El grito

Antonio Montes · Capítulo 2 de 3 · parte 2/3

Páginas del PDF

El grito

Capítulo 2

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

Hay que ver el repeluco que da la vieja esta

dice Carlos. Se encoge de hombros Luis, sin levantar la vista de su móvil.

En el dormitorio las conversaciones son en voz baja, susurros apenas.

La hija.

Los hijos.

Las mujeres de los hijos.

La sobrina que estaba allí cuando la anciana dejó de respirar.

Otra sobrina que ha llegado hace poco

(vive en un pueblo cercano, solo saben de ella en las bodas y los velatorios).

La hermana de la muerta

(medio ronquido, medio sollozo)

en su rincón, presidiendo.

Una pesadez difusa, intranquila. El ambiente enrarecido, en el dormitorio.

El hijo pequeño se acerca a la ventana, tiene una pequeña rendija abierta, ahora la abre un poco más. Los demás le miran sin prestarle demasiada atención, quizá como se mira a una mosca que revolotea a nuestro alrededor.

Se agradece el nuevo beso de aire fresco barriendo la estancia.

Cuando entran en el dormitorio la ciega y su guía todos los presentes se ponen de pie, la hermana de la muerta ayudada por una de sus sobrinas. Se van aproximando a la puerta, para que no sea la recién llegada la que tenga que ir tanteando a la busca de los familiares. La mujer besa a todos los que se le acercan.

Lo siento mucho

no consigue reconocer a algunos de los que la saludan, solo la hija y la hermana de la muerta se le muestran claramente diferenciadas del resto porque ambas entablan una pequeña conversación con ella en el momento de recibir su pésame, las dos veces prácticamente idéntica

Lo siento mucho

Mujer, no tenía usted que haber venido, no vaya a ser que se tropiece o algo por la calle y vayamos a tener un disgusto

lo dicen a pesar de saber que la mujer se pasa el día dando vueltas por el pueblo con total tranquilidad

(En mi casa me aburro como una ostra, no entiendo la mitad de las cosas que salen en la tele y no tengo muchos más entretenimientos, en la calle por lo menos me encuentro con unos y con otros y algo de charla se tiene)

No tenía usted que haber venido

Como si fuera algo especial el gesto, como si no llevara yendo a todos los muertos desde que me conozco, piensa la mujer, pero son otras las palabras que salen de su boca

Claro que sí tenía que venir, con lo bien que me llevaba yo con ella, la de veces que nos hemos sentado juntas en misa, años y años codo con codo, yo siempre llegaba antes y le guardaba el sitio, para que se sentara a mi lado, lo que la he echado de menos desde que dejó de ir

Es verdad, es verdad

contesta la hija con aire distraído, sin conocer las costumbres de la muerta a la hora de ir a la iglesia.

La ciega y la mujer que la ha traído hasta aquí salen de la habitación

Dónde está la salita

pregunta la ciega

Es por sentarme al lado de la candela, traigo los pies medio congelados, ya ni siento los dedos

Es al final del pasillo, cerca de la escalera, aunque no sé yo si se cabrá, porque casi todas se han intentado meter allí, que es donde mejor se está.

Pues yo lo vi con estos dos ojos que se ha de comer la tierra

afirma una mujer en el salón (habla sin apenas mover los labios. Sus ojos, en cambio, quizá para compensar el hieratismo de la boca, no paran quietos un segundo, moviéndose de forma compulsiva de un sitio para otro). Las mujeres que rodean a la que ha hablado la miran fijamente.

Están charlando de la pelea que hubo ayer.

Cada una ha contado lo que sabe, añadiendo retazos que se complementan los unos a los otros, algunos incluso son contradictorios.

Ahora se les ofrece un testigo, asegura la mujer de los ojos nerviosos que ella lo vio todo

(No me extraña, con ese movimiento en las pupilas esta es capaz de ver hasta lo traspuesto

susurra una de las presentes dirigiéndose a la anciana que tiene al lado).

Se relamen todas a la espera de sus palabras.

La mujer, contenta por ser el centro de la reunión, no tarde en dar rienda suelta a su lengua.

La sobrina se acerca a su prima, la hija de la muerta. Le habla al oído y sale del dormitorio. Le ha preguntado por el papel higiénico.

Está en el lavadero, en la alacena detrás de la puerta.

La mujer ve a Carlos y Luis cuando entra en la cocina

Me ha dicho vuestra madre que el papel del váter está aquí

afirma, señalando la puerta del lavadero

Sí

contestan los dos

En el segundo estante del armario

añade Carlos.

La mujer busca donde le ha indicado el muchacho, coge un par de rollos.

No habrá por aquí una bolsa

pregunta. Carlos se levanta, saca una bolsa echa un gurruño de un cajón de la cocina, al lado del horno.

Es por no pasar en medio de todos los que están sentados en el pasillo con esto en la mano

se excusa la mujer. Carlos sonríe. No es feo este muchacho, piensa la mujer. Y es bastante simpático, no como su hermano, que parece mucho más reservado. No le han de faltar las novias el día de mañana.

En la calle.

