El chantaje

Stefany Solorzano · Capítulo 3 de 11

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El chantaje

Capítulo 2

Cuando llegamos al edificio donde Dominic vivía, el negro detuvo el auto y el rubio se bajó y me abrió la puerta. Bonita hora para ser educado. Le di una mirada irónica y miré el edificio, estaba renovado, ahora se veía más estilizado y elegante; tomando en cuenta que se trataba de un club de striptease en dónde venían hombres de extraña procedencia, el lugar se veía bonito.

El negro abrió la puerta y me hizo pasar, con el rubio detrás de mi. En cuanto entré note lo oscuro del lugar, había poca iluminación, y no ayudaba que las paredes fueran de un rojo opaco, casi vino tinto. El lugar por dentro también estaba renovado, parecía mucho más elegante y sofisticado que hace cuatro años. Incluso podía ver una hermosa pista de baile al final.

También había un escenario donde seguramente las bailarinas eróticas hacían sus presentaciones y un bar, sólo vi un par de chicas en el lugar, las cuales me dieron una mirada molesta. Las ignore, cuando había sido novia de Dominic había pasado por eso todo el tiempo, las mujeres se volvían serpientes cuando escuchaban que Dom estaba apartado.

El negro fue hasta el final del club, pasando los baños y abrió una puerta, dentro había una pequeña sala con una mesa de café en medio, un cuadro de una mujer desnuda boca abajo en medio de una cama de sabanas blancas. Él se fue hasta el ascensor y presionó una clave, pocos segundos después, las puertas abrieron. Me dejaron pasar primero, fui hasta la pared del ascensor y me quedé allí, los dos se subieron y marcaron el último piso, sin siquiera decir algo.

Comencé a impacientarme, una creciente sensación de nervios y ansiedad burbujeando por mi cuerpo. Hacía mucho tiempo que no veía a Dom, la última vez que lo hice, él estaba al lado de una hermosa rubia y pasaron frente a mi en la acera contraria. Había pasado mucho más tiempo desde la última vez que hablamos, específicamente cuando le dije que se fuera de mi casa, cuando me abandono para siempre.

Creo que nunca iba a olvidar esa noche, porque sentí como si mi corazón se hubiese roto en pequeños pedazos. Y tomando en cuanta la depresión que me domino días después, creo que así había sido.

Cuando las puertas se abrieron de nuevo, los dos hombres salieron primero. Los seguí, estábamos en medio de un vestíbulo, lo reconocía, había pasado mucho tiempo por aquí cuando era la novia de Dom.

El negro me indicó que lo siguiera, y así lo hice, hasta que llegamos a la sala de estar de Dominic. Y allí estaba él, sentado en su sofá mientras pasaba los canales de televisión rápidamente, como si nada estuviera ocurriendo.

Inmediatamente mi cuerpo comenzó a responder a su belleza. Cuando me vio llegar, una lenta sonrisa ilumino su rostro, y tuve que apartar la mirada de él antes de caer en su efecto. Siempre me sorprendía lo hermoso que podía ser, con esos increíbles ojos azules, y su maravilloso y sedoso cabello. También me encantaba su mandíbula, y la barba de dos días que tenía sobre ella.

Pero sin embargo, lo que más me gustaba de mi ex, era su sonrisa.

Dominic Hoffman te daba una sonrisa que te hacía saber lo increíble que era en la cama, y no había sido la única chica en amarla. Probablemente todas las mujeres de esta ciudad que lo conocían la amaban también.

Lamentablemente, su personalidad era un asco. Lo fulminé con la mirada mientras me acercaba a él con paso firme, ignorando el aleteo en mi corazón.

—Bienvenida a mi humilde hogar Audrey —saludó dejando él control remoto en la mesa frente a él y levantándose para acercarse a mi— ¿Cómo estás?

—Vete a la mierda Dominic —le dije sin sorprenderlo ni un poco— ¿Quién demonios te crees que eres para traerme así?

