Tú serás mi cuchillo

David Grossman · Capítulo 3 de 5

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Tú serás mi cuchillo

Lluvia

 

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Por la mañana del jueves, cuando las nubes descendieron al valle de Beit Zait y literalmente se posaron sobre la casa, mientras la lluvia no llegaba, no llegaba, a las nueve en punto, él telefoneó

Pregunté si era ella, si era Miriam

Supe que era él antes de que hablara. Lo oí respirar pesadamente y apenas pude respirar yo

Miriam, ¿eres tú?

Sí, sí, soy yo, sí... Se hizo un silencio muy largo, y la acelerada respiración de los dos, mientras estaba segura de que él oía los latidos de mi corazón

¿Qué es lo que quería decirte? Pues que

Todo lo que ha habido y no ha habido entre nosotros, estos meses de locura, empezó a fundírseme en el pecho

Mira, escucha, no es lo que tú crees

Yo no creo nada. Quién podría ser capaz de pensar. Tenía una voz profunda, como si surgiera de la espesura del bosque Solo tengo que preguntarte una cosa sin importancia

Y herida por la lucha que había estado librando consigo mismo antes de llamar

¿Estás sola en casa?

Sí, estoy sola

No tiene nada que ver con... con eso, con nosotros, lo sabes, ¿verdad?

¿Qué cosa?, pregunté al límite de mis fuerzas, ¿qué es lo que me estás diciendo?

Se trata de Ido, se trata de él, no de nosotros, ni de ti ni de mí, quiero decir, y empecé a contarle lo que nos había sucedido aquella mañana

Habla más despacio, por favor

Últimamente tenemos algunos problemas con él

Más despacio, que así no te oigo, vuélveme a contar lo que le pasa a Ido. El nombre de su hijo en mis labios

Está fuera

¿Qué quiere decir con «fuera»? ¿Dónde?

Bajó la voz, casi rugiendo. Nada más logré entender algunos fragmentos: por la mañana su mujer y él habían tenido una riña con el niño

No tiene ni cinco años y medio y es más terco que una mula

No hace falta ser muy sagaz para saber de dónde le viene, pensé

No, no, es muchísimo más testarudo que yo y ni que decir tiene que mi mujer, es otra clase de terco, qué voz más agradable tiene esta mujer, así no me la había imaginado, muy joven. Y Maya, que es mi mujer

Sí, ya lo sé. Su mujer, su hijo y él

Dime, ¿de verdad que no estás ocupada?, ¿estás de humor para escuchar lo que...

La verdad es que en aquel momento no estaba precisamente de humor para

Me refiero a si tendrás la suficiente paciencia como

Cuéntamelo todo

Todo no hace falta, porque los detalles no son importantes

Ahí están, esas ráfagas de aire que tan familiares me resultan, ese frío, ese calor, también en su voz

Se precipita demasiado deprisa sobre cada una de mis palabras, entre carta y carta había cierto lapso para respirar, pero ahora la oigo expirar el aire a cada inspiración mía

Por un momento un extraño silencio se ha impuesto entre nosotros. Como extenuados por tan breve conversación

Mira, en resumen, que esta mañana ha vuelto a vestirse muy despacio para ponernos nerviosos y Maya ha dicho que no lo esperaba porque hace una semana que llega tarde al trabajo por su culpa

Balbuceaba y jadeaba, disparaba ráfagas de palabras que me parecían completamente irrelevantes

Decidimos que si tampoco hoy estaba preparado a tiempo, que ella se iría dejándolo aquí en casa, para darle un pequeño susto de una vez

Mi espíritu se sentía transportado hacia él, durante un instante salió a su encuentro, feliz de que él hubiera sido capaz de vencerse de ese modo a sí mismo

Porque yo, por mi parte, podía llegar más tarde hoy, ya que tenemos la reunión semanal de personal los jueves

¿En el trabajo? ¿En Palabras Vanas?

Sí, sí, donde los libros. No me ha gustado nada oírla pronunciar el nombre de mi negocio. Me pone muy nervioso que esté tan al tanto de mi vida, ¡y lo que disfruta demostrándomelo!, que domina muy bien mi tema, me parece tan femenino y bajero ese comportamiento, ¿dónde están la elegancia y la nobleza de espíritu que yo le había atribuido? ¿Para qué demonios habré llamado?

Por un momento me lo he imaginado en su trabajo, entre miles de libros; entre la gente que va allí a buscarlos, y él corriendo de un lado para el otro, rápido, distraído, entusiasmado, llenando cada punto del espacio

Por lo menos una vez al día me viene alguien, después de haber visto montañas de libros y tendrías que ver la sonrisa que luce cuando me muestra lo que llevaba años buscando, casi siempre un libro que ha leído en su infancia, y es que por lo visto solo eso es capaz de encenderle a alguien una luz especial en los ojos. Le tengo puesto un nombre propio a esa luz, «la luz de Miriam», cuéntaselo a ella, no

Nos quedamos en silencio

Estoy manteniendo con ella varias conversaciones a un tiempo. Me gustaría saber si la compañía telefónica las cobra todas

Respiramos a la vez

En resumen, ¿me oyes?

Un susurro desconocido. El crepitar del cigarrillo que sostiene entre los labios, ha dado una calada, y el pitillo, como si tuviera vida propia, ha respirado un momento después de él

Hemos quedado en que cuando cediera y se vistiera, yo lo llevaría a la guardería, porque hoy habíamos tomado la decisión de darle un escarmiento Su voz se había estabilizado, por un momento, y eso la hizo alejarse de mí. Una interferencia en la línea. Quizá a causa de las nubes, tan cargadas

Se oyen algunas interferencias porque ando por la casa con el inalámbrico, para vigilarlo, ¿me oyes?

No muy bien

Voy a intentar hablar desde la cocina

La cocina de ellos

¿Qué has dicho?

No he dicho nada

¿Y ahora? ¿Mejor?

Ahora muy bien, ¿dónde estás?

¿Y tú?

En casa...

