Así nos ven

Dolia Estevez · Capítulo 4 de 19

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Así nos ven

Patrick J. Lucey

1977-1979

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PATRICK JOSEPH LUCEY asumió la titularidad de la embajada de Estados Unidos en julio de 1977, poco después del descubrimiento de grandes reservas petroleras que convirtieron a México en potencia energética mundial. Frente a la inestabilidad política en Medio Oriente y con el auge del fanatismo clerical antiamericano en Irán, la nueva riqueza petrolera mexicana despertó el apetito geoestratégico de Estados Unidos. Un memorando del Consejo de Seguridad Nacional dirigido al presidente Jimmy Carter decía que “los nuevos descubrimientos... ofrecen a Estados Unidos una nueva e importante fuente de petróleo menos vulnerable a los sucesos políticos y militares que existen fuera del hemisferio”. 1 México y Estados Unidos iniciaban nuevas administraciones: José López Portillo2

tomó posesión en diciembre de 1976 y Jimmy Carter hizo lo mismo en enero de 1977. Con escasa experiencia en temas bilaterales, Carter y sus equipos de seguridad nacional y política exterior no sabían bien cómo manejar una relación complicada como la mexicana. Carter, quien había estado en México varias veces y hablaba algo de español, estaba determinado a mejorar los lazos con el vecino. De ahí que tuvo algunos gestos deferentes: concedió a López Portillo el honor de la primera visita de Estado de un líder extranjero a la Casa Blanca y complació la petición del presidente mexicano de enviar de embajador a un “político americano sin mezcla de otra nacionalidad”.

En 1978, con el interés de elaborar un enfoque integral, la Casa Blanca ordenó la revisión secreta más ambiciosa jamás realizada sobre política estadounidense hacia México.3 Con la participación de 14 dependencias federales y hasta 48 funcionarios, el objetivo era presentar una propuesta

“centralizada y coordinada” de los principales asuntos que estaban afectando la relación con México. Tras intensas deliberaciones, se llegó al consenso de que explotar aceleradamente las reservas petroleras mexicanas corría el riesgo de desestabilizar al país y era mucho más importante evitar un desenlace de esa naturaleza que tratar de reducir la de pendencia estadounidense de Medio Oriente o elevar la producción mundial. 4 El embajador Lucey, en gran medida, quedó marginado del proceso de revisión que tomó lugar en Washington entre 1978 y 1979 y cuyas recomendaciones quedaron plasmadas en el Memorando de Revisión Presidencial NSC-41.

En dicho documento de 120 páginas, cuyo preámbulo fue clasificado como

“secreto” y el resto como “confidencial”, se emitió una serie de recomendaciones que pasaron a ser las bases de la política hacia México en el resto de los cuatro años de la presidencia de Carter. En teoría, la relación con México tendría como bases el respeto y las consultas de alto nivel.

Acorde con la nueva actitud, Carter nombró a un coordinador especial para que se hiciera cargo de los asuntos mexicanos en el Departamento de

Estado,5 lo que en la práctica no tuvo importancia.

Pese a las aparentes buenas intenciones de Washington, de sacuer-dos en torno a los precios del gas y la negativa de López Portillo a continuar asilando al sha de Irán en México generaron tensiones que la administración Carter no supo cómo manejar. Al final de la presidencia de Carter, la relación no había mejorado, sino más bien empeorado. Emergieron diferencias de estilos diplomáticos entre los gobiernos. López Portillo adoptó posiciones fuertemente nacionalistas en su trato con Estados Unidos, lo que contribuyó al deterioro de la relación. López Portillo, como la mayoría de sus antecesores, jugó la carta antinorteamericana y pro cubana para ganar el respaldo de la izquierda nacional y prevenir que la oposición pro comunista desestabilizara a su gobierno. Cuando la administración Carter rehusó hacer concesiones en los precios del gas, López Portillo defendió apasionadamente los recursos energéticos del país de lo que tildó de conspiración norte americana para arrebatar a México su “patrimonio nacional”.

