Todos los veranos terminan

Beñat Miranda · Capítulo 1 de 30

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Todos los veranos terminan

Capítulo 1

1

 

Las gotas de lluvia se deslizaban por los ventanales de la enorme casa y evitaban que la escasa luz del día entrase en el oscuro pasillo. La lluvia, eterna compañera de Irlanda y la causante de su permanente verdor, caía sin cesar desde hacía ya una semana. Debido a esa mezcla y al constante cielo gris la casa parecía sacada de una película de Tim Burton.

Por sus pasillos caminaba un hombre de estatura media, entrado en los cincuenta y con calvicie incipiente, pero con una vitalidad que no tenía nada que envidiar a la de cualquier veinteañero. Sus pasos eran seguros, y parecía saberse el camino de memoria. Vestía un traje negro impoluto y hecho a medida que intentaba, sin mucho éxito, disimular su enorme musculatura. Bajo el brazo derecho llevaba enrollado el periódico del día.

Se detuvo delante de una de las numerosas puertas de madera del pasillo. Enganchada con un clavo, había una imagen impresa y plastificada del ogro Shrek con el texto FUERA DE MI CIÉNAGA, en mayúsculas y en rojo. Encima, en letras de varios colores talladas en madera, se leía HAYDEN. Se paró para fijarse en la señal y, tras un suspiro, arrancó el clavo y el cartel y los dejó a un lado. Tocó la puerta en dos ocasiones y, al no recibir respuesta alguna, entró en la habitación.

Estaba sumida en la oscuridad. Más allá de una pequeña línea de luz que una gruesa cortina no alcanzaba a cubrir del todo, no se distinguía nada en absoluto. Con el conocimiento que le daba la experiencia, el hombre se adentró, esquivó unas zapatillas y un montoncito de ropa sucia, llegó a la ventana y abrió de golpe la pesada cortina, dejando que entrase la luz del día e iluminase el cuarto.

Un gemido de dolor surgió del bulto que había bajo las mantas en la enorme cama.

—¡Aaah! —se quejó el bulto—. ¿Por qué me castigas de esta forma, oh, creador? ¿Cómo osas traer la luz a esta mi cueva?

El hombre volvió a suspirar, se acercó al borde de la cama, agarró las mantas y las apartó a un lado bruscamente, dejando a la vista a su ocupante, que, en posición fetal, trató en vano de alcanzarlas para volver a taparse.

Tras varios intentos fallidos de hacerse con ellas, se dio por vencido y se enderezó.

—¿Acaso la señal de la puerta no ha dejado claras mis intenciones de dormir todo el día? —Señaló con un dedo acusatorio al hombre—. ¡Si hasta me molesté en dibujar a un familiar tuyo en la señal para que te fuera más fácil de entender!

El hombre le devolvió la mirada sin contestar, extendió la mano con el periódico y señaló con la otra el titular principal de la portada.

—Voy… Voy —dijo molesto, mientras lo cogía y centraba la vista en la noticia.

Se descubre el cuerpo de la actriz Olga Nóvikov en su apartamento

de Cork

La tragedia ha caído sobre una de las parejas más queridas de la isla. Sobre las 13.00 horas de ayer, el cuerpo de la actriz Olga Nóvikov fue encontrado en su

apartamento de Cork por su marido, el conocido productor Eoin Quigley, que volvía de un viaje de

negocios en la isla vecina.

La conocida artista, premiada recientemente con el premio IFTA a la mejor actriz del año,

residía en uno de los barrios más prominentes de la ciudad, donde se retiraba a descansar entre

papel y papel. Además, era muy conocida por su labor filantrópica con la comunidad de artistas de

la región.

Dado que la noticia es reciente, los datos públicos son escasos, pero gracias a una fuente

anónima hemos sabido que la muerte no ha sido accidental, ya que no había ni una gota de sangre

en el cuerpo de la actriz.

El artículo continuaba varios párrafos más describiendo los diferentes premios que había obtenido la actriz y urgiendo a los lectores a descargar la aplicación del periódico, donde se actualizaría la noticia al minuto con cualquier nuevo descubrimiento.

Hayden levantó la mirada y le dijo:

—Mayordomo. —El susodicho dejó de recoger el montón de ropa sucia y se fijó en él—. Voy a tener que encargarme de esto, ¿no es así?

El hombre no dijo ni una palabra, pero asintió con la cabeza. Acto seguido, continuó recogiendo la ropa, que diligentemente depositó sobre una cesta que había junto a la puerta.

Hayden, aprovechando que Mayordomo se estaba encargando de la ropa, se abalanzó sobre las mantas y volvió a la cama de un salto antes de que el otro reaccionara.

—Pues avísame cuando sea el momento —dijo mientras se cubría de nuevo—. Hasta entonces, ¡fuera de mi ciénaga, que quiero dormir!

Mayordomo suspiró, salió del cuarto y cerró la puerta.