La verdad es que tiene una voz sorprendente, muy joven, fresca y liviana, nada parecido a lo que me había imaginado, parecería que roza las sílabas con su vuelo Una sonrisa había empezado a dibujárseme en los labios, la historia que estaba contando no parecía especialmente grave ni seria, hasta resultaba bastante floja como pretexto

La cuestión es que Maya se ha marchado y él ha salido corriendo detrás, medio desnudo, con el abrigo abierto, porque se ha dado cuenta de que hoy la cosa iba en serio

Desde el primer momento de la conversación me ha parecido como si no tuviera ni la más mínima idea de lo que iba a decir en la frase siguiente que saliera por su boca. Por mi parte intenté conservar el tono de voz más serio posible y le pregunté que cuál era el problema en ese momento ¿No lo entiendes? Que aprenda que no nos puede seguir tomando el pelo y que nos pida perdón

Su voz volvió a sonar más tensa, y el contacto vivo con sus sentimientos me hizo sentirme todavía más ansiosa de él; además, sabía muy bien que él sería capaz de poner tanto empeño y entusiasmo en cualquier historia que se inventara, porque yo me la iba a creer, así que casi le grito, ven, ven de una vez y déjate de cuentos y de excusas

Pero eso de que le cerrara la puerta en las narices, eso nunca había pasado antes en nuestra casa, tanto, que se ha quedado de piedra, está muy sorprendido

Me esforcé cuanto pude por no cometer una equivocación, así que decidí seguirle la corriente con el jueguecito lo más seria posible, pero ¿por qué no lo llevas ahora a la guardería?

No, ahora sí que no puedo llevarlo, no entiendes nada, pero es que esta Miriam no lo capta, lo que él quiere ahora es entrar en casa sin pedir perdón ni nada

Oí un timbre lejano que sonaba. Todavía me encontraba un poco confundida, pero noté como un retortijón, en ese punto que se entera de las cosas antes que yo. ¿Y dices que tu mujer ya se ha ido?

Sí, sí, pero si es como si no me estuviera escuchando desde que hemos empezado a hablar, como si se limitara a oír lo que le parece

¿Y él está fuera? Es decir, que tu hijo está fuera desde que ella... ¿A qué hora dices que ella...?

Desde por la mañana, ya te lo he dicho, a las siete y media, es el día que tiene que ir a Safed

Pero si son más de las nueve y media

Si eso es lo que acabo de decirte, que es muy testarudo, qué idiota he sido creyendo que ella iba a entenderlo todo al instante sin tenérselo que explicar veinte mil veces, qué lerda es, pues sí que, está a la puerta, pero lo veo a través de la persiana de la cocina

¿Y no tendrá frío? Fuera hace muchísimo ahora mismo

Pues claro que tiene frío, tú misma puedes ver cómo está la cosa y el ventarrón que hace En cualquier momento se va a poner a llover, le dije, y la voz se me quebró un poco, patinó en esa palabra

¡A mí qué demonios me importa la lluvia! ¡Lo que quiero es que pida perdón!

Literalmente di un paso atrás, como si me hubieran ladrado furiosamente y a la vez me hubieran dado un mordisco. ¿Y por qué no lo haces entrar y hablas con él?

Porque hemos decidido que no, hemos tomado una decisión, ¿lo entiendes?

No, no lo entiendo... De pronto empecé a sospechar que realmente no entendía nada

¡Porque ya se le dijo que solo volvería a entrar si pedía perdón!

Pero ¿perdón por qué? Cada vez que gritaba yo sentía como si me pegara

Dime, pero ¿es que no has oído nada de todo lo que te he estado contando?

Este hombre me trata peor de lo que nadie lo ha hecho en la vida con las barbaridades que me dice, ¡pero si es un niño de cinco años! Casi cinco y medio, y es muy fuerte, tiene una voluntad de hierro. Me he quitado los zapatos y la camisa

No lo entiendo. ¿Qué es lo que has hecho?

Para no tener ninguna ventaja sobre él

Pero ¿está descalzo, y sin camisa?

No, a lo que me refiero es que con el frío que hace fuera, que nuestras condiciones sean exactamente las mismas, pero eso no quiere decir que tenga intenciones de ablandarme hasta ceder

No vas a poder tenerlo ahí fuera todo el día, porque qué va a decir Maya, es decir, tu mujer

Mi mujer no está aquí. Ha dicho «Maya». Volverá tarde, por la noche. Hazme el favor de dejar de lado por un momento las razones y las explicaciones, porque tengo que salir hacia el trabajo y él no parece mostrar ni la más mínima señal de flaqueza

De repente dejé de seguirlo, quizá porque ya se había alejado demasiado, muy por encima de cualquier esperanza. Por un instante sentí que se me concedía como una especie de tregua que me permitió preguntarme a mí misma si de verdad quería llegar a estar con él en persona

Por lo visto, había conseguido finalmente conmover a mi consejera pedagoga y hacerle entender la situación ante la que me encontraba

¿Tú qué es lo que quieres, educarlo o que ceda? No era mi intención, pero esta frase la grité desde bien dentro

Me acordé de una cosa y me eché a reír, para que ella supiera exactamente lo que yo pensaba

«El rincón del niño de Don Juan», pensé, ¡cómo se las apaña para volver a tenerme atrapada, como quien no quiere la cosa, como de pasada!

Mira, olvidémonos de todo el asunto. He cometido un gran error llamándola, es como meterla a ella en toda esta porquería que yo soy. Cállate ahora, no digas ni una palabra más, pero la verdad es que sí, que creo que tengo que quedar por encima de él de una vez y por todas, porque si no va a ser imposible educarlo

Yo no creo que haya que someter a nadie para

Es imprescindible, eso es precisamente lo que hay que hacer. Cállate ya, por lo menos intenta disimular la mierda que eres. Los niños solo aprenden así, qué paciencia tiene, la pobre, hay que ver cómo sigue discutiendo con toda seriedad y toda lógica en lugar de venir y darme un buen puntapié

Pero si eres tú el que se está portando ahora como un niño, Yair. Hasta la voz se le había puesto de pito y quejosa, y yo sin saber qué hacer, porque sobre todo quería ayudar al niño, ya que finalmente me había dado cuenta de que la situación era mucho más grave de lo que me esperaba, así que lo llamé por su nombre por primera vez con toda naturalidad

«Yair», con qué tono de institutriz lo ha pronunciado, hacía años que nadie decía mi nombre de esa manera, mira, porque tú me lo dices, Miriam, le voy a dar una última oportunidad y vas a ver cómo pasa de mí