En sus memorias,6 López Portillo sostiene que Carter le dijo, sin testigos presentes, “que no temiera invasiones armadas o represalias”.7

Afirma que en reuniones privadas y entrevistas de prensa, de las que no hay constancias pública o documental, Lucey llamó “esquizofrénica” y

“paranoica” la política de la Casa Blanca frente al “México nuevo”.8

Sostiene que Lucey comentó que Carter “tiende a tener temor reverente por López Portillo como alguien más grande que su tamaño natural.” 9 El mandatario mexicano también asegura, sin dar pruebas, que Lucey renunció a su puesto de embajador en desacuerdo con las políticas de la Casa Blanca

sobre México.10

En entrevista de dos horas, Lucey disintió completamente del relato de López Portillo sobre hechos que le tocaron vivir y refutó los comentarios e interpretaciones que el mexicano le atribuye. El gobernador Lucey, como se

le conoce en Wisconsin, estado que gobernó antes de su misión en México, recordó con claridad los sucesos que mayor impresión le causaron durante los dos años y tres meses en que fue embajador. El recuerdo que tiene de otros asuntos, particularmente relacionados con la política estadounidense hacia México, fue menos preciso. Esto se debe, en parte, a su avanzada edad —93 años—, pero también a que no siempre fue parte del proceso de toma de decisiones y de las deliberaciones en Washington.

En 2003, debido al mal de Alzheimer que acogió a su esposa, Lucey se mudó con ella al Milwaukee Catholic House, un condominio residencial para personas de la tercera edad que necesitan atención permanente. Aún activo en la política de Wisconsin, el embajador Lucey pasa el tiempo leyendo, frente a la computadora y en el teléfono en la pequeña oficina en su departamento donde me recibió. La mayor parte de los libros, apuntes, fotografías y objetos memorables que acumuló durante su larga carrera política, incluida la misión en México, está almacenada en otra localidad.

Un elegante libro de arte mexicano es el único objeto a la vista que evoca a México. Cuando lo visité en abril de 2011, el embajador Lucey leía True Compass, las memorias del finado senador Kennedy. El embajador Lucey murió el 10 de mayo de 2014 en Milwaukee.

■

¿ Cuándo le propuso el presidente Carter ser embajador en México?

En septiembre de 1977 recibí una llamada de Jimmy Carter. Habíamos sido gobernadores simultáneamente y él no podía reelegirse por lo que decidió buscar la presidencia.

¿Qué le respondió?

Mi primera reacción fue decir: “No puedo creer que quiera que renuncie a una gubernatura para ser embajador”. Me había reelegido recientemente.

Me dijo: “Sé lo que hacen los gobernadores y lo que necesito que hagas en México es más importante”. Le pedí que me dejara pensarlo y así lo hice durante varios días. No estaba cerca de Carter. Jimmy y yo nunca tuvimos una relación estrecha, pero después de todo era el Presidente y cuando el presidente de Estados Unidos le pide a uno hacer algo, uno debe pensarlo dos veces antes de decir no. Finalmente, siete días después de haber

recibido la llamada del Presidente, llamé a Hamilton Jordan11 de Georgia, y le dije: “Ham, he decidido aceptar la oferta de Jimmy Carter, pero aún no puede hacerse pública”. Me dijo: “Bueno, en ese caso mantengámosla entre nosotros, y no se lo diga al Departamento de Estado porque lo filtran como cedazo”.

¿Por qué pidió mantenerlo en secreto?

Estaba tratando de sacar una importante reforma de nuestro sistema judicial aquí en Wisconsin. Era un proyecto complicado que inicié en 1971

cuando gané la gubernatura. El presidente de la suprema corte me pidió hacerlo. Habíamos sido amigos durante muchos, muchos años. La reforma iba a aparecer en la boleta electoral en abril de 1977, poco antes de recibir la llamada de Jimmy Carter. Ciertamente, no quería que se supiera que me iba a México. El hecho es que en la legislatura estábamos en vías de aprobar el presupuesto y sentí que si me iba a México y el presupuesto no había sido aprobado sería muy difícil que pasara con las recomendaciones que había propuesto. Así que me quedé en Wisconsin hasta que pude firmar el presupuesto. El Presidente me llamó en abril y no fue sino hasta julio que llegué a México.

¿Por qué lo seleccionó el presidente Carter?

No sé. Lo cierto es que nunca le pregunté, pero supongo que sabía que era muy activo en la Asociación de Gobernadores. Era presidente de los gobernadores demócratas. Pero nunca le pedí a Jimmy que me dijera exactamente por qué me eligió a mí entre los otros gobernadores en el país.

¿Tenía antecedentes que lo relacionaban con México o Lati noamérica?

Bueno, de hecho, antes de ir a México, pasé 33 meses en Puerto Rico durante la segunda Guerra Mundial, aunque no creo que Carter lo supiera.

Tampoco creo que supiera que tomé dos años de español en la preparatoria.

Tenía un gran interés en Latinoamérica. Es más, como gobernador, teníamos una relación de estado fraternal con Nicaragua y viajé un par de veces para allá.

¿ Sabe si durante la reunión en la Casa Blanca, de febrero de 1977, López Portillo y Carter hablaron de a quién nombrar embajador?

