Velázquez. Vida
Capítulo 2. LOS AÑOS DE APRENDIZAJE
CAPÍTULO 2
Los años de aprendizaje
SEVILLA EN TORNO A 1600
En la época del nacimiento de Velázquez, Sevilla, mucho menos tocada
por la gran peste atlántica de 1599, que no obstante la afectó hasta 1601, vivía
su edad de oro. Era por aquel entonces la ciudad más poblada y más rica de
España; las relaciones casi regulares con las Indias mantenían una intensa
actividad comercial alrededor de la Casa de Contratación y en los muelles del
Guadalquivir, y daban lugar a grandes movimientos de población.
Funcionarios de aduanas, comerciantes andaluces o extranjeros, emigrantes
prestos a partir y «peruleros» de regreso del Potosí, la montaña fabulosa;
marineros de parranda, pícaros a la caza de ganancias fáciles, prostitutas,
asesinos a sueldo, mendigos, frailes salidos de los muchos conventos de la
ciudad, componían una sociedad extraordinariamente variada y pintoresca. Y
la riqueza de Sevilla, las exigencias de iglesias, conventos y cofradías, de los
aficionados ricos o de los españoles de América aseguraban a los numerosos
artistas y artesanos de la ciudad una verdadera abundancia de encargos al
mismo tiempo que un gran surtido de modelos humanos. No es de sorprender
que la ciudad fuese entonces el foco de creación artística más importante del
país, en competencia con el de la corte.
UNA INFANCIA DE LA QUE SE SABE MUY POCO
Todos los especialistas en Velázquez coinciden en deplorar que la
infancia del artista esté tan mal documentada. Es lo menos que se puede decir.
Sigue siendo verosímil, sin embargo, que las posibles fuentes —los notarios
sevillanos— no hayan entregado todos sus secretos. Pero, antes de 1960, los
especialistas, con raras excepciones, apenas habían intentado saber más: se contentaban con repetir lo que habían leído en el Arte de la pintura de
Pacheco o en el Museo Pictórico de Palomino. En ocasiones inventaban:
Stirling, en 1865, aseveraba que el padre de Diego era «hombre de leyes» y
que consagró los mayores cuidados a la educación del joven Diego: «…
[Éste] recibió toda la instrucción que se podía obtener entonces en Sevilla…
hizo rápidos progresos en el estudio de las lenguas y de la filosofía».
¡Ninguna prueba! Walter Armstrong, en 1896, decía que el joven Diego fue
«enviado primero a una grammar school de su ciudad natal». Aureliano de
Beruete, en 1898, más prudente, confesaba: «No se sabe nada interesante
sobre sus primeros años. A temprana edad aprendió latín y filosofía. En el
transcurso de sus estudios dio prueba de aptitudes para las ciencias».
Elizabeth Du Gué Trapier, en 1948, no juzga necesario arriesgar una palabra
sobre la formación de Velázquez. Antonio de Onieva (en 1960, sin embargo)
se lanza imprudentemente: «Es indudable que sus padres debieron de buscarle
preceptor que le cultivase en humanidades, y también que, ante las aficiones
del niño al dibujo y la vocación a la pintura, determinaron no contrariarle,
sino al revés, buscarle un maestro que secundara aquellas inclinaciones». El
propio José López Rey no dedica más que cuatro líneas a los estudios de
Diego Velázquez. Es cierto que los autores de los siglos XVIII y XIX que
abordaron el tema de la biografía de Velázquez, salvo Palomino, no dicen
nada de ellos, ya se trate de Lázaro Díaz del Valle, de Ceán Bermúdez o de
Cruz y Bahamonde.