Dominic miró a los dos hombres atrás de mi, ellos estaban en silencio, de pie esperando. Se encogió de hombros y me miró de nuevo, luciendo como si no tuviera a su ex parada frente a él, furiosa como el infierno. Una vez había amado su tranquilidad, pero ahora la odiaba, porque actuaba como si nada le importara. Incluso el tenerme aquí en contra de mi voluntad.

—Ellos intentaron por las buenas —dijo mirándome.

—¿Intentar por las buenas? —pregunté incrédula— ¡Intentar por las buenas es aceptar una negativa e irse! ¡Tus hombres me secuestraron!

Dominic negó con la cabeza.

—Deja de ser tan exagerada —miró a sus dos hombres de nuevo— Ya pueden irse muchachos.

Los dos se dieron la vuelta inmediatamente, pero antes de que se fueran hablé.

—Dile al rubio que me dé mi celular —pedí severamente, haciendo que Dominic sonriera.

—Richard por favor —Él rubio llamado Richard sacó mi celular de su bolsillo y me lo entregó. Se lo arrebaté de las manos y le di una mirada molesta que el sabiamente ignoro. Cuando los dos hombres se retiraron, la sala quedo en silencio. Mis nervios se levantaron, estar sola con Dominic nunca era bueno.

—No puedo creer que me hagas esto ahora —recriminé. Al menos era mejor que pensar en como mi corazón iba a desbocarse por verlo de nuevo, y en como mi cuerpo quería lanzarse al suyo.

—¿Puedes dejar de quejarte? —preguntó secamente— muchas considerarían un privilegio que yo las mandara a llamar.

Enarqué una ceja.

—No soy una de tus putas Dom, no me jodas y dime para que me mandaste a buscar.

—Pasemos al comedor, desayunaremos allí.

Tuve que bufar, solo este hombre podía ser tan cínico de ordenarme comer con él como si fuéramos viejos amigos.

Obviamente, tenía un serio problema. Creía que todo el mundo estaba a su disposición solo porque era rico, por mi podía irse al infierno. Cuando conocí a Dominic, él era el dueño de un bar sin mucho éxito, tenía dinero, pero no era para nada rico, ni mucho menos tenía a hombres de negro trabajando para él. Ahora que tenía todo aquello se creía con derecho a todo.

Sin embargo, una parte de mi sentía mucha curiosidad por saber lo que Dom tenía para decirme. Aunque estaba enojada, quería saber porque demonios me trajo aquí con tanta urgencia, impidiendo que fuera a mi trabajo. Pudo simplemente haberme llamado y preguntarme cuando estaba disponible, conservaba el mismo celular de hace años.

—Audrey por favor —pidió cuando no me moví— Sé que no has desayunado y necesito hacerte una propuesta.

Me crucé de brazos y lo miré.

—¿Me trajiste aquí para hacerme una propuesta? —pregunté— ¿No sabes de los correos electrónicos?

—Mi propuesta es demasiado personal como para hacértela por email —

contestó con un deje de ironía en su voz.

Puse los ojos en blanco y lo seguí, consciente de que él no me dejaría en paz hasta que hiciera la bendita propuesta, si algo era Dominic, era perseverante.

Cuando llegamos a su comedor, noté lo hermosamente decorado que estaba, había una enorme mesa de cristal, las sillas eran altas y elegantes, también había mucha comida en la mesa, como si fueran a comer seis personas en vez de una. No sabía si Dominic quería tirarme en la cara su reciente riqueza, o era así de derrochador. Tal vez un poco de los dos.

Nos sentamos frente a frente, como si fuéramos cualquier pareja normal comiendo. Casi sonreí por la ironía de todo esto, si mi padre supiera que estaba aquí, él mismo me sacaría los ojos. No había superado su odio hacia mi ex, ni siquiera cuando vio como me derrumbaba por dejarlo. Allí fue cuando me di cuenta de que fue un error dejar a alguien que amaba por otra persona que no lo hacía.

