Para siempre
Capítulo 32
La casa estaba resplandeciente de luz cuando el coche de Jason se detuvo en el camino. Ansioso por ver a Victoria subió a grandes zancadas los altos escalones de la entrada.
—¡Buenas noches, Northrup! — sonrió dando una palmadita en la espalda del fiel mayordomo y tendiéndole su capa—. ¿Dónde está mi esposa? ¿Ya han cenado todos? Me he retrasado por culpa de una maldita rueda rota.
La cara de Northrup era una máscara gélida y su voz un ronco susurro.
—El capitán Farrell le aguarda en el salón, Milord.
—¿Qué le pasa en la voz? — le preguntó de buen humor Jason—. Si le molesta la garganta dígaselo a lady Victoria, es buenísima con esas cosas.
Northrup tragó convulsivamente saliva pero no dijo nada.
Dirigiéndole una mirada algo curiosa, Jason se dio media vuelta y cruzó con paso raudo el pasillo hacia el salón. Abrió las puertas de par en par con una sonrisa ávida en el rostro.
—Hola, Mike, ¿dónde está mi esposa?
Echó un vistazo a la alegre habitación con un pequeño fuego ardiendo en la chimenea para quitar el frío, esperando que ella apareciera de un rincón en penumbra, pero todo lo que vio fue la capa de Victoria tirada laxamente sobre el respaldo de una silla, con el bajo goteando agua.
—Perdona mis modales, amigo mío — le dijo a Mike Farrell—, pero hace días que no he visto a Victoria. Deja que vaya a buscarla, luego nos sentaremos todos y charlaremos felizmente. Debe de estar arriba...
—Jason — dijo muy tenso Mike Farrell—, ha habido un accidente...
El recuerdo de otra noche como aquella desgarró dolorosamente el cerebro de Jason: la noche en que había regresado a casa con la esperanza de encontrar a su hijo y Northrup había actuado extrañamente; la noche en que Mike Farrell le estaba aguardando en aquella misma habitación. Como para exorcizar el terror y el dolor que ya asediaban su cuerpo, sacudió la cabeza, retrocediendo.
—¡No! — susurró, y luego su voz se alzó en un atormentado grito—,
¡No, maldito seas! ¡No me digas que...!
—Jason...
—¡No te atrevas a decírmelo! — gritó en medio de una gran agonía.
Mike Farrell habló, pero apartó la cabeza del insoportable tormento que leía en el devastado rostro del otro hombre.
—Su caballo la arrojó al río a unos kilómetros de aquí. O’Malley fue a buscarla, pero no ha podido encontrarla. Él...
—Fuera de aquí — susurró Jason.
—Lo siento, Jason. Lo siento más de lo que puedo expresar.
—¡Fuera!
Cuando Mike Farrell se fue, Jason fue hacia la capa de Victoria, sus dedos se cerraron lentamente sobre la lana húmeda y la atrajeron hacia él.
Los músculos de la base de su garganta se tensaron convulsivamente mientras se llevaba la empapada capa hacia el pecho, la acariciaba con la mano y luego enterraba su rostro en ella, frotándola contra su mejilla. El dolor empezó a recorrer todo su cuerpo y las lágrimas que se creía incapaz de derramar brotaron de sus ojos.
—No — sollozó en una enloquecedora angustia.
Y luego repitió a voz en grito—: ¡No!
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