Splendid’s
Acto 1
Un hall, en el 7.º piso de un gran hotel. A derecha e izquierda las puertas de
las habitaciones. Al fondo ventanas unidas por un balcón. Arañas. Lujo.
Alfombras.
Llevan frac, barba de cuatro días. Están despeinados. Nunca dejan su
metralleta, ni siquiera cuando bailan. No se tocan nunca. Cuando se levanta
el telón, la Radio ha empezado ya el prólogo.
VOZ DE LA RADIO
… porque hay pocas probabilidades de que un acontecimiento así subsista. Si descompongo esta aventura, cada uno de los elementos terminará reabsorbiéndose en los otros. Mucho tiempo antes de que haya conseguido llevar a cabo este último secuestro, «La Ráfaga» se hizo célebre por múltiples fechorías. Y esta noche, la policía sigue fracasando. Los coches blindados rodean el hotel. Se ha intentado evacuar a la multitud, cada vez más numerosa. Las ambulancias de la Cruz Roja han tenido que llevarse a varias personas que han sufrido síncopes.
A un gesto de Jean, Scott apaga la radio.
SCOTT
Buen trabajo. Los matamos a distancia.
EL POLICÍA, retrocediendo hasta el quicio de una puerta y amenazando a Jean con su metralleta
No, me niego.
JEAN
¿Has desarmado a alguien, o te la has encontrado?
EL POLICÍA
Sé utilizarla, eso es lo esencial. He aprendido.
JEAN
Es la policía. Cargándose a tipos como nosotros.
EL POLICÍA
Si me has dejado vivir, no me reproches nada. Hago lo que hay que hacer. Más que los otros incluso. Que nadie me hable de los tipos que me he cargado. En mi lugar, tú habrías hecho cosas peores. O mejores.
JEAN
Ni se te ocurra ponerme en tu lugar.
EL POLICÍA
Todos mis soplones… diez, para informar a un solo poli… eran unos duros, como tú.
JEAN
Mi gatillo es sensible y mi puño muy pesado. Recuerdo que no me gustan los polis. Al hacerte prisionero, conseguía un rehén.
EL POLICÍA
He dado pruebas. Me he ganado de sobra mi arma.
JEAN
¿Quién te la ha dado, Riton? ¿También te ha desatado él?
EL POLICÍA
Pregúntaselo. Pero en el momento en que desaparezca, recuerdo que tengo buena puntería, incluso desde el otro lado de la puerta.
Sale encarando a los dos actores, Jean y Scott. Unos segundos de silencio.
JEAN, a Scott, que le impide disparar a través de la puerta ¿Me desafías? ¿O es que me abandonas? ¿También tú estás con Riton? Scott, vete por el salón blanco, atraviesa el corredor sur, la suite, las tres habitaciones antes de que el poli consiga llegar… a la escalera.
SCOTT, irónico
¿Tienes miedo a que se una a Riton?
JEAN
A la escalera. Si baja un solo descansillo, un solo piso, se larga, se nos escapa, y sus colegas lo sabrán todo. Ya ha comprendido todo.
SCOTT
No se irá.
JEAN
¿Por qué no? Nadie ha sabido tener la lengua quieta. Y él ha comprendido que la Americana la ha espichado en nuestras manos.
SCOTT
Si hasta la ha visto muerta.
JEAN
Obedeceré.
SCOTT
No se marchará.
JEAN
¿Seducido? (Una ráfaga de metralleta.) ¡No disparéis! ¡Que no dispare nadie! ¡Que nadie mueva un dedo!
SCOTT
Empiezas a hablar como la policía. ¿Tienes miedo?
JEAN
¿Tu cargador? ¿Sólo una bala?
SCOTT
La última.
JEAN
¿Quién ha disparado?
SCOTT
Pierrot, ha tenido que ser él.
JEAN
¿Dónde está?
SCOTT
Delante de un espejo. De pie delante de su armario de luna. Desde ayer trata de acordarse y de copiar los gestos de su hermano. Escondido detrás de una cortina de la ventana, dispara de vez en cuando contra la gente. Nadie se lo impide. Su hermano…
JEAN
Está muerto. Bien lo sabes. Los polis le tiraron rodando desde una cornisa. Que Pierrot te dé todas sus balas, menos una. Que deje de divertirse.
SCOTT
Está jugando. Todos jugaremos. Él, a hacer que su hermano reviva. Va a traérnoslo en él mismo.
JEAN
Yo sí que no juego.
SCOTT
Tú igual que los demás. Esta noche, a ser los gánsters que nunca hemos sido.
JEAN
¿Nunca? Todos los trabajos que he hecho, todos los golpes que he organizado, todos salieron bien. Si monto en cólera, si me cabreo, no es sólo porque me deis pena. Es que quiero salir bien parado. Soy responsable. Me culpo a mí mismo, pero no os equivoquéis, no me culpo como en misa, dándome golpes de pecho, me culpo para ganarme el derecho a salvaros. Todos estáis locos. Tú también.
SCOTT
No más que Riton, que delira y anda destripando los poltrones.
JEAN
¿Los poltrones?
SCOTT
Quiero decir poltronas, sillones. Los sofás, los colchones, los edredones. Desgarra las alfombras, rompe los espejos. Y si las golondrinas cruzan las habitaciones, Riton se encarga de enloquecerlas: ha destruido un nido en cada ventana.
JEAN
Scott, tú eras el hombre instruido de la banda, y ya ves a qué animal quieres unirte.
SCOTT
Hace lo que puede para agravar su caso. Es el único medio para salir de ésta.
