Sansón agonista
Sobre el tipo de poema dramático denominado tragedia
John Milton
Sansón agonista
ePub r1.0
Titivillus 02.04.2021
Título original: Samson Agonistes
John Milton, 1671
Traducción: Antonio Rivero Taravillo
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
Sobre el tipo de poema dramático denominado tragedia
La tragedia, tal como se componía antiguamente, siempre se ha considerado el más grave, moral y provechoso de todos los poemas: por eso dijo Aristóteles que tiene el poder de suscitar piedad y temor, o terror, para purgar la mente de esas y otras pasiones parecidas, atemperándolas y reduciéndolas a su justa medida con una especie de placer, avivado por la lectura o visión de esas pasiones bien imitadas. No deja de hacer buena la naturaleza, en sus propios efectos, esta afirmación; pues también en la medicina las cosas de color y características melancólicos se emplean contra la melancolía, lo acre contra lo acre, la sal para eliminar los humores salinos. De aquí que los filósofos y otros escritores de la mayor seriedad como Cicerón, Plutarco y otros, frecuentemente citen a los poetas trágicos para adornar e ilustrar su discurso. Al propio apóstol Pablo no le pareció indigna la inclusión de un verso de Eurípides en el texto de las sagradas escrituras (Corintios 1, 15, 33), y Pareo, al comentar el Apocalipsis divide todo el libro como si fuera una tragedia en actos, cada uno de ellos delimitado por un coro de arpas y cantos celestiales. Antes, los hombres de la más alta dignidad se han esforzado no poco para que se los considerara capaces de componer una tragedia. No ambicionó menos ese honor Dionisio el Viejo, que la que tuvo por alcanzar la tiranía. César Augusto también comenzó su Áyax, mas fue incapaz de satisfacer a su propio criterio con lo que había emprendido, y lo dejó inacabado. El filósofo Séneca es considerado por muchos como autor de esas tragedias (o al menos las mejores de entre ellas) a las que se atribuye su nombre. Gregorio de Constantinopla, padre de la Iglesia, no consideró inapropiado de la santidad de su persona escribir una tragedia, que tituló Cristo sufriente. Menciono aquí todo esto para reivindicar la tragedia ante la baja estima, o más bien infamia, que en opinión de muchos padece en la actualidad con otros interludios ordinarios, que se producen por el error de los poetas de combinar el material cómico con la tristeza y la gravedad trágicas, o mediante la inclusión de personajes triviales y vulgares, cosa que ha sido considerada absurda por todos los juiciosos, que se introduce sin discreción para complacer pervertidamente al pueblo.
Y aunque la tragedia antigua no utilice prólogo, si bien usando a veces,
cuando sea el caso para la defensa propia o la explicación aquella que Marcial llama una epístola; para que esta tragedia surja según la manera antigua, que es muy diferente de lo que entre nosotros pasa por ser lo mejor, con mayor motivo podrá contar con una epístola; ese coro se incluye aquí al modo griego, no sólo antiguo sino también moderno, como aún se utiliza entre los italianos. Por tanto, a la hora de dar forma a este poema con buen criterio, se sigue aquí a los antiguos e italianos, por ser de mayor autoridad y fama. La medida de los versos empleados en el coro es de diferentes tipos, llamados por los griegos monoestrófico, o mejor apolelymenon, sin consideración de la estrofa, antiestrofa o épodo, que eran tipos de estancias a las que sólo daba forma la música, y luego empleada con el coro cantado; algo no esencial para el poema, y por tanto inmaterial, o si estaban divididas en estancias o pausas se les puede llamar allaestropha. Se omite aquí la división en actos y escenas referida principalmente al escenario (para el cual esta obra nunca fue pensada).
Basta con que se vea que todo el drama no se muestra más allá del quinto
acto; sobre el estilo y la uniformidad, y lo que habitualmente se denomina la trama, ya sea intrincada o explícita, que no es en realidad sino la economía o disposición de la fábula que pueda alzarse mejor con verosimilitud y decoro; los juzgarán mejor quienes no estén familiarizados con Esquilo, Sófocles y Eurípides, los tres poetas trágicos sin parangón a día de hoy, y la mejor regla para todos aquellos que se esfuercen en escribir tragedias. La circunscripción del tiempo dentro del cual todo el drama comienza y termina se halla, según norma antigua y el mejor ejemplo, dentro de un intervalo de veinticuatro horas.