Oí unos pasos y silencio. Va descalzo, pensé, sus pies desnudos sobre el suelo, y me acordé de lo de «los sorprendentemente pequeños pies de Maya» y naturalmente también de «una base tan pequeña para dos adultos y un niño». No tenía ni idea de qué es lo que tenía que oír. En ese momento una voz muy alta, esforzándose por gritar, la suya Si hay alguien que quiera entrar en casa que llame educadamente a la puerta, pida perdón y al momento será perdonado y podrá ir a la guardería donde lo están esperando sus amigos desde hace mucho rato

De nuevo silencio, y después él susurrando al auricular como asustado y a escondidas, de una manera realmente ridícula y que hasta podía llegar a dar miedo

¿Lo ves?, ¡no se mueve! ¡No me contesta! ¡Tendrías que verle la cara! No piensa dar su brazo a torcer

¡Pues cede tú!, grité. Perdí los nervios y grité

No pienso ceder y hacer lo que él quiera. Si flaqueas una vez, después toda la vida

Él estaba completamente histérico, yo bañada en sudor y aquí, ellos dos allí, su mujer de camino hacia Safed, y qué se podía

Voy con el inalámbrico de un lado para el otro, gritándole a ella y a las paredes, pero ¿por qué la habré llamado? No tengo ni idea, porque un minuto antes de hacerlo ni tan siquiera lo tenía en mente Yair, ¿me oyes? Escúchame un momento, despierta y mira lo que le estás haciendo

Nada más que el bien, eso es lo que le estoy haciendo, que me pida perdón como un buen chico y entonces que entre y hacemos las paces

Se va a poner malo

Pues que se ponga, que no le va a pasar nada

Se va a poner malo, y tú luego te morirás a causa de los remordimientos Veinte veces al año se pone enfermo por todo tipo de microbios, así que ahora se pondrá enfermo por algo justificado, hoy no se muere nadie de unas anginas

Eres cruel con él

Déjame a mí que lleve esta discusión como a mí me parezca

Y me colgó en las narices. Me quedé de piedra, sin aliento, como siempre consigue dejarme, no sé cómo le permito succionarme así hacia él

Llamé al trabajo y les comuniqué que tendrían que esperarme un poco para lo de la reunión y, mientras hablaba, lo espié por la ventana y vi que estaba temblando. Creo que temblaba. Tenía los hombros encogidos y saltaba sobre un pie y sobre el otro alternativamente. A mí no me quedó más remedio que quitarme también la camiseta y los calcetines, porque si la batalla tenía que ser larga, que por lo menos fuera justa Al límite más absoluto de mis fuerzas, me dejé caer en el sillón de Amos. Intenté tranquilizarme un poco, pero todo lo que se me ocurría era pensar en que quizá con esto él había desaparecido para siempre y que ya no volvería, porque lo había visto en una actitud infame e ignominiosa

Cuando volví a mirar, este tonto ya no estaba junto a la puerta, sino en medio del camino que lleva a la verja, encorvado y observando un escarabajo negro que estaba vuelto sobre sí mismo

Tengo que desligarme de él ahora mismo. Pero el niño, pensé, y de repente sentí mucha debilidad, como una extraña ofuscación mezclada con vértigo, el corazón empezó a latirme con una fuerza espantosa, con unas palpitaciones ajenas a su repertorio habitual. Y mientras, me repetía en voz alta una y otra vez, sin lógica aparente, ¿el niño?, ¿el niño? No tengo que estarlo mirando todo el rato, porque eso me debilita en mi lucha contra él, los últimos minutos ella no ha hecho más que gritarme

Respiré profundamente e intenté concentrarme en un solo pensamiento: no debo dejar al niño a merced de su furia. De nuevo me quedé sin aliento en la palabra «niño»

Un momento después vuelvo a la ventana y ¿qué es lo que veo? A un hombre viejo y alto, de aspecto dudoso, y encima con un impermeable largo, de pie junto a Ido

Yo repetía y repetía «el niño», y la palabra me pareció nueva, tenía una cadencia diferente en mi boca, y cuanto más la decía más y más fuerte me sentía, más cargada, hasta que se me ocurrió algo que me dejó sin respiración

¿Y si al viejo ya le había dado tiempo a hacerle algo? Le había oído preguntarle si era «el pequeño Einhorn», pero Ido se lo había quedado mirando fijamente porque quizá el frío lo tenía ya un poco aturdido

No es posible, cómo me va a estar pasando esto justamente ahora, pero si estoy en otra cosa

El viejo se agachó y le preguntó si papá o mamá estaban en casa, pero Ido siguió mirándolo fijamente

Me acerqué al calendario de la cocina y conté los días, pero nada me entraba ya en la cabeza, las palabras se diseminaban alejándose de mí como las cuentas de un collar roto. Volví a contar, esta vez con los dedos, y de nuevo me pareció que el resultado era el mismo. Me senté y empecé a temblar

El hombre le preguntó, ¿qué haces aquí fuera?, pero como Ido solo lo miraba pasmado me pareció que el hombre creyó que era retrasado

Me levanté para llamar a Amos, pero volví a caer hacia atrás en el sillón. Me quedé sentada para comprobar si sentía algo, pero no notaba nada, solo una certeza pequeña pero a la vez muy firme que me decía que no estaba equivocada

El viejo se llevó la mano al bolsillo y estuvo hurgado en él, así que en un abrir y cerrar de ojos me precipité hacia la puerta, la abrí violentamente y le pregunté: ¿tiene algún problema, caballero?

