Calendario
Rosal Chino
Siempre que llueve
me acuerdo del cómo, del cuándo y del por qué de tu rescate:
yo estaba en Jumbo buscando la sección carnicería y me perdí en el laberinto de Knossos de los detergentes
sin más ariadna que mi carrito;
un teseo que andaba por allí,
y que no soltaba hebra,
me aventuró con el dedo la remota salida pero no la encontré,
así es que harta de dar vueltas
al menhir de los mistoles
y de tropezarme cada dos por tres con el mentado teseo
—mucho hilo y mucha ariadna y, a la hora de la verdad, tampoco sabía salir, el muy fantasma—, me alejé y me alejé
hasta que ya no pude alejarme más
porque me topé de bruces con el minotauro, una gorda que iba a meterte a ti,
al cautivo más apuesto que habían visto nunca mis ojos, entre las rejas infames de su cuadriga; la lucha,
como cuentan los cronicones,
fue breve y fue a muerte
y en ella perdí francamente la educación, pero al final gané el torneo, rosal.
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