Dominic tomó una tostada y le colocó mermelada, sin dejar de mirarme mientras lo hacía.

—¿Entonces que es lo que quieres? —pregunté sin comer nada, a pesar de que estaba muriéndome de hambre.

No dijo nada y siguió comiendo, obviamente esperando que yo también lo hiciera. Gruñí y tomé una tostada también, dándole un mordisco agresivo.

El sabor explotó en mi boca y mi estómago gruñó también, haciendo que Dominic sonriera satisfecho. No había desayunado por no llegar tarde al trabajo, pero de todas formas iba hacerlo, así que iba aprovechar.

No quería ni pensar en lo furioso que estaría Forest, no tenía ninguna reunión para hoy, pero él igual odiaba las demoras. Maldito Dominic, si no fuera por él, ahora mismo estaría sana y salva en mi trabajo, ahora ni siquiera sabía si aún lo tenía. Podía muy bien enviarle un mensaje de texto a mi mejor amiga y preguntarle cuan enojado estaba Forest, pero no pensaba que eso fuera conveniente bajo la mirada de mi ex.

Comí durante varios minutos, sin pronunciar palabra alguna. Mi madre siempre me había dicho que ésa era una excelente señal, decía que las personas que comían sin hablar con nadie más cuando estaban acompañadas era porque probablemente la comida estuviera muy buena.

Está lo estaba sin duda.

—Tu padre me visitó hace dos meses —la voz de Dominic me sorprendió—

él me debe mucho dinero.

—¿Qué? —pregunté sorprendida.

—Necesitaba dinero y vino a pedírmelo a mi —respondió evaluando mi reacción mientras seguía comiendo— le di dos meses de plazo para que me lo pagara y aún no lo ha hecho.

Negué con la cabeza, sin creer nada. No me sorprendía el hecho de que mi padre pidiera dinero prestado, él me pedía dinero todos los jodidos días para abastecer su adición a la bebida. También le había pedido a mis abuelos paternos y a mi mejor amiga, todos nos negamos a darle. Pero lo que no podía creer era que le hubiese pedido dinero a Dominic, eso era imposible.

—Eso es ridículo —murmuré sobresaltada— mi padre no te pediría dinero a ti, de entre todas las personas, a ti no.

—Necesitaba dinero y vino a pedírmelo a mi —respondió evaluando mi reacción mientras seguía comiendo— le di dos meses de plazo para que me lo pagara y aún no lo ha hecho.

Mi corazón estaba acelerado, golpeando mi pecho con fuerza. No quería creer lo que Dom me estaba diciendo, porque no poda ser posible. Mi padre fue la primera persona que se alegro cuando mi ex y yo no separamos, él casi pegó un gritó al cielo por ello, aun sabiendo que yo lo quería. Se me hacia demasiado difícil creer que ahora él había venido a pedirle dinero prestado, como si fueran viejos amigos.

Aunque por otra parte, Dom nunca había sido un hombre mentiroso, y tampoco tenía motivos para mentir. ¿Y si era verdad? ¿Y si mi padre le había pedido dinero en serio? Joder, nadie con un mínimo de conciencia le pediría dinero a alguien como Dominic Hoffman, podía ser muy encantador cuando quería, pero él era un hijo de puta en los negocios. Era implacable, y yo más que nadie sabía que podía llegar a hacerte la vida imposible si te metías con él.

Tomé una respiración fuerte, ya no tenía hambre, ni siquiera me preocupaba por Forest. Solo mi padre. Él no podía ser tan estúpido de pedirle prestado dinero a mi Dom, él no me haría algo así a mi. O tal vez sí.

—Dijo que tenía un negocio y que necesitaba dinero, dijo que me lo pagaría en cuanto el negocio estuviera terminado. Le di dos meses y acepto. Le advertí, pero él pareció muy seguro —Dominic me dio una sonrisa irónica

— me sorprendí yo también, tomando en cuenta como terminaron las cosas entre los dos la última vez que nos vimos. No pensé que vendría a mí, ya sabes, hay gente que suele tener dignidad.