JEAN
Todavía queda tiempo para seguir con la partida de póquer. El que pierde, carga con todo. Con todos los crímenes, es lo razonable.
SCOTT
Si aceptas que hagamos trampas, jugamos.
JEAN
Nada de trampas.
SCOTT
Entonces no jugamos.
JEAN
Es el momento de ser legal.
SCOTT
Es el de rechazar las reglas… o de inventarlas. Todos nuestros crímenes pasados…
JEAN
Crímenes nunca, Scott. Uno nunca tiene…
SCOTT
Los crímenes que ha querido. ¿Qué sería de los que nos reunían si de pronto los borrasen con un rasgo de lealtad? Llevaríamos los muertos dentro de nosotros. Es necesario que nuestros crímenes florezcan.
JEAN
No entiendo. No he entendido nunca. Pero aceptáis que un poli al que hemos encañonado, esposado, amordazado y hecho prisionero se ponga de nuestro lado, se quede con nosotros, pasee con toda libertad y comparta nuestras miserias.
SCOTT
Por prudencia habríamos debido matarle. ¿Por prudencia o por juego?
JEAN
Ni lo uno ni lo otro, Scott. Porque a un poli no se le mete en un golpe. No se le da su oportunidad.
SCOTT
No le reproches que se haya pasado al campo de los que se equivocan y se enfrentan. No estoy muy seguro de que tú, si hubieras podido, si hoy todavía estuvieras a tiempo, no entrarías en la policía. La traición es dulce.
Se abre una puerta.
Entran Bob y Bravo bailando agarrados.
JEAN
¡Y encima bailáis!
BOB
Y también silbamos. El vals y la música. Es la gran ópera. (Silva una java.)
JEAN
¡Parad de bailar!
BRAVO
Oh, Johnny, ¡dejanos bailar!
JEAN, a Bob
Tú estás con Riton. Y tú también, Bravo. Volved con él. Yo me he instalado aquí, en este corredor, con Scott y Ráfaga. No vengáis a tocarme las narices.
BOB
El hotel es nuestro. Lo hemos conquistado igual que tú. Y lo recorremos bailando porque nos distrae.
JEAN
¡Sois unos cerdos!
BRAVO, furioso
¡Repite eso!
BOB, irónico
Un poco de delicadeza, caballero. Desde ayer todo el mundo nos vigilamos, nos espiamos detrás de una manta de rosas, ¿y tú vas a ser el único brutal? No es justo.
SCOTT
La cortesía es de rigor, Johnny.
JEAN, igual de furioso que Bravo
Tengo derecho a…
SCOTT
Más despacio. Si le insultas, es también a mí a quien pones en peligro. Cada uno de los colegas tiene el dedo en el gatillo, cada uno amenaza a los otros y los otros le amenazan a él. Seguiremos manteniendo relaciones cada vez más delicadas, movimientos cada vez más dulces.
BOB
Tiene usted razón, señor Scott. (A Jean.) Por lo tanto, nada de cerdos, valseadores.
JEAN
En la habitación de al lado… (Vacila.)
BRAVO, echándose a reír
¡La muerta! ¡El cadáver de una hermosa chica! Acabamos de recorrer las habitaciones y los pasillos bailando. Hemos pasado abrazados delante de todas las ventanas. Hemos bailado y brincado alrededor de la muerta. La más bella de las javas. Los policías nos miran. Por fin, los policías me ven. No se atreven a disparar. Miran pasar la fiesta.
JEAN
Las cómodas, los armarios están llenos de vestidos, id a…
BRAVO
También yo tengo derecho. ¡Con vestido de cola y en vuestros brazos! Diez o quince minutos de vida, es mi última gala.
JEAN, en tono suave
Dejad de bailar.
BOB
¿Es que te marea?
BRAVO
Durante dos años, he arriesgado mi vida para poder seguir con vosotros…
JEAN
¿Que has arriesgado tu vida? Unos robos de nada…
BRAVO
Para seguir con vosotros, tú me obligaste, a mí, el más tierno, a vivir crispado, a vivir como un héroe, a vivir como un señor, a vivir completamente solo, a vivir de pie, a vivir furioso, y sin rechistar.
JEAN
A todos les ha ocurrido algo parecido.
BRAVO
Algo parecido. Ni un segundo de dulzura. Sin contacto alguno entre nosotros. Sin amistad. Vivíamos juntos y siempre alejados. Salvo para tenderse un cigarrillo inglés al extremo de una pitillera de oro. ¡Y Scott nos habla de delicadeza! Durante dos años, prisioneros en el hielo de una delicadeza terrible, de una delicadeza mortal si la hubiéramos olvidado una fracción de segundo.
BOB, a Jean
Y mortal si alguien la olvida esta noche.
SCOTT
Esa delicadeza nos mantenía severos. Conservadla.
BRAVO, bailando
Esta noche, me agarro a todo el mundo. Y bailo, Scott. Solo.
BOB
A mis brazos, Bravo.
BRAVO, que sigue bailando solo
Solo, Bob. Completamente solo. (A Bob.) No queda mucho tiempo. A Riton no le gusta que le dejen para ir a ver a Johnny.
JEAN
No tiene nada que temer.
BRAVO
No es eso. Pero cuando uno se ha decidido por la guerra, desconfía. Por principio.
En la radio suena un vals.
JEAN, a Scott
¡Silencio!
Scott cambia de emisora.
VOZ DE LA RADIO
… la prensa de la tarde, y hasta los periódicos de la mañana cuentan las numerosas fechorías de estos siete bandidos hoy célebres, y que al amanecer la policía habrá capturado. Su crueldad, su audacia son célebres en los anales del crimen…
Scott apaga la radio.
