Pulsión

Gabriela Exilart · Capítulo 28 de 49

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Pulsión

Magda

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Damián, Damián, cómo me gusta. Quizás hoy se me dé, aunque creo que él me tiene en categoría amigos, y cuando una entra en esa categoría, chau, te ve como un pibe más, como si tuvieras bigotes. A veces me confunde, es tan simpático conmigo, me llama para cualquier cosa que necesita, aunque vamos a distintos colegios y él hace la técnica, siempre me llama a mí cuando no entiende algo. En Lengua es un desastre, le tengo que hacer la tarea o los resúmenes. Incluso en el año de la pandemia le tuve que hacer los exámenes. Me gusta que venga a casa seguido, y eso que no estamos cerca, pero él se sube a la bici y viene. Yo creo que le gusto, si no por qué tanta cosa conmigo.

Hoy vamos a ir al boliche, aunque somos menores sabemos cómo hacer. A mí me presta el documento mi prima, él tenía problemas con el hermano, siempre dice que Ramiro es re ortiva, pero de algún lado va a sacar un DNI, Damián siempre consigue lo que quiere.

Mamá me dejó hacer la previa en casa, ella cree que después vamos a un cumpleaños. Preparé pizzas, a Damián le gustan mis pizzas, la vez que nos juntamos en lo de Manu él me ayudó a amasarlas y después dijo que eran las mejores que había comido en la vida. Exageraba igual, a veces es muy exagerado, pero una vez mamá le dijo a una amiga que al hombre se lo conquistaba en la cocina y en la cama. Yo todavía en la cama no, quiero estar segura de que él tiene onda conmigo.

Mis amigas también están alrededor de él, porque es el más lindo del grupo. Te mira con esos ojazos y se te cae la baba. Una vez Lupe me dijo que si le daba bola ella le re daba. Yo me hice la tonta, como que no me importaba, pero después me arrepentí, a ver si todavía me lo saca.

—¡Magda! —Mamá me llama desde la cocina—, los bollos de pizza ya están listos.

—Voy. —Hace como una hora que los dejé levando, me re olvidé buscando la ropa para la noche.

Lupe quiso venir a ayudarme, pero le dije que no, porque después va a andar diciendo que la pizza la hizo ella y no quiero que me afane el mérito. Hice más de diez bollos, los chicos comen bastante, y son cuatro. Manu es lindo también, más tierno que Damián, o más tímido, siempre tiene esa cara de perro asustado que lo hace querible, pero él gusta de otra chica, una de la playa que no le da bola. Pedro no me cae bien, es muy creído porque tiene plata, él no es lindo, pero se cree que porque su papá le compra todo lo que quiere es superior a nosotros. No sé por qué Damián se lleva tan bien con él, no me gusta que se le pegue tanto, además Pedro ya es mayor de edad, y parece que no, pero tiene otras libertades, y le gusta mucho la cerveza. Acá con los chicos no tomamos tanto, por ahí un fernet, pero una botella dura dos juntadas. Además, mi mamá siempre está vigilando que no tomen mucho, no quiere hacerse responsable de menores en casa, y yo entiendo que me quiera cuidar. Al principio no le gustaba que me juntara con chicos que no eran de mi colegio, siempre con el mismo discurso, ¿por qué no te juntás con chicos de tu escuela? Al final entendió que eran chicos buenos, de colegios como la gente.

Suena el timbre, ya están acá, se me fue la hora, y yo ni arreglada. Mamá, deciles que ya voy, le grito. Ahora me visto así, casual, después me cambio para el boliche.

Escucho voces, se acercan y la puerta se abre. Es Lupe. Mamá nos deja solas.