lejos que no vea la tierra,
Serás mi cojín blando, me arrullarás para que me adormezca sobre las olas,
Y me cubrirás con tu humedad amorosa, que yo he de retribuirte.
Mar cubierto de prominencias,
Mar que respiras profunda y convulsivamente, Mar de la amargura de la vida, mar de sepulturas cerradas aunque siempre prontas a abrirse,
Mar aullador, mar escultor de las tormentas, mar delicado y caprichoso, Formo parte de ti, soy uniforme y multiforme como tú.
Yo participo en tu flujo y reflujo, yo enaltezco el odio y la conciliación.
Yo enaltezco a los amantes y a los que duermen entrelazados.
Yo soy aquel que declara la simpatía
(¿He de hacer una lista de las cosas que hay en la casa y omitiré la casa que las contiene?).
No soy sólo el poeta de la bondad, no me niego a ser también el poeta de la perversidad.
¿Qué significan estas sandeces acerca de la virtud y el vicio?
El mal me impele y la reforma del mal me impele, permanezco indiferente,
Mi actitud no es la del censor ni la del que todo lo rechaza, Yo humedezco las raíces de todo lo que ha crecido.
¿Has temido a los lamparones de la preñez inexorable?
¿Has sospechado que las leyes del cielo tienen que ser revisadas y rectificadas?
Encuentro que cualquier punto y su antípoda están en equilibrio, Que una doctrina dulce es un auxiliar tan seguro como una doctrina severa,
Que los pensamientos y los hechos actuales nos incitan y nos inician.
Este minuto, tras los decillones de minutos que lo han precedido: Nada es mejor que él ahora.
Lo que se ha conducido bien en el pasado o se conduce bien en el presente, no es tal maravilla,
La maravilla consiste siempre en que puedan existir un hombre vil o un hombre sin fe.
24
Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan, Turbulento, carnal, sensual, comedor, bebedor y procreador, Ni sentimental, ni erguido por encima de los hombres y mujeres, ni alejado de ellos,
Ni modesto ni inmodesto.
¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas mismas de sus quicios!
Quien degrada a otro me degrada a mí,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve al fin a mí.
A través de mi ser la inspiración divina se agita y se agita, a través de mi ser la corriente y el índice.
Pronuncio la palabra prístina, hago el signo de la democracia.
¡Por Dios!, yo no aceptaré sino aquello cuyo duplicado acepten todos en las mismas condiciones.
Brotan de mí muchas voces largo tiempo mudas, Voces de interminables generaciones de prisioneros y esclavos, Voces de los enfermos y los desesperados, de los ladrones y los enanos, Voces de ciclos de preparación y crecimiento, De los hilos que unen a los astros, de los úteros y de la simiente paterna, Y de los derechos de aquellos a quienes los otros pisotean, De los seres deformes, vulgares, simples, locos, despreciados, Niebla en el aire, escarabajos que arrastran su bola de estiércol.
Brotan de mí voces vedadas,
Voces de los sexos y las lujurias, voces veladas cuyo velo aparto, Voces indecentes que yo he clarificado y he transfigurado.
Yo no me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en mis entrañas como en mi cabeza y en mi corazón,
La cópula carnal no es para mí más vergonzosa que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, palpar, son milagros, y cada una de las partes y extremos de mi cuerpo es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo cuanto toco y me toca, El olor de mis axilas es un aroma más exquisito que la plegaria, Mi cabeza es más que las iglesias, las biblias y las doctrinas.
Si yo venerase de preferencia alguna cosa, sería la expansión de mi cuerpo, o cualquiera de sus partes.
¡Arcilla transparente de mi cuerpo, serías tú!
¡Bordes vellosos y fundamento, seríais vosotros!
¡Rígida reja viril, serías tú!
¡Cualquier cosa que contribuya a mi desarrollo, serías tú!
¡Tú, mi sangre rica! ¡Tú, licor lechoso, pálido extracto de mi vida!
¡Pecho que te comprimes contra otros pechos, serías tú!
¡Cerebro, serían tus circunvoluciones recónditas!
¡Raíz lavada del junco oloroso!, ¡becada medrosa!, ¡nido recatado de los huevos gemelos!, ¡seríais vosotros!,
¡Heno mezclado y revuelto de la cabeza, barba, cejas, serías tú!
¡Savia que goteas del arce, fibra del trigo noble, seríais vosotros!
¡Sol generoso, serías tú!
¡Vapores que ilumináis y obscurecéis mi rostro, seríais vosotros!
¡Arroyos sudorosos y rocíos, seríais vosotros!
¡Vientos que me cosquilleáis, frotando contra mí vuestros genitales, seríais vosotros!