BOB
¡Es cómico! Saquemos provecho de los crímenes que según ellos…
Ráfaga de metralleta.
SCOTT
Otra vez Pierrot.
JEAN, a Bob
Vete a impedirle disparar, está derrochando balas. Ni siquiera apunta.
BOB
¿Por qué no vas tú? Te encanta pasear por el hotel. Es la primera vez en tu vida que te rozas con el lujo. Por desgracia, es en la noche de tu muerte. Vete. Napoleón en Santa Helena, recorre tus dominios…
SCOTT
¡Bob!
BOB
No, Scott. La delicadeza es para vosotros. A mí no me asusta la insolencia. (A Jean.) Vete. De pasada mira si algún millonario ha olvidado su reloj o sus anillos, y guárdatelos, es tu último botín. Yo, por desgracia, tengo demasiados pasillos que recorrer. Bailar, sí. Pero andar me cansa. Y encima no se puede molestar a Pierrot. Su trabajo es sagrado.
JEAN
Te doy una orden.
BOB, glacial
Dala.
JEAN, amenazador
¿Te niegas?
SCOTT
Bob se ha quedado toda la noche de pie. No ha comido nada. Le ha dado su ración a Pierrot.
BOB
Te equivocas. No ha sido a Pierrot.
RÁFAGA, entrando
¡No queda agua! (Nadie parece haberle oído.) Repito que estamos sin agua. Acaban de cortarla. He comprobado todos los grifos. Seguro que la radio nos lo dice.
SCOTT
Y tampoco queda alcohol. Ni una gota de whisky.
JEAN, a Bob
¿Te niegas?
RÁFAGA, a Bob
¿Todavía sigues ahí?
BOB
Más suave, Ráfaga. Suave y con delicadeza.
RÁFAGA, a Jean y a Scott
¿Lo admitís con nosotros? Él ha desatado los pies y las manos del poli que se pasea por todo el hotel con la metralleta del Señor.
BOB
Yo no acepto ya órdenes. Aunque saliera del salón para ver a Pierrot y desarmarle, no estaríais seguros de que obedecería. Además, Pierrot todavía puede aguantar. La caída de su hermano le atormenta y la metralleta le exalta.
RÁFAGA
Ya no es Pierrot el que dispara, es el poli.
SCOTT, a Bob
Estás nervioso, Bob.
BOB
Gilipollas. Porque no…
SCOTT, precipitándose
Cuidadito, Bob, tengo una falange en el gatillo.
BOB
Perdóname.
SCOTT
Camina y habla con dulzura. Repito: estás nervioso, Bob.
BOB
Porque no hablo como vosotros con frases cortas. Y bruscas. Vuestra brevedad dice muchas cosas. Seríais incapaces de llegar hasta el final de una frase larga sin temblar. Os sentís jodidos. En el cine habéis visto los entierros… flores, ¡caballeros!, coronas de perlas, coronas de flores, cintas, ¡kilómetros de crespón!… sí, los entierros de los gánsters americanos, y soñabais con uno parecido para vosotros.
SCOTT
Lo tendremos.
RÁFAGA
Soñábamos con ir detrás de uno parecido.
BOB
No. El vuestro parecido a ésos. Ahora ya lo tenéis. Estáis de pie en el catafalco y tembláis. Tenemos canguelo. Mieditis, caballeros. Y en lenguaje burgués: miedo.
SCOTT
¡No, esa palabra no! No pronunciéis esa palabra…
BOB
Y para acabar de arreglarlo, os volvéis supersticiosos.
SCOTT
Lo hemos sido siempre. Era el adorno del oficio.
BOB
En cuanto al poli, al madero ése, desde ayer insiste, ha llorad incluso para disparar contra sus compañeros.
RÁFAGA
Para redimirse.
BOB
¿De qué culpa? No formaba parte de la banda.
RÁFAGA
Entonces has sido tú el que lo ha fascinado. Quiere estar a tu altura. No puede saber que tú eras el tío más…
BOB
¡Acobardado! ¿Te refieres al asalto del banco? Acúsame. Después del asalto, yo ahuequé el ala mientras todos seguíais con el trabajo. No me habéis despachado porque os daba miedo la muerte de un hombre. Durante la agresión al chófer, me negué a disparar. Y se me revolvieron las tripas cuando torturabais a los dos viejos en la granja. Soy cobarde, y presumo de serlo: ése es mi coraje. Ahuequé el ala, me largué, me las piré. ¡Escurrí el bulto, salí pitando, me salvé por piernas! Cuando se va a armar la gorda, cuando todo se pone feo, me entran retortijones, me cisco y me lo hago en los pantalones. Pero esta vez me permito la elocuencia. No me habléis de cosas antiguas, están muertas. Como la Americana. Muertas.
RÁFAGA
Pero no enterradas, Bob. Y nos gusta hablarte de ellas otra vez.
BOB
Cuando había una posibilidad de vivir, yo elegí la vida. Vosotros elegíais la ostentación. Esta noche, es al revés. Toda la vida me he sentido acobardado. Con vosotros, tenía que cargar con los trabajos sucios. No confiabais en mí. Hacíais bien. Me habría rajado. Pero esta noche, respondo no a vuestras órdenes.
JEAN
¿Y a mis amenazas?
BOB
Lo mismo. Vosotros sois los valientes, los chulos… Riton también… los tipos atrevidos, los chicos terribles, vosotros sois los que vais a ofreceros el lujo de un canguelo magnífico. Que llevaréis con elegancia.