Santiago Roel era el secretario de Relaciones Exteriores12 durante casi

todo el tiempo que estuve en México y él y yo teníamos una relación muy buena. Era un abogado de Monterrey y en realidad no tenía mucha experiencia sobre política exterior. Roel y el presidente López Portillo habían estado en la Casa Blanca para esa visita y le dijeron a Carter que no querían un diplomático de carrera, que tampoco querían a un estadounidense con mezcla de otra nacionalidad, que querían a un estadounidense de veras que fuera un político. Es una buena definición de mi persona. Platicando una vez con Roel en México me dijo: “Nosotros te escogimos”, a lo que le respondí: “No veo cómo puedas decir eso si no me conocías cuando llegué”. “No importa, nosotros te seleccionamos.” Me contó la historia de cómo describieron a Carter las características del embajador que querían y desde luego yo lleno esa definición bastante bien. 13 Supongo que con base en esa conversación Carter decidió llamarme y preguntarme si aceptaría.

¿Complació a los mexicanos que el presidente Carter les hicie ra caso?

Bueno, después de estar en México un tiempo, el secretario de Relaciones Exteriores y yo nos hicimos muy buenos amigos y nos veíamos con mucha frecuencia. De hecho, un viernes estaba en su oficina y le dije:

“Santiago, es ridículo. Esta semana he estado en tu oficina todos los días y hay 65 embajadores en la ciudad de México. Desde luego, debes tener a un subsecretario o asistente o alguien que pueda ser asignado para ver los detalles más minúsculos que surgen en la relación entre Estados Unidos y México”. Me contestó: “Mantener buenas relaciones con Estados Unidos representa 80% de mi trabajo. No hay manera de que delegue ni una parte.

No hay nada de qué disculparte si tienes que venir a verme cinco días seguidos”.

¿Recibió instrucciones precisas de Carter antes de ir a México?

No creo. No recuerdo haber tenido una conversación con él en ese sentido. De hecho, creo que la juramentación me la tomó el vicepresidente Mondale.

¿Qué se proponía como embajador en México?

No tenía objetivos concretos. Fui a México por insistencia de Carter.

Con la perforación en aguas profundas, México se acababa de dar cuenta de que se estaba volviendo un importante exportador de petróleo y eso le

estaba dando una nueva imagen de sí mismo. Querían de embajador a un tipo con mis características y no a un diplomático de carrera de rutina.

¿Tenía acceso directo al presidente Carter en temas relacionados con México?

No mucho. Pude haberlo tenido, pero trabajé muy de cerca con Cy Vance14 y Warren Christopher. 15

¿Qué tan seguido se reunía con López Portillo?

Lo veía cuando quería, por general en Los Pinos. Italia16 era su intérprete. Era una mujer pequeña y se sentaba entre nosotros. Él, desde luego, hablaba en español y yo en inglés.17 Hacía la traducción simultánea y en ningún momento podía uno sentir que no estuviéramos hablando el mismo idioma. Era excelente. Mi personal bilingüe me dijo que no hacía trampa. Hacía un trabajo perfecto traduciendo lo que yo decía y lo que él decía. Una vez me preguntó: “¿Cómo va su español?” Respondí: “Muy mal”. Me dijo: “Qué bueno”. “¿Por qué bueno? Es vergonzoso”. A lo que dijo: “Oh no, si su español mejorara mucho, me quedaría sin trabajo”.

¿Podía reunirse con el presidente López Portillo cuando necesitaba o deseaba?

Sí, ciertamente. No recuerdo una vez en la que se negara a verme.

¿Qué tipo de asuntos lo llevaban a pedir audiencia con él?

No recuerdo. Fui a Los Pinos varias veces. Nunca se me negó acceso al Presidente o a Los Pinos.

¿Cuando pedía audiencia con López Portillo lo hacía por iniciativa propia o por solicitud de Washington?

Creo que por lo general era mi propia iniciativa.

López Portillo dice en sus memorias que en una conversación con él, usted se refirió a la “esquizofrenia de la Casa Blanca” 18 frente a México y que Carter se sentía intimidado por el aura intelectual de López Portillo.

¿Recuerda haber tenido esas conversaciones?

Me resulta difícil imaginarme haber tenido ese tipo de conversaciones porque ciertamente el papel de un embajador no es degradar a su presidente.

También dice que usted declaró ante la prensa que Carter “tiende a tener temor reverente por López Portillo como alguien más grande que su tamaño natural” y que esto contribuyó a la “paranoia” que existía en la Casa Blanca respecto a México. 19 ¿Fue así?

