El chantaje

Stefany Solorzano · Capítulo 6 de 11

Páginas del PDF

El chantaje

Capítulo 5

Cuando me desperté en la mañana, me encontré sola en la cama.

Me levanté y miré alrededor, la habitación de Dominic estaba impecablemente limpia, él tipo era el hombre más higiénico que conocía.

Todo estaba ordenado, y sabía que no era probable que el mismo lo hubiese hecho, hace cuatro años, Dom había tenido una mujer de limpieza que venía una vez a la semana a ordenar y limpiar lo que él no podía, lo que era mayormente todo. Era increíblemente bueno en los negocios, pero no podía ni siquiera hervir agua. Terminaba quemándose.

Exhalé y fui directo al baño, no había nadie allí así que hice pis rápidamente, me lave las manos y me cepille los dientes. Recordando ahora que no había traído ninguna maleta conmigo. Que tonta era, iba a pasar dos días aquí, y no había traído ni siquiera mi cepillo de dientes. No tendría nada de ropa que ponerme, aunque era probable que a mi ex eso le agradara.

Busqué en el armario de Dom y tomé una de sus camisas de cuatro, me la puse y la abotoné sintiéndome sucia por ponerme ropa limpia sin haberme duchado antes, pero no tenía ni idea de donde estaba Dominic, y no me sentía cómoda bañándome sin haberle dicho antes. Sí, podíamos habernos acostando anoche, pero las cosas eran muy distintas en la mañana, y me sentía a ciegas con él, no sabía como iba actuar después de anoche.

El recuerdo de su boca en mi sexo me hizo apretar las piernas, mentiría si decía que no la había pasado bien, realmente la había pasado fantástico, el mejor sexo que había tenido en mi vida. Sin embargo, no debía olvidar que esto era un trato, un chantaje y que todo terminaría mañana en la noche, cuando me fuera a casa y nunca volviera a ver a Dominic. Tomé mis bragas y vestido del suelo, tenía que encontrar donde lavarlas, después de todo, no me iba a ir a casa desnuda.

Cuando salí de la habitación no encontré a Dom por ningún lado, hasta que llegué a la cocina y note una pequeña nota en el refrigerador. Decía que estaba “solucionando” un asunto fuera y que vendría dentro de un par de horas. Suspiré en alivio, al menos tendría hasta el mediodía para aclarar mis emociones y pensar en que es lo que iba hacer. No cabía duda de que él me quería de nuevo, y tenía que dárselo, había sido parte del trato, y sinceramente, eso no me molestaba por ahora.

No encontré donde lavar mi ropa, y recordé que cuando había estado con Dom hace cuatro años, el siempre había llevado su ropa a la tintorería, no tenía donde lavarla. Exhalé en molestia, ahora no tenía que ponerme, y no podía andar sin bragas todo el fin de semana. O sí. Todo depende de Dominic, y como me quería.

Me preparé el desayuno, amando la cocina de inmediato, y dándome cuenta de que mi ex tenía bastante de mi comida favorita, yo amaba la fruta, así que aquí había en abundancia. Tomé un poco de cada una y me hice un muy buena ensalada de frutas, sintiéndome una ballena, pero completamente satisfecha.

Una hora después de levantarme Dom no había vuelto, y yo ya estaba comenzando aburrirme; me quedé mirando la vista, asombrada de nuevo por lo hermosa que era, pero eso no duro mucho. Nunca había estado en un lugar tan lujoso, en realidad, nunca había estado en uno para empezar. Mi casa era pequeña, y la de mi padre también, así que no sabía que hacer en una tan grande, y como todo estaba tan perfectamente limpio, tampoco podía dar rienda suelta a mis dotes de ama de casa.

Media hora después, encontré un pequeño portátil de la habitación de Dom.

La tomé rápidamente, ignorando mi conciencia que me decía que estaba extendiendo mi límite al tomar algo sin permiso.