JEAN
Puedo pegarte cuatro tiros.
BOB
¡Dispara!
SCOTT
Nos hemos quedado sin víveres, ya no tenemos munición, o muy poca, ni alcohol, el agua está cortada, la policía nos tiene rodeados, las posibilidades de huida son nulas, la Americana la ha espichado en nuestras manos y la policía terminará por darse cuenta de todo, a menos que paseemos por las ventanas el cadáver o que la hagamos caminar por el balcón…
BOB
¿Y por qué no? También a esa guapa zorra se le deben unos funerales de lujo. Que la paseen a la luz de las estrellas ante la muchedumbre arrodillada…
JEAN
No tienes ningún pudor.
SCOTT
¿De qué serviría? La crueldad nos salva. Como iba diciendo, tenemos muy poco tiempo, quizá dos horas antes de saltar con todo el edificio, o de meternos en el gaznate el último cartucho, o de entregarnos a la policía. (A Bob.) He conseguido llegar hasta el final de una frase bastante larga sin temblar. Ahora tenemos que intentar vivir de punta en blanco estas dos horas.
RÁFAGA
Pero ¿de qué hablas?
SCOTT
Estoy hablando de etiqueta. En mi cabeza, equivale a la crueldad de la que hace gala Riton…
JEAN
También tú estás con él…
SCOTT
No. Pero es que ya hemos dejado de vivir.
BOB
Hace dos años dejamos de vivir la vida de la gente. Entramos en la aventura lo mismo que se entra en el convento.
SCOTT, encendiendo la radio
Escuchad.
VOZ DE LA RADIO
… potentes proyectores barren las cuatro fachadas del Splendid’s, sin dejar a los gánsters ninguna posibilidad de salvación. Éstos han dejado de disparar. Parece que sus municiones se agotan. Se espera, por tanto, una rendición. Pero ¿qué es de la desdichada víctima y del joven policía? De este último sus compañeros no consiguen saber nada y juran vengarle. Su madre está hecha un mar de lágrimas…
RÁFAGA
Encandilado por sus bellos ojos, Bob, sobre su madre dispara El Policía.
BOB
Lo que ha pasado en su cabeza no nos importa. Nunca puede saberse por qué un tipo se pasa a la disidencia. En cuanto al poli, ha sido Riton el que lo ha seducido.
RÁFAGA
Y dale con Riton, el insurrecto. Debería acurrucarse y calmarse. Lo que ha ocurrido, ha sido por su culpa. Si no hubiera matado a la chica, la policía no armaría todo este follón. Pero también él tiene su genio. Y por culpa de su temperamento tenemos que pasar por ello. Todos.
RITON, apareciendo
Por error, Ráfaga. Ha sucumbido por error.
RÁFAGA
¿Y cómo? ¿Dulcemente? ¿De una caricia, quizá? ¿Bajo tus delicadas manazas, bajo tus terroríficas manitas?
RITON, a Bob
Ya has estado aquí demasiado tiempo, Bob. Vete a vigilar la escalera.
JEAN
¿Para impedir que los polis suban o para impedir que yo baje? En el primer caso, sabes que la escalera se vigila desde aquí.
RITON, a Ráfaga
¿Y qué decías sobre mis terroríficas manazas?
RÁFAGA
He terminado. No voy a contaros los últimos minutos de la Señorita.
RITON
Habríais querido estar en mi lugar. Entonces habría muerto de felicidad.
RÁFAGA
Su parné era lo importante. Sólo soy sensible al metal.
RITON
¿Y al oro de sus cabellos?
RÁFAGA
¡Confiesa! ¿Confiesas? ¿Era tu palmito lo que ponía cachonda a la americanucha?
RITON
Os morís de celos. Todavía la sentís encima de mí. Yo la paseo por todo el hotel. No la llevo en mis brazos, ella me viste. Ella me oculta y me entristece. Ella os turba…
JEAN
Lo sabe todo el mundo. Tus miradas…
RITON
¡Y sus claveles! No nos los perdonáis.
RÁFAGA
No es cierto.
RITON
En la izquierda me había prendido sus claveles, aquí, a la izquierda. Bramáis de dolor porque estaba conmigo. Era a mí a quien llamaba Ráfaga.
JEAN
¿Confiesas?
RITON
No.
RÁFAGA
Ladrón, si me habías robado hasta el nombre.
RITON
¿Ráfaga? No pertenece a nadie. Hace mucho que el nombre pasó a toda la banda. Ahora es de cualquiera, pero sobre todo del que mejor lo lleva.
RÁFAGA
Fue a mí a quien se lo dieron por primera vez.
BOB, irónico
¡Bautismo de fuego!
RITON
El jefe era Johnny. Y sin embargo decían: la banda de Ráfaga. Explica. (A Jean.) Justifícate.
JEAN
Y tú ¿no habrás tocado?…
RITON, irónico
¿El nombre? ¿Ráfaga?
JEAN
A la chica.
BOB, burlón
¿Le molestaría?… Es el cruel de la banda. En la habitación de la Señorita, ha debido ofrecerse el lujo de un cadáver dorado, con lentejuelas, lleno de flores, de perlas, de diamantes, sobrenatural…
JEAN, a Riton
Confiesa.
BOB
Estáis celosos. Contentos de poder acusarle. Creísteis que habíamos birlado la chica para vosotros, para cada uno de vosotros. Sentíais que ya no querría marcharse. Pegada como una lapa. Fascinada. Enredada. Inundada. Os intimidaba —a mí no, yo no necesito encajes para limpiarme los mocos—, y os convertíais en animales. Si se la ha cargado…
RITON
Cuando su velo me rozaba, rabiabais de envidia.