Es razonable imaginar que Diego viviera una infancia tranquila, teniendo
como probable compañero de juegos a su hermano Juan, que sólo tenía
diecinueve meses menos que él y del que se sabe que vivió hasta los treinta
años. El siguiente hermano, Fernando, nacido unos cinco años después que
Diego, se queda al margen: excesiva diferencia de edad o desaparición
precoz, probable dado que nada se sabe de él. Por otra parte, es seguro que
Diego y Juan conservaron posteriormente su estrecha relación. Se observa así
que en 1627, en Madrid, un tal Juan Velázquez, «pintor de imágenes», solicita
beneficiarse de la exención del servicio de los millones[1], prometida a los
artistas, y tiene por testigos a Diego Velázquez, Angelo Nardi y Francisco
Jamete[2]. Se trataba del hermano de Diego y se puede arriesgar la hipótesis
de que Juan, que llevaba una vida difícil con mujer e hijos en Sevilla, fuera a
Madrid a probar suerte, animado y apoyado por su hermano. Se puede incluso
aventurar una hipótesis más interesante que será examinada en su momento.
Pero Juan murió en 1631.
Los padres de Diego deseaban quizá dar a su hijo mayor una educación
esmerada, puesto que manifestaba evidentes dotes intelectuales. Sin embargo,
su condición social limitaba sus ambiciones. Diego tuvo que aprender con su
padre a leer, a escribir y a contar, y fue sin duda su padre quien le enseñó
caligrafía, arte del que se sirvió con frecuencia en sus lienzos; se podrían
multiplicar los ejemplos: los rótulos del Santo Tomás de Orléans y del San
Pablo de Barcelona, o el retrato de La madre Jerónima de La Fuente,
adornado con una leyenda caligrafiada en bellas letras romanas redondas[3].
¿Fue Velázquez a un colegio, aunque sólo fuera un año o dos? De los
autores que he consultado, solamente uno si bien no el menor porque se trata
de José Camón Aznar, sugiere que lo enviaron al colegio de los jesuitas de
San Hermenegildo desde los siete u ocho años de edad: «Quizá se educara
Velázquez en el colegio de San Hermenegildo, que era de los jesuitas»[4].
Hipótesis lógica: el colegio de San Hermenegildo, inaugurado el 19 de
septiembre de 1580, había disfrutado desde un principio de subvenciones del
Ayuntamiento de Sevilla, 5000 ducados de entrada y otros 12 000 unos años
después, a cambio del compromiso de recibir a los hijos de los habitantes de
la ciudad y su jurisdicción que desearan estudiar gramática (es decir, ante
todo latín). El colegio cumplía bien su misión y se había desarrollado hasta el
punto de no tener rival en la Península a comienzos del siglo XVII. Gracias a
sus notables profesores (Juan de Pineda, Luis de Alcázar, etcétera) había
llegado a ser, según Astrain, «uno de los más brillantes y de los mejor dotados
de toda España»[5]. Hay que precisar que los jesuitas no reservaban sus
colegios a los hijos de familias ricas o nobles: «Su clientela era muy variada
porque en Sevilla, como en otras ciudades, la Compañía hizo un concierto con
el ayuntamiento que, en cierto modo, les obligaba a recibir a cuantos
solicitaran seguir sus cursos contando con una base mínima, que quizás no
fuera más que el conocimiento de la lectura y escritura». El colegio era el
centro de enseñanza más frecuentado de la ciudad y a él asistían «no sólo
hijos de nobles patricios y ricos mercaderes, acompañados de fámulos o pajes,
sino muchos miembros de la simple clase media»[6]. Como las demás
escuelas o academias de la ciudad eran mucho menos apreciadas que San
Hermenegildo, es posible que el joven Diego hiciera uno o dos años de
estudios en esta institución. ¿Por qué iban sus padres, cuya posición
económica y social no podía hacerles esperar algo mejor, a hacer ascos a un
colegio elegido por una parte importante de la alta sociedad sevillana y
subvencionado por la ciudad? Además, el programa del colegio se ajustaba
precisamente a la formación que recibió Diego, a la vez tradicional y humanista, basada en la gramática, el latín, algunos elementos de otras