¡Pero al diablo! Dominic me había chantajeado con mi padre para acostarme con él, no debía importarme lo que pensara de mi. Tampoco era probable que se molestara por tomar su portátil, a menos que tuviera cosas secretas y confidenciales allí, lo que dudaba mucho, no la hubiese dejado aquí a plena vista si así fuera.

Sonreí satisfecha cuando la computadora no me pidió ninguna contraseña, definitivamente está no era donde el guardaba sus más oscuros secretos.

Fui hasta la sala de estar y me senté allí, buscando ver alguna buena película en netflix. La encontré rápidamente, una de terror oscuro, mis favoritas. Me acomodé en el sofá y me concentre en la película, olvidándome de mi ex al instante.

La puerta cerrándose me despertó. Parpadee ante la luz que se filtraba por los ventanales y miré a Dominic entrar en la habitación, vestido de negro, y viéndose jodidamente sexy. Él me sonrío con perversión cuando me encontró recostada en su sofá, con su ropa puesta y su portátil en mi vientre.

Había estado viendo una segunda película cuando el sueño me venció, y me

quede dormida plácidamente, sin detenerme a pensar que en que pasaría cuando Dom me encontrara así.

—Veo que estás cómoda —murmuró acercándose a mi.

Asentí en silencio y me senté en el sofá, notando como la camisa dejaba ver mis muslos desnudos hasta casi llegar a mi sexo. Lo bajé como pude, sintiéndome tímida de repente. Esto eran una de las cosas que había odiado cuando era novia de Dom, sentirme tímida y expuesta con él, insegura de repente.

Yo nunca había sido insegura de mi cuerpo, sabía que era atractiva, y tenía buenos atributos, pero no podía evitarlo, al menos no con él.

Suspiré cuando la tela no me ayudo, así que lo deje así. Después de todo anoche él me había visto completamente, e incluso me había probado. Mi cuerpo se calentaba de solo recordarlo, porque sabía que nunca más iba a tener una noche así con ningún otro. Lo único bueno de este fin de semana, era que iba a utilizar el sexo para mis fantasías.

¿Loco no?

—Tomé tu portátil prestado cuando no encontré que hacer —dije explicando porque tenía su computadora en mi regazo— no encontré secretos descabellados allí.

Él sonrío, una sincera sonrisa. Y eso me gustaba.

—¿Cómo porno?

—No creo que seas el tipo de hombre que tiene porno en su computadora

—dije sonriendo.

—Tienes razón —murmuró poniéndose serio de repente— tengo un montón de mujeres abajo que lo hacen más divertido para mi.

Su malicioso comentario sobre mujeres me irritó, incluso me molesto un poco. Me tensé y miré mis manos, ahora entrelazadas en mi cuerpo, él tenía razón, tenía montones de mujeres a su disposición, mujeres hermosas que estaban dispuestas hacer lo que el les pidiera. ¿Por qué me había chantajeado por sexo? ¿Por qué a mi? Seguramente yo era la menor experimentada de todas ellas, conmigo no podía hacer las perversidades que con ella sí, y sin embargo, anoche mientras teníamos sexo había sido fantástico.

Él incluso pudo haber estado con alguna de ellas mientras yo dormía esta mañana, tal vez ese el asunto que tenía que resolver. Yo más que nadie sabía lo insaciable que era mi ex, el sexo nunca había sido un problema para él.

Yo sabía que no debía sentirme celosa, pero no podía evitar sentirlo.

—¿Eso te molesta? —preguntó sorprendiéndome.

Lo miré de inmediato, sus ojos azules inspeccionando mi rostro en busca de alguna emoción, pero no estaba dispuesta a dársela. No quería hacerlo.

—No tiene por qué —respondí secamente— solo estoy aquí porque tú me estás chantajeando, solo es un trato, no me interesa lo que sea que hagas con tus putas.