BOB
¿Qué velo?
RITON
El encaje, el velillo, yo qué sé. Pero… ¿y si hubiera sido yo precisamente quien la hubiera estrangulado?
JEAN
Podemos ejecutarte.
RITON
¿Eres tú el jefe?
JEAN
Sí.
RITON
Pruébalo.
JEAN
Fuiste el último que estuvo con ella allí, en la habitación rosa.
RITON
Como presidente del tribunal, eres magnífico. Pero lo que yo he querido decir es: prueba que eres el jefe.
JEAN
Puedo pegarte cuatro tiros sin tener que probar nada. No me gustaste ya en el asunto de los dólares falsos. Tu cochina lengua…
RITON
Tiene la desgracia de ser más bonita que la tuya. Hasta helada seguirá deslumbrándote. Y mi cochina lengua te manda a la mierda.
RÁFAGA
Vigila tus palabras, estoy apuntando al vientre.
BOB
Si la situación, como dice Scott, debe ser una solemnidad, esperad al final para la ejecución.
JEAN
Yo soy el cabecilla, tengo derecho a actuar. (A Ráfaga y a Scott.) Si él se ha cargado a la Americana, con vosotros no va nada. Es él quien debe pagar. Sólo él. (Largo silencio.) Nadie le había ordenado matarla.
RITON, fanfarrón
¿Entonces? ¡Decidíos! Entregadme. Hasta podréis decir que yo era el jefe. (Largo silencio.)
SCOTT, a Jean
Nunca te he visto ensañarte tanto.
BOB, a Jean
¿Sabes por qué te obedecíamos? Por pereza. ¿Quién te hizo a ti el cabecilla?
JEAN, ligera vacilación
Lo soy de nacimiento.
RITON
¿Como los reyes de Francia?
JEAN
Algo parecido. Tengo derecho a serlo porque asumo esa responsabilidad. Sé que detrás de mí estáis vosotros, los hombres de mi banda, y todos los ladrones, los granujas, los timadores, y los truhanes de Francia. Y cuando un hombre me falla, tengo derecho a juzgarlo.
BOB
A un rey se le destrona y se le decapita.
JEAN
También lo sé. ¿Intentáis rebelaros? Atended a razones: si nos queda poco tiempo de vida, por lo menos que sea con los menores daños posibles. ¿Riton? Escucha, Riton, hace un momento he dicho que eras el culpable porque nos obligas a creer que has matado a la Americana. Te haré un favor: reconozco que hay dudas. O sea, que podemos jugarnos al póquer quién es el culpable. Dejemos hablar a las cartas, con lealtad.
BOB
Ni hablar, soy demasiado bueno con las cartas. Con el dinero conseguido gracias a mi astucia, puedo empezar la banda, no lo olvidéis.
JEAN
Esta noche se trata de ser leales. Entre nosotros. Supón que te dejo el mando. Serás tú quien pase por el jefe. Serás tú quien cargue con la responsabilidad. Será de ti de quien se hable. Si los polis nos dejan largarnos sin disparar, soltamos las armas. Uno de nosotros se acusa —uno de nosotros, no necesariamente tú—, se acusa del asesinato de la chica. De la cárcel se sale, y ya se encontrará la manera de conseguir que el acusado se fugue.
BOB
Imposible.
RITON
Déjale hablar.
BOB, a Riton
No le escuches. Lo único que espera es un poco de la amistad de los hombres. Un poco de su descanso, y eso es lo que hay que negarle.
JEAN
Bob está obcecado. Querría arrastrarte con él, pero estamos perdidos. Riton, tú me conoces. ¿Creéis que podríamos plantar cara? ¿Combatir? ¿Cargarnos a algunos? Pero si desde hace días vacilamos, preguntamos, interrogamos, vigilamos, sospechamos…
BOB
Cuanto más cargada esté la atmósfera, mejor. Respirar nuestros malos olores nos hace sentirnos más entre nosotros y nos separa de los demás hombres. (A Jean.) Y tú estás ahí para algo.
JEAN, a Riton
No le escuches. Acepta lo que te propongo. Ya ves que él te acusa.
BOB
Yo no le acuso, concreto las responsabilidades. Cada uno de nosotros tiene su cadáver en la punta de los dedos. En la punta de nuestros dedos ensortijados el cadáver de la Señorita.
JEAN
Ante el Tribunal…
BOB
El juez, Riton. ¡Ante el Juez! Tranquilízate, no soportarás tú solo el peso de nuestros crímenes. Todo el mundo pasaría por el banquillo.
RITON
Suponiendo que nos lo juguemos a las cartas, quizá no acepte entregarse el que sea designado. Puede rajarse en el último momento.
JEAN
Corramos esa posibilidad.
RITON
No estoy seguro de que los otros acepten jugar.
BRAVO, entra bailando con El Policía Yo me niego.
JEAN
Te obligaremos.
BRAVO
He contestado a Riton. Sólo a él. No tiene ningún derecho a decidir. Estáis orgullosos de la Ráfaga, pero sabéis que la banda —la banda o asociación de malhechores, como dirá el juez— sólo existe desde que estamos encerrados en el hotel. En resumidas cuentas, desde que somos prisioneros. Es la Radio la que nos lo enseña y nos impone la fraternidad. Desde hace dos años, trabajábamos para formarla sin conseguirlo nunca. Esta noche, la mala suerte nos ata unos a otros. La mala suerte nos aglutina. Y ahora que la banda con la que soñabais está viva, soñáis con destruirla. Ya veis, tíos, vosotros, los duros, los terribles, no sois dignos de la desgracia.