Ignoré su insulto y lo miré, mi garganta estaba seca y mis manos frías.

—Dominic yo...

—No necesito que te disculpes nena —me interrumpió casi con enojo— no es tu culpa lo que el idiota de tu padre haya hecho. Pero sé que vas a querer hacer algo para salvar a tu padre de ésta, siempre lo haces.

No lo negué, había hecho muchas cosas para sacar a mi padre de líos, pero él nunca había hecho algo como esto. Yo estaba bien económicamente, pero estaba segura de que mi padre le había pedido mucho dinero a Dominic, tanto dinero que yo no tenía; Y que seguro como el infierno me tomaría mucho tiempo en pagar.

Incluso tendría que ir al banco y arriesgarme a pedir un préstamo. Prefería mil veces deberle al banco que a mi ex. Dominic no perdonaría a mi padre solo porque tuvimos un romance, él siempre me había dejado claro que los negocios eran negocios y las relaciones, relaciones. Pero que ellas nunca se juntaban.

—Tal vez pudieras darle un poco más de tiempo, puedo ayudarle a pagar....

—Nada de eso —me interrumpió rápidamente— sin embargo, aun no te he hecho la propuesta, una propuesta que puede salvar a tu idiota padre de ésta.

Oh-oh esto no iba a ser bueno. No creía que las cosas pudieran empeorar, pero con Dominic nunca se sabía. Debí haberme quedado en la cama esta mañana, las cosas no hacían más que ponerse más difíciles. No sabía bien que pensar de la propuesta de Dominic, podía proponerme desde pagar el dinero con mi sangre hasta la de convertirme en una de sus bailarinas eróticas.

Tomé un poco de jugo para mi seca garganta y lo miré.

—¿Cuál es?

Él se tomo varios segundos en responder.

—Hay una manera en la que puedes pagarme todo lo que tu padre me debe, él no tendrá que darme ni un centavo. —me dio una larga mirada sería antes de continuar— La única forma en la que salga de está deuda es que tú aceptes pasar todo el fin de semana aquí, conmigo.

Me quedé en blanco por varios segundos. Cuando hablé de nuevo mi voz sonó calmada, diferente a lo que sentía por dentro.

—¿Qué quieres decir? —pregunté haciendo que sonriera, pero no parecía divertido— ¿Para que quieres pasar un fin de semana conmigo?

—¿Para que crees? Seguro como el infierno que no para ver películas románticas.

Apenas terminó de hablar salté de la mesa, derramando sin querer el jugo, pero él no pareció afectado. Mi cara debía estar tan blanca como una hoja de papel, decir que su propuesta me había sorprendido era decir poco.

¡Maldita sea! Dominic estaba completamente loco ¿proponerme ser su amante un fin de semana? ¡Maldito infeliz!

—Solo será por el fin de semana —aseguró impasible desde su asiento—

luego de eso tu padre podrá quedar libre de deudas, son solo dos días nena.

—¿Estás delirando? —pregunté casi gritándole— ¿Crees que soy una puta?

Para este punto, ya había comenzando a hiper ventilar. La incredulidad y el enojo apoderándose de mi cuerpo, mientras que luchaba por calmarme.

Aunque nadie podía culparme, cualquier mujer decente reaccionaria así si su ex le propusiera convertirse en su amante por una jodida deuda.

¡Quería matar a mi padre!

—No. Eres una mujer hermosa, siempre te he deseado Audrey, y es una buena forma de pagar la deuda de tu padre. Créeme, él no la pagará, y yo tendré que tomar medidas muy drásticas.

—¿Buena forma? —pregunté haciendo que él hiciera una mueca de enojo

¡como si tuviera derecho!— ¡Me estás pidiendo que me acueste contigo solo por una jodida deuda! ¡qué ni siquiera es mía!

