El chantaje

Stefany Solorzano · Capítulo 1 de 11

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El chantaje

Su chantaje Stefany Solozano

Stefany Solorzano

El chantaje©

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Índice de contenido

Prologo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

A Dios, por darme la creatividad.

Prologo

La lluvia no dejaba de caer afuera, y los árboles se movían contra el viento. Me hubiese encantado sentarme en mi ventana y admirar la tormenta, siempre me había gustado la lluvia, pero el dolor en mi cabeza no me lo permitía esta vez. Había estado enferma desde hacia dos días, y cada vez me sentía peor; era como si golpearan mi cabeza con un martillo.

Mi garganta ardía cada vez que tragaba, por lo que evitaba todo lo posible hacerlo. Y no hablar de mi nariz congestionada, roja e hinchada.

No era así como había planeado pasar mi fin de semana, pero no esperaba caer enferma tan de repente.

Suspirando en resignación, me levanté de la cama y fui hasta el baño, tenía píldoras para dormir allí, tendría que tomarme una antes de que se volviera peor, no lograba dormir, y lo necesitaba de inmediato. Mi padre no estaba en casa, como siempre, y Dominic, mi novio, debía estar en su bar, seguramente coqueteando con chicas hermosas.

Bajé a la cocina después de tomar mis píldoras y tomé un poco de agua.

Cuando estaba a punto de subir las escaleras hasta mi habitación, el timbre de la casa sonó. ¿Quién podría ser? Era muy tarde, y había una tormenta fuera. La única persona que se atrevería sería mi padre, pero era muy temprano para que volviera, siempre venía después de las doce, cuando estaba tan borracho que no podía encontrar sus propias llaves.

Dejé el vaso en la encimera de la cocina y fui hasta la puerta, tratando de no estornudar en el camino. ¡Jodido infierno! Odiaba la gripe, es molesta, dolorosa y asquerosa. Regularmente se me pasaba con antigripales y aspirinas, pero no saldría con este clima a la farmacia, solo tomaría un resfriado peor. Prefería dormir y esperar hasta mañana, seguramente se me pasaría.

Cuando llegué a la puerta le quité el seguro y la abrí. Mi boca se abrió en asombro, Dom estaba parado en mi porche, mojado por la lluvia, su chaqueta negra pegada a su cuello. Me dio una sonrisa en cuanto me vio, como si venir a visitarme a esta hora era lo más normal del mundo.

Mostró una bolsa en su mano derecha a modo de explicación, pero no entendía nada. La última vez que hablamos fue hace media hora, cuando le dije que estaba enferma, y que no podría ir hoy al bar. Él solo me respondió con un OK, así que había pensado que simplemente no le importaba.

—¿Me vas a dejar pasar o tendré que estar aquí toda la noche? —Preguntó con esa ronca y sexy voz de él.

Me hice a un lado y lo dejé entrar a mi pequeña casa, no había ninguna luz encendida, pero podía verlo claramente; sus hermosos ojos azules brillando. Dom era del tipo sexy y sensual, su cabello negro azabache siempre parecía resaltar, y me encantaba pasar mis manos por el mientras nos besábamos. Por eso era tan posesiva a su lado, había demasiada mujeres en su bar que lo cazaban como halcones, esperando que él les diera algo.

—¿Qué haces aquí? —pregunté abrigándome más con mi albornoz de seda, hacia demasiado frío.

—Me dijiste que estabas enferma —se encogió de hombros— Así que decidí venir y traerte aspirinas. Te ayudarán con la gripe.

Me quede mirándolo, sorprendida. Cuando le dije que estaba resfriada, no había esperado que dejara de trabajar para venir en medio de una tormenta y traerme medicinas. ¿Acaso estaba loco? Nadie hacía eso por su chica, simplemente era peligroso y estúpido. Las calles y autopistas estaban muy oscuras y mojadas por la lluvia, sin contar la brisa de muerte que hacía.

Sin embargo, eso sólo hizo que mi corazón se inflara. Podía llegar a ser tan jodidamente dulce algunas veces.

—Pensé que estabas trabajando —respondí cruzándome de brazos—

cuando te llamé escuché chicas que te llamaban.

Él enarcó una ceja, divertido.

—¿Realmente me estás haciendo una escena de celos en este momento? —

no respondí, me mordí el labio suavemente, sintiéndome estúpida— ¡Ven aquí nena!

