Thomas Edison

Benjamin Reyners · Capítulo 4 de 16

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Thomas Edison

La brillante vida de Thomas Edison

LA BRILLANTE VIDA DE

THOMAS EDISON

 

Retrato de Thomas Alva Edison.

UN NIÑO AUTODIDACTA

Thomas Alva Edison nace el 11 de febrero de 1847 en una pequeña casa en el borde del gran lago Erie, en Milan, Ohio. Es el benjamín de una familia modesta de siete hermanos, y su padre, Samuel Edison (1804-1896), dirige en ese momento una próspera empresa de madera.

Desde muy temprana edad, Thomas muestra que no es un niño ordinario. Travieso y risueño, también está dotado de una gran inteligencia y de una sed de conocimientos inagotable. El mundo que lo rodea despierta constantemente su curiosidad sin límites: Thomas observa, explora y experimenta con todo, hasta el punto de que un día prende fuego al granero de su padre mientras estudia la combustión, entre otros incidentes.

En 1854, la familia Edison se muda a Puerto Hurón, en Míchigan. Thomas, que ahora tiene siete años, es considerado un niño hiperactivo en su nueva escuela. Así pues, su profesor acaba expulsándolo argumentando que plantea demasiadas preguntas y que es demasiado inestable. Su madre Nancy (c. 1808-1871), con el orgullo materno herido, decide encargarse en persona de su educación. Bajo la dirección afectuosa de esta antigua institutriz, el pequeño realiza progresos asombrosos. Aprende con facilidad y devora todas las obras de la biblioteca familiar. Con diez años, descubre las ciencias con entusiasmo cuando su madre le ofrece un libro de experimentos de química y de física. Los realiza uno a uno, en un pequeño laboratorio que instala en el sótano familiar, y se aficiona a la práctica de experimentos, no sin provocar algunos accidentes.

Tres años después, el joven Thomas contrae la escarlatina, que le causará una sordera parcial para toda la vida. Con un talante optimista y dándose por vencido raramente, Edison sigue viendo el lado bueno de las cosas. Por eso, nunca percibirá su problema de audición como una discapacidad, sino todo lo contrario: ser parcialmente sordo le ahorra las conversaciones inútiles, acentúa su capacidad de concentración e intensifica su avidez por la lectura, en particular de las obras de química, de mecánica y de electricidad.

 

EL JOVEN VENDEDOR DE PERIÓDICOS