No digo yo que haya sido un mal alcalde, al contrario, hay que reconocer que ha hecho lo que ha podido, sobre todo al principio, cuando cogió el puesto con ganas y no daba abasto, todo el día de arriba para abajo, hablando con unos y con otros para ver lo que hacía falta, yendo a la capital dos y tres veces por semana, peleando por cualquier cosa que pudiera traer para el pueblo, vamos, eso lo hemos visto todos y el que lo niegue es nada más que por hacerle el feo, pero también sabemos todos más que de sobra que el primero que está hasta la coronilla es él, lleva demasiados años, ya es hora de que entre otro nuevo, con las mismas ganas con las que este empezó

dice el dueño del bar de la plaza al tiempo que se balancea lentamente de un lado al otro

(Un tic como otro cualquiera, mi mujer es de estar sentada y venga a mover la pierna izquierda de arriba abajo, no se puede ni ver la tele tranquilo con ese runrún al lado, lo mío solo es cuando estoy de pie, que se me va el cuerpo para los lados sin poder evitarlo)

La gente le sigue votando, si no lo hiciéramos no saldría

afirma el yerno de la muerta mientras pisa la colilla del cigarro que se acaba de fumar

Él no tiene la culpa, lo que pasa es que ninguno de los que se ha presentado en su contra sirve ni para escuchar si llueve, a cada cual peor

Eso es verdad: los que se presentan son unos inútiles y los que podrían hacer algo por el pueblo no tienen ganas de estar bregando con nosotros, a mí me dijeron que en las últimas elecciones el alcalde no quería presentarse otra vez pero que en su partido no hubo nadie que quisiera ponerse

No, si encima le vamos a tener que dar las gracias por estar ahí, venga, hombre, ese está más bien que en brazos, su buen sueldo todos los meses, sus dietas y sus gastos y todo lo que pilla y cuando hace falta no se puede contar con él para nada.

El alcalde entra en el dormitorio.

Buenos días

se acerca a la hija de la muerta, le da dos besos sonoros, exagerados, la mujer no puede evitar un cierto respingo cauteloso, un amago de lejanía ante los labios avasalladores del recién llegado

Lo siento

Gracias

musita la mujer, el alcalde se acerca después a los dos hijos varones de la anciana, les da la mano derecha mientras que con la izquierda les golpea de un modo ruidoso el hombro

Lo siento

les dice, para inmediatamente después fusilarlos con una retahíla de comentarios y preguntas deslavazados

Cuándo habéis venido, ayer, verdad, os quedáis mucho tiempo, no os veía por lo menos desde Navidad, vuestros hijos cuándo llegarán, están grandes todos, yo creo que me los cruzo y ni los reconozco, hay que ver cómo pasa el tiempo, cuántos años lleváis fuera del pueblo, un montón, seguro, no hace falta que me lo digáis, bien sé yo el tiempo que lleva cada cual en el sitio donde se ha tenido que ir, qué le vamos a hacer, donde está la harineta es donde uno se tiene que quedar, no hay más remedio, qué lástima lo de vuestra madre, la pobre, aunque para estar como estaba al final, en fin, ustedes me entendéis, la muerte no se le desea ni a un perro, pero hay casos y casos, en eso estamos todos de acuerdo

de repente el hombre detiene su verborrea, se queda unos minutos de pie, parado delante de la cama, mirando fijamente el rostro de la muerta.

Mueve los labios, como si estuviera hablando, como si estuviera rezando.

Todos a su alrededor le miran con curiosidad. Cuando por fin deja de mover los labios se saca del bolsillo del pantalón una cartera negra, desastrada

(Le tengo mucho cariño, me la regaló mi padre poco antes de morir, la verdad es que la pobre está que da pena verla, se cae a pedazos, pero me da cosa tirarla a la basura, es lo último que me dio antes de irse al otro barrio)

la abre y saca una estampita con la foto de la patrona del pueblo, recargada de joyas y bordados, casi ahogada en mitad de un maremagno de floripondios

Tu madre era creyente, verdad

Sí

afirma la hija de la muerta. El hombre, con un gesto algo teatral, pone la imagen de la virgen dentro del ataúd, más o menos donde calcula que deben estar las manos de la anciana, ocultas por el raso blanco de la mortaja. Después, se guarda la cartera en el bolsillo del pantalón, se persigna y se dirige a la puerta

A seguir bien, espero poder veros antes de que os vayáis otra vez

es lo último que dice antes de salir del dormitorio.

Este hombre ha perdido la cabeza

afirma el hijo mayor de la muerta, asombrado.

Carlos echa atrás la cabeza, apoyándola en la pared. Siente el frío de las losas contra la nuca. Estira los músculos del cuello, dolorido por la inmovilidad tras la noche mal dormida, a pesar de ser, junto con su hermano, los únicos que la han pasado en una cama. Mueve la cabeza hacia los lados, señalando con la nariz alternativamente hacia el pasillo y hacia la puerta de la terraza. Mantiene los ojos cerrados. Le llega el murmullo insistente de las conversaciones que mantienen las mujeres en la salita. Apenas unos segundos después, el muchacho vuelve la cabeza a su posición inicial. Mira a su hermano, que sigue jugueteando con el móvil.

Qué estás haciendo

pregunta

Estoy viendo fotos antiguas, tengo algunas de las que ni me acuerdo de cuándo las he hecho

Debajo te pone la fecha

Ya lo sé, no soy tan torpe, quiero decir que no me acuerdo de que las tenía aquí, hay muchas en las que no parezco ni yo, mira esta

Qué exagerado eres, se ve perfectamente que eres tú

Hombre, claro que se ve, pero mira el pelo y los cachetes, que parece que voy a explotar

Déjamelo, anda

No, yo te enseño las fotos y así las vemos los dos

No tengo ganas de ver fotos, quiero jugar un rato

Pues entonces coge el tuyo

Lo tengo en el cuarto, no quiero tener que atravesar el pasillo por mitad de todas las viejas que están ahí sentadas

el hermano pequeño no opone más resistencia, entrega el móvil dócilmente. Sus manos se tocan un segundo más de lo imprescindible.

Sus miradas se cruzan.

Sonríen.

La muerta vivió en un caserón oscuro cerca de la iglesia.

