Cuentos goticos
Prólogo
El cadáver leproso en quien puso sus manos
este espíritu tierno se evapora
en flores de dulcísima fragancia;
igual que encarnación de las estrellas,
cuando los esplendores se cambian en aroma,
iluminan la muerte y hacen burla
del alegre gusano que abajo se despierta;
no, lo que conocemos nunca muere.
¿Será todo eso igual que una espada fundida
por un ciego relámpago a orillas de su vaina?
Un momento destella el átomo violento
y luego se disipa en helado reposo.
P. B. Shelley.— Adonais, XX
Mary Shelley, nacida en 1797, fue el fruto de la pareja de pensadores más radicales de la Ilustración inglesa. Su padre, William Godwin, además de ser autor de novelas en la tradición gótica como St Leon y Caleb Williams, escribió un ensayo titulado Political Justice, donde exponía una visión utópica de la sociedad basada en principios revolucionarios. Su madre, Mary Wollstonecraft Godwin, autora de Vindication of the Rights of Woman —la más ardiente defensa de la educación de las facultades femeninas en aquella época—, murió a los diez días de haber dado a luz a su hija, a causa de fiebres puerperales. William, al cabo de un año de la muerte de su esposa, comenzó la búsqueda de una nueva mujer que asumiese los asuntos domésticos; y la encontró en Mary Jane Clairmont, que se convirtió así en la nueva Mrs. Godwin.
A pesar de los principios radicales de sus progenitores, Mary nunca estuvo escolarizada y aprendió a leer y a escribir en su propia casa mediante el método compuesto por su madre — Ten Lessons—, impartido por Louisa Jones. Además, la autora de Frankenstein tenía acceso a la magnífica biblioteca de su padre, y a las conversaciones que éste mantenía con visitantes ilustres como Wordsworth, Coleridge, Lamb, etc. Así, en una de estas veladas escuchó en boca del propio Coleridge La rima del anciano marinero. Todo esto contribuyó a estimular su imaginación y a reforzar su inclinación por la ensoñación: «… mis sueños me pertenecían por completo; eran mi refugio cuando estaba aburrida, mi mayor placer cuando me encontraba bien», escribió en su introducción a la edición de 1831 de Frankenstein.
En 1812, de regreso de un viaje a Escocia, conoce a Percy Bysshe Shelley durante una cena celebrada en casa de Godwin, a la que el poeta había acudido acompañado de su mujer, Harriet Westbrook. Poco tiempo antes había escrito una carta de presentación al padre de Mary en la que se reconocía discípulo del filósofo. Dos años después, Shelley frecuentaba a diario la casa de los Godwin y acompañaba a Mary en sus paseos a la tumba de Mary Wollstonecraft, ante la cual se declararon su amor mutuamente.
Godwin, al tener noticia de la relación, la desaprobó. Entre tanto, la infeliz Harriet se suicidó, contrariada por los amoríos del poeta, ahogándose en La Serpentina. Un día de julio de 1824 huyeron los dos amantes de la casa paterna, llevándose consigo a Jane Clairmont. Viajaron por Francia y Suiza, hasta que los problemas les obligaron a regresar a Inglaterra al mes siguiente. Durante el viaje, con la presencia estimulante de Shelley, Mary se afirmó en su decisión de emprender la carrera literaria… El diario que escribió durante aquellos días sirvió de base para su History of a Six Weeks Tour Through a part of France, Switzerland, Germany, and Holland; with Letters descriptive of a Sail round the Lake of Geneva, and of the Glaciers of Chamouni. Las descripciones del paisaje contenidas en el libro son la percepción de un espectador de la naturaleza construida con las categorías estéticas de lo sublime, lo bello y lo pintoresco.
Mary está de vuelta en Londres en septiembre, y durante el invierno queda embarazada; en ese tiempo Jane y Percy se hacen amantes. A cambio
Percy animó a su amigo Thomas Hogg a hacer el amor con Mary y a ésta a que aceptase los cuidados de su amigo durante el embarazo, ya que él estaba ocupado en la otra relación, cosa que no agradaba excesivamente a la futura autora de Frankenstein. La primera hija de Shelley nació prematuramente y sólo consiguió sobrevivir hasta el mes siguiente, hecho que afectó profundamente a la madre, conduciéndola a una depresión anímica. Jane, que adoptó el nombre más poético de Clara, se vio finalmente obligada a dejar la relación amorosa con Percy y a emprender la búsqueda de un nuevo poeta; lo encontró en el más famoso de aquellos días: Lord Byron, quien en 1816 viaja a Suiza. Claire convence a la pareja Shelley para que la acompañen en su viaje a Ginebra, donde se reunirían con Byron. En junio los Shelley se instalan en una casa situada en las orillas del lago de Ginebra, cerca de la casa donde viven Byron, su médico Polidori y sus criados. Los dos poetas se hacen amigos inmediatamente.