Me lancé a sus brazos, como había querido hacer desde que llegó. No quería estar molesta con él porque las chicas lo buscaran, sabía que tenía que entender que Dominic era un hombre atractivo, tenía dinero y poder, era un buen partido.

Cuando lo conocí yo también caí bajo su encanto. Angie, mi mejor amiga, me había obligado a ir a su bar, diciéndome que era el hombre más sexy que había conocido en su vida, y que quería follárselo. Irónicamente, ella terminó bailando con un tipo en la pista; Dom me encontró, me pido bailar y acepté rápidamente. Para cuando me di cuenta de que él era Dominic

Hoffman, el famoso dueño del bar, ya estaba con varios rasgos de más, y muy excitada por él.

Así que terminé en su apartamento, para follar como una loca salvaje. Al día siguiente me fui de allí pensando que Angie me mataría, pero ella también había follado con otro tipo, así que las cosas quedaron en paz.

Dominic y yo comenzamos a salir desde entonces, hace solo tres meses. Él y yo nos llevábamos bien la mayoría de las veces, pero su actitud dominante siempre traía problemas.

Dominic me tomó del trasero y me sentó en la encimera, metiéndose entre mis piernas y besando mis labios suavemente. Cuando nos separamos trate de no sonreír como una tonta.

—Te voy a contagiar la gripe —murmuré acariciando su cabello húmedo.

Sonrío, besando mis labios de nuevo.

—No me importa —mordió suavemente mi oreja, provocando escalofríos en mi cuerpo. Dom sabía lo mucho que me gustaba que hiciera eso—

tenemos suficientes aspirinas.

Envolví mis piernas alrededor de su cintura, atrayéndolo más a mí. Lo besé en la boca con hambre. A pesar del dolor de cabeza, Dom lograba encenderme como ningún hombre había hecho nunca, me hacia querer cosas que nunca había querido. Aunque aún no estaba preparada para admitirle que estaba enamorada de él.

Mi novio nunca me había dicho que me quería, y por orgullo no quería ser la primera en decirlo tampoco. No quería que se riera de mi, ni que me dijera que el cariño estaba sobrevalorado, como había escuchado a muchos chicos decir. Así que prefería quedarme en silencio, sabiendo que estaba sintiendo cosas muy fuertes por él, pero sin pensar realmente en ello.

La lluvia seguía cayendo afuera, pero yo ya no tenía frío. Dominic estaba besando mi cuello, dándome suaves y tibios besitos que me hacían estremecer. Colocó su dedo índice con suavidad en mi labio inferior y lo acarició, viéndose sensual y erótico. Así era Dom, todo lo que hacía podía provocarte un orgasmo.

—¡Imbécil!

El grito de mi padre nos sorprendió a los dos. Dominic se separó de mi inmediatamente, me bajé de la encimera y miré a mi padre con temor.

Estaba de pie en la entrada de la cocina, mojado y borracho. Siempre parecía estarlo, no había noche en que no fuera a beber; pero él siempre

llegaba muy tarde, después de la medianoche, y sólo eran las diez. Tal vez fue porque el dinero se le acabó, y venía por más. Aunque no se esperaba encontrarse con Dominic aquí, a punto de hacerme el amor.

Mi padre y mi novio tenían la peor relación que un suegro y yerno pueden tener, cada vez que se encontraban echaban chispas, mi padre decía que Dominic era un mafioso de mierda, y él decía que mi padre era un borracho irresponsable. De cierta manera, ambos tenían razón.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —Me preguntó mi padre cuando notó que yo no respondía.

—No estoy haciendo nada malo —respondí seriamente.

—¡Estás comportándote como una puta!

Mi boca se abrió en asombro, y el dolor llegó justo después. El siempre estaba llamándome puta cuando estaba borracho, sabía que no era su culpa, pero nunca dejaba de doler.

—Retrocede viejo —dijo Dom metiéndose— no me interesa que seas su padre, pero vuelves a decirle puta y te romperé la cara.

Aun en la oscuridad, pude ver los ojos de mi padre brillar en ira. Él estaba enojado, pero no por haberme encontrado en esa situación en la cocina, estaba enojado porque Dominic estaba aquí, y él odiaba que mi novio me visitara.

No sabía cuando había comenzado esta guerra entre ellos, la primera vez que traje a Dom a casa, mi padre lo odió de inmediato, y él de vuelta.

Simplemente habían personas que no se agradaban, y nunca se agradaría.