Tranquilízate, me dije a mí misma, y al momento, completamente enloquecida, esas son todas las señales que el cuerpo te ha estado enviando a lo largo de las últimas semanas, toda esa conmoción interna, los cambios de humor, el sabor del café, pero hace ya diez meses que no estoy en tratamiento, así que no puede ser que así, sin más, después de tantos años de sufrimiento y de torturas, ahora resulta que va a ser que

El viejo se asustó un poco al verme, porque mi pinta era la de un salvaje, desnudo y listo para la pelea, de manera que me dijo con una sonrisa, nada, señor, solamente les traigo una carta del ayuntamiento que por error nos ha llegado a nosotros

Y luego, por fin, me acordé de Yair y del niño y supe que no era el momento de perder los nervios, que debía dejarlo todo en un segundo plano hasta que Yair metiera al niño en casa

El viejo sacó la carta, pero en vez de largarse empezó a interesarse por la situación y dijo con mucha firmeza, como si se dirigiera solamente a Ido, los niños pequeños se pueden coger una pulmonía de estar así aquí fuera

Con todo mi poder de concentración pensé en el pobre niño, el pobre niño, el pobre niño, expuesto al fulgor de la hoja de la espada que se blandía sobre él en ese mismo momento, y me di cuenta de lo desgraciado que era y lo desgraciado que también era Yair por esa misma razón Le dije al viejo, pero con la cara dirigida también hacia Ido, que desde el momento en que el «niño pequeño» pidiera perdón como es debido, entonces se le permitiría entrar en casa, después de toda la algarabía que se ha armado por su culpa

Me acordé de cómo le lee un cuento antes de ir a dormir, de la delicadeza con la que escribía acerca de él, de cómo siempre me pareció que sabía ser mucho mejor padre que yo madre, justamente porque Ido era un niño sano, sí, porque tenía más puntos de contacto con el alma de su niño

Ido se achicó un poco, por la palabra que no conocía, algarabía, como si hubiera recibido de mí una bofetada

Como no sabía cómo ayudarlos, yo también me quité los zapatos, algo bastante tonto y sin sentido, aunque a mí me pareciera lógico en aquel momento, y hasta el jersey me quité también, quedándome con una camisa muy fina y notando la novedad en cada contacto con mi cuerpo, refrescante, aunque a la vez me asustaba, como si estuviera desenvolviendo un regalo que no fuera del todo mío

El viejo dio medio paso atrás y sonrió a medias sin entender nada, receloso, pero yo lo atravesé con la mirada hasta que se fue del jardín

Hacía frío en casa, pero no encendí la estufa. Pensé en que ahora sería yo la que me iba a enfermar. Los dos, Ido y yo nos íbamos a poner malos. Ahora Ido, Yair y yo nos pondríamos malos de lo mismo

Retrocedí muy deprisa, entré y cerré la puerta precipitadamente y corrí hacia la persiana

Pero ahora tengo que estar sana, sana

Vi que Ido abría la mano despacito y que tenía en ella un caramelo rojo que aquel degenerado de anciano le había conseguido dar Finalmente me había atrevido a decir en voz alta, por primera vez y al completo, el incipiente pensamiento que ya me rondaba, con sus dos palabras enteras lo dije, esas palabras prodigiosas y aterradoras que hay en él

Al diablo con todo, pero ¿dónde estará ella?

Ya no pude dominarme más y empecé a marcar su número, mientras veía cómo me temblaban los dedos, así que lo dejé. Ahora entendía por qué últimamente me apretaba tanto la alianza, y sentí un gran alivio

¿Por qué no llamará, ahora que la necesitamos?

Y él, a la primera llamada, se lanzó sobre el teléfono y gritó, ¡sí! Realmente fue un grito. Le dije que era yo y él se quedó callado, como intentando abrirse camino por el interior de su cerebro para poder recordar quién demonios era yo. Tampoco yo, por un momento, me acordaba de lo que quería contarle, así que repetí mi nombre, que también me sonaba como nuevo de repente, y lleno, lleno de vida, mientras que Yair, completamente distraído, decía, ah, sí, tú, para enseguida ponerse a hablar muy deprisa y en tono quejumbroso

Mira que es terco conmigo, no da su brazo a torcer, tienes que entender que no me equivocaba antes cuando te he dicho que esto es una guerra, pero vas a ver cómo esta vez me salgo con la mía y ya no tendremos más Tenía la voz ya completamente deformada, de pito, hasta llena de gallos, de lo ofendido y lo encolerizado que estaba. Noté que su voz se iba alejando de mí, que retrocedía replegándose sobre sí misma hasta las raíces. Pero dime, ¿por qué quieres doblegarlo?

«Por qué», «por qué», pues porque si no se creerá que me ha podido y tiene que saber que todavía nos quedan dos o tres principios y que papá es más fuerte que él, porque eso es muy importante para él, es vital

Pero te estás pasando con él, es una verdadera tortura lo que le estás haciendo... Las sienes me latían de la tensión tan grande que sentía, y de nerviosismo. Una y otra vez nos repetimos el uno al otro las mismas frases. No conseguíamos escapar de aquella trampa

Créeme que tampoco a mí me resulta fácil, pero no pienso ceder, porque ya llevo invertido en esto medio día de trabajo y ya no tiene sentido echar a perder lo que queda

Estaba tan aturdida que le pregunté, es decir, por pura estupidez le solté, que por qué me había llamado

Porque... Esto... No supe qué decir, ¿por qué la había llamado justamente a ella?, porque tú entiendes de niños, y tienes uno, así que he creído que podrías aconsejarme un poco. Pero también

No dijo, «porque

Porque eres madre Y esas tres palabras tan sencillas revolotearon en mi interior mientras una ola se estrellaba en mí y casi me echo a llorar, pero en ese momento de ninguna manera debía dejarme llevar por la emoción, así que para resistir me aferré con todas mis fuerzas a los pensamientos sobre Ana, lo mucho que me hubiera gustado que ella estuviera aquí ahora, en este preciso instante, y pensé también en lo mucho que las cosas habían cambiado entre todos nosotros, y qué llegaría a entender Yojai, si llegaría a comprender que nada iba a cambiar entre nosotros, y una sola idea me asaltaba, tiene que ser un niño sano, Dios mío, lo que más necesito ahora es un niño completamente sano, y lo primero que tengo que hacer es llamar a Amos, no, una cosa como esta no se dice por teléfono, le voy a pedir que venga a casa para contárselo, un momento, un momento. Silencio. Piensa

¿Miriam? ¿Estás ahí? Ahora se me ha ido. ¿Miriam, me oyes?