Casa más desagradable creo yo que no hay en todo el pueblo, mira que es grande y podía ser de lo mejorcito de por aquí, pero es tan destartalada, tan mal hecha y con unos muebles tan de museo que no había manera de estar cómodo en ningún sitio, ni hecho a propósito podía haber salido peor

allí vivió la mujer hasta que su marido se murió, hace cuatro años. Desde entonces, aquella casa (destartalada, mal hecha y con muebles de museo) ha permanecido cerrada.

Mamá está muy torpe, no puede quedarse sola, me la llevo para mi casa hoy mismo

dijo su hija nada más salir del cementerio, recién enterrado su padre. Sus hermanos y sus cuñadas, preocupados durante el velatorio por la situación de su madre, respiraron aliviados ante la solución que se les planteaba (las conversaciones casi idénticas en los coches de los dos hombres de regreso a casa.

Menos mal que tu hermana ha dicho de llevársela, a ver lo que hubiéramos hecho si llega a querer que la tuviéramos un tiempo cada uno, en el piso nuestro no cabe ni a la de tres

Mujer, si llegara el caso nos tendríamos que apañar como pudiéramos, los niños pueden dormir juntos en una habitación, el mayor pronto se irá a estudiar, en el salón se puede poner un sofá cama, ya se iría viendo

Sí, claro, un sofá cama en el salón, lo ves todo muy fácil, vivir con una persona mayor no es agradable, lo sabes perfectamente, y menos con alguien como tu madre

Mi madre

Sí, tu madre, no te hagas el tonto a estas alturas que ya nos conocemos más que de sobra, tu madre tiene tela, todo el mundo lo ha dicho siempre

Mi madre es como todos los viejos, con sus manías y sus cosas, no es peor que la tuya, me parece a mí

No digas pamplinas, con mis padres siempre hemos podido contar para todo lo que nos ha hecho falta y los tuyos nada más que han estado dispuestos para la hora de las fiestas, las comuniones y los paseos, para otra cosa no encontraban ellos nunca la ocasión

Mira, vamos a dejar esta conversación, acabamos de enterrar a mi padre y no me parece momento para hablar así de él

Como quieras, lo único que digo es que tu hermana nos ha quitado un peso de encima, eso hay que reconocerlo quieras o no quieras, a ti el primero).

Nunca fue agradable, la anciana. Siempre quejándose, siempre intentando imponer su voluntad, controladora, primero con su marido, luego con sus hijos, mientras fueron niños y también después, cuando se fueron casando y se marcharon lejos de ella. Suya era la última palabra en todas las conversaciones. No se la echará mucho de menos.

La hija ha vivido los últimos meses tan solo para cuidar de su madre.

Lavarla.

Darle de comer.

Cambiarle los pañales.

Arroparla.

Controlar las medicinas.

Como a un niño pequeño. Un niño de ochenta años y maloliente, de piel rugosa (manchada, desgastada, casi transparente en algunos sitios).

Ahora podrá volver a su rutina, a cuidar la casa, a su marido y a sus dos hijos.

Nunca ha trabajado la mujer. Aquí en el pueblo no hay mucho donde elegir, y menos aún para las de su edad. Su marido gana lo suficiente para mantener a la familia con holgura.

Carlos ya va al instituto, este es su primer curso. Todas las mañanas coge el autobús, apenas quince minutos el trayecto hasta la ciudad vecina.

No le gusta demasiado estudiar, hasta ahora ha ido pasando de curso a trancas y barrancas

(A mi mayor lo tengo en clases particulares de matemáticas, inglés y lengua, y aún así aprueba siempre por los pelos, eso se ve desde que son chicos, en parvulitos estaba y no le llamaba la atención ni los dibujos ni los lápices, él siempre ha sido un culo inquieto, y lo peor es que no es torpe, ni mucho menos, para lo que le interesa sabe más que nadie, los ordenadores, sin ir más lejos, los trastea como si nada, mi marido tiene que estar cada dos por tres preguntándole cosas y el niño las contesta como si fueran lo más normal del mundo).

No le gustan los libros, a Carlos.

Prefiere el fútbol.

Prefiere ir de cacería con su padre.

Prefiere la consola.

Prefiere escuchar música tendido en su cama, con los ojos cerrados.

Prefiere internet.

Luis aún está en el colegio del pueblo, el año que viene entrará en el instituto, todos los días a madrugar, a pasar frío mientras espera el autobús.

Es más estudioso Luis.

(Es que no parecen hermanos, la noche y día son estos dos hijos míos, no digo ya físicamente, que ahí no hay nada que hacer, cada uno tira a lo que tira, el grande es más de mi familia y el chico es del lado de mi marido, pero es que en forma de ser no he visto yo cosa más diferente, yo creo que algunas veces lo hacen aposta, se llevan la contraria nada más que para demostrar lo diferentes que son, porque no me creo yo que siempre tengan que hacer las cosas al contrario el uno del otro.)

Le gusta leer.

Le gusta estar en la biblioteca del pueblo, donde los pocos que van se dedican a charlar con la bibliotecaria.

Le gusta sacar buenas notas.

Le gusta que sus padres le digan a Carlos que debería parecerse a su hermano.

A Luis, en cambio, le gustaría parecerse a Carlos.

Un hombre, sentado en la calle, en el escalón de una casa vecina.