Dominic ni siquiera se levantó de su silla, él estaba relajado, como si estuviera discutiendo su agenda de mañana y no mi vida.

—Eres un miserable —murmuré con rabia, pero él sólo me miró.

—Tal vez, pero aunque no me creas le advertí a tu padre de lo que haría si no pagaba a tiempo, le dije que trataría de utilizar esto para tenerte en mi cama, y él acepto sin pestañear. Eso dice mucho de lo buen padre que es.

—Él está enfermo —intenté defender, pero era en vano, ambos sabíamos que mi padre era igual o peor que Dominic. A veces, me preguntaba por qué seguía ayudándolo, porque seguía allí después de todo lo que había hecho, pero realmente mi padre me daba lastima. No era la mejor de las emociones, pero entendía el dolor que paso cuando mi madre murió, y él como el alcohol lo ayudaba a perderse de la realidad. Estaba convencida de que él actuaba de esa forma por su adicción, no porque realmente fuera malo.

Alisé mi falda y me senté de nuevo ¿de verdad podía hacer mucho?

Dominic me tenía contra la espada y la pared. No quería entregarle mi cuerpo, pero tampoco quería que le hiciera algo a mi padre, porque no dudaba de que en verdad lo hiciera.

Quería llorar ¿no podía tener un padre normal? Uno que fuera responsable y me sacara de pequeños líos, en vez de yo salvarlo a él. La muerte de mi madre había afectado a muchas personas, pero a mi padre fue a quien peor le fue, él era un desastre.

—Piénsalo —pidió Dominic levantándose de la silla al fin.—No es tan mala oferta, tú más que nadie sabes que no soy malo en la cama.

Sus palabras sólo me hicieron gemir en molestia. No era momento para que él presumiera de sus buenos movimientos en la cama, porque a pesar de que tenía razón, lo último que quería ahora era imaginarnos a los dos haciendo el amor. Pensé que eso había quedado olvidado.

—No quiero hacerlo —murmuré para mi misma.

—Te esperaré esta noche a las ocho, si no vienes, tomaré eso como una negativa, si es así, entonces dile a tu padre que espero mi dinero mañana a primera hora —comenzó a caminar hacia puerta principal, pasando por la sala de estar.— O mejor deja que yo le envié en el mensaje.

Lo seguí, sin dudar de que él no enviaría sólo un simple mensaje. Mi corazón se apretó, no quería a mi padre muerto. A pesar de que era un idiota, y de que hacía la mayoría de las cosas mal, estaba segura de que no las hacía para perjudicarme, simplemente era demasiado tonto.

—Y no te preocupes por Forest, lo llamé y le avise que llegarías tarde, él no te dará problemas.

Abrió la de puerta luciendo relajado y calmado como siempre, en cambio yo, era un manojo de nervios.

Dominic acarició mi mejilla suavemente.

—Espero verte aquí a las ocho —su labios tocaron suavemente mi frente—

ya sabes lo bien que la pasábamos juntos.

Yo estaba demasiado preocupada como para prestarle atención al hecho de que él conocía muy bien a mi jefe, y que lo había llamado. O como para prestarle atención al tono de melancolía que escuché en las últimas palabras de Dominic. Estaba demasiado preocupada para todo, era mi cuerpo o la vida de mi padre. No quería ser una egoísta, pero tampoco una puta.

Definitivamente salir con Dom había sido un error, pero no podía realmente echarle toda la culpa a él, sabía que mi padre había cagado en todos los sentidos. Y yo tendría que pagar por ello, como siempre hacía.

Quería decirle muchas cosas a Dominic, decirle cuanto lo estaba odiando por esto, pero ninguna de ellas salió de mi boca. Simplemente asentí y dejé que sus hombres me llevaran de nuevo a mi trabajo, derramando unas cuantas lágrimas silenciosas en el camino.