
El clavo
Una noche de otoño de 1844, en la diligencia que va de Granada a Málaga, Felipe comparte departamento con una viajera de luto, joven y hermosa, que se despide sin decirle su nombre. Meses después, de visita en una villa cordobesa donde su amigo Joaquín Zarco ejerce de juez, los dos pasean por el cementerio el día de Todos los Santos y dan con una calavera atravesada por un clavo. Zarco instruye la causa, y el hilo del que va tirando lo lleva justo adonde no quería llegar.
Alarcón lo publicó a los veinte años, y lo subtituló causa célebre, la etiqueta con que entonces se contaban los juicios sonados. Suele citarse como el primer relato policial español. Se lee de un tirón: pesquisa judicial y folletín amoroso a partes iguales, con un final que aprieta hasta el último minuto.