No me suena. Cuando vivía en México, López Portillo me honró con la condecoración más alta conferida a un extranjero: la Orden del Águila Azteca. Es probable que también se la hayan dado a muchos otros embajadores estadounidenses.

Durante su gestión en México, ¿con quién trataba en Washington?

Sobre todo con Cyrus Vance. Cy y yo teníamos una muy buena relación.

Su renuncia como secretario de Estado tuvo que ver con los esfuerzos de Carter para rescatar a los diplomáticos que habían sido tomados como rehenes en Teherán. Desde luego fue un desastre. Cy le manifestó a Carter que estaba en desacuerdo con sus intentos de rescatarlos. Le dijo que planeaba renunciar y que, independientemente de si el rescate resultaba un éxito o un fracaso, su renuncia iba a tomar efecto después del hecho. No quiso renunciar en el transcurso de la crisis.

¿Qué recuerda de la visita de Estado de Carter a México en febrero de 1979?

Me comuniqué con la Casa Blanca y les dije que la tradición en México en las visitas de Estado era ofrecer una cena en honor del visitante, y que el visitante —en este caso nosotros— debía responder de inmediato con una cena de reciprocidad en honor del presidente mexicano. La persona con la que hablé en la Casa Blanca —no era Carter— me informó que estaban tratando de economizar y que si bien aceptarían la hospitalidad de los mexicanos, no habría reciprocidad. En ese caso, dije, yo en calidad de embajador ofreceré una cena en honor de ambos presidentes y ésa será la respuesta de Estados Unidos. La otra cosa que les dije era que los mexicanos esperaban que cuando vinieran tuviéramos algún tipo de evento que fuera bicultural. La persona con la que estaba lidiando en Washington me sugirió que una carne asada Tex-Mex era bicultural. Bueno, el caso es que los mexicanos le tienen aversión a Texas. No les gusta que Texas haya sido parte de México, que se haya separado y que no tomara parte de la guerra méxico-americana. Fue una acción autónoma de Texas, pero por eso es que los mexicanos no le tienen alta estima.

¿Entonces qué hicieron?

Lo que hicimos fue traer a Leonard Bernstein, el director de orquesta de Nueva York, para que estuviera en la visita de Estado en México. La señora López Portillo, quien también daba conciertos de piano, había formado una orquesta en México con un fuerte componente de estudiantes de la prestigiosa escuela de música Julliard de Nueva York. Así que arreglamos que Bernstein viajara de Nueva York a México y dirigiera la orquesta sinfónica de la señora López Portillo. Fue todo un éxito. Asistió el cuerpo completo de embajadores y la gente más importante del gobierno mexicano.

Fue en Bellas Artes. La cena para los dos presidentes se realizó en la residencia del embajador y en la mesa de honor nos sentamos Bernstein y su hija, Jean, mi esposa y yo.

En sus memorias, López Portillo, quien era amante de la música clásica, dice que Carter se molestó por la conversación que tuvo sobre música —incluidos tangos— con el director Bernstein durante el banquete. 20 ¿Se quejó Carter de sentirse excluido?

No recuerdo. Lo que pasó es que en la mesa de honor, Bernstein cantaba canciones de amor en español y como el presidente López Portillo también conocía las canciones se unía haciendo coro. Tengo la impresión de que la escena de los dos cantando molestó a la señora Carter porque Jimmy no podía participar.

López Portillo también dice en sus memorias que a última hora Carter cambió el discurso que iba a pronunciar en el banquete ofrecido por Estados Unidos y que presuntamente Alan Riding21 ayudó a redactar la

nueva versión. 22 ¿Se acuer da por qué?

No recuerdo que Carter haya cambiado el discurso. Alan Riding hubiera sido despedido del The New York Times.

Lo más memorable de la visita de Carter fue su comentario sobre la venganza de Moctezuma que lo aquejó en un viaje previo a México.

Fue un comentario muy desafortunado. La economía mexicana depende mucho del turismo y lo último que necesitaba era que el presidente de Estados Unidos se pusiera a hablar de la venganza de Moctezuma.

¿Cuáles eran los temas que más preocupaban a Estados Unidos

durante la visita de Estado?

A México le entusiasmaba mucho que la perforación en aguas profundas lo había convertido en un importante exportador de petróleo. La posibilidad de vender petróleo y gas natural a Estados Unidos era motivo de gran orgullo para ellos.

¿Se acuerda de la visita de López Portillo a Washington en septiembre de 1979?

No me acuerdo gran cosa de esa reunión.