Con mis últimas fuerzas, que no sé de dónde las saqué en ese momento, imposté la voz, un poco como hago en clase, para vencer el tumulto de voces que se me agolpaban en la cabeza y dije, Yair, abre la puerta y déjalo entrar, abrázalo, vístelo y prepárale un cacao caliente

No, no entiendes nada en absoluto, tú, ese sistema vuestro

¿Qué quería decir eso de «nuestro sistema»? Estaba furiosa, ¿qué podía saber él de «nuestro sistema»? Me supuse cómo nos veía y hasta qué punto nuestra casa, y nosotros como pareja le parecíamos unos insensatos, unos viva la vida y unos individuos completamente al margen de lo que él llama «la legalidad» con todas sus desgarradas luchas, y ya, al borde del colapso le dije que podía obligarse a un niño a pedir perdón, pero que no tenía ningún sentido

No es cierto y, además, ¿tú por qué te metes y te permites obsequiarme con tus análisis psicológicos?

¡Pero si has sido tú el que me ha llamado!, le grité, y al momento me arrepentí

Lo siento, de verdad. Basta, olvídalo. Como si no te hubiera llamado. Ha sido en un momento de debilidad, no quiero mezclarte en esto, perdóname, ¿vale? La verdad es que no tenía ninguna intención de hablar contigo. Perdóname también por eso, por todas las mentiras

¡Pero ya me has implicado. Ya estoy metida en este problema, Yair, no me vengas ahora con esas! Cada vez que le gritaba pensaba en que hacía años que no se oía un solo grito en nuestra casa. Con cada grito, además, la cabeza me daba más y más vueltas, porque pensaba que ahí sí que se terminaba ya todo, que mientras hablaba con él me sucedería

Y deja de llamarme todo el rato por mi nombre

Quizá es que quiero que recuerdes quién eres

No se me olvida ni por un solo momento. Sé muy bien cómo manejar este asunto y lo voy a llevar tal y como debe hacerse en estos casos

Él seguía parloteando con una mezcla de arrogancia y de temor, mientras que yo, por mi parte, no podía desligarme de la sensación de que también en este asunto yo tenía parte de culpa, que él se había dejado arrastrar hasta aquel abismo para recurrir después a mi ayuda, para obligarme a salvarlo

Estoy harto de sus lloriqueos, nunca me hubiera imaginado que fuera tan sensiblera, y mientras hablaba me corté una rebanada de pan y la unté de mantequilla, le puse unas rodajas de tomate, sal y zaatar, como tentempié, porque a ver si me iba a morir de hambre por culpa del niñito, así que seguí explicándole a ella, desde la más absoluta tranquilidad, que no era nada personal contra él y que incluso admiraba su fuerza de voluntad, porque en honor a la verdad daba hasta miedo comprobar lo obstinado que podía llegar a ser ese pispajo de apenas cinco años y medio

Y tú tienes treinta y tres, le recordé, sin demasiadas esperanzas. Además, empezaba a darme cuenta de que paralelamente a la guerra que libraba contra su hijo, mantenía también un duelo conmigo, y que con tanto apiadarme del niño no hacía más que causarle un mal a este hostigando a Yair cada vez más en contra de él

Pero al espiarlo por la ventana se me pasó el apetito, tiré el bocadillo a la basura y me puse a gritarle que dejara de hacer payasadas ya de una vez, que lo único que tenía que hacer, al fin y al cabo, era dar tres pasos y llamar a esa jodida puerta, y que se dejara conmigo de jueguecitos de niño orgulloso

Me pareció oír un trueno que retumbaba a lo lejos, el aire cada vez era más gélido y sentí un escalofrío. Como si estuviera profiriendo un juramento susurré: «pero si amas a tu hijo, pero si lo amas»

En ese momento cayó por primera vez. Simplemente la pierna se le dobló, pero enseguida se levantó y fue hasta la mecedora de bambú que hay en el jardín

Dios mío, pensé, Dios mío, antes de ocuparte de ninguna otra cosa en el mundo, haz que allí, en casa de ellos, todo acabe bien

Se tendió atravesado en la mecedora, la cabeza colgándole por un lado y las piernas por el otro. Tenía los ojos muy abiertos y miraba fijamente un limoncito seco y arrugado que había quedado allí desde el verano

Quizá porque me había callado un momento, volvió a colgarme el teléfono. Sin pronunciar una sola palabra, como por casualidad, como si se hubiera olvidado por completo de que yo estaba allí, así que me dejé caer otra vez en el sillón, conté de nuevo los días con los dedos y me dije que tenía que poner en orden todos aquellos pensamientos en cuanto tuviera un momento de tranquilidad, pero lo que menos había era eso

En mi cabeza alguien me está proyectando en exclusiva, en un pase completamente privado, una secuencia en la que aparece Ido en el jardín y yo espiándolo por la ventana, una escena que se repite sin esperanza, un hombre con una calva incipiente espiando a través de las rendijas de la persiana para ver su propia pornografía

Enseguida volví a llamarlo, antes de que me diera tiempo a empezar a vacilar. Me parece una locura, pensé, que durante ocho meses no me haya atrevido a llamarlo y que esta sea la tercera vez que lo hago en lo que va de mañana La piel de las manos se me estaba empezando a poner de color azul, así que supe que ahora había que darse prisa, que no había mucho tiempo, conozco las señales, de acuerdo, así que fui y abrí todas las ventanas y un viento frío y cortante sopló por toda la casa conmigo en el centro dejándome atacar por él a conciencia, para después correr a la ventana y verlo avanzar unos pasos, retroceder y finalmente quedarse quieto, como aturdido

A pesar de la opresión que sentía y la confusión tan grande y tan absurda en la que me encontraba, me invadía también una ligera alegría, muy especial, por el hecho de que fuera como si Yair y yo tuviéramos ya por costumbre mantener unas rutinarias conversaciones matutinas

Se agarró la pilila, se la apretó y miró a su alrededor con una desesperación que me partió el corazón

De repente fue como si el aire se hubiera tensado y se hubiera hecho claro y terso, el viento dejó de soplar, no se movía ni una hoja, así que pensé: ya está aquí

Ahora es cuando se va a rendir, por el pis, no le va a quedar más remedio, pero por lo menos habremos terminado con esto. La verdad es que se fue acercando a la puerta con las piernas muy juntas y dando traspiés y se quedó delante, sin llamar. Conté mentalmente hasta cincuenta, abrí los ojos, y lo vi allí a la puerta, la cabeza gacha, pero sin llamar, sin llamar