Me levante y dejé el portátil en la mesa de noche, donde estaba en control de la televisión. Fui hasta la cocina y hurgué en el refrigerador, buscando alguna excusa para no tener que hablar con él. Decidí hacer un poco de salmón y ensalada para almorzar, ya que estaba aquí, podía cocinar para los dos.

Dominic entró en la cocina después de mi, y solo me observo cocinar, como habíamos hecho hace mucho tiempo. Los recuerdos se deslizaban en mi cabeza como agua en el río, todo en este lugar me recordaba a mi tiempo vivido con él, y a lo bien que lo habíamos pasado juntos, si no hubiese sido por mi estúpida idea de querer cuidar de mi padre sobre mi felicidad.

Irónicamente, por su culpa estaba aquí de nuevo, junto con el hombre que él odiaba. Me sentía tan sucia y usada, como si fuera una puta. Me sentía como si fuera algo peor que las chicas que Dom contrataba, aquella que se acostaban con todos los hombres que ofrecieran pagar más.

Me sentía reemplazable.

—Puedo pedir comida —murmuró Dominic con voz ronca— no tienes que cocinar. No te traje aquí para eso.

Dejé el cuchillo con que estaba picando los tomates y me volví para mirarlo, estaba sentado en uno de los taburetes de la isla de la cocina, y me miraba impasible, eso me enojó aun más.

Tomó su camisa, la que lleva puesta, y jalé la tela, haciendo que los botones se rompieran y dejaran al descubierto mi cuerpo. Su mirada rápidamente viajó a mis pechos, pero yo estaba demasiado enojada como para sentir algo por eso.

—Tienes razón —dije con voz fría— follemos. Esto es todo para lo que me trajiste aquí, amos lo sabemos. Aprovecha que mañana me iré y fóllame todo el día y noche, no necesitamos comer.

Dom se quedó en silencio por varios segundos, sin dejar de mirarme. Me pregunté si iba hacer algo o tendría que irme de aquí desnuda, eso sería realmente vergonzoso. Pero entonces, se levanto de golpe del taburete y

vino hacia mi. Su cuerpo casi empujando al mío, e intimidándome. Cuando habló, su aliento golpeó mi cara, olía whisky y tabaco.

—Date la vuelta —gruñó, su voz sonando peligrosa.

—¿Qué? —Date la maldita vuelta —ordenó de nuevo— ¿Quieres que te folle? ¡Bien, lo haremos a mi modo!

Dominic tomó mis hombros y me dio la vuelta, puso su palma en mi espalda y me hizo inclinarme sobre la encimera, dejando mi culo desnudo al descubierto. Su mano voló hasta mi hendidura y la acarició duramente, no había nada suave en su tacto, pero no me estaba haciendo daño tampoco.

Su actitud debió haberme molestado, pero en cambio, me excito. Gemí en voz alta cuando metió un dedo dentro de mi, provocándome.

—Estás tan mojada y lista para mi —susurró en mi oído, haciendo un baile lento dentro de mi— siempre es así.

—Eres un idiota —gruñí y él agregó otro dedo en respuesta.

Escuché como Dom bajaba su bragueta, antes de sentirlo presionar dentro de mi con rapidez. Se empaló profundamente, llenándome por completo, tanto que dolía. Comenzó un baile rápido y fuerte, esto no tenía nada de suave y romántico, era duro y dominante, estaba diciéndome quien tenía el control, quien mandaba. Lo dejé hacerlo, solo porque estaba llevando al jodido paraíso con su pene, el placer construyéndose dentro de mi.

Su mano fue hasta mi pezón y lo apretó fuertemente, quise gritar y quejarme, pero solo jadee en respuesta, molesta y excitada, pero definitivamente no estaba deteniéndolo. Mientras gritaba, él se empujaba más dentro de mi. Tomó con su puño mi cabeza y la levantó, haciendo que mi cuerpo se arqueara. Animal y salvaje. Solo podía describirlo de esa forma cuando me penetraba tan fuerte.

Mi orgasmo fue fuerte y explosivo. Grité su nombre mientras mi cuerpo se descontrolaba por lo espasmo, absorbiendo todo el placer.