Se decía que Washington presionaba a México para que aceptara vender gas natural a bajos precios y que Estados Unidos, a su vez, ponía presión en otros temas como la exportación de jitomate y la inmigración ilegal para obtener concesiones de México.

No me acuerdo. Todo era muy positivo. No creo que hubiera habido conflicto entre México y Estados Unidos sobre ese tema. Ellos estaban felices de vendernos y nosotros de comprarles.

Cuando estuvo en México, ¿cómo vivió las expresiones tradicionales de antiamericanismo?

Bueno, por ejemplo, hablamos de la guerra entre México y Estados Unidos. En los libros de texto escolar, no se le conoce como guerra entre México y Estados Unidos, sino como la “guerra injusta”. Los cadetes del Castillo de Chapultepec prefirieron morir que ser capturados por los americanos. Y cuando la gente pregunta a los americanos por qué continuaron con la guerra hasta llegar a la ciudad de México, responden que tuvieron que llegar tan lejos para encontrar a alguien que pudiera firmar un tratado de paz. Los motivos que dieron lugar a la guerra parecen un tanto débiles. No está claro si el personaje que, según nosotros, cruzó Estados Unidos realmente entró o no, pero bajo ese argumento, bastante débil, declaramos la guerra a México. El resultado fue que terminamos usurpando la mitad de su territorio y al abarcar California tomamos parte de sus mejores tierras.

¿Experimentó de manera personal ese resentimiento?

El secretario de Relaciones Exteriores y yo hablamos sobre el tema. No creo que después de tantos años siguiera habiendo rencor. Fue la “guerra

injusta” y el secretario me platicó de esos cadetes que se tiraron del despeñadero.

¿Sintió desconfianza?

Creo que desde su punto de vista todo eso era parte de una vieja historia superada. Creo que teníamos una muy buena y amistosa relación con México.

¿Se molestó Carter cuando López Portillo rechazó el regreso a México del sha de Irán en 1979?

Algo me acuerdo de eso. No creo que haya sido un gran problema, pero si es cierto…

En sus memorias, López Portillo dice que cuando el vicepresidente Mondale visitó México23 le pidió comunicar a Cuba que Estados Unidos vería “muy grave si Cuba fuera a fortalecer su presencia en Angola”.

¿Cuando fue embajador dependía Estados Unidos de México para enviar mensajes a Cuba?

No me acuerdo. Sí me acuerdo que un día el canciller me mandó llamar y cuando llegué me dijo: “El Presidente y yo vamos a viajar a China24 y van ofrecer una cena de Estado en nuestro honor. Nos vamos a reunir con el presidente chino y quiero saber si hay algún mensaje que pudiéramos transmitirles a los chinos de parte de Estados Unidos”. Le dije que iba a checar. Llamé a Washington y hablé con Zbigniew Brzezinski. 25 Me dijo:

“Cielos, nuestra relación con China es tan delicada en estos momentos que lo último que necesitamos es que los mexicanos se metan”. Le dije que no era una buena respuesta para el canciller. Me dijo: “Tienes razón. Entonces dile al canciller que simplemente no hay tiempo para redactar una declaración apropiada, pero cuando regrese de China, iré a México para que pueda darme un informe sobre el viaje a China”. Se lo comuniqué a Santiago Roel y le pareció bastante aceptable. Y, en efecto, cuando regresaron de China, Brzezinski voló a México y visitó el piso 20 de la cancillería y el canciller le dio un buen informe sobre la misión a China.

López Portillo dice que envió a Roel a Cuba a transmitir el mensaje de

Mondale. 26

No, no me acuerdo de esa parte. Me reuní con Mondale en Washington

y me dijo que había estado en Canadá y que insistieron en que diera un discurso. Me confesó que no había gran cosa en la relación de Estados Unidos con Canadá por lo que era difícil dar un discurso, pero que terminó haciéndolo. “Ahora voy a ir a México —me dijo— y tenemos muchos temas y me gustaría poder dar un discurso cuando esté allá”. Le respondí que sería fácil. Le dije que organizaría un almuerzo en el Hotel Presidente con gente de alto nivel del gobierno y el cuerpo diplomático. Le comenté que, para efectos de planear su viaje, el presidente de Israel acababa de visitar México y que el embajador israelí y yo éramos buenos amigos, por lo que le pediría que me proporcionara una copia de los apuntes que preparó en anticipación al viaje de su presidente, pues seguramente habría algunas ideas que le pudieran servir. “Me parece muy pertinente, pues entiendo que el presidente de Israel también tiene un puesto ‘peor es nada’ ”. Mondale consideraba la vicepresidencia una posición “peor es nada”.

¿La cercanía de México con los sandinistas era tema en la relación?