Durante la noche del 16 de junio, Mary tuvo una pesadilla que dio origen a una de las historia de terror más logradas del XIX: Frankenstein, o la creación de un ser vivo a partir de la materia muerta. Esta obra, que dio un nuevo impulso a la tradición gótica en la novela, apareció por primera vez en 1818. Mary escribió también otras novelas, como Mathilda, Valperga, El último hombre, The Fortunes of Perkin Warbeck, Lodore, Falkner, y cinco volúmenes de Vidas de escritores italianos, españoles, portugueses y franceses. En 1819 murió de paludismo su hijo William, a la edad de tres años, y en ese mismo año nació también el único de sus hijos que sobrevivió: Percy Florence. Tres años más tarde murió su marido, ahogado en medio de una tormenta. Al año siguiente de la muerte del poeta, Mary regresó junto con su hijo a Inglaterra, quien constituyó su apoyo emocional durante el resto de su vida, tras las desilusiones sentimentales y la mala suerte a la que había estado sometida. Mary Shelley murió, a la edad de 53 años, en 1851, y enterrada en el cementerio de san Pedro, en Bournemouth, entre los restos de su padre y de su madre.
***
Shelley escribió más de dos docenas de cuentos a lo largo de su vida. La mayoría de ellos fueron publicados en la revista Keepsake entre 1828 y 1857, y el resto en algunos anuarios literarios muy populares en Inglaterra por aquel entonces. Apenas han sido editados en su lengua original; después de su primera aparición, algunos de ellos han visto la luz en alguna antología de cuentos góticos, y existen dos ediciones de sus cuentos: una parcial a cargo del autor del Crepúsculo de los dioses —bibliotecario de la Biblioteca Nacional de Londres—, Richard Garnett, que en su prólogo defiende la necesidad de colocar en el sitio adecuado el genio de Mary Shelley dentro del relato corto del XIX, y una edición más completa y reciente, a cargo de Charles R. Robinson, de donde se ha hecho la selección que constituye esta primera edición de relatos de Mary Shelley en castellano.Todas estas historias están envueltas en un ambiente romántico y tratan de describir caracteres cuyo elemento más conspicuo es el estar sometido a la influencia de fuertes pasiones, que a veces dan pie a sucesos sobrenaturales o extraordinarios en extremo, o son el producto de este tipo de acontecimientos. Así, en “La transformación, un fuerte orgullo se convierte en el tirano que mueve todos los actos del protagonista del relato, lo que le conduce a una situación extraordinaria, en cuya descripción abundan todos los elementos que hacen nacer en el lector la sensación estética de lo sublime. Al comienzo de la descripción, el protagonista, objeto de lo sublime para el lector, es a su vez un mero espectador de algo terrible: «Allí me encontraba yo, seguro; y allí estaban ellos, luchando sin esperanza alguna contra la aniquilación». El lector se convierte así en espectador de un espectador de lo sublime, una situación que nos recuerda la inclinación de Friedrich por mostrar en sus cuadros al observador de lo enigmático. Pero el joven protagonista pasa inmediatamente a ser objeto estético del lector cuando aparece ante él una figura deforme, sobreviviente del naufragio. En otro relato, “El sueño”, lo que conduce al acto extraordinario es un intenso conflicto entre dos pasiones contrarias, y en “El mortal inmortal” son los celos los que llevan a cometer al protagonista un acto que le conducirá a una situación sentimental más conflictiva e intensa,
que marca el final del relato. Tanto la exposición de caracteres constituidos por una estructura pasional anormal y deforme como la descripción de las situaciones extraordinarias y horribles que dichos caracteres hacen surgir, que tienden a impresionar al lector, colocan a todos estos relatos en el centro mismo de lo gótico.
Agustín Izquierdo
OceanofPDF.com