Bajo bandera negra
Prefacio y agradecimientos
David Cordingly
Bajo bandera negra
La vida entre piratas
ePub r1.0
Titivillus 18.10.15
Título original: Life Among the Pirates
David Cordingly, 1995
Traducción: Margarita Cavándoli
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
Para Matthew y Rebecca.
PRE FACIO Y AGRADECIMIENTOS
EN MAYO DE 1992, en el National Maritime Museum de Londres se inauguró la exposición titulada Pirates: Fact and Fiction (Piratas: realidad y ficción). Estaba previsto que duraría cuatro meses, pero fue tan popular que permaneció abierta al público a lo largo de tres años. La organizamos mi colega John Falconer y yo, con la ayuda de muchos miembros del personal del museo y el apoyo de una gran cantidad de colaboradores. La muestra incluía objetos de la ciudad pirata sumergida de Port-Royal, en Jamaica; la patente de corso del capitán Kidd, procedente de la Oficina de archivos públicos; excelentes retratos de Robert Louis Stevenson y William Dampier cedidos por la National Portrait Gallery; el manuscrito de El corsario, de Byron; el traje de Peter Pan que Pauline Chase lució en la obra de teatro estrenada en Londres en 1909, y los disfraces de piratas que Dustin Hoffman y Bob Hoskins llevaron en Hook, el capitán Garfio, la película de Steven Spielberg; la copia del apuntador de The Pirates of Penzance, con anotaciones al margen de W. S. Gilbert; piezas de a ocho, ducados y doblones procedentes del British Museum, así como cartas marinas, armas, cuadernos de bitácora, modelos de barcos y diarios de bucaneros que nos prestó el National Maritime Museum.
Quizá debido a la gran repercusión del evento, Suzanne Gluck, de la agencia literaria neoyorquina ICM, me propuso escribir un libro para contrastar la imagen ficticia de la piratería con la realidad. Quiero agradecer a Suzanne el haberme mostrado el camino hacia un proyecto muy agradable, y también deseo hacer constar que estoy en deuda con Ann Godoff, mi editora en Random House, que me convenció de convertir el primer manuscrito en un libro que, espero, cuente con un público más amplio que el de los lectores interesados en la historia marítima. Deseo expresar mi agradecimiento a Alan Samson y a Andrew Gordon, de Little, Brown, mis editores en Inglaterra, por ayudarme a aclarar ideas en diversos aspectos. También deseo manifestar mi gratitud a Giles O’Bryen, Clinton Black, Gillian Coleridge, John Falconer, Enrica Gadler, William Gilkerson, Alec Herzer, Helga Houghton, Kevin McCarey, David Marley, Julia Millette, Dian Murray, Peter Neill, Richard Pennell, Linda Silverman y Norman Thrower, así como al personal de la Biblioteca del Congreso, la British Library, el Instituto de Jamaica, la London Library, la Oficina de archivos públicos y a mis antiguos compañeros del National Maritime Museum. Por encima de todo, deseo dar las gracias a mi esposa y a mi familia por su aliento, sus consejos y las múltiples propuestas que hicieron durante la preparación de esta obra y la exposición que la precedió.
Las fuentes empleadas en el texto figuran en las notas y la bibliografía del final, si bien tengo una deuda particular con cuatro obras que recomiendo a todo aquel que desee abordar este tema en profundidad. La primera es Captain Kidd and the War Against the Pirates, de Robert Ritchie, que sin duda es la obra más rigurosa y documentada que se ha escrito sobre la vida de un pirata. La segunda es Between the Devil and the Deep Blue Sea, de Marcus Rediker. Además de las revelaciones sobre la vida del marinero corriente, la obra incluye un penetrante análisis de los piratas angloamericanos a comienzo del siglo XVIII. La tercera es The Sack of Panama, de Peter Earle, que incluye un relato trepidante y equilibrado de las expediciones de sir Henry Morgan y se basa en investigaciones de los archivos españoles. La cuarta es The Wooden World, de Nicholas Rodger que, aunque apenas menciona a los piratas, ofrece un retrato extraordinario sobre el modo de actuar de la Marina real y lo que sucedía tanto en cubierta como debajo. Al citar manuscritos y libros impresos de los siglos XVII y XVIII, he seguido el ejemplo de Rodger y empleado la ortografía, la puntuación y las mayúsculas modernas. Sólo he transgredido esta regla cuando me pareció que la grafía original y el empleo de abreviaturas ofrecían información
adicional sobre el escritor y las circunstancias en las que redactó el documento.[0]
D. C.
Brighton, Sussex,
febrero de 1995