No me enteré de algún conflicto en torno a Centroamérica.

Cuando fue embajador se dieron una serie de visitas de alto nivel, desde Mondale hasta Vance. ¿Siempre participó usted en las reuniones que tenían con los mexicanos?

Sí, casi siempre. La Embajada de Estados Unidos era la más grande del mundo en cuanto a personal. No teníamos militares en México. Si uno toma en cuenta nuestra presencia militar en otros países, entonces no era la más grande. Pero exceptuando a los militares, en la ciudad de México teníamos el personal más numeroso de cualquier otra embajada en el mundo. Bajo mis órdenes, tenía más personal del Departamento de Agricultura que de Estado.

¿Por qué?

Porque teníamos muchos asuntos relacionados con la agricultura. Por ejemplo, había un insecto que podía ser devastador para la ganadería.

Estados Unidos había encontrado la manera de lidiar con él, pero México no. Hablé con gente en el Departamento de Agricultura en Washington y llevamos a México la solución al problema.

¿Estaba en contacto con grupos no gubernamentales en México?

En ese entonces había 50 000 ciudadanos estadounidenses viviendo en la ciudad de México y creo que los decepcioné porque creían que el embajador debería cumplir el papel de una especie de alcalde extraoficial.

Sin embargo, necesitaba de todo mi tiempo para tratar asuntos con el gobierno mexicano. Probablemente no socialicé con la comunidad estadounidense tanto como ella hubiera querido, especialmente con la comunidad empresarial.

¿Tomó parte en la revisión política sobre México que se llevó a cabo bajo la administración Carter y que dio lugar al Memorando Revisión Presidencial de 1978 NSC-41?

No me acuerdo gran cosa.

¿Participó en la reunión de alto nivel con Carter en mayo de 1977 en la Casa Blanca donde surgieron dudas sobre el programa bracero 27 y la propuesta para dar algún tipo de amnistía a los seis u ocho millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos?

No me acuerdo. Recuerdo el programa bracero, pero no me acuerdo si hubo dudas…

Los departamentos de Agricultura y de Justicia estaban impulsando la idea de un programa tipo bracero que terminó siendo rechazado por la Casa Blanca. ¿Sabe por qué?

Me acuerdo del programa bracero, pero no de que la gente de Carter lo haya rechazado.

¿Era México una alta prioridad en la agenda de política exterior estadounidense en esa época?

Creo que sí. No creo que me habrían pedido renunciar a la gubernatura de Wisconsin si Carter no hubiera considerado que México era una alta prioridad. Creo que era muy importante. La visita de Carter fue un gran acontecimiento y Cy Vance visitó Méxi co dos o tres veces durante el tiempo en que fui embajador.

¿Por qué México representaba una alta prioridad?

Por el petróleo y el gas. Creían que México estaba atravesando por un proceso de maduración, y creo que Cy Vance entendía bien eso y hacía todo lo que podía para ayudar. La sensación era que, después de todo, México

estaba al lado y no era parte de Medio Oriente. Esto era muy importante en el marco general de nuestra seguridad y nuestras necesidades de energía importada.

¿Se creía que México tenía el potencial de ser una reserva energética estratégica para Estados Unidos en tiempos en que crecía la inestabilidad en Medio Oriente?

Creo que sí. Así es.

¿La Casa Blanca veía una conexión entre la seguridad nacional de Estados Unidos y la estabilidad interna de México?

Así es, pero no recuerdo alguna instancia precisa en que Carter y yo hayamos hablado del tema. Creo que sentían que era importante tener un México próspero y pacífico para efectos de nuestra seguridad.

¿Hubo conversaciones en que Estados Unidos compartiera este tipo de inquietudes con el gobierno mexicano?

Ojalá pudiera decir que recuerdo esas conversaciones, pero no puedo.

¿En esa época quién decidía la política estadounidense hacia México?

Creo que Cy Vance tenía mucho que ver.

¿Y Brzezinski?

A él no lo vi tanto como a Cy Vance.

¿Y a Robert Pastor? 28

Me acuerdo de Bob Pastor.

¿Trató con él?

Sí, traté con él. No me hubiera acordado de él si no lo menciona, pero él y yo éramos buenos amigos. Tuve contacto con él.

¿Preocupaba la larga permanencia del PRI en el poder?

Realmente, no. Creo que en ese momento era aceptada.

¿Sabe por qué despidió López Portillo a Roel en mayo de 1979 en la víspera de la visita de Fidel Castro a Cozumel?