¡Grandes superficies musculares, ramas de encina, holgazán lleno de amor de mi sendero tortuoso, seríais vosotros!
¡Manos que he oprimido, labios que he besado, mortal a quien he tocado alguna vez, seríais vosotros!
Estoy enamorado de mí mismo, hay tantas cosas en mí tan deliciosas, Todos los instantes, todos los sucesos, me penetran de alegría, No sé decir dónde se doblan mis tobillos, ni dónde nace mi más pequeño deseo.
Ni dónde nace la amistad que brota de mí, ni la amistad que recibo en cambio.
Cuando subo las escaleras me paro a considerar si la realidad no me engaña,
El dondiego de día que florece en mi ventana, me satisface más que toda la metafísica de los libros.
¡Contemplar el amanecer!
La débil luz obscurece las sombras inmensas y diáfanas, El aire me sabe deliciosamente.
Retoños del mundo cambiante ascienden silenciosamente, escarceos inocentes, fresca exudación,
Actividad oblicua de alto abajo.
Algo que no veo lanza hacia arriba dardos libidinosos, Mares de brillante jugo inundan el cielo.
La tierra por el cielo invadida, la consumación cotidiana de su unión, El reto que ha lanzado el oriente sobre mi cabeza, La burla mordaz: ¡Veremos si tú eres el amo!
25
Deslumbradora y formidable, con qué presteza me mataría la aurora Si yo no pudiera, ahora y siempre, crear la aurora en mi ser.
También nosotros ascendemos, deslumbradores y enormes como el sol, Hemos encontrado nuestra paz, ¡oh alma mía!, en la calma y en la frescura del amanecer.
Mi voz persigue aquello a que mis ojos no alcanzan, Con un movimiento de mi lengua abarco mundos y universos.
El lenguaje es hermano gemelo de la vista, es inmensurable, Me provoca constantemente, me dice con sorna: Walt, tú contienes muchas cosas, ¿por qué, pues, no las expresas?
Vamos, no quiero que me atormentes, concedes demasiada importancia a la palabra,
¿No sabes, ¡oh idioma!, que las flores se cierran bajo tus pies?
Espero en medio de las tinieblas, protegido por la escarcha, Mis gritos proféticos obligan al cieno a retroceder, Yo, fundamento de las causas, les doy, por fin, equilibrio, Mi conocimiento es mi vida, guarda correspondencia con el sentido de todas las cosas,
La felicidad (que todos los hombres y mujeres que me oyen salgan hoy mismo a buscarla).
Te niego mi mérito definitivo, no quiero despojarme de lo que realmente soy,
Abarca los mundos, pero no intentes nunca abarcarme a mí, Reúno lo más delicado y lo mejor que tienes con sólo mirarte.
La escritura y la palabra no me revelan, Llevo en mi rostro la plenitud de mi revelación Y confundo al escéptico con mis labios silenciosos.
27
¿Qué significa existir en cualquier forma?
(Nos movemos todos describiendo círculos, y regresamos siempre), Si no hubiera nada más perfecto que la almeja en su concha insensible, eso bastaría.
Mi concha no es insensible,
Poseo conductores instantáneos en todo mi cuerpo, sea que esté en reposo o en movimiento,
Se apoderan de todas las cosas y las guían inocentemente a través de mí mismo.
No hago otra cosa que revolver, apretar, palpar con los dedos, y soy feliz, Apenas puedo resistir el contacto de mi cuerpo con otro.
31
Yo creo que una hoja de hierba no es menos que el trabajo realizado por las estrellas,
Y que la hormiga es igualmente perfecta, y un grano de arena, y el huevo del reyezuelo,
Y que la rana arbórea es una obra maestra digna de los escogidos, Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la articulación más insignificante de mi mano avergüenza a todas las máquinas,
Y que la vaca que pace con la cabeza baja supera a todas las estatuas, Y que un ratoncillo es milagro suficiente para hacer vacilar a sextillones de incrédulos.
Encuentro que en mí se incorporan el gneis, la hulla, el musgo de largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles, Y que estoy estucado enteramente con cuadrúpedos y aves, Que he tenido motivos para alejarme de lo que he dejado atrás, Pero que puedo hacerlo volver a mí cuando yo quiera.
En vano el apresuramiento o la timidez,
En vano las rocas plutónicas envían a mi encuentro su antiguo calor, En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos, En vano las cosas se alejan muchas leguas y toman multitud de formas, En vano el océano penetra en las cavernas y en vano se esconden los grandes monstruos marinos,
En vano el buitre elige por morada el cielo, En vano la serpiente se desliza a través de las lianas y de los troncos, En vano el alce se refugia en los pasos recónditos del bosque, En vano el cuervo marino se dirige al norte, hacia el Labrador, Los sigo velozmente, subo al nido en la hendidura del peñasco.
