40 poemas

Ida Vitale · Capítulo 32 de 38

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40 poemas

Calesita

 

El carrusel, el tiovivo, el cómo

se llamaba, la calesita, llama

que me ofrecía un ciervo, una calesa

un cisne y un caballo encabritado,

el prodigio que giraba tan quieto,

que tan quieto trotaba por un aire

con organillo y campanillas, aire

que no movía la cola del caballo

dorado y blanco, pero de peligro,

peligro de caerme en pleno vuelo,

de caerme y quedar así olvidada

del padre, de bajar en otro punto

del punto de subida y verme sola,

sin nubes, sin ya viento en el pelo,

perdida sin el miedo delicioso

de volar con las manos aferradas

a crines que me sueltan y yo arcilla

que en el horno del aire recupera

su forma quieta, forma del principio,

de ser sola y sin alas.

(De Trema, 2005)