—Sí, grita mi nombre Audrey, gritarlo fuerte —gruñó Dominic moviéndose aún dentro de mi.

Le hice caso y seguí gritándolo hasta que poco a poco mi cuerpo se fue calmando, para el momento en que había terminado, Dom llegó. Gruñó mi nombre y aceleró sus penetraciones, antes de detenerse por completo y separase de mi. Mis piernas se debilitaron, sentí su ausencia como un balde de agua fría en mi cuerpo. Él guardo su pene de nuevo dentro de su pantalón y salió de la cocina, dejándome expuesta y sola en la cocina, a punto de derrumbarme.

Lo escuché en la ducha, así que me levanté y traté de abrigarme con la camisa de Dominic, pero estaba rota, y no cubría mucho. Me sentía tan sola, y enojada la vez.

Fui hasta la habitación de invitados y me metí en su propia ducha, llorando como una tonta cuando el gua fría comenzó a caer sobre mi cuerpo. Mi sexo dolía, y tenía los fluidos de Dominic y míos aún, como si fuéramos uno solo. Pero yo sabía que no era así, él solo estaba queriendo sexo. No sabia si estar molesta o contenta con ello. Yo quería aún a Dominic, pero estaba consciente de que una relación con él solo traería problema, y yo no quería uno.

Tenía cuan vida tranquila, una mejor amiga increíble, y aunque mi padre no era el mejor, estaba segura de que podía llevarlo a rehabilitación y tratar de que mejorara su vida, como debí haberlo hecho hace mucho tiempo.

Dom solo empeoraría todo, pondría mi vida de cabeza como estaba haciéndolo ahora. Ni siquiera podíamos pasar un fin de semana sin pelear, una relación con él estaba fuera de los límites.

Justo cuando estaba por rendirme, él salio de su habitación, sus ojos cayendo inmediatamente en mi vestimenta, solo una toalla blanca por encima de mis rodillas, y mi cabello húmedo y despeinado.

—Yo...um...no tengo que ponerme —tartamudeé nerviosamente.

—En mi habitación hay ropa, ponte algún mono y camiseta —murmuró secamente— voy a pedir comida.

No dijo nada más, paso por mi lado y fue directamente hasta la cocina. Lo escuché hablar por el teléfono segundos después.

Fui hasta su habitación y tomé él tomó y la camisa, vistiéndome allí también. Nunca en mi vida me había sentido tan avergonzada, me sentía como si fuera una prostituta. Y en cierta forma, lo era. ¿Qué clase de mujer acepta acostarse con un hombre por una deuda?

Sí, mi padre estaba en peligro, pero eso no me excusaba.

Peiné mi cabello sólo para tratar de hacer un poco más de tiempo antes de enfrentar a Dominic, como si eso iba a salvarme. Aún me quedaba por quedarme más de un día, y tenía que soportarlo todo ese tiempo. Seguro como el infierno que mi ex no me dejaría irme ahora, al menos no sin romper el trato. Y no estaba dispuesta hacerlo, si ya había llegado aquí tenía que continuar.

Cuando salí de su habitación lo encontré en la sala de estar, sentado con un vaso de whisky en la mano, mirando a la nada. Me notó de inmediato, sus

ojos recorrieron mi cuerpo, deteniéndose en el escote de mi camiseta. Me tendió la mano, y rápidamente camine hasta donde él estaba, sentándome a su lado.

—¿Recuerdas cuando llevábamos un mes de noviazgo y tú me confesaste que tu padre era alcohólico? —preguntó con voz ronca.

Asentí en silencio.

—Ese día fui hasta mi oficina e investigué todo lo que pude sobre alcohólicos y como tratarlos, quería llevarme bien con tu padre, quería gustarle realmente —tomó un trago y me miró— pero cuando fui a tu casa una semana después, él estaba gritando por algo, maldiciendo y refunfuñando. Me acerqué un poco más y vi como limpiabas una lágrima solitaria de tu mejilla, muy rápido para que él no te viera.