JEAN
La banda seguirá existiendo cuando estemos en la cárcel.
BRAVO
No. No con la misma fuerza. ¿Habéis querido la Ráfaga? Ahora que existe, tenéis que… (Baja el tono.)
RITON
¿Qué? Suéltalo.
BRAVO, en tono suave
Tenéis que sacrificaros.
RITON
Bobadas. Mucho ruido y…
BRAVO
O cierras el pico o hablo. ¿De acuerdo? Estás dudando… Riton, no quiero que te dejes arrastrar por ellos. Después de lo que he hecho… tú no debes ceder.
JEAN
Sé razonable. ¿Por qué no rendirse a la policía?
BRAVO, sonriendo
¿Rendirme? ¿Echarme en sus brazos? Vaya sorpresa, no te compadezco.
JEAN
Que vaya él a llevar nuestras condiciones a sus colegas.
EL POLICÍA
Yo no os abandono.
SCOTT
Si quieres reventar mejor, podías hacerlo en la policía. Oportunidades de morir no les faltan.
EL POLICÍA
No es eso.
SCOTT
Entonces, ¿qué?
EL POLICÍA
¿Cómo queréis que os lo explique? No sé lo que ha pasado. He intentado convertirme en lo que erais vosotros. Ser poli es duro de llevar. El peso me ha hecho tambalearme.
BOB
¿Y caer entre nosotros?
EL POLICÍA
Seguramente. Ahora me creen muerto, y he sido yo el que ha disparado.
JEAN
Tus colegas no lo sospechan. No lo sospecharán nunca.
EL POLICÍA
¡Si pudiera hablar! Tengo la lengua clavada, la garganta pastosa. Para un poli, sólo existen las fórmulas de los informes y los atestados. Si no fuera así, os diría cómo temblamos de ganas de mataros, a vosotros los gánsters, para… no para conocer nuestra propia fuerza, sino para perderla. Cuando me habéis capturado, me ha embriagado estar en el séptimo piso con vosotros.
BOB, irónico
¡La gran seducción!
EL POLICÍA
La gran seducción. Disparar contra los compañeros era dar un salto formidable. Qué hermoso estar en los tejados, ser una pieza de caza, pero sobre todo, ¡qué dulce pasarse al otro lado! Quizá lo sepáis dentro de poco. Quizá ya lo sabéis.
PIERROT, apareciendo
Sí, te comprendo. Me voy deslizando dulcemente hacia parajes que están del otro lado.
EL POLICÍA
He visto a tipos como vosotros a los que les relajaba ser amables con los polis. No por dinero, no, tienen honor, por un apretón de manos venderían a su madre. Yo quizá he disparado contra la mía. Es parecido.
JEAN
La policía…
SCOTT, junto al aparato de radio
Escúchala.
VOZ DE LA RADIO
… no debe conservarse la menor esperanza. Nada se sabe de la inocente víctima. No se la puede ver. Como se supone que tienen un aparato de radio, la dirección de la Policía les comunica, a ruegos de Sir Crafford, la noticia de que el ataque contra el séptimo piso se aplazará dos horas si pueden probar que su hija está sana y salva. En caso contrario, un dispositivo policial de una importancia extraordinaria, pese a todos los indicios…
RITON
Corta.
JEAN
Mientras toda la policía nos rodea, nos absorbe, ¿de qué os preocupáis vosotros?
PIERROT, que aparece
De sonreír.
JEAN
Pierrot, tu locura no nos salvará.
PIERROT
¿Me tomas por loco, Johnny? Tú, a quien él quería más que a nadie. Desde ayer estoy buscando a mi hermano, ¿dónde queréis que lo encuentre si no es en mí mismo? Quiero que viva.
RITON
¿Sólo por dos horas?
PIERROT
Aunque viva sólo una. Muchachos, no le privéis de una hora de vida en la tierra. Ayudadme.
JEAN
No se le puede resucitar.
PIERROT
Vamos a resucitarlo. Yo me encargo. Y cuando él esté aquí dejaréis de fanfarronear. Le tenéis miedo. Tenéis miedo de su mechón. (Se arregla un mechón de la frente.) Miedo de su ceño fruncido. Miedo de su serenidad. Miedo de sus arrebatos de furia. Miedo de sus puños. Miedo de sus muslos. ¿Vais a olvidar vuestros miedos frente a él? Miedo de su guardia. ¡Su guardia! Pero miradme. (A Jean.) ¡En garde!
BOB, precisando
No. El codo un poco más abajo. Así.
PIERROT
Mi pierna. Mi pie izquierdo. Siempre posado sobre el mundo, como por error.
BOB
Hacia delante, más. (Se arrodilla delante de él.) Un poco hacia fuera. Su rodilla izquierda siempre está un poco doblada. El hermanito camina contoneándose. Su grupa se despliega.
PIERROT
Mi grupa se despliega. Y llego. Llego entre vosotros.
JEAN, a Riton
Dile que acabe de una vez.
BOB
¿Por qué? ¿No os entusiasma? Si quería a su hermano es normal que siga buscándolo. ¿Te da miedo su trabajo? En la mayor miseria, ¿qué intentarías ser, adónde, en qué irías a esconderte? (A Pierrot.) Continúa. Y siempre con una mano en el bolsillo.
