Comedias I
La crítica política
El tipo de versificación puede cumplir también una función cómica por la incongruencia entre la nobleza de la forma y la vulgaridad del mensaje con ella transmitido. La comicidad también surgía de las condiciones de la representación, entre las que están la forma de declamar, el vestuario y la escenografía.
Se debe a A. López Eire[48] el mejor estudio de conjunto de la lengua de la comedia aristofánica, ante todo, por haber puesto de relieve su subordinación al efecto cómico y a los condicionamientos propios del humor verbal. En segundo lugar, por su esfuerzo por definir dentro de la evolución del ático el puesto ocupado por la lengua propiamente aristofánica y, por último, por haber tratado de contrastar ésta con las distintas variedades lingüísticas que maneja nuestro autor. Aristófanes no sólo sabe descender a los bajos fondos del lenguaje, sino elevarse a sus más excelsas cumbres y moverse también por los meandros de la exquisitez más alambicada.
La crítica política
Que Aristófanes hace crítica política en sus comedias, es algo que parece obvio. Lo que ya no está tan claro es el punto de vista desde el que esa crítica, aparentemente tan feroz, se emite, ni la finalidad de la misma, ni los efectos
con ella conseguidos[49]. Las opiniones de los filólogos en cuanto a su filiación política —por llamarla de algún modo— discrepan. Para Th.
Kock[50] [51] [52] , L. Whibley y A. Couat Aristófanes es un simpatizante de la nobleza. En cambio, la filología marxista (Hosek, Stark) le considera un paladín del ideal democrático, aunque reconozca que, al pasar los años, se patentice su desengaño sobre el funcionamiento de las instituciones políticas.
Pero tanto Isolde Stark[53] [54] , como Helmut Schareika le hacen desempeñar a Aristófanes un papel como paladín de las tendencias «progresistas» que dista
mucho de corresponderle. Otra tendencia interpretativa (Perrotta[55],
Gomme[56]), también exagerada, le niega cualquier ideología política, al considerarle tan sólo como un genial poeta cómico, desprovisto de un ideario político definido.
Sin embargo, puede afirmarse, con la seguridad de acertar, que Aristófanes en ciertos respectos sí tema ideas claras. Por ejemplo, se pone sin reservas de parte de las ciudades explotadas por la presión tributaria de Atenas, rechaza el expansionismo imperialista de su ciudad y se declara un firme partidario de hacer la paz con Esparta, sin que eso signifique que sea un pacifista en el sentido moderno del término, ni tampoco un derrotista, como estima Rostagni. No se le pasa por la cabeza poner en duda que, llegado el momento, el ciudadano debe empuñar las armas en defensa de la patria y de la democracia, pero le duele la continua guerra entre hermanos, cuando los griegos debieran unirse y cerrar filas, como en las Guerras Médicas, contra el enemigo común: los persas.