
El Niño de la Bola
Manuel Venegas queda huérfano en una ciudad andaluza de provincias después de que la usura de don Elías arruine a su padre, y crece al amparo de un sacerdote, don Trinidad Muley, y de la imagen que da título a la novela y apodo al muchacho. Ama a Soledad, hija precisamente del prestamista. Humillado en público durante la fiesta del pueblo, se marcha jurando volver rico. Vuelve ocho años después, con dinero de sobra y ninguna capacidad de perdonar, y encuentra a Soledad casada y con un hijo. Alarcón levanta ahí una tragedia de orgullo y honra que se cierra en la misma fiesta donde empezó todo, sin ahorrarle al lector la violencia. Es una novela de tesis, romántica de temperamento, escrita para defender la fe frente al racionalismo de su siglo, y se nota.



