Placeres reales

Toti Martinez de Lezea · Apéndice

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Placeres reales

Sobre la autora

TOTI MARTÍNEZ DE LEZEA. Nacida en Vitoria-Gasteiz en 1949, vive en Larrabetzu, un pequeño pueblo de Vizcaya, en compañía de su familia, rodeada de libros y objetos de artesanía de diversas procedencias.

Escritora y traductora titulada de inglés y francés. Fundó el grupo de teatro KUKUBILTXO, en compañía de su marido Alberto y de otros jóvenes de la localidad de Larrabetzu, Bizkaia. En 1983 escribió y dirigió 40 programas de vídeo para el Departamento de Educación del Gobierno vasco. Durante ese mismo año escribe dos libros para el mismo Departamento sobre leyendas vascas y actividades teatrales e imparte cursillos a profesores e

inspectores de educación. Ha creado para ETB más de 1000 programas dirigidos a niños y jóvenes.

Desde noviembre de 1998, año en el que vio publicada su primera novela, La calle de la Judería, esta autora prolífica, ha publicado trece novelas de género histórico, dos novelas juveniles, un libro sobre leyendas y otro sobre la brujería en el País Vasco y un divertimento dirigido a las amas de casa.

Sus libros han sido traducidos al euskera, francés, alemán y portugués.

Habitualmente colabora en diferentes medios de comunicación escritos y da charlas en asociaciones culturales y centros educativos.

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  • Placeres reales
  • De cómo Mesalina yació con media Roma convirtiendo a Claudio en el mayor cuclillo de la historia
  • De cómo Carlomagno, rey de la Cristiandad, utilizaba el espadón con igual brío en la guerra que en el amor
  • De cómo Abderramán III, primer califa de Córdoba, se lo montó con las diez mil huríes de su harén, o eso le habría gustado
  • De cómo Germana de Foix intentó que se le empinara a Fernando el Católico y sólo lo logró a medias
  • De cómo Enrique de Inglaterra provocó un cisma religioso por un asunto de bragueta que no resultó como él esperaba
  • De cómo de tanto meter y sacar, Enrique de Navarra y de Francia acabó siendo conocido como «el Verde Galante»
  • De cómo el Rey Sol pasaba las noches a la luz de la luna para contentar a tanta dama deseosa de ser marquesa
  • De cómo a Catalina la Grande la casaron a los quince años con un idiota y ella se sacó la espina hasta casi los setenta
  • De cómo Napoleón, de no comerse una rosca siendo soldado, pasó a comer docenas de ellas al llegar a emperador
  • De cómo Isabel II de España alegró su mustio lecho conyugal con la interesada colaboración de un buen número de caballeros
  • Recetas infalibles para «eso»
  • Sobre la autora