PIERROT
¿Mis luceros? ¡Y mis terribles luceros! ¡Mi caída de ojos, mis deslumbrantes pupilas! Muchachos, os llevo a mi hermano. Lo transporto. Os lo ofrezco. Es a mí, es a Pierrot al que matan. ¡Y sobre mí llevaréis rosas y coronas! ¡Una mano en el bolsillo! Meto la mano en el bolsillo. ¿Y la sonrisa? ¿La sonrisa, amigotes? ¿Creéis que vuelvo a la tierra sin sonrisa? Siempre he enseñado los dientes. Una dentadura magnífica, decía el dentista cuando les ponía fundas de oro. Pero saludad. Saludadme.
EL POLICÍA
Salud, Dédé.
JEAN
Basta ya.
RITON
Déjale.
PIERROT
Salud, amigotes. Vuelvo de lejos. Podría hablaros de la muerte donde he dejado a mi hermano. La muerte ha durado mucho. He tenido que deshacerme de otro que quería vivir en mi lugar. He tenido que deshacerme de mi hermanito, pero lo he conseguido. Un trabajo terrible. Os veía. Hace un momento, cuando me acercaba a vosotros, he creído que no podría poner el pie en el último peldaño de la escalera por la que baja mi hermano. Pero ahí estabais vosotros para tira de mí. ¡Johnny!
JEAN
Cálmate, Pierrot. Tenemos que ocuparnos en salir de aquí.
PIERROT
¿Por dónde? Si no hay puerta de salida, hay que encontrar otra cosa, y huir a cualquier parte. Pero ya no temo nada. Tengo la fuerza de Dédé. Y ahora, voy a hablar contigo. Voy a hablarte, Johnny. Voy a tener ese valor.
JEAN
¡Haced que se calle, maldita sea! ¡Hacedle callar! ¡Encended la radio!
Va hacia el aparato de radio, Pierrot le arranca la metralleta de las
manos. Bob la coge de las manos de Pierrot.
PIERROT
¡Callarme! ¿Te atreverías tú a pedírmelo?
BOB, a Jean
Trae. Estás acabado.
RITON, a Bob, y recuperando la metralleta Trae. Sólo hay que obedecer a la Ráfaga. Es ella la que manda. (A Ráfaga.) No me refiero a ti, cerdo, a la Ráfaga. Es ella la que manda.
BOB
Todavía nos quedan dos horas por vivir.
RÁFAGA
No se puede pasear el cadáver por el balcón.
JEAN
Rendíos.
RITON
Tú estás desarmado, ya no tienes la palabra.
EL POLICÍA
¿Y por qué no pasear a la muerta por el balcón?
BOB
Sería deliciosamente divertido dejarla caer encima de sus hocicos.
RITON, a Bob, señalando a Ráfaga y a Jean Llévatelos. Sí, allí, a la habitación de la Señorita.
JEAN
Dejad que me vaya.
BOB
¿Tienes miedo? Antes de dos horas, estarás como ella.
BRAVO
Menos hermosa.
BOB
¿Quién sabe? (A Jean, al que empuja brutalmente.) Entra.
Jean entra en la habitación, seguido por Bob que lo amenaza. En escena quedan Scott, Pierrot, Ráfaga, El Policía, Bravo, Riton.
RITON
¿Estamos de acuerdo? Dejamos que la policía nos mate. Nadie va a rajarse.
BRAVO
Me dais lástima. Tenéis miedo. Yo habría asumido hace mucho todos vuestros crímenes, demasiado orgulloso, demasiado feliz de cargar con ellos… si fueseis hombres.
RITON
Observa el silencio de los demás. Vamos a morir. Basta de amenazas. Calma.
BRAVO
Tú nunca la has tenido.
RITON
Desde ayer…
BRAVO
¿Ayer? Ni siquiera te atrevías a acercarte.
RITON
Era ella la que retrocedía. Y chocó contra la cama. Se cayó. Ya no sé si de amor o para morir dulcemente. No vayas diciendo que no me atrevía. Mujeres… me he cargado a otras, a montones. Ninguna consiguió turbarme.
BRAVO
Ya conocemos tu frialdad. También tu delicadeza. El señor está hecho a flor de piel. Pero de no ser porque yo llegué entonces…
RITON
La chica sucumbía de cualquier modo.
BRAVO
Deja que me ría. Y tranquilízate, tenía necesidad de tus manazas. Si esto puede consolarte, te lo explico: en lo que estaba pensando era en tus terroríficas manazas.
RITON
Tú tienes tus armas. Tu hermosa cabeza de víbora, tu cara pálida, tu furia, tu lava, tus venenos…
BRAVO
Pero no tu fuerza. Aunque utilizo la mía mejor de lo que crees. En todos los golpes yo estaba contigo: para apoyarte. Tenéis necesidad, para que os ayude, de una mirada infatigable, y de alguien que os lleve. Riton, ¡soy una maricona!
SCOTT
¿Quién la ha matado?
BRAVO
Es lo de menos. Riton, no soy un hombre que ama a otro, sino un hombre enamorado de una aventura que ni el uno ni el otro podían llevar a cabo solos. Por eso quise, y sigo queriendo ahora y en todos los casos, que vayas hasta el límite de mis fuerzas. Soy yo quien os ha indicado el objetivo más cruel, el medio más peligroso. Y mi coraje y mi crueldad consisten esta noche en decirte que te desprecio. Tu cobardía me ha permitido imponerte los trabajos más difíciles. Ayer, tu masa de huesos y carne me dio la fuerza para hacer lo que tú rechazabas.
RÁFAGA
¿Fuiste tú el que la mató?