34
Quiero ahora referir lo que contaban en Texas cuando yo era muchacho (No refiero la caída de Álamo,
Nadie pudo escapar para referir la caída de Álamo, Los ciento cincuenta hombres siguen mudos en Álamo), Es la historia del asesinato a sangre fría de cuatrocientos doce jóvenes.
Al batirse en retirada se habían alineado en una concavidad cuadrada del terreno, con su impedimenta a guisa de parapeto, Novecientas vidas del enemigo que los rodeaba, nueve veces su número, fue el precio que se tomaron por anticipado,
Cayó herido su comandante, perdieron las municiones, Ofrecieron una capitulación honorable, recibieron las condiciones firmadas y selladas, entregaron las armas y regresaron como prisioneros de guerra.
Eran la gloria de los guardabosques, incomparables como jinetes, incomparables como tiradores, sin rivales para el canto, para el amor, Magnánimos, turbulentos, generosos, hermosos, altivos y afectuosos, Sufridos, tostados por el sol, vestidos con el traje libre de los cazadores, Ninguno de ellos mayor de treinta años.
En la mañana del segundo lunes los sacaron en pelotones y los asesinaron; era a principios de un verano espléndido, La faena comenzó a eso de las cinco de la mañana y se acabó a las ocho.
Ninguno obedeció la orden de arrodillarse, Algunos hicieron un esfuerzo descabellado e inútil por arrojarse sobre sus asesinos; otros permanecieron en pie, erguidos, impávidos, Algunos cayeron en seguida, heridos en la cabeza o en el corazón, los vivos yacían confundidos con los muertos, Los mutilados y despedazados se revolcaban en el polvo, los que llegaban luego los veían allí,
Unos pocos, agonizantes, intentaron huir arrastrándose, Fueron rematados a bayonetazos y culatazos, Un niño de diecisiete años se asió de su asesino hasta que dos de sus compañeros vinieron a libertarle,
Los tres fueron despedazados y se bañaron en la sangre del niño.
A las once comenzó la cremación de los cadáveres; Tal es la historia del asesinato de los cuatrocientos doce jóvenes.
39
¿Quién es ese salvaje, afectuoso y ágil?
¿Espera a la civilización, o la ha dejado atrás y la ha dominado?
¿Ha nacido en el sudoeste y ha crecido en medio de la naturaleza?, ¿es canadiense?,
¿Viene de la región del Misisipí, de Iowa, de Oregón, de California?
¿De las montañas, de las praderas, de los bosques, o es un marino del mar?
Dondequiera que va, los hombres y las mujeres lo desean y lo aceptan, Quieren que los ame, que los toque, que les hable, que viva con ellos.
Conducta sin ley, como los copos de nieve, palabras sencillas como la hierba, cabello revuelto, risa e ingenuidad, Pies de pasos cautelosos, facciones vulgares, modales y emanaciones vulgares,
Salen bajo nuevas formas de las puntas de sus dedos, Flotan en el aire con el olor de su cuerpo o de su aliento, salen de sus ojos con sus miradas.
40
¡Sol ostentoso, no necesito tu calor!
Tú sólo iluminas las superficies, yo ilumino las superficies y las profundidades.
¡Tierra!, me parece que buscas algo entre mis manos, Dime, vieja linajuda, ¿qué quieres de mí?
Hombre o mujer, quisiera decirte cuánto te amo, pero no puedo, Y quisiera decirte lo que hay en mí y lo que hay en ti, pero no puedo, Y quisiera decirte cuánto sufro, cómo late mi corazón de día y de noche.
He aquí que yo no doy sermones ni limosnas, Cuando doy, me doy yo mismo.
Tú, ser impotente y débil,
Abre la boca, quiero insuflar vigor en tu cuerpo, Abre las manos, ábreme tus bolsillos,
No has de negarme, yo domino, tengo abundantes riquezas,
Y distribuyo lo que poseo.
No te pregunto quién eres, eso no me importa, No puedes hacer nada ni puedes ser nada más que lo que yo quiera.
Me inspira simpatía el peón de los algodonales o el limpiador de letrinas, Les doy un beso fraternal en la mejilla
Y juro en mi ánima que nunca he de negarles.
En las mujeres aptas para la concepción engendro niños más robustos y más ágiles
(En este día vierto la semilla de las repúblicas arrogantes).
Corro a la casa del moribundo, doy vuelta a la manecilla de la puerta, Vuelvo las mantas hacia los pies de la cama, Y despido al médico y al sacerdote.