—¿Me estás amenazando en mi propio hogar hijo de puta? —preguntó mi padre dando un paso hacia él, pero Dom no se intimidó.

Me metí en el medio, no quería otra pelea entre ellos. Estaba en la casa de mi padre, así que realmente no podía defenderme.

—¡Basta los dos! —grité molesta— Papá ya Dominic se iba, no tienes porque enojarte de esa forma.

—¡Claro que tengo! Vengo a casa y te encuentro manoseando y besando con este bueno para nada.

Dominic puso los ojos en blanco.

—Debes estar borracho, siempre lo estás.

Me dio la espalda para irse de la casa, sin despedirse de mí. Pero no fue tan fácil, antes de poder parpadear, mi padre estaba empujándolo. Dominic se tensó de inmediato, antes de devolver el golpe, con mucha más fuerza.

Mi padre estaba borracho, y era un viejo débil, así que no fue muy difícil que cayera

al piso, pensé que eso lo calmaría, pero en cambio, lo enojo más.

Fui hasta donde estaba y me metí en medio de los dos, esperando estúpidamente que ellos se detuvieran. Dom lo hizo, pero mi padre no. Él se movió para golpear a mi novio, sin darse cuenta de que yo estaba en medio, su puño impacto en mi cara con fuerza, golpeando y partiendo mi labio inferior, el mismo que Dominic había acariciado hacia segundos. Caí en sus brazos, incapaz de mantenerme de pie después de ese golpe, mis ojos lagrimearon por el dolor. Esto apestaba.

Miré a mi padre, su rostro estaba pálido, y se veía arrepentido. Pero Dom no lo dejó pasar, me estabilizó y fui directamente hasta donde estaba, golpeándolo en el rostro con fuerza. Pegué un grito cuando mi padre cayó hacia el suelo, el sonido sordo y crudo de su cuerpo caer. Jadeando, me moví hasta donde estaba tirado, con miedo a que hubiese quedado inconsciente, pero no. Él estaba jadeando con los ojos muy abiertos, y su nariz sangraba mientras maldecía.

—¿Estás bien? —le pregunté acercándome a él.

—Si —murmuró secamente antes de levantarse del suelo— ¡Termina con ese idiota!

Me quedé de pie mirándolo, su mano en su nariz tratando de evitar la sangre. Cuando subió las escaleras para ir a su habitación, me volví hacia mi novio, quien parecía igual de molesto que yo. Se acercó a mí y revisó mi rostro, seguramente en busca de alguna contusión, pero estaba bien, a diferencia de mi padre. Aún ni siquiera podía creer que me hubiese golpeado.

—¿Estás bien? —preguntó Dom viéndose preocupado.

Asentí seriamente y lo miré.

—Es mejor qué te vayas Dominic, esto nunca va a terminar, y ya ha ido demasiado lejos.

—¿Qué?

—Necesito que te vayas, por favor.

Él me miró durante varios y largos segundos, tratando de averiguar si bromeaba, pero no, no lo hacia. Esto nunca iba a terminar, él y mi padre siempre reaccionaria así cuando se vieran, peleándose hasta los golpes, insultándose e hiriéndome a mí en el proceso.

Yo podía irme con Dominic, era mayor de edad, y tenía la suficiente madurez, pero no podía dejar a mi padre solo, él no era responsable, era inmaduro y dependiente. Si lo dejaba solo, podía hacer cualquier estupidez que lo perjudicara, y no podía permitirlo.

Después de que mi madre muriera hacia años, él comenzó a beber en exceso, y yo tuve que hacerme responsable de él, cuando tenía que haber sido al revés. Desde entonces, yo fui la que estuvo a cargo del hogar, no podía abandonarlo ahora.

—¿Realmente quieres hacer esto? —preguntó Dominic con frialdad en su voz.

—Por favor Dom, vete antes de que mi padre vuelva.

Él asintió, sus hermosos ojos azules volviéndose hielo.

—Está bien.

Se dio la vuelta y se fue, de mi casa y de mi vida para siempre. Sabía que estaba cometiendo un error, yo lo amaba, elegir a mi padre era el peor error de mi vida, pero no podía dejarlo solo. No podía abandonarlo como lo había hecho mi madre, aunque él no lo dijera, me necesitaba, más de lo que Dominic hacía.

Cuando cerro la puerta tras de sí, mi corazón se rompió, no sólo porque él se había ido de mi vida, si no porque yo misma lo había sacado.