La lluvia, la primera lluvia

¿Y qué es lo que me vino a la mente en ese momento? Que hace años Maya me pidió que le enseñara cómo había que colocarle el pene a un niño en el pañal, si para arriba o para bajo, pide perdón, vociferé, y me mordí con todas mis fuerzas el puño

Unas primeras gotas caen vacilantes sobre las hojas del limonero, y ahora sobre la madreselva y el jazmín. Ahí está ya mojándose la buganvilla. Hoja tras hoja se va limpiando del polvo. Unas gotas pesadas en el cristal de la ventana

Me asusté un poco de las profundas marcas de los dientes y de las gotas de sangre que empezaban a gotear

De golpe arreció, tomó fuerza, rugió, como si todo lo que se había ido almacenando desde principios del otoño, toda esa gran contención

Vi a Ido alzar la cabeza, mirar sorprendido a su alrededor y extender una mano hacia el cielo, sin que yo fuera capaz de entender esos gestos, porque parecía que había iniciado un extraño baile que lo hacía feliz, hasta el punto de que llegué a pensar si no se habría vuelto loco

Abrí la ventana grande y todos los olores de la lluvia entraron en tropel: el de la tierra, la hierba y los árboles mojados por la lluvia. Los aromas de esta lluvia y de las lluvias de otros tiempos. El aroma del aliento de Anita en la lluvia, cuando éramos niñas, a través de los gorros de lana

¡Pero si es lluvia, ya está, ya ha empezado a llover! ¿Cómo voy a dejarlo así en medio de la lluvia?

Unos olores maravillosos emanaban de los lejanos gallineros y de la cuadra de los vecinos. Todo exhalaba a la vez los olores de un parto reciente. También el bosque de Jerusalén verdeaba ante mis ojos, bañado en una neblina lechosa

Pero si se ha quedado debajo del agua, que le resbala por todo el cuerpo, no ha hecho el más mínimo amago de quererse poner a cubierto, puede que incluso esté disfrutando, que entienda que ahora me voy a ver obligado a ceder

Este es el momento al que tanto he temido durante meses, la abundancia contra la que lucha...

Solo entonces se me vino a la cabeza que aquello no era simplemente lluvia, sino que era esa lluvia, ¿quién se hubiera podido imaginar que al final iba a resultar de esta manera? Porque lo que yo había planeado era salir a correr, dejarme mojar bien y gritar su nombre como despedida, entre una mezcla de lluvia y de lágrimas, y en lugar de eso me veo escondiéndome de mi propio hijo detrás de una persiana

La casa temblaba a causa de las fuertes descargas, porque se trataba de una primera lluvia muchísimo más torrencial de lo normal, con truenos y relámpagos, en medio de una repentina oscuridad que había descendido sobre el valle y dos o tres rayos intensamente luminosos que lo atravesaron como unos dedos abiertos mientras yo me decía que todo iría bien. La lluvia había llegado

Tenía ya los pantalones completamente mojados por la lluvia, y puede que también por la orina, pero no dejaba de bailar, de saltar y de alzar las manos al cielo, como si no notara lo frío y lo mojado que estaba y lo terrible que era estar fuera en ese momento, porque él seguía bailando aunque el pelo también se le pegaba ya a la cara completamente empapado de agua

Sentí un gran alivio, sin motivo lógico alguno. Quizá era esa fe infantil por la lluvia. Ojalá que al final saliera también el arco iris como regalo especial para mí. ¿Cómo estaría yo al final del invierno Como un loco me puse a correr por la casa golpeándome unas cuantas veces la cabeza con todas mis fuerzas contra la pared, cuando sonó el teléfono, y como sabía que era ella no lo cogí, porque ¿qué podía decirle?

De nuevo me inundó esa maravillosa certeza que ya había sido absorbida por todo mi cuerpo, esa pesadez, ese estado de gracia y de nuevo, como antes, me resultaba difícil sobrellevarla junto con lo que les estaba pasando a Yair y al niño

Me quité también los pantalones, para no estar en ventaja y ya solo en calzoncillos corrí de ventana abierta en ventana abierta mientras pensaba que realmente había perdido el juicio

Estuve llamándolo durante quizá cinco minutos, pero él no contestaba. Quizá había recogido ya al niño y lo había llevado a la guardería, pero en mi fuero interno yo sabía que no. Notaba en una especie de punzadas que él seguía llamándome, la profundidad de su locura me atravesaba como un cuchillo desde la distancia

El pequeño hijo de puta acabó por romperme los nervios. Perdí el juicio por completo, como si se me hubieran roto todos los mecanismos de la paternidad, que hasta ese momento era la única cosa que creía saber hacer bien

La lluvia había arreciado muchísimo, los solitarios dedos luminosos se habían encogido hasta convertirse en un puño detrás de las nubes y en pleno día reinó la oscuridad de la noche, de modo que me vi repentinamente asaltada por una espantosa sensación de angustia. Veía al niño allí fuera, abandonado, muerto de frío y desnudo. Llamé a la parada de taxis de Giv’at Shaul, pero me dijeron que a causa de la lluvia podían llegar a tardar una hora

Como un estúpido me fui a su habitación y me acosté en su cama haciéndome un sitio entre los osos, los monos y los leones No pienses, me dije a mí misma, déjate guiar por la intuición. Me vestí y salí al encuentro de la lluvia. En un abrir y cerrar de ojos estaba completamente empapada. Ni siquiera me había parado para ponerme algo más bonito. Tampoco me había peinado, ni pintalabios ni nada. No fueran a creer que yo, para que no creyeran

Me cubrí con su colcha hasta por encima de la cabeza y grité con todas mis fuerzas que pidiera perdón y que entrara en casa de una vez, mientras la sangre de la mano manchaba la sábana y volvía a mordérmela

El viejo Mini-Minor estaba bajo la marquesina, dudé un instante para después llegar a la conclusión de que mejor no. Hacía demasiados años que no conducía y ese no era precisamente el momento adecuado, además de que ni siquiera tengo carnet, porque este año ya no me lo he renovado De pronto me pareció que hablaba allá fuera y me asustó el hecho de que aquel viejo degenerado hubiera podido regresar, que hubiera traído a la policía

Me encontraba dividida entre todos mis deseos, y de nuevo, en medio de la confusión y la angustia, titilaban aquellas palabras nuevas para mí, estoy embarazada, y entonces una gran extensión de vida se abría ante mí, y es que era como si todo el rato yo le estuviera haciendo la misma pregunta a mi cuerpo y este me contestara, sí, mi cuerpo contestaba, sí