Cojo al hombre que sucumbe y lo levanto con voluntad irresistible,
¡No desesperes, he aquí mi cuello!,
¡Por Dios, no sucumbirás!, cuélgate de mí con todo tu peso.
Te infundo un tremendo aliento, te saco a flote, Lleno todas las habitaciones de esta casa del ejército incontrastable, De mis amantes, que destruyen a la muerte.
Duerme — ellos y yo velaremos por ti toda la noche, Ni la duda ni la enfermedad osarán tocarte, Te he abrazado: desde hoy te poseeré yo solo, Y cuando mañana te levantes, encontrarás que es verdad cuanto yo te he dicho.
43
No os desprecio, sacerdotes de todas las épocas y de todos los países, Mi fe es al mismo tiempo la fe más grande y la fe más insignificante,
Comprende el culto antiguo y el moderno, y todos los cultos que hay entre ellos,
Creo que vendré otra vez a la tierra dentro de cinco mil años, Espero las respuestas de los oráculos, honro a los dioses, saludo al sol, Mis fetiches son una roca o un tronco de árbol, soy el powwow que conjura con varillas dentro del círculo de obis, Ayudo al lama y al bracmán a despabilar las lámparas de los ídolos, Bailo por las calles con la procesión del falo; enajenado y austero, soy un gimnosofista de los bosques,
Bebo hidromel en cráneos, admiro los Sastras y los Vedas, obedezco el Corán,
Recorro el teucalí manchado con la sangre que chorrea de la piedra y del cuchillo, redoblo en el tambor de piel de serpiente, Acepto los Evangelios, acepto a Aquel que fue crucificado, sé que es divino,
Me arrodillo en la misa, me pongo de pie en las plegarias de los puritanos, o me siento pacientemente en el banco de la iglesia, Declamo con extravagancia y echo espumarajos en mis crisis de locura, o espero, rígido como un muerto, el despertar de mi espíritu, Lanzo una mirada inquisitiva en la ciudad o en el campo, o lejos de la ciudad y del campo,
Pertenezco a los que giran eternamente en derredor del círculo infinito.
Formo parte de la banda centrípeta y centrífuga, me vuelvo y hablo como un hombre que deja encargos antes de emprender un viaje.
Escépticos abatidos, pesados, despreciados, Frívolos, sombríos, tristes, coléricos, afectados, desalentados, ateos, Os conozco a todos, conozco vuestro océano de tormento, de duda, de desesperación y de incredulidad.
¡Cómo chapotean las aletas de la ballena!
¡Cómo giran, rápidas como el relámpago, en medio de espasmos y de chorros de sangre!
Sosegaos, aletas sangrientas de los escépticos sombríos y tristes, Estoy también con vosotros,
Lo pasado nos empuja a vosotros, a mí, a todos, igualmente, Y lo que no ha sido aún probado, y lo futuro, son para vosotros, para mí, para todos, igualmente.
Ignoro qué sea lo que no ha sido aún probado y lo futuro, Pero sé que a su tiempo serán suficientes y no excluirán a nadie.
El que marcha hacia adelante y el que se detiene, serán tenidos en cuenta, Nadie será olvidado.
No será olvidado el joven que murió y fue enterrado, Ni la joven que murió y fue enterrada con él, Ni el niño que se asomó a la puerta un instante y se fue luego para siempre,
Ni el anciano que ha vivido sin objeto y que se da cuenta de ello con una amargura más punzante que la hiel,
Ni el tuberculoso del asilo, consumido por su enfermedad y por el aguardiente,
Ni los innumerables asesinados y náufragos, ni los degenerados kobongos, a quienes llaman la inmundicia de la humanidad, Ni las actinias, que no hacen otra cosa que flotar y dejar que la comida penetre en su boca,
Ni cosa alguna de la tierra o de las tumbas más antiguas de la tierra, Ni cosa alguna de los astros innumerables, ni los seres innumerables que los habitan,
Ni el presente, ni la brizna más insignificante de lo conocido.
50
Hay algo en mí — no sé qué sea — pero sé que está en mí.
Crispado y sudoroso — sereno y frío se hace luego mi cuerpo, Duermo — duermo.
No lo conozco — no tiene nombre — lo expresa una palabra que aún no ha sido pronunciada,
Que no está en ningún diccionario, en ningún idioma, en ningún símbolo.
Gira sobre algo que es más que la tierra sobre la que yo me balanceo, La creación es su amante, cuyo abrazo me despierta.
Acaso yo pudiera decir más ¡Bosquejos! Abogo por mis hermanos y por mis hermanas.
¿Lo veis, oh hermanas y hermanos míos?
No es el caos ni la muerte — es la forma, la unión, el plan — es la vida eterna — es la Felicidad.
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