BRAVO
¿Estás interrogándome? ¿Creéis en serio que vais a palmarla con las insignias del poder? ¿Y que después de haber quitado el mando a Riton, quiero dejarle totalmente desamparado? (Bravo mirará el resto del tiempo hacia la puerta abierta de la habitación por la que han entrado Jean y Bob.) Yo habría podido ser vuestra mujer, ya que os privasteis de ellas desde el día que la banda se formó en la cárcel. Yo habría podido… ¡habría debido!… llevar vestidos, me los he negado, trajes que me habrían favorecido más que a la muerta. Esta noche, tíos, me convierto en la chica que dirige el combate.
RÁFAGA
¿Quién la mató?
BRAVO
Yo. Para que no pudierais dar marcha atrás. He cortado los puentes. ¿Os enteráis? Estáis en pleno peligro. No ha sido la Ráfaga la que se la cargó. He sido yo. Yo solo. Ella se había engalanado para el baile. Ahora que está desnuda, quiero…
RITON
¡No la toques!
BRAVO
… adornar su bella cabeza. Preparad los rizos. Arreglad los pliegues. Voy a peinarla, a pintarla, dorarla, empolvarla, perfumarla, ponerle flores, ¿tenéis flores?
SCOTT
En el apartamento 732, el del maharajá. Hay rosas artificiales.
BRAVO
Y sus esmeraldas.
SCOTT
Zafiros, Bravo. La esmeralda es verde.
De pronto se hace el oscuro.
EL POLICÍA
¡Los proyectores! Han apagado los proyectores. ¡Dad la luz!
Scott da la luz.
Aparece la Americana, con un abanico ocultando la parte inferior de su
rostro. Bob la sostiene.)
RITON
¡Eh, vosotros!
BOB
Ya está lista.
EL POLICÍA
Sin ningún error. Está hermosa.
RITON
¡Vosotros! ¡Johnny!
SCOTT
Sensacional, Johnny. Llevas el vestido de maravilla. ¿La has maquillado tú, Bob?
BOB
Me ha costado mucho. Ha habido que romperle los broches y desgarrarle el vestido. El tiempo apremia. Han apagado los proyectores. (A Jean.) Adelante.
RITON
No le toquéis.
BOB
Hay que sostenerle. ¡Está pálido! Pálido de vergüenza o de espanto ante la idea de aparecer en el balcón. Vamos a guiarle.
RITON
¿Sin orden mía? Johnny, yo no he querido que te vistan de gachí. No he sido yo.
BOB
No insistas. Está mudo. La rabia y la vergüenza —o su nuevo personaje— le han dejado sin aliento. Pero puedo contestar en su lugar. ¿Qué queréis saber? Si los policías ven a la Americana, nos dan una hora de gracia, aprovechémosla. Se parece, ¿verdad? (A Jean.) ¡Camina!
RITON
No le pegues. Te prohíbo…
BOB
Qué blando eres con tu víctima. Ofrécele tu brazo.
RITON
¡Cerdo!
SCOTT
Despacio, Riton. Respeta las reglas. Nosotros la respetamos, Señora.
BOB
¡Señorita! Encended la Radio. ¡Música! ¡Y a morir!
SCOTT, después de haber encendido la radio Es Mozart. (A Jean.) Y si os aclaman, ¡saludad!
BOB, a Jean
Camina despacio, como en misa. Arréglate los encajes.
RITON
Déjale en paz.
BRAVO, a Riton
Tienes miedo a que se cambie por completo, definitivamente, en mujer. ¿O en muerta? Te enfadas cuando él tiene la dicha de exhibirse tan hermosa. La muchedumbre la aplaudirá, y yo, la única vez que pude ponerme falda fue una sotana de cura para desvalijar una sacristía.
BOB
Va a engañar a todos. Es ella. Riton, ¿la reconoces? Tiene sus bellos ojos azules.
BRAVO
Habladle con delicadeza. Y no la zarandeéis. Todavía no se ha dado cuenta de que el vestido se estrecha por abajo.
RITON, a Bravo
¡Estás vengándote! (A Jean.) Lárgate al balcón.
BRAVO
Estoy descansando. (A Jean.) Camina. ¡Avanza, cerda!
RITON
La insultas igual que la insultabas antes de matarla. Siempre has sido grosero con las mujeres. La maltratabas igual antes de que saliese al balcón para reclamar su rescate. Fue después, inmediatamente después, cuando la estrangulaste.
BOB
Se le permitirá volver a hacerlo dentro de un rato. (A Bravo.) Arregla los pliegues. Así. Te faltan los alfileres en la boca.
RITON
¡Largaos de una vez!
BOB
En marcha.
Bob y Pierrot se ponen en marcha hacia el balcón sosteniendo a Jean.
BRAVO, a Riton
Ha resucitado. Está igual que antes, cuando la echaste sobre la cama. Aunque esta noche un poco más triste por haber sido estrangulada.
RITON
Sois despiadados. Perros.
SCOTT
Te aconsejo una ligera sonrisa, Riton. Y después de la sonrisa, la crueldad. Mira, ¡pero míralos! Ya has visto eso en las noticias, cuando la vieja reina
Mary sale a saludar a su pueblo[1]. Es esa noche, las fiestas del Jubileo. ¡Viva la Reina!
EL POLICÍA
Es en estos casos cuando disparan el cañón.
BRAVO
Encended la radio.
SCOTT
Todavía no. Esperad a que vuelva.
BRAVO
¡Escuchad! Están aclamándola.
Sostenido por Bob y Pierrot, Jean aparece.
SCOTT
¡Música! (La radio emite una marcha nupcial.) Y ahora, ¡a bailar!
TELÓN