Yo no digo que sea bueno ni malo, muchas cosas ha hecho, eso desde luego, lo que digo es que lleva más de quince años de alcalde, y bregar con el pueblo quema a dios y a su madre

Eso sí que es verdad, no sé cómo le queda salud al pobre, que nosotros somos muy puñeteros

Aquí no es como en los sitios grandes, que cuando salen del despacho no los conoce nadie, aquí, si tenemos un problema a cualquier hora de la noche o en mitad de un día de fiesta, nos plantamos en su casa más tranquilos que todas las cosas, así un día y otro, eso le quita las ganas a cualquiera

Él sabía bien en lo que se metía, que su padre también estuvo de alcalde antes de la democracia, y ese sí que supo aprovecharse bien del puesto, entró porque era amigo del cura que teníamos por aquel entonces, que si no llega a ser porque lo enchufó se ve quitándose el hambre a tortas, y una vez en el sitio hay que ver lo bien que aprendió el hombre a no dejar nada pasar

Eran otros tiempos, no se puede comparar al padre y al hijo, el de ahora está porque la gente le vota

Votos ni votos, si todos sabemos que su madre va casa por casa, dándole las papeletas a todos los viejos del pueblo, así gana cualquiera, les calienta la cabeza con cuatro tonterías y ya está lista la cosa, a este paso no nos libramos del inútil este en la vida, o la espicha su madre o lo tenemos de alcalde para la eternidad

Hombre de dios, no diga usted burradas

Ni burradas ni leches, verdad como el sol que nos alumbra.

La sobrina regresa al cuarto de baño, con los rollos de papel higiénico envueltos en la bolsa que le ha dado Carlos. Coloca uno en el portarrollos y deja el otro encima de la cisterna. Al salir se fija otra vez en el pestillo de la puerta, apenas sujeto por un par de tornillos descabalados. Lo mueve sin dificultad, a buen seguro podría arrancarlo con no demasiado esfuerzo.

Tengo que decirle a mi prima que arregle esto

piensa la mujer de camino al dormitorio. Antes de llegar se cruzará con un viejo aseado y peripuesto, bien vestido y peinado, de los que a pesar de sus muchos años (De la quinta de la muerta debe ser, poco más o menos) aún camina derecho de espalda y seguro de huesos. Al saludarlo la mujer se da cuenta de que el anciano tiene un ojo morado, hinchón, como a punto de explotar, casi cerrado.

Qué le ha pasado a usted

pregunta la mujer

Nada, nada, no es nada

farfulla el hombre, agachando la cabeza como si quisiera esconder el escandaloso desperfecto

(Ayer estaba con otro viejo jugando a las cartas en el hogar del jubilado y empezaron a discutir sobre a quién le tocaba barajar o cualquier pamplina de esas, ya sabes que en cuestión de cartas allí cada dos por tres terminan a la gresca)

el hombre se lleva la mano derecha al ojo intentando esconderlo, si se le pudiera ver de frente distinguiríamos un gesto de dolor cuando sus dedos tocan la zona afectada

(Ya te lo puedes imaginar, se pusieron a gritar como locos, los de alrededor intentando aplacar la cosa sin que les hicieran caso y el del ojo a la virulé terminó por mandar al otro a la mierda, con las mismas el insultado le dio una tarascada del demonio y mira cómo le ha dejado)

entra rápido el anciano en el dormitorio, deseoso de cumplir y poder irse a su casa, está harto de que todos le vayan preguntando por su ojo, alguno incluso con recochineo

(A sus años y metido a boxeador, es que ya los cuerpos no están para esos trotes, que no es usted un chiquillo)

(Los dos ochentones y liados a puñetazos, lo que no se vea en este pueblo es que no pasa en ningún sitio, a punto de haberle dado en mal sitio y habérselo cargado, que las personas a esas edades son delicadas, no se pueden andar con tonterías).

Una prima del farmacéutico y su cuñada (casi de la misma edad, escasas de carnes las dos, movimientos nerviosos) bajan por la escalera, ni siquiera esperan a salir de la casa para hablar.

Podían haber puesto a la muerta en el dormitorio más grande, que la han dejado a la pobre en un cuchibichero que no puedes ni darte la vuelta, están todos apelotonados como sardinas en lata

susurran sin darse cuenta de que el eco de la escalera eleva sus palabras, dándoles una dimensión extraña

Si estaban todos deseando que estirara la pata para quedarse tranquilos, no han tenido tiempo para pensar en esas cosas

se aferran al pasamanos, una delante de la otra, como si tuvieran miedo de tropezar y caer dando tumbos hasta el descansillo donde una maceta de insultante verdor saluda a las visitas

Como todo el mundo cuando se tiene a alguien metido en la cama, que eso no es plato de buen gusto, acuérdate de tu vecina la de enfrente, que la criatura se pasaba los días llorando de pura desesperación

antes de llegar abajo se detienen un segundo, gestos casi simétricos sirven para recomponer flequillos, alisar blusas, ponerse sendas gafas de sol sin las que nunca se atreven a salir a la calle estas dos mujeres que más parecen hermanas (casi gemelas) que cuñadas

Lo suyo es que fue de campeonato, seis años tuvo a su padre en la cama, que se dice pronto, seis años, no sé yo cómo es que la mujer no se ahorcó.

El alcalde se sienta en el pasillo, es uno de los pocos hombres que tiene por costumbre quedarse dentro de las casas durante los velatorios. Se queda en cualquier rincón, en silencio, y allí permanece un buen rato, sobre todo si el muerto cae en fin de semana, como es el caso. Prefiere quedarse dentro porque así es menos probable que alguno de sus convecinos empiece a hablarle de sus problemas, si se hubiera ido a la calle a buen seguro ya le estarían calentando la cabeza.