Roel visitó la frontera. Nunca supe qué hacía allá, pero se quedó bastante tiempo. Cuando regresó fue despedido y nunca pude averiguar por

qué. Después, sentado en su casa en bata, me decía: “Aún no entiendo por qué mi mejor amigo me corrió”. Cuando ya no era embajador, lo visité y todavía estaba deprimido desperdiciando la vida. Por fin, le dije que tenía que parar y regresar a practicar leyes. Mucho después me comentó: “Me salvaste la vida”.

¿Se llevaba bien con Jorge Castañeda de la Rosa, 29 el sucesor de Roel?

Nos llevábamos bien, pero era un tipo diferente. Su esposa era rusa.

Creo que era más de izquierda que Santiago. No recuerdo que hayamos tenido algún conflicto, pero no me sentía tan cómodo con él como con Santiago. Su hijo,30 por cierto, era un tipo brillante. Lo conocí. Nos llevamos bastante bien. Lo relaciono con Bob Pastor; eran buenos amigos.

López Portillo dice en sus memorias que usted renunció a su posición de embajador debido a desacuerdos con la política hacia México de la Casa Blanca.

No creo.

¿Cuándo empezó a considerar su renuncia?

Creo que tuvo que ver con los planes de Ted Kennedy31 para contender por la presidencia. Cuando parecía haber una opción entre Ted Kennedy y Carter para presidente, ciertamente pensé que Kennedy sería mejor opción.

¿Lo decepcionó Carter?

Sí, me decepcionó mucho su manejo de la situación de Irán al igual que a Cy Vance. Cy renunció a su puesto. Carter mostró su falta de buen criterio. Carter ahora es mejor ex presidente de lo que fue como presidente.

¿Volvió a ver a López Portillo después de dejar la presidencia?

Sí, recuerdo haberme reunido con él, ya sin Italia como intérprete. Yo trataba de hablar en mi mal español y él en su mal inglés. Quedé maravillado con lo bien que pudimos comunicarnos. No me acuerdo de cuál fue la ocasión. Tenía muy buena impresión de él. Después de dejar la presidencia se divorció.

¿Tuvo oportunidad de conocer a Julián Nava, su sucesor?

Creo que para entonces, a pesar de lo que había dicho el presidente de México en cuanto a querer a un embajador estadounidense que no fuera

mezcla de otra nacionalidad, Carter de veras sintió que tenía que nombrar a alguien con conexión mexicana. Un latino.

¿Y a John Gavin?

Se le conocía por las películas. Me topé con Santiago Roel y me dijo:

“¿Qué le pasa a Washington? Nos van a mandar a un actor de cine de embajador”. “¿Qué esperabas? Tenemos de presidente a un actor”, respondí.

¿Considera la experiencia mexicana parte especial de su larga vida?

Sí, sí la considero, y me da gusto haberlo hecho. Estaba listo a contender por un tercer término como gobernador. Hasta tenía algo de fondos en el banco para la campaña, pero una de las cosas que me convencieron de aceptar la oferta de Carter era que tenía cuatro o cinco grandes proyectos cuando asumí la gubernatura y todos los había realizado.

Si hubiera anunciado mi intención de contender por tercera vez y un reportero inteligente me hubiera preguntado: “Bueno, ¿cuál es su programa para los próximos cuatro años?”, no hubiera tenido mucho que decir.

¿Tuvo sentimientos encontrados cuando salió de México?

Sí, tuve sentimientos encontrados. Mi relación con este hombre que sustituyó a Roel —Jorge Castañeda de la Rosa— no era como con Roel.

Santiago y yo nos volvimos una especie de amigos. Recuerdo una vez que dije en broma que no sabía si debería unirme a Carter en la cuestión de la entrega del Canal de Panamá. Obviamente no iba a argumentar con el Presidente sobre la entrega del Canal de Panamá. Le dije a Roel que el problema era que si le regresábamos el canal a Panamá entonces ustedes iban a querer que les regresáramos todo su territorio. Roel dijo que tomarían California, pero le respondí que no podían tener California sin llevarse Texas. “Entonces no hay acuerdo”, me dijo.

¿Cuál considera que fue su principal logro en México?

Bueno, creo que contribuí mucho en hacer que la visita de Carter fuera un éxito. Me necesitaban en eso. Corregí la negativa a tener una cena de Estado y la idea que tenían de lo que era un acto bicultural. Creo que contribuí bastante a que el viaje fuera un éxito. Lo contrario hubiera sido una desgracia.

¿Disfrutó su asignación e n México?

Sí, sí la disfruté. Si alguien me preguntara qué hubiera preferido, ser embajador o ser gobernador, habría dicho que gobernador. Pero prefiero haber sido ambos que uno solo.