Mi boca se abrió, no había sabido eso, él nunca me lo había dicho.

—En ese momento supe que no nos llevaríamos bien, no poda llevarme bien con un hombre que te hiciera sufrir, aunque fue tu padre. —Dom me dio una sonrisa sin humor— creo que por eso tampoco le agradé, él pudo ver desde ese momento que yo no dejaría de defenderte de él. Pero tú me abandonaste, lo elegiste a él, y realmente no puedo culparte, era tu padre.

Me di cuenta entonces, de que él aún estaba dolido por lo que había asado hace cuatro años, tanto o más que yo. No quería volver al pasado, pero era inevitable. ¿Podía ser que Dominic me amara?

—¿Por qué me estás diciendo todo esto? —pregunté con un hilo de voz—

¿Por qué ahora?

Se encogió de hombros.

—Porque no tengo duda de que tu padre seguirá haciendo eso, él te alejará de todos los hombres que te hagan felices para que así tú te quedes con él.

Es un egoísta hijo de puta.

Negué con la cabeza, tratando de negar sus palabras. Pero tenía razón, mi padre era un egoísta. No le importó que yo desperdiciara años de mi vida tratando de ayudarlo, él no intentó cambiar, nunca me miró y me dijo que fuera a la universidad e hiciera mi vida, incluso intentó persuadirme para que me quedara viviendo con él cuando le dije que iba a mudarme.

Pero era mi padre después de todo, no podía abandonarlo. Además, mi madre me había dejado a su cuidado antes de morir, ella me había pedido que lo cuidara, no podía fallarle tampoco.

—No puedo abandonarlo Dom —murmuré casi sin voz.

Richard decidió interrumpirnos antes de que pudiera responderme. Dom se levantó, fue hasta él y le quitó la bolsa marrón que tenía en las manos, dándole un seco y frío gracias. El rubio me miro a mi, antes de darse la vuelta e irse como alma que lleva el diablo. Y sí, estaba vestido de negro.

Dominic sacó la comida de la bolsa, me di cuenta de que era comida china, mi favorita. También me di cuenta de que tenía el nombre de mi restaurante favorito en el, y mi corazón casi salta por ello. ¿Aún recordaba eso, o solo lo había hecho por casualidad? ¿Era posible?

—Comeremos —dijo mi ex— y luego podremos ver una de esas películas que tanto te gustan.

No dije nada, en cambio, me concentré en devorar la deliciosa comida.

—¿Realmente estás llorando? —preguntó Dom, haciendo una mueca de molestia.

Él odiaba que llorara, no, mejor dicho, Dominic odiaba que llorara por cosas que para él eran tontas. Pero para mi no era tonto ver como Allie no recordaba a Noah. Era mi película favorita, y a pesar de que la había visto un millón de veces antes, no podía dejar de llorar cada vez. Incluso me había leído el libro, y había llorado aún más con el.

Mi ex en cambio estaba mirándola indiferentemente, como si el hecho de que los protagonistas pasaran por tanto no le afectaba. Nos habíamos quedado mirando películas durante toda la tarde, como si fuéramos dos adolescentes sin nada que hacer. Eso me sorprendió, esperaba que solo folláramos y no tuviéramos que vernos la cara hasta mañana cuando me fuera de aquí.

—¿Te das cuenta de que solo son actores? —preguntó mientras me miraba limpiar mi cara de las lágrimas— ellos probablemente ni se agraden.

—No estoy mirando a los actores Dom, estoy mirando la historia.

Él bufó con burla.

—Creo que nuestra historia es mucho más divertida, y menos trágica.

—Va a ser trágica cuando te asesine si sigues burlándote de mi película favorita, idiota.

Le arrebaté el control de las manos y le di una mirada de muerte que él ignoro mientras sonreía. Al menos había logrado que el Sr. Hoffman se divirtiera a mi costa.