La calle del cementerio viejo está que da pena verla, es un puro bache desde una punta hasta la otra

El colector que hay frente a mi casa, en cuanto caen dos gotas se niega a tragar, se pone que parece una fuente escupiendo agua para fuera, una peste, claro, con la de tiempo que tiene que llevar ahí dentro la porquería pues se ve que todo anda medio descompuesto y eso no hay quien lo aguante

A ver si mandas a alguien para que limpie los jardines de la escuela, entre las malas hierbas y las botellas de los niñatos que se van allí todas las tardes a pavear aquello está que da asco, más que jardín parece estercolero

Lo que tienes que hacer es traer trabajo al pueblo, ese es el único problema que tenemos, los nuevos se van por eso, porque en verdad a todos les gustaría quedarse viviendo aquí, pero si las criaturas no encuentran una colocación pues tienen que coger el portante y buscarse las habichuelas donde se pueda

Dos farolas se han fundido en mi calle, lo menos llevan así diez días, me he estado esperando, anda, a ver si alguno de los del ayuntamiento se da cuenta, pues nada, no ha habido manera, así que aprovecho que te veo a ti y te lo digo, que por allí no se puede pasar a oscuras, en otros sitios del pueblo no te digo yo que no se pueda ir tanteando más o menos, pero tú sabes que mi calle entre los escalones y los arriates no hay manera, a ver si es posible que lo arregléis antes de que cualquiera se caiga y tengamos un desgracia

Luego diréis que ha sido por sorteo y todo lo que tú quieras, pero el que ha salido para la biblioteca este año no es de recibo, si ese no sabe ni lo que es un libro, dime tú de qué nos sirve que esté allí, mi niña la chica dice que le pidió ayuda el otro día para buscar algo en el diccionario y no fue capaz de decirle dónde estaba lo que buscaba, es que el muy mendrugo no se sabe ni el alfabeto

todo el mundo parece tener miles de cosas por las que protestar, pocos son los que se le acercan para agradecerle algo que ya esté solucionado.

La madre gritando como las desesperadas, parecía que le iba a echar las uñas a la cara de un momento a otro, y el hijo, en vez de intentar sujetarla, al revés, no hacía más que insultar a su novia, la ponía de puta para arriba, a ella y a todo el que le venía a la cabeza de la familia, no se dejó uno atrás, yo estaba muerta de vergüenza nada más que de escucharlo decir esas barbaridades en mitad de la calle

las mujeres, ávidas, escuchan el relato, sentadas alrededor de la mesa camilla, echando el cuerpo hacia delante con expectación

Eso pasa por meterse en medio, ya se sabe que hay que dejar a los hijos que cada uno haga lo que quiera, si se equivocan aquí estamos nosotras y nuestras casas para recogerlos, pero que no puedan el día de mañana decir que las cosas les han salido mal porque nosotras les dijimos haz esto o haz lo otro

afirma una de las reunidas, chupada de carnes y pelo, arrebujada en una descolorida chaqueta que le queda grande

(Te has fijado en la chaqueta que traía puesta, no salgo yo a la calle con eso ni muerta, lo menos tres o cuatro tallas le sobraban

Lo mismo se la ha regalado alguien, en su casa no están precisamente para tirar cohetes, desde que el marido tuvo el accidente y se quedó inútil tienen que pasar los cuatro con una paguita que no llega para la mitad de las cosas, es normal que la mujer tenga que hacer el avío con lo que puede, mi consuegra, sin ir más lejos, me ha dicho que cada vez que se trae una docena de huevos de sus gallinas se pasa por allí y le regala la mitad y que otras veces también le ha llevado patatas, algo de fruta, espárragos, en fin, todo lo que se le va ocurriendo

Qué lástima llegar a ese punto, pero también digo yo que ella podía trabajar o hacer algo para ganar algún dinero

A ver de qué, si aquí lo único que hay para las mujeres así como ella son los encalíos, y por lo visto está mal de la columna y no puede hacer esfuerzos, así que no tienen más remedio que apañarse con lo que le dan al marido, una lástima

Una lástima, sí, tener que ponerse esa chaqueta tan grande).

Hace cosa de un año, poco antes de las vacaciones de verano. Los hermanos en el cuarto que compartían desde que su abuela se vino a vivir a esta casa. Carlos estaba sentado frente al ordenador, Luis leía en su cama.

Mira lo que he encontrado

dice el hermano mayor. Luis deja el libro a un lado, mira la pantalla.

Una chica desnuda.

Un hombre a su lado, también desnudo.

Carlos va pasando las fotos.

La mujer y el hombre practicando sexo, infinidad de fotografías con posturas que Luis ni siquiera se hubiera podido imaginar.

Carlos se baja un poco el pantalón del pijama, empieza a masturbarse con gestos tranquilos.

Su hermano le mira desde la cama, avergonzado.

Atraído.

Una oscura colección de primos, cuñados, compadres, sobrinos, consuegros, parientes más o menos cercanos, más o menos esperables. Se van congregando todos alrededor de la muerta, son parte del velatorio, esos miembros de la familia de los que solo se sabe en las bodas y en los entierros. Podría decirse que se pasará lista.

(Aún se la tengo guardada a la hija de mi consuegra, que no se dignó a asomar en todo el santo día cuando se murió mi hermano, y lo peor es que cuando me la crucé por la calle unos pocos días después ni siquiera me dio el pésame ni me dijo nada, pues, mira, que no pude ir porque estaba en tal sitio o tenía que hacer una cosa que no podía esperar, algo en condiciones, y no que se quedó tan tranquila, me dijo adiós como si nada, arrieritos somos, ya le tocará a ella porque estas cosas son las únicas seguras que tocan en todas las casas tarde o temprano, que no se piense que va a ser especial, y el día que sea ella la que tenga el muerto encima de la cama no pienso pasar ni por su calle, como si no tuviera nada que ver conmigo, igual que ella ha sido para mí así voy a ser yo, que estas cosas no se pueden olvidar, a cada uno le duele lo suyo.)

Se guardará en la memoria el que vino, el que estuvo solo cinco minutos, el que pasó toda la noche aquí, el que ayudó a bajar el ataúd, el que trajo algo de comer, el que vino y se comportó como un extraño.