Pero solo estaba hablando con el limón seco y le contaba que nosotros decimos que él todo lo hace «expresamente lento», y se contestaba a sí mismo, como si fuera el limón, ¡todavía tenía ganas de teatro! Pensé que ojalá llamara Miriam, el teléfono sonó, lo cogí al borde de un ataque de nervios con la intención de echarle encima todo lo que me tengo guardado desde hace tiempo sobre ella y sobre Amos, su bondadoso marido, porque a ellos nunca les pasaría algo así con un hijo, no, ellos se sentarían y le hablarían tranquilamente y con mucha lógica mientras ideaban juntos alguna fórmula de reconciliación que fuera justa

No entiendes nada

Pero era Maya, que había llegado a Safed y no me encontraba en el trabajo, y que se quedó de piedra cuando se enteró, porque ni se le había pasado por la cabeza que el niño todavía estaba allí

No, este no es el momento para ponerse a recordar cómo se conduce, porque esto es un diluvio y además estoy muy alterada, siete años sin conducir (de repente me había parecido una insensatez, no me acordaba muy bien de por qué, ah, sí, por miedo a hacerle daño a alguien, porque alguien me hiciera daño a mí y que mi vida ya no fuera la de siempre y toda la carga recayera sobre Amos), y es que justamente empezar ahora en mi estado, sí, en mi estado, nunca mejor dicho

Vacié en ella todo lo que había ido acumulando, porque a fin de cuentas también ella tenía parte de responsabilidad en lo que aquí estaba sucediendo, porque a ver si no lo habíamos decidido juntos por la mañana, solo que al final siempre me toca a mí castigarlo mientras que ella se va de rositas, y esto de hoy no se le va a olvidar ni me lo perdonará en la vida, y ya desde ahora, en el marco de su breve historia, estoy empezando a ser juzgado y me odiará para siempre por lo que ha pasado aquí esta mañana

Bajo una lluvia torrencial corrí hacia la entrada del moshav, pero ahora no debía correr, así que me juré que desde el momento en que el asunto de Yair y de Ido hubiera terminado, empezaría a cuidarme, pero dónde estaba Ana para decirme en polaco que a partir de ahora tendría que cuidarme por dos, y cómo es posible que todavía no hubiera telefoneado a Amos, pero no pasaba ni un vehículo por delante de la puerta y no se veía un alma

Encima me da la tabarra desde Safed y empieza con los mismos discursos que Miriam, que si no hay que forzar demasiado la situación, que si solo es un niño, y que yo mismo me estoy comportando como uno

Ahí, bajo la lluvia, a pesar de toda la angustia que siento, me pongo a reírme de mí misma, porque solo a mí podía pasarme algo así, que de tanto empeñarme, hasta la locura, en una cosa, por estar tan pendiente de otra persona, no he tenido tiempo de entender lo que mi cuerpo me decía con unas señales tan claras

Creí que me daba algo por el hecho de que pareciera que las dos se habían puesto de acuerdo para regañarme desde lo alto de su sede del tribunal

Calada hasta los huesos y hecha un guiñapo tenía la esperanza de que todo ese nerviosismo no me afectara; intentaba aclararme las ideas pensando en el niño que estaba allí afuera y alejaba como podía los pensamientos acerca de mi completa ceguera y acerca de ese embarazo que me había llegado a hurtadillas cuando menos me lo había esperado

Todo eso está muy bien, corté a Maya, pero Ido es todo un hombre y seguro que entiende muy bien las reglas de esta pequeña guerra, seguro que lo comprende mucho mejor de lo que tú te puedas imaginar, porque claro, ella se crió entre algodones en una casa en la que todo eran parabienes, si ni una sola bofetada le han dado jamás sus padres, aunque tampoco pretendo que lo entienda, porque ninguno de vosotros es capaz de entender nada, en realidad

Cuando vi que nadie se ofrecía voluntario para sacarme de Beit Zait y ya que estaba donde la marquesina, si no lo hacía, no me lo iba a perdonar

Mientras hablaba con ella corrí a la ventana y vi que había vuelto a tenderse en la mecedora, acurrucado mientras balbuceaba algo. Jugaba, en medio de una extraña tranquilidad, metiendo una ramita en las corrientes de agua que bajaban por unos surcos debajo de la mecedora, y pensé si no estaría ya en estado de hipotermia a causa del frío El viejo Mini arrancó enseguida. Además tenía medio depósito lleno. Amos, Amos, eres el mejor. Qué suerte tengo, qué gafe más afortunada soy

Le colgué a Maya el teléfono y salí corriendo afuera. Por el camino había cogido una manta que estaba encima de la lavadora y se la eché por encima, pero él ni siquiera me miró, lo llamé por su nombre, pero nada, entonces me senté a los pies de la mecedora, en el agua, lo miré y le dije muy bajito, pide perdón

Un extraño pensamiento me cruzó por la mente y es que ahora los iba a necesitar a los dos a la vez, a Amos y a Yair. Que Yair tendría que quedarse conmigo, que ya no podría negarse

También mi tontería quiero hacerte llegar ahora, mi entusiasmo, mis miedos, mis traiciones, mis mezquindades, pero también dos o tres cosas buenas que puede que haya en mí, que se mezclen con todas las tuyas, que forniquen mis miedos y los tuyos, los fracasos a los que nosotros mismos nos hemos arrastrado, porque fracasamos, y fracasamos, corrígeme si me equivoco, corrígeme

Estáte conmigo, resucítame. Dime: Sé luz

Pero si no te he dado nada, solo palabras, y qué pueden las palabras A veces, por lo visto, pueden mucho. Quizá haya momentos de gracia en que los cielos se abren sobre la tierra

Poquito a poco fui empujando la mecedora hasta colocarla debajo del alféizar de la ventana, para que no se mojara. Una lluvia muy fuerte me caía encima, y en un instante me quedé helado, mientras Ido me miraba desde la manta y yo me asustaba al creer haber visto que tenía las pupilas turbias