PATRICK J. LUCEY nació el 21 de marzo de 1918 en La Crosse, Wisconsin.

En 1949, tras egresar de la Universidad de Wisconsin, en Madison, sirvió en la asamblea estatal de ese estado. Fue presidente del Partido Demócrata estatal y en 1960 apoyó activamente la contienda presidencial de John F.

Kennedy. Fue electo gobernador de Wisconsin en 1971 y reelecto en 1974.

En mayo de 1977, el presidente Jimmy Carter lo nombró embajador en México. Tres meses después, presentó cartas credenciales. El 31 de octubre de 1979 renunció a su puesto de embajador para regresar a Estados Unidos y respaldar la precandidatura presidencial del senador demócrata Edward M. Kennedy. El hecho marcó su rompimiento con Carter. Lucey fue condecorado por el gobierno de López Portillo con la medalla Orden del Águila Azteca, el máximo honor que el gobierno mexicano concede a ciudadanos extranjeros.

Durante los 27 meses que Lucey se desempeñó como embajador, México firmó una carta de intención por seis años con seis compañías americanas para venderles gas; Carter realizó una visita de Estado a México; México rompió relaciones diplomáticas con Nicaragua; Fidel Castro fue recibido por López Portillo en Cozumel, y el gobierno mexicano aceptó asilar al sha de Irán, pero le negó la entrada cuando trató de regresar después de un tratamiento médico en Texas. En su informe a la nación de 1979, López Portillo anunció que las reservas de petróleo y gas habían aumentado 12.5% en los ocho meses previos. El mismo año, López Portillo visitó Washington para sostener pláticas sobre energía e inmigración.

NOTAS

1 El documento Presidential Review Memorandum NSC-41, Review of the U.S. Policies Toward

Mexico (Memorando de Revisión Presidencial NSC-41, Revisión de las Políticas de EU hacia

México), fechado el 29 de noviembre de 1978, fue parcialmente desclasificado por la Junta de

Gobernadores de la Reserva Federal el 19 de junio de 2009, en respuesta a petición interpuesta por la

autora bajo la Ley para la Libertad de Información (FOIA) de Estados Unidos. La cita aparece en la

introducción titulada U.S. Interests and Key Issues, p. 1.

2 Presidente de México, 1976-1982; murió en 2004.

3 Presidential Review Memorandum NSC-41, ibid.

4 Jorge G. Castañeda y Robert A. Pastor, Límites en la amistad. México y Estados Unidos (Joaquín

Mortiz/Planeta, 1989), p. 139.

5 Robert Krueger, embajador plenipotenciario y coordinador de asuntos mexicanos, 1979-1981.

6 José López Portillo, Mis tiempos (Fernández Editores, 1988), p. 811.

7 Ibid., p. 811.

8 Ibid., p. 689.

9 Ibid., p. 815.

10 Ibid.

11 Jefe de Gabinete de Carter, 1977-1980; murió en 2008.

12 Secretario de Relaciones Exteriores, 1976-1978; murió en 2001.

13 Lucey es católico de ascendencia irlandesa.

14 Secretario de Estado de Carter, 1977-1980; murió en 2002.

15 Subsecretario de Estado de Carter, 1977-1981; murió en 2011.

16 Italia Morayta.

17 Se decía que la imposibilidad de Lucey para hablar castellano “contribuyó a aislarlo de los

mexicanos que no hablaban inglés”, Richard D. Lyons, The New York Times, 26 de agosto de 1980;

sección B, p. 6.

18 José López Portillo, Mis tiempos (Fernández Editores, 1988), p. 689.

19 Ibid., p. 815.

20 Ibid., p. 815.

21 Corresponsal en México de The New York Times, autor de Distant Neighbors (Vintage, 1984).

22 Ibid., p. 814.

23 El 21 de enero de 1978, el vicepresidente Mondale viajó a México para entrevistarse con López

Portillo.

24 En octubre de 1978, López Portillo realizó una gira por China, Japón y las Filipinas.

25 Asesor de Seguridad Nacional de Carter, 1977-1981.

26 José López Portillo, Mis tiempos (Fernández Editores, 1988), p. 685.

27 Acuerdo diplomático bilateral para la contratación de trabajadores temporales mexicanos en

Estados Unidos, 1942-1967.

28 Asesor de asuntos latinoamericanos en el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, 1977-1981.

29 Secretario de Relaciones Exteriores, 1979-1982; murió en 1997.

30 Jorge G. Castañeda, secretario de Relaciones Exteriores, 2001-2003.

31 Senador demócrata de Massachusetts, Edward Kennedy; murió en 2009.

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