(Como si no fuera de la familia, llegó, me dio un par de besos y se fue, luego mi marido me dijo que estuvo un rato en la calle, de charla con los que allí estaban, y cuando se hartó se quitó de en medio y hasta la hora del entierro no volvió a aparecer, a él le parecería que con eso estaba ya cumplido.)

Todo se guarda para cuando surja la ocasión de agradecer o devolver la afrenta, tiempo habrá.

Algunos de esos parientes viven en el pueblo, otros vienen de fuera.

(Son días de la cosa, hay que cumplir aunque malditas las ganas que tenía yo de coger el coche cuando he salido de trabajar, que me he tenido que chupar casi tres horas conduciendo yo solo, mi mujer no ha encontrado con quién dejar a los niños, así que no ha podido venir conmigo, qué le vamos a hacer.)

Salen de la casa la prima del farmacéutico y su cuñada, parapetadas detrás de sus gafas de sol enormes (son casi idénticas aunque no se pusieron de acuerdo para comprarlas, no se sabe si fue pura coincidencia o si una copió a la otra en un afán desmedido por parecerse aún más de lo que ya se parecen).

Aquí se quedan ustedes

Hasta luego

dicen al pasar al lado de los hombres

Con dios

contestan ellos, en cuanto se alejan unos cuantos pasos de la casa las mujeres continúan su conversación

A lo que íbamos, que no es de recibo estar en un cuarto tan chico, que allí caben cuatro gatos y los que hemos venido a perder media mañana por acompañar a la familia no nos merecemos que se nos reciba de esa manera, que ni sentarse puede una al lado de la cama

Mujer, no pensaba hacerlo yo ni aunque cupiera un regimiento, eso es para la familia más cercana, bastante tengo con hacerlo cuando no me queda más remedio como para también ponerme en los sitios que no me corresponden

Bueno, vale, pero si por un suponer se me apetece a mí estar un rato allí sentada, pues no hay manera, entre los hijos, las nueras y la hermana que parece que también se va a morir de un momento a otro allí no puede una ni rebullirse, no les costaba trabajo ninguno haberla puesto en el dormitorio principal para poder recibir a la gente como dios manda, la vieja solo se va a morir una vez, no creo yo que sea demasiado trastorno ponerla en el otro sitio

Son muchas cosas en la cabeza como para pararse a pensar en esas minucias, seguro que mañana o pasado cuando tengan la cabeza más despejada caen en la cuenta de que lo hicieron mal, tampoco es para darle tantas vueltas, vaya, digo yo.

Se acerca un viejo, es de los que todavía gusta ceñirse la cintura con una faja de tela negra. Camina despacio, apoyado en un bastón.

(Me lo regaló mi hermano lo menos hace cuarenta años, lo trajo en grande mano desde Alemania, cuando estuvo viviendo en Kaiserslautern metido en nieve hasta las rodillas, tres años aguantó antes de venirse de vuelta para acá, y eso que al final terminó yéndose a esos Madriles, pero no es lo mismo, decía, no es lo mismo el clima, la forma de pensar y sobre todo el entenderte con todo el mundo, que en Alemania éramos unos pobrecitos que al principio no sabíamos ni cómo pedir las cosas en las tiendas, teníamos que andar señalando, y abríamos la mano llena de monedas para que la panadera cogiera lo que quisiera, más de una vez y más de dos creo yo que nos engañaba y nos cogía algún que otro pfenning más de la cuenta, qué pena más grande, pero bueno, a lo que iba, que cuando se vino otra vez para el pueblo se presentó con el bastón, ahora no lo quieres para nada, me dijo, pero ya verás cuando seas un viejo lo bien que te viene, yo pensé que se había vuelto loco con tanto frío, regalo más inútil no se me hubiera pasado a mí por la cabeza en la vida, así que lo guardé detrás de un ropero y si te digo la verdad más de una vez y más de dos estuve a punto de echarlo al cubo de la basura o quemarlo en la chimenea, pero siempre me daba reparo en el último momento y lo volvía a poner en su sitio, y al final mira cómo es que mi hermano tenía razón, el pobre, él lleva casi diecisiete años enterrado y yo aquí, dando cojitrancadas con su bastón, bien que sabía él que me habría de ser útil.)

Camina el hombre despacio, apoyado en su bastón. Cada pocos pasos se detiene, toma grandes bocanadas de un aire que apenas le llega a los pulmones y vuelve a caminar otro escaso trecho. Llega a la puerta de la casa y saluda, la voz le sale de la boca entremezclada con unos pitidos que ponen los pelos de punta.

Buenos días

dice

Buenos días

contestan todos, en seguida uno de los hombres que está sentado se levanta y le acerca su silla

Siéntese usted y descanse, que viene medio ahogado

el viejo se deja caer sobre el asiento con movimientos temblorosos, haciendo fuerza con las dos manos sobre su bastón. Cuando por fin consigue sentarse, un amplio suspiro sale de sus pulmones gastados.

Habrá incluso quien entre en el lavadero, con tal de husmear por toda la casa sin dejarse un rincón atrás, aprovechará cuando no haya nadie de la familia cerca o se hará la despistada.

(Estaba yo buscando el cuarto de baño y me he equivocado

Pues no sé cómo quería encontrarlo en la cocina.)

En el lavadero, en la terraza de detrás y en el balcón de delante, en los dormitorios, en el garaje, en el aseo, en la cocina, por todos los rincones de la casa pasearán sus ojos retadores algunas de las visitas.