Conduje muy despacio por la rotonda interior mientras rezaba para que no me viniera nadie de frente. Había decidido no pensar en los pasos que había que seguir, sino dejar que el instinto me guiara, porque de repente había puesto toda mi confianza en él, en el instinto

No sé si le costaba identificarme por el aturdimiento que él tenía o si fue por mi aspecto, que era tan deplorable que me hacía irreconocible, pero me di cuenta de que el cuerpo se le tensó en cuanto me vio

Qué suerte que hacía dos semanas que había ido a ver dónde vivía, la calle y la casa, y el camino de la mía a la suya

Como si se aprestara a recibir un golpe de mí, a pesar de que no le he puesto la mano encima en la vida, porque a pesar de todo no soy mi padre

Conduje entre verdaderas cascadas de agua. Pensé en que Yair se me aparecía a veces como la cucharilla que se parte en dos en un vaso de té

Tenía la esperanza de que no se diera cuenta de que empezaban a temblarme un poco los músculos de la cara, como siempre que paso frío, porque yo no puedo estar al fresco

Una lluvia torrencial arreciaba contra el parabrisas, nunca antes había visto Jerusalén de esta manera, tan oblicua bajo la lluvia Se incorporó un poco en la mecedora y me vio que solo llevaba puestos los calzoncillos, y entonces me preguntó, sin que yo pudiera dar crédito a lo que estaba oyendo, que si también él podía ir así, si le dejaba que se quitara la ropa, como yo

En mi interior hablaba con el niño, con Ido, ya voy, le decía, aguanta

Entonces inspiré profundamente, y con la poca lucidez que me quedaba le dije, muy tranquilo, que puede que hasta ahora no me hubiera entendido, que quizá era tan tonto como para no entender unas palabras tan simples, pero que si ahora se levantaba, y yo incluso lo ayudaría, y nos íbamos juntos hasta la puerta, llamábamos y pedíamos juntos perdón

Y todo el tiempo sabía, con una claridad espantosa lo veía, que si ese no hubiera sido «el último día» nada de todo lo que estaba pasando hubiera sucedido

Ya no me quedaba elección, ¿qué otra cosa podía hacer? Porque él no estaba dispuesto a oír hablar de ninguna clase de perdón y me pareció que no debía quedarme ni un momento más a su lado porque ya ni sabía lo que hubiera sido capaz de hacerle, así que me levanté, entré en casa, me apoyé en la puerta y vi cómo alrededor de mis pies se formaba un charquito

Pero ¿cuándo habrá empezado esto en mí? ¿Cuándo pudo pasar? Quizá cuando escribía mi diario, en Tel Aviv

Y así, desde la puerta, desde esa distancia, le expliqué que estaba muy equivocado si pensaba que su madre iba a ayudarlo, porque mamá estaba en Safed y no iba a volver hasta la noche, y ahora estábamos solos los dos, él y yo, sin mamá

¿O fue el día que me dijo su nombre? ¿Cómo será que «eso» ha podido aguantar y sobrevivir a todo su período de mutismo? Pero él no me contestó, quizá sabía que con eso podía presionarme todavía más, así que le pregunté que si había entendido lo que le decía y que si le quedaban fuerzas para ir de la mecedora a la puerta para llamarla a ella, porque de repente me pareció que la distancia era enorme

¿Puede que sucediera cuando empecé a copiar sus cartas y se nos entremezclaron las palabras? ¿O cuando empecé a escribir mi diario?

Muy despacio me fui resbalando puerta abajo hasta quedar sentado en el suelo, y entonces le expliqué con calma y sosiego que lo que teníamos que hacer ahora era ayudarnos el uno al otro, porque nos habíamos metido en un lío, después te explicaré cómo llega a suceder una cosa así, un día te lo explicaré y tú lo entenderás, y hasta me darás las gracias por no haber cedido

Por un momento me vi en el espejo retrovisor, mojada, la cara llena de brillos, roja la nariz, como siempre se me pone cuando hace frío. Pensé en lo que opinaría de mí, y que además era tan joven

Se bajó de la mecedora y se echó en el suelo delante de mí, a propósito se tendió en el agua, a propósito me dio la espalda, y de nuevo se acurrucó ensimismado y no se movió. Yo había dejado ya de tener frío y me extrañaba no sentir nada, solo que no se me muriera allí, delante de mis narices

Me apiadé del niño, que como todos los niños debía rendir cuenta de lo que ni siquiera entendía

Por más que lo intentaba no llegaba a comprender cómo algo tan espantoso podía estar sucediendo en nuestra familia y cómo era posible que nadie oyera ni viera nada de lo que aquí pasaba, ¿dónde estaban todos los vecinos o simplemente la gente, dónde?

Corrí, unas escaleras

Me resultaba extraño ver las gotas pegar contra mi cuerpo y no notarlas. La lluvia entraba a raudales dentro de casa, de manera que ya no había dentro ni fuera, y cuando vi que ya no entendía nada, cerré los ojos y me detuve

A mitad de las escaleras que bajan, con una sola mirada, los vi a los dos, a Yair y al niño. Tres pasos los separaban, quizá. Estaban tendidos en el agua, en medio del pequeño jardín, formando un espantoso ángulo porque yacían torcidos, de cualquier manera. Como dos clavos rotos. Yair estaba desnudo, y completamente azul de frío. Las costillas le sobresalían, apenas se le movían y tenía los ojos cerrados con fuerza, bien apretados. Ido estaba tendido junto a una mecedora de bambú, tapado con una manta, y me acuerdo que me sorprendió verlo envuelto y protegido. La lluvia batía contra el muro de la casa y nos salpicaba con fuerza a Yair y a mí. Pensé: al final como al principio nos encontramos en medio del agua, en medio de la historia que él nos ha escrito. Y entonces, por un momento, abrió los ojos, me miró, y volvió a cerrarlos con expresión de dolor. Vi sus pestañas temblorosas y que estallaba en un llanto como el que jamás en mi vida había oído yo en un adulto, mientras repetía mi nombre una y otra vez, una y otra vez. Y todavía recuerdo que antes de apresurarme hacia el niño, antes de tocar a Yair, la mirada se me fue hacia las manos de ambos, de Yair y de Ido. Estaban azules y transparentes por el frío y se parecían de una manera sorprendente. Unos dedos largos y hermosos tenían los dos, largos, finos y frágiles.

Febrero de 1998

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