Pastoralia
Capítulo 18
El niño viene corriendo del bosque con la pelota en la mano.
—¿De qué habláis? —dice.
—De ti —dice Marty, y le hace al niño una llave en el cuello—. De lo fenómeno que eres. De lo adorable que eres.
—Ah, eso —dice el niño, y lanza una gran sonrisa.
18
Esa noche, a eso de las nueve, oigo una especie de chillido procedente de la Zona Separada de Janet.
Un chillido, y luego lo que parecen sollozos.
Luego sollozos más fuertes y puede que algo rompiéndose, ¿el fax, quizá?
Me acerco a su puerta, le pregunto si está bien y me dice que me vaya.
No consigo dormirme. Así que envío un fax a Louise.
«¿Va todo bien?», escribo.
A los diez minutos recibo la respuesta.
«¿Dijo algo el doctor Evans sobre la pérdida completa de movilidad? —dice—. Completa del todo. Hoy me he llevado los niños al parque y le he soltado la correa a Ace, que ha visto un gato y ha salido corriendo. Cuando he vuelto de atrapar a Ace, Nelson estaba metido dentro de uno de esos tubos de plástico. No se podía poner de pie. No tenía fuerza en las piernas. Nada de fuerza. Maldito Ace. Si hubieras visto la cara de Nelson. Dios mío. Al tomarlo en brazos me ha dicho que pensaba que me había ido a casa sin él. Pobrecito. Además le vinieron ganas de hacer pipí. Y se lo había hecho encima. No mucho, solo un poco. Aparte de eso todo está bien; por favor, no te preocupes. Bueno, preocúpate un poco. Estamos con el agua al cuello o como tú lo digas, ya tengo un buen descubierto en la cuenta y solo estamos a cinco. Además estoy tan cansada por la noche que no puedo ponerme con las facturas y la última vez pagué intereses de demora en la Visa y la MasterCard, treinta pavos por cada una, qué hijos de puta, estoy pensando en cortarme el brazo y enviárselo. Ja, ja, es broma, necesito el brazo para firmar cheques.
»Besos, yo».
De la Zona Separada de Janet salen más sollozos y algunos gritos furiosos.
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