(Ya que una no ha entrado antes en esta casa, pues ahora aprovecho y puedo darle un repasito a todo

Además, no es lo mismo venir de invitada y que todo esté preparado hasta el último detalle que aparecer así de improviso y poder verlo todo como lo tiene a diario

Mujer, de improviso tampoco es, que ya hacía un tiempo que esto se venía venir, no pueden decir que haya sido una sorpresa

Y desde ayer por la mañana era algo seguro, que tuvieron que avisar a los hijos y se vinieron para acá dándose patadas en el culo, si llegan a tardar un poco más no les da tiempo a verla viva

Pero digo yo que aunque se esperara desde ayer que su madre no iba a aguantar mucho no estaría con ánimos de ponerse a limpiar toda la casa, y mucho menos con la de gente que pasó por aquí, que estaba la familia entera

Un repasillo seguro que le dio, aunque fuera de madrugada cuando los demás estaban durmiendo, porque no me creo yo que tuviera la casa tan bien puesta, que no he visto yo ni un zapato fuera de sitio

Su marido es muy apañado, y los niños ya los tiene grandes, tampoco es de extrañar que la casa esté recogida, no creo yo que sean de los que van dejando las cosas donde se les caen de las manos y ya sabemos que los que de verdad ensucian las casas son los hombres

Ay, cómo lo sabes, me escanillo yo cuando viene mi grande de cacería, parece mentira el trabajo que le cuesta limpiarse el barro que trae seco en las botas o en el pantalón, es que lo deja todo que no hay por donde cogerlo: el coche, la casa, el cuarto de baño, vamos, un no parar

Mira tú, yo no tengo ese problema, ninguno de los hombres de mi casa me ha salido de campo, en eso sí que tengo que decir que he tenido suerte

Suerte es, eso desde luego.)

Pues con más razón todavía, si está harto de que vayan a tocar en su puerta cuando pasa algo pues que le deje el puesto a otro, que a la hora de meterse el sueldo por el bolsillo abajo no protesta, que bien que se lo sube todos los años más de lo que le corresponde, dos mil euros y pico al mes cobra ya, que se dice pronto, dos mil euros, para mí los quisiera yo, limpios de polvo y paja, y a la hora de cobrar dietas y gastos de viaje y todo lo que se le pasa por la cabeza no lo he visto yo más listo, no deja pasar ni un euro que se gaste en un café

Ni a la hora de meter a trabajar a todo el que le da la gana en el ayuntamiento, que las cosas siempre terminan siendo para los mismos, ya sean los cursos del paro, la piscina, los albañiles, vamos, ahí tenemos reciente el ejemplo de la biblioteca, no hace ni un mes que entró el hijo de su prima, ese que no sabe ni dónde está puesto de pie y mira tú qué suerte ha tenido, más de veinte se presentaron y gana él, no me digas tú que no tiene tela la cosa

Hombre, los concursos se hacen delante de todo el que quiera ir a verlos, y para otras cosas se ha dicho a los del INEM que vengan a hacer las entrevistas, no se puede decir así a la ligera que se mete a la gente como le da la gana al alcalde, yo estoy dentro del ayuntamiento y sé cómo va la cosa

afirma el yerno de la muerta mientras se fuma el último cigarrillo que le queda

Venga, no digas pamplinas, yo estuve de concejal casi seis años y me salí porque me di cuenta de cómo amañaron un concurso de esos, pusieron los nombres de todos los que se habían presentado en papelitos, los doblaron y los pusieron en una bolsa de plástico, el teniente de alcalde metió la mano en la bolsa, removió los papeles un rato y cuando le pareció sacó al que se quedaría con el puesto

Pues ahí lo tienes, un sorteo y el que tuvo suerte lo ganó

Luego pude ver yo los papelitos y me di cuenta de que todos estaban doblados de la misma manera y el que había ganado tenía la señal de haber sido doblado a la contra, para que destacara entre todos y se pudiera distinguir con el tacto, el teniente de alcalde no había estado moviéndolos para que se mezclaran, sino para encontrar el que le interesaba, después de ver eso cogí el portante y no me vieron más por el ayuntamiento, desde entonces no quiero saber nada de esa panda de mentirosos.

Vamos a ver, al final la pelea por qué ha sido, porque aquí estamos todas hablando y yo todavía no me he enterado

Mujer, pues ha sido por todo y por nada, porque son dos críos de diecisiete años y llevan toda la vida juntos, y porque han estado metidos en familia desde el primer día, que aún estaban en la escuela y las consuegras iban al mercadillo como si sus hijos estuvieran ya casados

Eso es verdad, que las veía yo y me quedaba con la boca abierta, esas confianzas de buenas a primeras no pueden terminar bien, y mucho menos siendo ellas dos como son, que les gusta mucho eso de hoy puta y mañana comadre,

Y ahora, como se tienen tan tratados los unos a los otros, pues en cuanto empiezan a pelear los novios por cualquier tontería se mientan a la familia entera, y los de la familia, cuando se enteran de lo que han dicho, se meten también en el tema, y ya tenemos la guerra Cuba en mitad de la calle, en el primer sitio donde se encuentran, lo mismo les da que haya gente delante o que no, que parece que no les da vergüenza ninguna estar en boca del pueblo

Yo creo que hasta lo disfrutan, los escándalos y el dar que hablar a todo el mundo, esos son tal para cual, él y ella cortaditos por la misma tijera. El día en que terminen juntos, porque a mí me da que esos dos terminan juntos después de toda la que han montado, se cumplirá eso de que se iban a perder dos casas y al final no se ha perdido más que una.

Cómo anda usted

pregunta uno de los hombres

Tirando

contesta el viejo de un modo entrecortado, arrastrando levemente las sílabas, aún no ha recuperado el resuello por el esfuerzo de venir caminando hasta aquí

No tenía usted que haber venido, que le cuesta mucho trabajo andar, y más hoy, con el frío que hace, a pique de que coja cualquier cosa y se tenga que meter en la cama, que los males se cogen en seguida pero para soltarlos se ve uno negro, y peor con la edad que usted tiene y los problemas que arrastra, pero si no hay más que escuchar los pitidos que le salen del pecho, desde aquí los siento yo

le recrimina otro de los presentes.

El viejo agacha la cabeza, fijando los ojos en la base de su bastón, y se encoge de hombros sin contestar.

Está acostumbrado a que todo el mundo le diga que no está en condiciones para ir andando de un sitio para otro, pero él no piensa quedarse encerrado en su casa mientras pueda dar un paso.

Aunque me cueste la misma vida respirar en cuanto me muevo, me da igual, no voy a ser yo de los que se quedan sentados a las primeras de cambio, hace falta más de lo que tengo para tumbarme, eso lo sabe hasta el que está arriba

incluso ya han sido varias las veces en que estando en la calle se ha mareado por el esfuerzo y le han tenido que socorrer los que estuvieran cerca en esos momentos, la última vez, no hace más de un par de semanas, hasta llamaron a una ambulancia porque parecía que no lo contaba

El pobre boqueaba como un pescado fuera del agua, yo iba a la carpintería a ver si me habían terminado un cabecero para el dormitorio de mi hija que les tengo encargado y me lo crucé un segundo antes de que le diera el mareo, fue saludarlo y nada más dar otro paso escucho un estertor así, raro, como un ahogo, me di la vuelta y estaba caído de rodillas, mantenido a duras penas con las manos aferradas a su bastón, dejándose caer en el suelo poco a poco, y lo peor ya te digo, esa forma de respirar, de no respirar mejor dicho, porque eso no era respirar ni nada que se le parezca, qué ansia más grande daba el verlo de aquella manera, tirado en el suelo más de un cuarto de hora hasta que apareció la ambulancia, se me encoge el corazón todavía de acordarme, mira, hasta el vello se me pone como escarpias, menos mal que al final todo quedó en un susto, pero yo se lo he dicho bien clarito a sus hijas, no lo tienen que dejar salir, que cualquier día les da un disgusto, pero parece que no quieren escuchar a nadie, cada una en su casa y el pobre viejo viviendo solo desde que se murió su mujer y haciendo lo que le da la realísima gana

(Harta estoy yo de pelear con mi padre, hemos tenido trifulcas de todos los colores, y mis hermanas igual, todo el día se lo estamos diciendo, papá, cuando quieras ir a algún lado nos lo dices a una de nosotras y te llevamos en coche, nos llamas por teléfono y en un momento pasamos a recogerte, pero él nada, como el que escucha llover, nos dice que sí, para que nos callemos, y luego hace lo que quiere, qué le vamos a hacer, tampoco es cuestión de amarrarlo al sillón, si su voluntad es esa pues que siga así mientras pueda, el día que le pase algo entonces sí que nos hará caso y se quedará quieto pero mientras tanto no hay quien haga carrera de él)

pero el hombre prefiere arriesgarse a un nuevo mareo en mitad de la calle o incluso a algo peor antes que quedarse en su casa

Allí, arrumbado como un mueble, puesto todo el día delante de la tele, a expensas de lo que quieran venir a hacerme mis hijas, o que venga uno cualquiera al que le dé lástima el saber que estoy allí solo y quiera darme un rato de charla, vamos, mientras me quede una chispa de salud no me conformo yo con eso.

La hermana de la muerta sigue su duermevela al lado de la cama. De repente, un ronquido algo destartalado la despierta. Se rebulle perezosamente en su butaca, se pasa la mano por la barbilla para espantar un leve hilo de saliva que se le ha salido de la boca, pide ayuda con un brazo, sin decir nada, hasta que uno de sus sobrinos la sujeta para que se ponga de pie.

Voy al cuarto de baño

dice la anciana

Voy contigo

le pregunta una de las mujeres presentes

No hace falta, puedo yo sola

contesta. Camina despacio, balanceándose levemente de izquierda a derecha, como si no pudiera encontrar un punto de equilibrio

(Como un pato, ni más ni menos, mi abuela anda como un pato, es como si no pudiera doblar las rodillas y en cada paso tiene que avanzar la pierna tiesa, y lo mejor es verla bajando las calles en cuesta, se deja caer y parece que se la va a pegar de un momento a otro de la velocidad que coge, cualquier día nos la encontramos estampada contra una esquina

Hombre, no te rías de la pobre

Si no me estoy riendo, que es mi abuela, solo te cuento la verdad, o es que tú no lo ves igual que yo, todo el día con el vaivén, no sé cómo no se marea, si parece que está montada en un tiovivo)

la anciana no necesita preguntar para llegar hasta el cuarto de baño, conoce bien esta casa, ha estado viniendo casi a diario desde que su hermana se quedó viuda, aunque en los últimos meses ha ido espaciando más sus visitas

Antes podía venir una a echar la tarde atrás, acordándonos las dos de cosas antiguas o hablando de lo que diera el día, pero desde que se cayó y empezó a perder la cabeza hablar con mi hermana era como hablar con una desconocida, la mitad de las cosas que decía eran inventadas y la otra mitad no había dios que las entendiera, y a mí me daba mucha lástima verla de esa manera, llegó el día en que ni siquiera me conoció cuando me senté al lado de ella, me acuerdo de que le dijo a mi sobrina: Mamá, no me dejes sola con esta mujer, ya ves tú, a su hija le decía mamá y no se quería quedar sola conmigo, me dirás tú si el panorama no era para hacerse polvo, con lo que mi hermana ha sido, que ella sola podía con el mundo, carácter para dar y regalar tenía, nunca un problema la hizo llorar ni perder el sueño, qué lástima, cómo terminamos las personas, hechas un gurruñito en la cama, esperando a lo que quieran hacernos, mira, las lágrimas se me escapan todavía, pobrecita.

Seguir: parte 3 de 3